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LA IDENTIDAD DEL TESTIMONIO DE LA IGLESIA

LA IDENTIDAD DEL TESTIMONIO DE LA IGLESIA

 

(Traducido y transcrito por Iván Darío Páez Torres de la primera predicación en portugués dada por el hermano Gino Iafrancesco V. de Colombia, en la Conferencia de enero 2004 en  Tamandaré, Paraná, Brasil. Revisadas por el autor.)

 

Oremos. Señor, gracias Padre por el Señor Jesús, gracias Padre en el nombre del Señor Jesús, gracias Señor por tu Espíritu Santo, por tu fidelidad, por tu bondad, por tu presencia, por tu realidad; gracias Padre; confiamos integralmente nuestro ser al Señor;  guárdanos de nosotros mismos y del enemigo; en tu confianza en Cristo Jesús. Amén.

 

NUESTRA HERENCIA

Hermanos, tengo para compartir con la iglesia aquí en Tamandaré, algo que el Señor en varias ocasiones y en varios lugares me coloca para compartir con diversas iglesias. Esto que voy a hablar con los hermanos es algo que he hablado también en otros lugares. Quien sabe hay algunas cosas que ustedes ya conocen, posiblemente todo, mas es la carga del Espíritu recordar a los hermanos algunos puntos esenciales.

La carga de mi corazón para con la iglesia hoy aquí es para que el Espíritu Santo nos pueda dar discernimiento de la identidad de nuestro testimonio. Nosotros, la Iglesia, somos un testimonio del Señor en la tierra, y el Señor ha encomendado a la Iglesia, solamente a la Iglesia, ciertas “cosas”; y voy a decir “cosas” entre comillas, porque es claro que lo que el Señor dio es mucho mas que “cosas”; Él mismo se dio; mas para resumir vamos a usar un palabra fácil.

A veces con mucha facilidad nosotros nos perdemos por las ramas, quedamos en la periferia; a veces damos vueltas por la periferia sin discernir las prioridades y sin discernir el contenido que nos fue confiado. Entonces quisiera llamar la atención hacia algunos ítems de este contenido que el Señor dio a la Iglesia. Como estábamos cantando: “Él es nuestra posesión, Él es nuestra herencia”; es algo que solamente nosotros, la Iglesia, tenemos. Es algo que es particular de los cristianos, particular de la Iglesia; usted no encuentra eso ni siquiera en los monoteísmos judaico o islámico. Solamente que, lo que vamos a recordar y tomar consciencia de nuevo, es algo propio de nuestra identidad cristiana, y se encuentra solamente en la Iglesia. Ni siquiera se encuentra en la academia, o en la ciencia, a menos que entre ellas existan algunos hermanos; la academia puede tener algunas de estas cosas que vamos a estar recordando si hay hermanos en ella. Y las tiene en cuanto que son hermanos, y no meramente académicos.

 

LOS HIJOS NUEVOS

Vamos a imaginar que estamos abriendo un libro y que llegamos a aquella página inicial donde aparece el contenido, el índice, donde aparecen mencionados los títulos de los capítulos. Si usted quiere tener una idea de lo que trata el libro, usted lee el índice y entonces tiene una idea de lo que trata este libro, cual es el tema del libro. Eso es lo que vamos a hacer hoy en la noche. Vamos solamente a dar una mirada panorámica; vamos, con la ayuda del Señor, a identificar algunos ítems de suprema importancia para la Iglesia, los cuales fueron confiados a la Iglesia, y son nuestro tesoro, tienen que ser nuestra riqueza constante y nuestro testimonio.

Como el Señor está recibiendo hijos constantemente, y la madre Iglesia, como Pablo dice a los Gálatas, está también teniendo sus hijos para el Señor, entonces la Iglesia necesita estar alimentando bien a sus hijos nuevos. Ellos necesitan conocer cuales son los “asuntos”, y voy a decirlo entre comillas, porque no son solo “asuntos” fundamentales. Cada uno de estos ítems que vamos a mencionar ha sido terriblemente atacado por el diablo. El diablo busca en lo máximo posible evitar que esas “cosas” sean claras para la Iglesia; él busca confundirnos por todo lados, introducir herejías, confusiones, apartarnos de lo central y llevarnos por la periferia y por las ramas. Entonces, hermanos, quisiera que tomáramos nota en nuestro corazón para no olvidarnos de algunas “cosas” que quisiera mencionar.

 

LA TRINIDAD

La primera palabra que debemos tener en cuenta, la primera “cosa”, y no es “cosa”, que fue confiada a la Iglesia, la cual es el mayor tesoro de la Iglesia, y que es también el mayor espectáculo, porque existen algunos espectáculos, y el mayor espectáculo que siempre seguirá siendo por toda la eternidad es la propia Trinidad. El propio Dios Verdadero que se reveló a nosotros como Un Único Dios en esencia y naturaleza mas que es trino en Personas. Un Dios que es Padre, Hijo (que también es Dios con el Padre) y Espíritu Santo (que es el Espíritu del propio Dios, que también es divino. ¿Cómo Dios podría tener un Espíritu que no fuese divino? Que fuese una media “cosa” o “cosa”?) Todo Dios es divino; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de Dios son el Único Dios Verdadero en esencia y naturaleza; mas este Único Dios Verdadero se reveló trino en Personas a la Iglesia. Sólo la Iglesia conoce al Único Dios Verdadero en Trinidad.

El diablo buscó combatir esto introduciendo, desde el comienzo de la historia de la Iglesia, herejías para confundirla, para que ella no conociese a Dios y a Cristo. Si la iglesia no conoce a Cristo, no conoce a Dios. Si la iglesia no recibe a Cristo, no recibe a Dios. Si no honra al Hijo no honra al Padre. Hermanos, esa es la gran tragedia de aquellos otros monoteísmos que no son el monoteísmo de la Iglesia, la gran tragedia del judaísmo que rechazó al Mesías Jesús Cristo, la gran tragedia del Islam que ama “un único dios que ellos llaman Alá”, mas que es tan diferente de Yahveh Elohim, el Padre de nuestro Señor Jesucristo; y quieren dar la vida por Alá quitándole la vida a los que creen y siguen a Yahveh Elohim, el Único Dios Verdadero de la Torah y el Evangelio que incluso Mahoma reconocía venir de Él. Muchos se están suicidando con bombas asesinas en una guerra “santa” por motivos “religiosos”. Ellos están haciendo eso pensando que lo hacen por Dios. Que cosa triste es esa, mas es verdadera y tiene que ser dicha. “Quien no recibe al Hijo, no recibe al Padre; Quien no tiene al Hijo no tiene al Padre; Quien no honra al Hijo no honra al Padre” (Lc.10:16; 1Jn.2:23; Jn.5.23).

El único monoteísmo verdadero es el monoteísmo del cristianismo. Es el monoteísmo, usando esa palabra de la historia de la Iglesia, trinitario. Ese es el mayor espectáculo; no existe mayor foco para concentrarnos y que nos atraiga que el propio Dios. El asunto de la Trinidad no es solamente un asunto teológico para los seminaristas o quien sabe para los pastores o algunos maestros. El Único Dios Verdadero, Yahveh Elohim, se reveló trino a la Iglesia; y eso es para toda ella. La Iglesia conoce a Dios por el Espíritu y por Cristo. Gracias al Espíritu conocemos a Cristo; y gracias a Cristo conocemos a Dios nuestro Padre.

La primera “cosa” importante que fue revelada a la Iglesia, fue el propio Dios. La creación, y aún la redención, fueron reveladas solamente por causa de Dios. Primeramente estaba el Padre y el Hijo con el Espíritu Santo; y fue por causa de este relacionamiento interno de la Trinidad que vino a existir la creación y la redención. La creación y la redención tienen origen y tienen un destino que es la Trinidad. La Trinidad abarca todo, es el “Alfa” y la “Omega”, todo está en ella. Fue porque el Padre amó al Hijo, y entonces quiso darle un regalo, que creó en el Hijo y con el Hijo y para el Hijo (Col.1:16; Jn.1:3). Con Él planeó y creó (Prov.8:22-30), en Él y para Él; el Padre hizo todo en el Hijo. Ese es un asunto entre el Padre y el Hijo. La creación, la redención y el evangelio es un asunto entre el Padre y el Hijo. Es el Padre el que ama al Hijo y quiere hacerlo marido de una mujer, de una esposa mística, la Iglesia (Mt.22.2). Quiere casarlo, quiere que Él sea la Cabeza de todas las cosas (Ef.1:10,22), de todo principado y potestad (Ef.1:21; Col.1:16), y de todo varón (1Cor.11:1,2), mas principalmente de la Iglesia (Ef.1:22,23; Col.1:18). Él quiere casar a su Hijo con la Iglesia; quiere que Su Hijo Unigénito sea el primogénito entre muchos hermanos (Rom.8:29). Todas las cosas fueron hechas por causa de este relacionamiento íntimo de Dios, el Padre con el Hijo en el Espíritu Santo.

 

EL RELACIONAMIENTO DE LA TRINIDAD

Hermanos, vamos a continuar martillando más en este punto. Después, si Dios nos concede, pasaremos a otros puntos; vamos a detenernos un poco más aquí. El hecho de que Dios tiene un Hijo Unigénito Eterno con Él en Su seno desde la eternidad (Jn.1:18; 17:5) y que Dios delegue a Él lo que le delegó, eso nos habla mucho de Dios. Conocemos a Dios por causa del Hijo; Dios tiene un Hijo y ahí vemos la esencia y la naturaleza de Dios que es Amor. Conocemos a Dios, Su esencia y Su naturaleza, porque Dios tiene un Hijo y agradó al Padre que en el Hijo habitase toda la plenitud (Jn.5:26; Col.1:15-19), eso nos revela Dios. Si Dios no tuviese un Hijo, si el Dios único no tuviese un Hijo igual a Sí mismo (Flp.2:6), ¿sería que Dios es Amor? Mas el Dios único, centro legítimo de todas las cosas, principio y fin de todo, un Dios que es Amor, dice que tiene un Hijo. Todo lo que Dios hace, lo hace por causa de la pasión que tiene por el Hijo. Es un Dios que no hace nada sin el Hijo.

De este relacionamiento interno de la Trinidad resulta el modelo y la dinámica para las familias, para la Iglesia y para la sociedad, si reciben a Cristo y el testimonio de la Iglesia. Este asunto de la Trinidad no es solamente teológico, mas es extremamente práctico; es sociológico y psicológico. De la Trinidad viene la realización de todas las cosas; todas las cosas se realizan en la Trinidad, por la Trinidad, delante de ella y para ella. El “asunto” de la Trinidad es una grande prioridad que la Iglesia tiene que tener y nunca debe olvidarla.

 

EL CONOCIMIENTO DE LA TRINIDAD

¡Cuánto tenemos que aprender a ver con ojos espirituales este espectáculo! Que nuestro espíritu pueda ver el espectáculo de la Trinidad. No estoy hablando solamente de la doctrina de la Trinidad, aunque necesitemos del intelecto, pues Dios nos lo dio y necesitamos de él, mas estoy hablando de una percepción espiritual de la Trinidad. Es del relacionamiento del Padre con el Hijo que el Espíritu Santo nos hace conocer y percibir la Trinidad. En la medida en que vamos percibiendo, vamos siendo conquistados, vamos cediendo a Él y a esa visión de Él. El Padre va transfiriendo lo que es de Él a nuestro ser y vamos siendo transformados en la medida en que conocemos a Dios en Su Trinidad (2Pd.1:3,4).

Cuantas cosas el Padre podría haber hecho solito, mas Él nunca quiso. Nada de lo que fue hecho fue hecho sin el Hijo (Jn.1:3; Heb.1:2,10). Antes de hacer, dice Proverbios 8:30 VFA), la Sabiduría de Dios, que es Cristo, conforme está en primera a los Corintios 1:24, estaba como Su Arquitecto. El Hijo es el Arquitecto del Padre. Un arquitecto trabaja en común acuerdo y según los intereses, la personalidad, el carácter y los objetivos del dueño de lo que el está haciendo. El Padre quiere construir una casa y el Arquitecto tiene que conocer lo que el Padre quiere. Ellos conversan y dicen: “Vamos a hacer esto aquí, vamos a colocar eso allí, vamos a levantar eso así”.

Hermanos, miren hacia el carácter de Dios, que es omnipotente, que puede todo, que no necesita de nada, y es un Dios que comparte la creatividad y no quiere hacer nada solito. Los que son casados me van a entender, especialmente los que viajan. Cuando salimos de viaje y vemos un paisaje hermoso, la primera cosa que pensamos es: “Ah si ella estuviese conmigo para que yo pudiera mostrarle todo eso a ella, para que ella se alegrase conmigo, y para que yo disfrutase con ella de este paisaje. ¡Mira que mar tan lindo! ¡Mira que montañas y bosques!” Siempre queremos compartir. Cuando Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gn.2:18), no habló solamente del hombre Adán, que era figura de Aquel que vendría. En Romanos 5 habla sobre eso, y en segunda a los Corintios habla de Eva tipificando a la Iglesia. Pablo dice que no quería que así como Eva fue engañada por la serpiente la Iglesia fuera también engañada. El estaba comparando a Eva con la Iglesia y a Adán con Cristo.

 

LA TRINIDAD EN LA CREACIÓN

Así, esa palabra: “No es bueno que el hombre esté solo”, nace del carácter de Dios; y por causa de Su carácter Él tomó esa determinación; ese fue el juicio de Dios, Su sentencia: “No es bueno que el hombre esté solo”; estar solo es algo egoísta, es algo sin sentido. Dios es Amor, y El que es bueno, y Aquel que es Amor, comparte lo que es bueno. Entonces Él dijo: “hagamos una ayudadora idónea para él” (Gn.2:18b); aquí Dios no estaba hablando solamente de Adán y Eva; claro que también estaba hablando de ellos, pero estaba hablando más. Adán y Eva son una figura y también son personas históricas reales que sirven de figura, así como Abraham, Sara, Agar, Ismael, Isaac, que son personajes de la historia mas que sirven de alegoría. Así Adán es el primer hombre histórico y Eva la primera mujer histórica; y por detrás de estas personas históricas Dios está proyectando revelación. Él constituyó estas personas históricas, Adán y Eva, como figuras; por eso Él dijo: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne.” “Mas yo digo esto”, dice Pablo “de Cristo y la Iglesia”;  o sea, el matrimonio es una figura mística del misterio de Cristo y la Iglesia; Lo que expresa a Cristo es la Iglesia. Expresa el carácter de Dios; Él es amor.

No es bueno que el hombre esté solo”; así como Dios, que es suficiente en Sí mismo, que es Amor, no quedó tranquilo si no crease. Si Él hubiese creado solamente hasta cierto nivel, no quedaría tranquilo. Así Él tomó la decisión, el Padre, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, juntos: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza”. Vamos a hacer una creatura que no quede por la mitad, ni noventa por ciento, mas vamos a hacer una creatura que sea como Nosotros. Así fue siempre, el Padre con el Hijo, y continúa siendo con el hombre, con la Iglesia; ese es el carácter de Dios. Cuando vemos la relación del Padre con el Hijo en el Espíritu, de ahí proviene toda clase divina de inspiración y de realización.

Él es Su Arquitecto delante de Dios; “Conmigo son Sus delicias” (Prov.8:30b) dice la Sabiduría de Dios que es Cristo, el Hijo, el Verbo de Dios. Él es la Palabra que expresa a Dios. Cada palabra expresa una cosa; micrófono expresa eso; flor expresa eso; Biblia expresa eso; mesa expresa eso; mas el Verbo de Dios es la Palabra que expresa y define claramente a Dios. Es el Verbo de Dios Quien es la Palabra que expresa el Auto- Conocimiento y la Revelación de Dios. Él está siempre con Dios como el Unigénito del Padre.

 

LA VIDA DE LA TRINIDAD

Como el Padre tiene vida en Sí mismo, dio al Hijo también  tener vida en Sí mismo. Así los dos tienen vida en Sí mismos, o sea la vida divina, la vida en sí, la vida eterna, la vida que viene de Sí mismo. Todos nosotros tenemos la vida que viene de Él. Nuestra vida es contingente y depende de Él, mas la vida de Él es auto suficiente, es la vida en sí misma, la vida divina.

La esencia de Dios que el Padre tiene, Él quiso que el Hijo también la tuviera, mas no lo quiso en el tiempo, pues esta fue una decisión en la eternidad. Entonces el Hijo tiene la misma esencia del Padre; es tan divino como el Padre; el Verbo es Dios; solamente que es Unigénito y el Padre es Ingénito. El Padre engendró al Hijo mas no en el tiempo, sino en Su Auto-Conocimiento eterno, porque el Hijo es Su imagen con la cual Él se conoce, y por la cual Él se revela. La Imagen del Dios invisible es el Hijo, y el Padre es el Dios invisible (Gn.1:26; Is.6:1-8; Ezq.1:26-28; 43:1-9; Jn.1:18; 12:36-41; 2Cor.4:4-6; Col.1:15; Heb.1:2,3).

La Imagen por la cual Él se revela, porque primero se auto-conoce para después revelarse, es Su Hijo. La Imagen es el Hijo. Él tiene vida eterna en Sí mismo dada por el Padre, y el Padre tiene vida eterna en Sí mismo sin que ninguno se la dé. Ninguno dio vida en sí mismo al Padre, mas el Hijo tiene la misma vida, esencia y naturaleza del Padre, solamente que dada por el Padre, y por eso Él es llamado de Unigénito Dios.

El Padre dio Vida en Sí mismo, dio la Arquitectura, dio la creación, y esta es la característica del Amor: delegación, participación y comunión, que es querer hacer con el otro, envolver al otro e interesarse por el otro.

 

 

EL COMPARTIR EN LA TRINIDAD

El Hijo fue “contratado” como Arquitecto por el Padre; Él podría hacer todo solito, mas no quiso hacer nada sin el Hijo; Él todo lo hace por el Hijo. El Padre no necesita de ángeles para cuidarnos, mas los ángeles cuidan de Sus santos; es del carácter de Dios. Un Dios que comparte, que da, que es solidario, que delega, que gusta de la participación del otro, que gusta de la realización y del gozo del otro. Conocemos eso al ver al Padre y al Hijo en Un mismo Espíritu.

Vida en Sí mismo, Arquitectura, la Revelación de Dios también fue delegada al Hijo, que es el Resplandor de la Gloria del Padre (Ezq.1:26-28; Heb.1:3). Ninguno puede ver al Padre directamente sino a través del Hijo (Jn.1:18). Todas las apariciones teofánicas parciales de Dios en la historia bíblica fueron a través del Hijo. El Padre es llamado el Dios invisible, mas se hace declarado a través del Hijo. Todas las apariciones teofánicas parciales de Dios en la historia bíblica fueron a través del Hijo que es el Revelador de Dios. La Revelación fue delegada al Hijo; no hay revelación de Dios sin el Hijo, así como no hay creación de Dios sin Él; no hay planificación sin el Hijo; no hay Amor de Dios sin el Hijo.

 

LA DELEGACIÓN EN LA TRINIDAD

Hay otra cosa grande que el Padre delegó al Hijo. ¡Qué cosa! ¡Qué confianza inmensa! El Padre conocía al Hijo y ninguno sabía de lo que Él era capaz. Mas el Padre conocía al Hijo y sabía de lo que Él era capaz. El Padre, que creó con su Hijo, sabía de la rebelión, de la caída, de la miseria y del mal que vendrían. Aun así el Padre delegó a Su Hijo tres cosas más: Redención, Juicio y Reino.

El Padre delegó al Hijo la Redención. ¡Qué cosa terrible!, pues lo exigía la Santidad, la Justicia y la Gloria de Dios después del pecado del hombre. ¿Quién haría eso? El Padre sabía Quién era Su Hijo, Quién haría eso, y Quién sería tan leal para dar la vida por Dios y por el pueblo de Dios.

El sacrificio de Cristo tiene dos aspectos: el aspecto del holocausto que es solo para Dios, para vindicar Su gloria, Su santidad, Su justicia que fueron heridas, blasfemadas y ofendidas por el hombre; y la otra parte, la cual nosotros necesitamos, que es la expiación. La expiación es para nosotros, y el holocausto es para Dios.

Dios tenía que ser satisfecho y nosotros teníamos que ser redimidos. Y ¿a Quién confió el Padre eso? Al Hijo. El Padre permitió todo para mostrar a Su Hijo; esa es una cosa que le gusta al Padre. Como el Padre ama al Hijo, Él sabe lo que el Padre tiene que hacer. El Padre quiere revelar a Su Hijo y quiere mostrar Quién es Él. Todo lo que el Padre permitió tenía como objetivo mostrar Quién es su Hijo. El deleite del Padre es el Hijo, y Él quiere compartir ese deleite que tiene en el Hijo.

El Padre quiere que nosotros también conozcamos a Su Hijo, y que al conocerlo verdaderamente vamos a querer de todo corazón ser como Él; vamos a querer colocarnos en las manos de Dios para que Él pueda trabajar en nosotros y nos haga semejantes a Su Hijo. Este será el mayor gozo del Padre, ver a Su Hijo siendo formado y apareciendo en otras personas, hijos de los cuales Su Hijo es el Primogénito.

 

REDENCIÓN, JUICIO Y REINO EN LA TRINIDAD

Hermanos, la redención abrió el corazón de Dios y mostró el conocimiento que el Padre tiene del Hijo. Este plan de redención ejecutado por el Hijo, que fue probado en todo, porque Él no fue eximido de la prueba, es una cosa muy grande. El Hijo no fue eximido de la prueba, mas fue probado delante de los ángeles y de los hombres.

Todos nosotros muchas veces hemos perdido la prueba y hemos sido reprobados. Mas gracias a Dios que aquel Hijo Unigénito de Dios que se hizo Hijo del Hombre, que fue probado en todo conforme a nuestra semejanza, fue aprobado.

La vida pública, y antes la privada, fueron declaradas agradables a Dios por Él mismo públicamente. De la vida privada, que ninguno conocía, en el momento del bautismo Dios dijo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia”. Ninguno conocía esa vida privada, solo el Padre. Antes del ministerio público el Padre declaró que tenía contentamiento en Aquel Su Hijo. La vida privada fue vivida para agradar a Dios. Ninguno estaba entendiendo lo que estaba aconteciendo, solo Dios. Dios estaba entendiendo la vida privada y por eso dejó dos testigos en el Nuevo Testamento hermanos de Él: Santiago y Judas Tadeo. Estos hermanos de Jesús lo llaman de “Kyrios”, de Señor, Adonay. Ellos aplican palabras a su hermano Jesús que solo pueden ser aplicadas a Dios. Pedro, Santiago (el otro Santiago más viejo, el de Zebedeo) y Juan fueron testigos del ministerio público y vieron Su gloria en Su transfiguración en el Monte Tabor. Mas Santiago (Su hermano) y Judas Tadeo fueron testigos de otra cosa, fueron testigos de la vida privada de su hermano.

Cuando leemos la epístola de Santiago que dice: “Señor Jesús Cristo”, para nosotros, después de veinte y un siglos de Cristianismo, puede no significar mucho; mas él, siendo Su hermano en la carne, lo llama de ¡Señor!; eso sólo se dice de Dios. Por eso Dios escogió esos dos testigos en el Nuevo Testamento. El Padre delegó la Redención al Hijo y dio testimonio de una vida irreprensible, como también estaba profetizada desde la presciencia divina.

Después delegó el Juicio, y fue por eso que el Señor Jesús dijo: “Mi Padre a nadie juzga, mas dio todo el juicio al Hijo porque Él es el Hijo del Hombre”. El Padre se abstuvo de juzgar solo, y prefirió confiar el juicio a Su Hijo. Mas el Hijo no juzga nada por Sí mismo sino que oye al Padre. ¿Vemos nosotros ese relacionamiento hermoso? Vemos que no existe otro espectáculo mayor, otro “asunto” mayor que la Trinidad, que el relacionamiento del Padre y el Hijo en el Espíritu Santo. El Juez que Dios constituyó para juzgar a todos los hombres y a las demás criaturas, es Su Hijo.

También le delegó al Hijo el Reino, Lo sentó a Su diestra, y es a través de Él que conocemos a Dios. Todo eso: (1) Vida en Sí mismo, (2) Arquitectura, (3) Creación,  (4) Revelación, (5) Redención, (6) Juicio y (7) Reino, que son siete “asuntos”, muestran lo que el Padre dio al Hijo.

 

LA IMPORTANCIA DE LA TRINIDAD

El Padre quiso eternamente tener un Hijo, y Lo tiene eternamente (Prov.30:4,5; Jn.17:1,5); eso nos muestra como es Dios y como es el Hijo. De la misma manera que el Padre es con el Hijo, el Hijo es con la Iglesia. Así como el Padre dio al Hijo, el Hijo quiere hacer todo con la Iglesia. El Padre delega gloria al Hijo y el Hijo dice: “La gloria que me diste Yo les di a ellos”. Así como el Padre le pasa al Hijo, y el Hijo le pasa a la Iglesia, la Iglesia pasa a los maridos, los maridos pasan a sus esposas, los padres pasan a sus hijos, las familias de la Iglesia pasan a la sociedad, todo por El Espíritu Santo; es un Rio de Vida, de inspiración y de realización que viene de la Trinidad.

Hermanos, viendo la Iglesia la importancia de este “ítem” fundamental, que es el propio Dios, no puede haber otra cosa anterior a Él. Nada más puede tener el primer lugar. Este primer “ítem”, Trinidad, la iglesia necesita conocer, y la divinidad del Hijo, la eternidad del Hijo, la coexistencia eterna del Hijo con el Padre, la coinherencia o pericoresis o circumminscesión de las Tres Divinas Personas del Único Dios Verdadero, y lo que es distintivo de cada Persona en la Trinidad.

Sólo estoy hablando eso, el primer “ítem”, para que la Iglesia celebre. Volvamos aquí y pongamos aquí de nuevo el enfoque, en esta relación  interna de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

EL ASUNTO CENTRAL: LA TRINIDAD

Hermanos, cuando el Espíritu Santo comenzó a trabajar en la Iglesia, cuando leemos la historia de la Iglesia, podemos ver cuál era la tónica del Espíritu, cuál era el “asunto” al cual el Espíritu Santo estaba conduciendo a la Iglesia en los primeros siglos. Él quería abrir los ojos de la Iglesia sobre Quién es Jesús Cristo, pues vino a glorificarlo; qué relación tiene el Hijo con el Padre.

Algunos podrían pensar que Jesús fuese solamente un hombre, o un profeta que Dios adoptó, encima del cual vino la Unción; había muchas opiniones acerca de Jesús. Mas el Espíritu Santo estuvo enseñando a la Iglesia, pues esto es lo que Él haría: “Cuando venga el Espíritu Santo, Él me glorificará”. Cuando el Espíritu Santo vino, comenzó a glorificar al Hijo, a demostrar Quién es el Hijo. La Iglesia comenzó a confesar, a la luz del Espíritu Santo y de las Sagradas Escrituras divinamente inspiradas, la consubstancialidad del Hijo con el Padre; y esto es lo que escandaliza al judaísmo, al islamismo y al humanismo. El Espíritu Santo mostró a la Iglesia Quién es el Hijo de Dios.

 

LA ENCARNACIÓN

Entonces, hermanos, llegamos al segundo “ítem”, que ya estaba implicado en el primero, mas tiene que ser expresado de manera explícita. El primer “ítem” es la riqueza y el tesoro de la Iglesia, pues es lo que la Iglesia tiene por comida, la Trinidad. El segundo ítem, que es el segundo espectáculo, es la palabra clave: Encarnación.

Después del contenido de la palabra Trinidad viene el de la palabra Encarnación. La Iglesia necesita conocer la Encarnación del Verbo de Dios, que es el segundo espectáculo: manifestado en la carne, justificado en Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo y recibido arriba en la gloria. No hay historia mayor, no hay evento mayor en la historia que la encarnación del Hijo de Dios, la vida humana del Verbo de Dios, que es todo divino-humano.

Esta es la segunda “cosa” a la cual llamo la atención de la Iglesia. La Iglesia tiene que estar viendo estos “asuntos”: Trinidad y Encarnación. La Encarnación del Verbo de Dios es el segundo grande tesoro de la Iglesia. Hermanos, la Iglesia es la que comprende esto, la Iglesia es la que come de esto; fuera de la Iglesia las personas no entienden nada de esto, están ciegas. Es la Iglesia la que está teniendo sus ojos un poquito abiertos para conocer a Cristo, el Verbo encarnado de Dios, que fue hecho hombre, y en todo semejante al hombre excepto en el pecado; con espíritu humano, con alma humana, con cuerpo humano; probado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Hermanos, no existe aquí una cosa mayor que tal vida humana haya sido vivida en la tierra. Esa clase de vida tuvo que ser limpísima y de la cual el propio Dios dio testimonio. Dios se sintió obligado, por causa de Su carácter, a dar testimonio de esta vida. Él habló públicamente y repetidamente ante testigos: “Este es mi Hijo amado en quien tengo contentamiento”, refiriéndose a Jesucristo.

Ya habían profetizado acerca de Él, que no se encontró engaño en Su boca, nunca hizo maldad y fue simbolizado por un cordero sin defecto. En esta Vida necesitamos detenernos, en esta Persona humana, divina y humana, Hijo de Dios y al mismo tiempo Hijo del Hombre, Profeta, Sacerdote y Rey.

 

LA EXPIACIÓN

La encarnación nos lleva al tercer gran ítem, riquísimo para la Iglesia, tercera palabra clave de los asuntos de la Iglesia que nunca podemos olvidar: Expiación.

¿Qué es la expiación? De la Trinidad a la encarnación, el Verbo Divino hecho hombre, fue muerto por nuestros pecados; eso es entrar en el sentido de la expiación.

Hermanos, a veces parece que no se vio lo que es la expiación. Hubo siglos en que pensaban que Él murió para darnos ejemplo de martirio. Algunas personas pensaban que la muerte de Él era una muerte como la de otro mártir, para darnos ejemplo. Claro que Él nos dio ejemplo, mas Él no murió solamente para darnos ejemplo, sino porque ese fue el precio de nuestros pecados, para vindicar en holocausto la Santidad, Justicia y Gloria de Dios, expiando también nuestros pecados, muriendo por nuestras trasgresiones, por el pecado de la naturaleza humana caída, crucificando juntamente con Él a nuestro viejo hombre, a la carne, al pecador, al mundo y presente siglo malo, las cosas viejas, al Adán caído, al acta de decretos que nos era contraria, destruyendo al emperador de la muerte y exponiendo a sus principados, librándonos del reino de las tinieblas, etc. [Véase de este mismo autor: “Provisiones de la Cruz” (Bogotá 1992), y también: “Tres Centralidades Concéntricas”, especialmente Volumen I: “Dios en Cristo” (Bogotá 1997), y “Algunos Aspectos de las Provisiones de la Cruz, Resurrección y Ascensión” (Angostura, Chile, 2013)].  

Recomiendo además a los hermanos un libro de Anselmo de Canterbury, que ya está publicado en portugués, que demoró mucho para ser publicado, mas ahora ya está en las librerías cristianas. Este libro es del siglo XI: “Cur Deus Homo”, es su titulo en latín; y del portugués: “¿Por qué Dios se hizo hombre?” de nuestro hermano también llamado Anselmo de Cantorberry, o de Cantuaria. El fue un hermano que Dios usó en la historia de la Iglesia para que el Espíritu Santo a través de él tocara la tecla de la Expiación. Después de que en los primeros siglos cristianos El Espíritu Santo mostró Quién era Jesús como Dios y como hombre, en los siglos medios volvió a tocar la tecla de la expiación, para preparar el terreno a la Reforma Protestante con su énfasis en la Justificación por la Fe. Recomiendo igualmente de Ruth Paxson: “Vida en un plano más alto” (Chicago 1928). Y de Watchman Nee: “La Vida Cristiana Normal” y “La Cruz en la Vida Cristiana Normal”.

 

EL ENTENDIMIENTO DE LA EXPIACIÓN

Hermanos, entender a Dios, a Cristo y la obra de Cristo ha sido el trabajo de la Iglesia por siglos. El Espíritu Santo condujo a la Iglesia en los primeros siglos para que ella comprendiese quien era realmente Cristo. Finalmente en el Concilio de Nicea confesaron, como tenían que confesar, y no es que allí haya comenzado el asunto, pues él está en la Biblia, mas por fin fue entendido por la Iglesia públicamente, que el Hijo es consubstancial con el Padre, es Dios con el Padre. El es Dios de Dios y Dios verdadero de Dios verdadero; esta fue la conclusión de cuatro siglos.

Bien, mas ahora que ya sabemos que el Verbo es Dios, ¿cómo queda este asunto de que Él es hombre también? ¿Cómo se relaciona la divinidad con la humanidad en la persona de Él? Y ahí vinieron otros más de dos siglos, el cuarto, el quinto, y aún el sexto, para comprender bien el relacionamiento entre la humanidad y la divinidad en la Persona única del Hijo de Dios que se hizo también el Hijo del Hombre. Mas después que eso fue aclarado en la Iglesia por el Espíritu Santo, llegó la era de comprender la Expiación, o sea, por donde Dios comienza. El comienza por la Persona y entonces por la obra de Cristo. Dentro del Templo, en el Lugar Santísimo, en el lugar central del testimonio de Dios, está el Arca del Pacto, de oro y madera, que habla de la divinidad y de la humanidad del Señor Jesús. Mas ¿qué es lo que está encima del Arca? El Propiciatorio, que nos habla de la expiación. Propiciatorio viene de propiciación que es la misma cosa que expiación. Entonces ¿cuáles son las “cosas” centrales las cuales la Iglesia tiene que estar conociendo y profundizando? Ella tiene que estar conociendo la Trinidad, la encarnación que es la humanidad de Cristo, la expiación y todo lo que está en la cruz de Cristo.

Como dije, solamente estamos viendo los índices de los asuntos. Estoy recordando estos asuntos y trayéndolos a tono porque son “cosas” nuestras, de la Iglesia, para que ella sepa que “cosas” hermosas tiene en las manos. No tiene solamente las doctrinas de la Trinidad, mas tiene a la propia Trinidad. No tiene solamente la doctrina de la encarnación, mas tiene al propio Cristo. No tiene solamente la doctrina de la expiación, mas tiene la experiencia de la salvación.

Por eso es necesario también aquí incorporar lo relativo a los ítems de la Resurrección, de la Ascensión y del Espíritu de Jesucristo. [Véase de este autor: “Provisiones de la Resurrección y Ascensión” (Bogotá 2006-2009), juntamente con la obra ya arriba citada de Angostura, Chile, 2013. También: El Volumen 2 de “Tres Centralidades Concéntricas” titulado: “El Espíritu de Jesucristo” (ambas a disposición en internet)]. Recomiéndase la obra de Andrew Murray titulada: “El Espíritu de Cristo”, y la ya citada de Ruth Paxson.

 

 

LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE

La palabra clave después de expiación es Justificación por la fe. Los hermanos nuevos tienen que ver la importancia de estas “cosas”. ¿Qué es la Trinidad? ¿Qué es la Encarnación? ¿Qué es la Expiación? ¿Qué es la Resurrección y la Ascensión? ¿Quién es el Espíritu Santo y qué hace? ¿Qué es la Justificación por la fe, el perdón, la limpieza de nuestros pecados, de la mancha del pecado? ¿Qué es la crucifixión del viejo hombre? La justificación, la santificación, la regeneración, la renovación, la vivificación, la transformación y conformación a la imagen de Cristo, toda la obra de Cristo.

Fue después de los siglos medios once, doce, trece, cuando el asunto de la expiación quedó fuerte, gracias principalmente al trabajo de nuestro hermano Anselmo de Canterbury y otros, y entonces llegó la era de la Reforma. Ahí el Espíritu Santo comenzó a llamar la atención a otra tecla de la melodía, la Justificación por la fe.

Ya dijimos que Él es el Hijo, que es Dios también, tanto Dios como hombre, y de la muerte expiatoria; entonces ahora somos salvos, no por las obras, mas por la fe; “Justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios.” Fue cuando vino Lutero que comenzó la Reforma, y vinieron con él otros reformadores. Entonces el Espíritu comenzó a tocar en esta nueva tecla de la melodía, esta nueva página de la partitura del drama de la redención. Entonces, hermanos, tenemos que disfrutar de nuevo con frescura, con realidad, como siendo nuestro, y que sea posesión de los nuevos hermanos este asunto de la Justificación por la fe.

Hermanos, todos estos “ítems” son combatidos por el diablo; él no quiere que creamos en la Trinidad, en la encarnación, en la expiación, en la esencia del Evangelio, la justificación por la fe,  y la salvación eterna. Todo eso lo combate el diablo; mas la Iglesia aprecia, la Iglesia vigila, la Iglesia conoce, defiende y proclama el testimonio. Todo eso es el tesoro de la Iglesia. Esa palabra, que es tan simple para los creyentes protestantes, la justificación por la fe, tiene que ser masticada, disfrutada, conocida y ser la posesión de los hermanos más nuevos. Ellos tienen que tener claridad de lo que es ser justificados por la fe y ser salvos por la gracia de Dios. Esta es la primera etapa, la primera parte de la salvación, y es el aspecto jurídico de ella, que también se complementa con el aspecto orgánico, al que sigue la santificación.

 

 

 

LA IGLESIA

Entonces, hermanos, la Trinidad, la encarnación, la expiación, la resurrección y ascensión, el Espíritu Santo, la Justificación por la fe;  ahora llegamos a este otro ítem: “el Cuerpo de Cristo”, la Iglesia. Ahora sí podemos pasar en la dispensación del Lugar Santísimo para el lugar santo, donde encontramos después del Arca y el Propiciatorio a la mesa de los panes de la proposición y el candelero. Mas la mesa y el candelero están en segundo lugar; en primer lugar está el Arca del Testimonio. De Dios y Cristo y la obra de Cristo recibida por la fe, y la regeneración por el Espíritu, entonces resulta la Iglesia de Dios.

Solamente después que quedó claro quién está adentro y quién está afuera, quién es salvo y quién no, entonces se puede entender mejor a la Iglesia. No adelantaría casi nada el Espíritu Santo si tocara en la “eclesiología”, sin esclarecer primero el asunto de la expiación y de la justificación por la fe, y lo del Espíritu y la santificación. Tenían que venir primero Lutero, Zwinglio, Calvino, Melanchton, y todos aquellos reformadores, para después venir los hermanos y comenzar a rever el asunto de la Iglesia que es un cuerpo.

Vemos entonces en la historia de la Iglesia, el asunto de su separación del estado. Aquella parte de la Iglesia, especialmente entre los Anglicanos que hablaban que el rey de Inglaterra era su cabeza viva, en toda aquella mezcla y confusión, los hermanos estaban tratando de definir si la iglesia es visible ó invisible, si el estado tiene derecho sobre la Iglesia o no, y hasta qué punto. Cuantos hermanos muriendo por liberarse del estado,  separando la Iglesia del estado. Hermanos, aquellos siglos XVI, XVII, hasta el XVIII, vivieron como un nuevo parto de la Iglesia, para que ella se comprendiese a sí misma como “el Cuerpo de Cristo”. Hoy en nuestro siglo somos deudores de ese largo parto de la Iglesia. Hoy recibimos la comida masticada, pero llevó siglos para masticarse, disolver, digerir, hasta ir quedando cada vez más claro.

 

LA ESCATOLOGÍA

Después entonces viene la escatología; ella es el último capítulo de la Teología Sistemática. Si comprendemos la Iglesia, y el asunto de los vencedores, el asunto del arrebatamiento, el Reino, el Milenio, entonces después de la eclesiología viene la escatología, pero solo después de entender la Iglesia. No se puede entender bien la Iglesia sin entender la Justificación por la fe, la salvación; y no se puede entender la justificación por la fe y la salvación, si no se entiende la expiación; no se puede entender la expiación si no se entiende la encarnación (Cristo), y no se puede entender la encarnación (Cristo), sin entender la Trinidad.

Trinidad, encarnación, expiación  y todo lo demás, resurrección, Espíritu Santo, y el efecto en nosotros de la justificación por la fe, los demás efectos; y entonces la Iglesia, “El Cuerpo”. Somos un cuerpo que guarda este contenido, este Dios, este Cristo, este Espíritu, esta Vida, esta salvación, este testimonio; porque somos esto, tenemos entonces esta esperanza.

EL PROPÓSITO

Ahora sí llega la hora de madurar en el propósito eterno de Dios. La Iglesia también conoce el propósito eterno de todo esto, de la creación, de la encarnación, de la expiación, el propósito para la Iglesia. También conoce la escatología, Cristo la esperanza de gloria. La gloria de Dios expresada en la Esposa. Dios habiéndose revelado y dado plenamente, ahora consumado en Su amor, Nuevo Cielo, Nueva Tierra y Nueva Jerusalén, una Esposa teniendo la gloria de Dios.

Entonces, hermanos, estas son por ahora mis últimas palabras en la ocasión de esta noche; aunque últimas, también son importantes: Cuerpo, Iglesia, propósito eterno, Reino, Nueva Jerusalén, consumación y escatología. Era apenas una visión muy panorámica para recordarnos los “asuntos” que son nuestros, que son de la Iglesia, y que es nuestro pan diario, el pan para nuestros hijos y para todos los hijos de Dios. Amén.

 

Oremos:

Padre,  agradecemos al Señor porque nos concedió considerar algo de tu Palabra; poséenos, conquístanos para Ti, conquístanos para la novia de Tu Hijo, conquístanos, Señor, para la alegría de Tu corazón. Concédenos servirte en Tus asuntos, a Ti personalmente por medio de Tu Hijo y de Tu Santo Espíritu en el nombre del Señor Jesús; amén.”

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Gino Iafrancesco V., enero 2004, Tamandaré, Paraná, Brasil. / 2a edición, corregida y aumentada por el mismo autor.

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APROXIMACIÓN EXEGÉTICA AL PEQUEÑO APOCALIPSIS SINÓPTICO (2).

APROXIMACIÓN

EXEGÉTICA

AL

PEQUEÑO

APOCALIPSIS

SINÓPTICO

 

Parte 2

(Continuación)

 

Gino Iafrancesco V.

26 de junio de 2011 p.m.

Barbosa, Santander, Colombia.

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Trascripción: Adriana Luna.

Revisada por el autor.

 

 

 

Mateo 24:14-51.

 

Hablando a la Iglesia.-

 

Hermanos, vamos a continuar en esta tarde considerando Mateo 24, y teniendo presente, junto con él, los pasajes paralelos, que están en Marcos 13, en Lucas 21 y también 17. Entonces, esos pasajes se refieren a aquella ocasión dos días antes de la pascua, cuando el Señor Jesús estuvo respondiendo aquellas preguntas que estuvimos considerando esta mañana con el inicio de las respuestas del Señor Jesús. Entonces, vamos a seguir poniendo atención a las respuestas del Señor. Los que no pudieron estar en esta mañana, ojalá, si lo quieren hacer, puedan conseguir la parte anterior, la que se dio esta mañana y también anoche, porque son base para lo que se continúa ahora. Entonces, seguramente algunas cosas no se van a repetir hoy, a menos que sea muy someramente.

 

Vamos al capítulo 24 de Mateo, al versículo 14; allí habíamos quedado. Mateo 24. V.14 “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” Aquí ya se pasó de alerta naranja, para alerta roja, ¿amén? Cuando decía: oiréis hablar de esto y de tales guerras y rumores de guerra, pero todavía no es el fin, esa es alerta amarilla. Pero ya cuando es principio de dolores; ya es alerta naranja. Cuando es un principio de dolores, dan entrada los dolores mismos. Y el fin ya es la alerta roja. Y cuando llega al fin, porque le habían preguntado por el fin y por la señal de Su venida, entonces Él dice: por tanto…, por tanto, porque llegó el fin ¿se da cuenta? No cambió el discurso, ni cambió el auditorio, y el auditorio eran los discípulos; la crema y nata de la Iglesia en sus días ¿amén?  V.15 “Por tanto, cuando veáis…”, o sea que la Iglesia, a quien va dirigido este discurso, porque fue la Iglesia la que preguntó, representada en sus primeros apóstoles, estaría presente cuando esto que anunció Daniel, y que Jesús está apelando a eso, aconteciese. V.15 “… cuando veáis…”; o sea que la iglesia estaría aquí cuando estas cosas se den, porque si no, no le diría a la Iglesia: cuando veáis; está hablando a la Iglesia.

 

Bibliología y hermenéutica conservadoras del Señor Jesús.-

 

Observemos lo que dice: por tanto; o sea que está en la continuidad del discurso ¿verdad? y ahí se da: cuando veáis, V.15 “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo…”, y nos detuvimos en el hecho de que será necesario que cuando esta abominación desoladora de que habló Daniel se establezca, esté levantado el tercer templo de Jerusalén, porque habla del lugar santo. Y Daniel nos habla de las cosas que tenemos que ver. Pero antes de ver las de Daniel, vamos a ver todo lo que dice Jesús, para luego poder mirar. Fijémonos que Jesús habla de lo que habló Daniel, y dice que necesitamos leer y entender a Daniel. Jesús está enseñando al propio profeta Daniel; el Señor describió estas cosas. V.15 “… cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel…”; o sea que esas profecías, según el Señor Jesús provienen realmente de Daniel; Jesús cree en lo que dice el Antiguo Testamento.

 

Otra cosa interesante: Jesús está poniendo para el futuro el cumplimiento final de lo que dice el profeta Daniel. Esto implica mínimo dos cosas en contra del llamado modernismo liberal de interpretación de Daniel. Como hubo un cumplimiento típico en los tiempos inmediatos a Daniel, que se dio con Antioco Epifanes, algunos quieren interpretar solamente en sentido historicista las profecías de Daniel, diciendo que eso que escribió Daniel ya se dio con Antioco Epifanes. En la Biblia hay muchos cumplimientos tipológicos; pero el Señor Jesús no se dio por satisfecho con el cumplimiento tipológico de Antioco Epifanes, porque lo colocó para el futuro: cuando veáis. Y es que aquí le preguntaron por las señales del fin, y por eso el Señor está hablando para el fin. Que haya habido un cumplimiento tipológico, sí, sirve, porque lo que ha de ser, fue ya,  y Dios restaura lo que pasó. Pero Jesús está hablando para un cumplimiento futuro ¿amén?

 

Otra cosa, Jesús no es modernista, no aprueba el modernismo liberal; porque en el modernismo liberal dicen: -bueno, no, ese libro lo escribió alguien después de que acontecieron las cosas de Antioco Epifanes como si fueran profecías, estaba contando una historia-. Entonces no hubiera sido Daniel el que lo escribió, porque Daniel vivió muchos años antes de Antioco Epifanes. Entonces los modernistas contradicen a Jesús, y Jesús confiesa que quien habló estas cosas fue Daniel y las aplica para el futuro. O sea que la escuela del Señor Jesús no es la escuela modernista, ni la escuela historicista. Entonces, el Espíritu Santo no está aprobando el modernismo ni el mero preterismo de cosas del pasado.

 

Jesús confía y confiesa que fue Daniel el que enseñó estas profecías y que tienen aplicación y cumplimiento futuro, no importa que lo haya habido también tipológico, sino que habrá un futuro y final cumplimiento, porque Él habla para el tiempo del fin: V.14 “…entonces vendrá el fin. V.15 Por tanto, cuando veáis…” Está relacionando la abominación desoladora de que habló Daniel, con el tiempo del fin; le preguntan por las señales de su venida y del fin del siglo. Y Él viene hablando de la alerta amarilla; todavía no es; es apenas principio de dolores, pero si hay principio, hay continuidad también de los dolores, y ahí la alerta se vuelve naranja, con el aborrecimiento del mundo a la Iglesia; y luego viene el fin.

 

Evangelio del Reino a todas las naciones.-

 

Y todo esto, Jesús lo llama: el evangelio del reino: V.14 “… será predicado este evangelio del reino…”; o sea que a todo este discurso Jesús lo coloca dentro de este título: el evangelio del reino. Y será predicado a todas las naciones; o sea que no es solamente para los judíos. Los que preguntaron fueron de la Iglesia, fueron Pedro, Jacobo, Juan y Andrés. Entonces estas palabras van dirigidas a la Iglesia y a todas las naciones. No podemos decir: -ah, bueno, esto no tiene que ver conmigo, esto es solo para los judíos-; no; este es el evangelio del reino para todas las naciones. Y la abominación desoladora está en la continuidad; por eso dice: por tanto ¿amén? Entonces ahí habíamos quedado, y desde ahí partimos.

 

V.15 “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee entienda)…”; o sea que la Iglesia del tiempo del fin vería la restauración del tercer templo, y también la profanación del tercer templo por el anticristo colocando la imagen de la bestia, que es de él mismo, para ser adorada, lo cual sería una abominación que causaría desolación.

 

 

 

Principio de analogía y sufrimiento.-

 

V.16 “Entonces los que estén en Judea, (bueno, no dice: los que estén en Barbosa o en Bogotá, pero, por lo menos los que estén en Judea, porque en ese tiempo era realmente en Judea) huyan a los montes.” Mas tampoco olvidemos el principio de analogía. En circunstancias análogas, parecidas o semejantes, el principio es el mismo. Oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Lo que Jesús dice a una iglesia específica, El Espíritu lo aplica a todas las iglesias (Ap.2:1,7,8,11,12,17; 3:1,6,7,13,14,22). En los tiempos de persecución el Señor manda huir. En otros lugares dice que si te persiguen en una ciudad, te vas a la otra, y si te persiguen en la otra, te vas a otra, y si te persiguen en otra, Él manda ir huyendo de ciudad en ciudad; y Él les dijo: de cierto les digo que no se acabarán las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.[1] Ni siquiera las ciudades de Israel van a acabarse; pueden ir a ellas, pero antes que se acaben va a venir el Hijo del Hombre. Y si se trata de las ciudades del mundo entero, muchísimo más ¿amén? Y para los que están en el campo les dice no volver a la ciudad. Claro que el anticristo viene con mucha tecnología de punta, pero el Señor dijo: ningún arma forjada contra ti prosperará. El que contra ti conspirare, delante de ti caerá.[2] Así que no importa la tecnología de punta del anticristo, más poderoso es el Señor que nos puede guardar, hasta de las propias cámaras si fuese necesario.

 

Una vez estaba predicando el evangelio, y el micrófono estaba abierto; quedaron grabados los ladridos de los perritos, los niños que lloraban, las motos y vehículos que pasaban, mas el mensaje no quedó grabado. Claro que fue un milagro del maligno permitido por Dios; pero sí sucedió eso, la tecnología fue burlada por lo sobrenatural, aunque fuese de la mano del diablo. ¡Cuánto más la mano de Dios es capaz de guardarnos! Dios es nuestro escudo. Es la hora de la fe cuando llega la hora de la persecución, cuando llega la hora de las armas forjadas contra nosotros, y la tecnología de punta para la persecución, para el seguimiento y atrapamiento de los seres humanos. Hermanos, es la hora de la fe, ¿amén?, de la fe, acuérdense. No nos escondemos en brazo humano, sino en el Único que en verdad nos puede guardar y que prometió guardar a los que son fieles a la palabra de la perseverancia, ¿amén?, aunque también anunció el sufrimiento.

 

Seguimos, V.17 “El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; V.18 y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.” Muchas veces estamos tan ligados a nuestras posesiones materiales, que por querer rescatar una cosa menor, perdemos la mayor, perdemos la vida, perdemos también la familia y las cosas. Entonces el Señor dice que cuando es la hora de irse de la casa, no hay que volver a la casa ¿se da cuenta? Es una cosa que tiene que estar en nuestro corazón. Eso es parte del entrenamiento; nuestro corazón tiene que estar en el Señor. Estamos ligados al Señor y no a otra cosa. O, ¿será que estamos ligados a otra cosa? Hay que poner bien la tijera.

 

V.19 “Mas ¡ay de las que estén encintas…”; acuérdense de las preguntas. Las preguntas comenzaron por: estas cosas. O sea: ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo? Las preguntas incluían lo que Jesús habló que acontecería con Jerusalén y con el templo y que no quedaría piedra sobre piedra y también Él habló de lo que pasaría con Israel. Y cuando habló de la gran tribulación, hay una gran tribulación final, pero hay como una especie de tipología, de primera pruebita de la gran tribulación en el año setenta cuando Jerusalén fue rodeada por los ejércitos romanos. Esa parte no la mencionan tanto aquí Mateo y Marcos, aunque sí la mencionan, pero no dan muchos detalles; pero en cambio, Lucas investigó diligentemente, ¿se acuerda?, y cómo lo conversó con varios; entonces él añadió otros detalles que tenemos que tener en cuenta ahora. Y vamos entonces a leer acá, pero vamos a completar con lo que dijo Lucas ¿amén? Entonces dice V.19 “Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! V.20 Orad, pues, que vuestra huida…”, habla de un momento de huir, como los cristianos primitivos a Pella, y también de volar de delante de la serpiente al desierto (Ap.12:14); en cambio, del anticristo se habla que quiere sorprender a muchos sin aviso (Dn.8:23-25). Así que al que esté dormido lo agarra esa sorpresa, como en la noche de los cristales de los nazis cuando menos esperaban los judíos. Como la noche de San Bartolomé con los hugonotes cuando menos lo pensaban. La Escritura dice que el anticristo será muy sagaz, muy astuto, y que sin aviso destruirá a muchos.[3] El Señor es una persona leal, incluso con los que va a castigar, y les avisa una, dos y tres veces, porque al Señor le importan las personas, y les avisa, les amonesta. Y en la Palabra dice que también incluso en la iglesia, después de una y otra amonestación, recién es que se aplica la disciplina. Pero, en cambio, el anticristo no es así, a él no le importan las personas sino la carne de las gordas, él se importa de él mismo; él más bien quiere agarrar a las personas con engaño; con engaño prosperará, hará prosperar el engaño, dice la Escritura, y sin aviso destruirá a muchos.3 Y por eso es que el Señor habla de estar vigilando y de ver las señales. Y por eso dice la Escritura: el ave cuando ve que le han armado la trampa se vuela; en vano se tenderá la trampa, la red, a los ojos del ave.[4] El ave se da cuenta, el avisado ve el mal y se aparta. Pero nosotros, a veces, como bobos, vamos poniendo el cuello para que la sanguijuela nos devore la sangre, o nos quiten la cabeza. Ayayay, especialmente en estos días en que se está usando facebook y otras redes sociales para recabar cantidad de datos; ¡Dios mío!, y nosotros de locos y de necios diciéndoles dónde estamos, dónde vivimos, quién es nuestra tía, nuestros primos, nuestros hermanos y este es Fulanito y se lo marco acá para que lo identifique y después qué? que le corten la cabeza ¿no? ¿Se da cuenta de que somos medio bobos? El Señor nos perdone la bobera de ser tan bobos de empezar a darle al anticristo facilidades para perseguir la Iglesia. ¿Ya ve que ellos son astutos? Y si ahora que las cosas son fáciles no las obviamos, imagínense cuando sean más difíciles. Así que el Señor nos dé entereza y sabiduría y sepamos qué hacer. Nos perdone y nos ayude con cualquier cosa que haga el Señor. Pero ya lo que hicimos, hicimos. Dios nos hará responsables; por eso, si hemos hecho algo mal, pidámosle perdón y ayuda, y Él tenga compasión de nosotros; y de aquí en adelante nada de boberías ¿amén, hermanos?

 

V.19 “Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! V.20 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado” En el tiempo aquel, en los sábados cerraban las puertas. Y también, si era invierno, era muy difícil estar pasando a la intemperie en esos fríos. Y el Señor manda orar específicamente por los momentos de dificultad y de persecución; incluso dice que oremos para ser tenidos por dignos de escapar, porque para escapar hay que ser tenidos por dignos, porque el Señor en otra parte dice de los impíos que no escaparán.[5] O sea, ¿quién escapará? Quien sea tenido por digno de escapar. Entonces hay que empezar desde ahora: Señor, haznos dignos de escapar de las cosas que vendrán. Y Él nos pide orar para poder escapar de las cosas que vendrán. Ahí no dice cómo, el cómo se lo dejamos al Señor; Él sabrá qué hacer, cómo Él nos va a guardar es cosa de Él, pero digámoselo a Él: Señor, yo quiero vivir para Ti, no quiero pasar por cosas innecesarias, si no es necesario pasar por esto; yo quiero estar contigo. ¿Amen?, porque Él nos pide orar por esos momentos difíciles. Si yo dijera aquí, aunque no lo voy a decir, pero si dijera: levanten las manos los que han orado por escapar, ¿quiénes aquí han orado para que no sea en invierno, que la huida no sea en invierno? No hemos orado, hemos descuidado esa clase de oraciones, pero ¿quién es el que nos manda que oremos de esa manera? Orar por los hermanos, orar de manera práctica; el Señor dijo: lo que pidiereis al Padre en mí nombre yo os lo daré.[6] Pero no se lo hemos pedido – Señor, pero ahora mire lo que ahora estoy pasando-  Pero nunca me pediste, Yo te dije que me pidieras y oraras. Entonces, hermanos, creo que el Señor aquí nos hace detener un poquito en esto, para que tomemos conciencia, a ver si hemos sido inconscientes y Él nos hace conscientes. Hay oraciones específicas que hacer acerca de los detalles en medio de la persecución. Oraciones específicas, para orar, los momentos de los detalles de persecución. Ahí dice: ay de las que estén encinta y de las que críen. O sea que van a ser momentos difíciles; incluso dice que a algunos niños los van a estrellar contra las peñas; así que hay que orar, especialmente los que tenemos hijos y nietos ¿verdad? El Señor no dice que no tengamos, lo que dice es que oremos, ¿amén?, lo que dice es que oremos.

 

Y sigue diciendo así: V.21 “porque habrá entonces gran tribulación…”; y cuando dice, v.21 “cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”, ya nos damos cuenta de que no solamente está hablando para la tribulación primera tipológica de los años setenta, sino para la del fin; la del anticristo. O sea que lo que pasó en esos tiempos fue como una figura; incluso lo que pasó en el tiempo de Antioco Epifanes fue como para ayudarnos a entender hacia dónde el diablo quiere llevar al pueblo de Dios en persecución. Pero aquí el Señor, con esa última frase que leímos, nos hace saltar desde el tiempo del año setenta hasta el final; y Mateo lo dice de una manera así rápida, pero ahora voy a parar en Lucas, para que Lucas nos ayude a completar las otras palabras, que también dijo Jesús, y no las dijo Mateo, alrededor y al respecto de esto mismo, para completarlas, porque, como veíamos esta mañana, son testimonios complementarios, ¿amén?

 

Lucas 21.- 

 

Entonces vamos a llegar allí, hasta ese versículo 21 de Mt.24., Mateo 24 V.21 “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” O sea que si el Señor dice que no va a haber otra peor, es porque esta ya es la última gran tribulación. O sea que lo que pasó en el año 70 fue apenas una tipología. En este punto, gracias a Dios que estaba también la investigación de Lucas, cuidadosa. Y aquí Lucas, que ya conocía a Mateo, que ya conocía a Marcos, que habla de que otros ya habían escrito, él fue movido también a escribir. A veces uno dice, pero si esto ya lo han escrito otros; sí, pero no tocaron este punto, ni este punto, entonces yo voy a tener que volver a hablar de lo mismo, pero tocando lo que ellos no tocaron; muchas personas escriben sobre la misma cosa y algunos escriben de lo que otros ya escribieron, y, ¿porqué escriben de nuevo? Porque hay un mover en el Espíritu que les dice: hay que completar las cosas. Éstos cumplieron su parte, pero ahora tú parte es decir esta otra parte. Entonces, ahora vamos a dejar así marcadito aquí en 24 de Mateo, y vamos al 21 de Lucas; vamos a completar la conversación de Jesús, porque todos estos tres testigos están hablando de la misma ocasión, ¿ve?; Mateo estaba presente, Pedro estaba presente y por eso lo escribe Marcos, que era el interprete de Pedro; y Lucas no estaba presente, pero investigó diligentemente las cosas, ¿amén?, y dice que también las puso en orden. Entonces vamos a leer a Lucas; vamos al Capítulo 21 de Lucas, para completar la escena de la ocasión, ¿amén?, la escena de la ocasión. Voy a leer entonces desde el 7; aquí lo voy a leer un poquito más rápido, porque como ya venía hablando de lo mismo que Mateo, solamente voy a detenerme más en las variantes, o sea, en los complementos, para enriquecer más lo que pasó en aquella ocasión. Estamos oyendo a los distintos testigos, que cada uno tiene su propio ángulo, ¿amen? Lucas 21. V. 7 “Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?V.8 Él entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. (Ah!, esa partecita del tiempo está cerca se le olvidó a Mateo y a Marcos, pero no a Lucas, ¿se dan cuenta?)  Mas no vayáis en pos de ellos. V.9 Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, (Ah!, sediciones, no lo había dicho Mateo, ni Marcos, pero se lo acordó Lucas. ¿Se da cuenta lo bueno que es la combinación, la integración de los testimonios de los distintos testigos?) no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente. (O sea que es alerta amarilla, y ya va para naranja) V.10 Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; V.11 y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo. (Uy!, esas palabritas de terror y grandes señales del cielo también se le habían olvidado a Mateo y a Marcos, pero no a Lucas, ¿ve?) V.12 Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, (empieza por sinagogas, entre religiosos, pero continúa entre presos, y a las cárceles) y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre.V.13 Y esto os será ocasión para dar testimonio. V.14 Proponed en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder en vuestra defensa; V.15 porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan. (Ah!, aquí está enriqueciendo las ocasiones de Jesús, mejor que un grabador con tres sentidos, porque allá no tenían grabadoras de éstas de hoy, era la memoria el grabador de antes) V.16 Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; (Oh!, ahí es donde,  por causa de la presión de la circunstancia, ese ambiente policíaco, ahí se va a ver quién es quién; y personas que pensábamos que estaban con nosotros y de nuestra parte, ellas mismas nos van a entregar)  y matarán a algunos de vosotros; (no a todos, pero a algunos) V.17 y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. V.18 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.V.19 Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. (¿Se da cuenta cómo Lucas está completando los otros detalles de aquella ocasión?) V.20 Pero (y note esto) cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos,…” porque habían preguntado cuándo iba a suceder allá lo de Jerusalén. Entonces, hay cosas que Jesús dijo respecto a lo que pasaría con Jerusalén en aquel primer tiempo, en el año 70, que sucedió. Eso se lo habían preguntado, lo dice Mateo y lo dice Marcos. Entonces, Él también les contó esa parte, y luego la otra; de después de todo lo que pasara con Israel y los gentiles. Entonces dice V.20 cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos sabed entonces que su destrucción ha llegado. (Ahí está hablando de la destrucción de Jerusalén, cuando no quedaría en el templo piedra sobre piedra; de lo que Jesús había dicho, y también lo había dicho Daniel, que vendría un príncipe, cuando mataran al Mesías, un príncipe que había de venir, que destruiría la ciudad y el santuario. Y Jesús concuerda con Daniel, y nos manda a leer a Daniel, y entender) V.21 Entonces los que estén en Judea…”, o sea que esto tiene una aplicación para ese tiempo primero, pero como hay paréntesis entre la semana 69 y la semana 70 de Daniel capítulo 9, que es el versículo 26 del capítulo 9 de Daniel, que, si Dios permite, después pasaremos por ahí aunque sea rápido; ahí nos damos cuenta de que hay un paréntesis. Dios le dio 70 septenarios a Israel y a Jerusalén para cumplir un propósito; pero entre el septenario 69 y el 70 hay un paréntesis, donde está la historia de la Iglesia y de este príncipe que ha de venir, hasta el tiempo del anticristo. Entonces, la brecha la explica muy bien Lucas. Lucas era de Antioquía y era gentil. Mateo, habla para los judíos. Marcos mismo era de Jerusalén. Pero Lucas, tenía una sensibilidad especial, porque él era gentil; es el único escritor gentil aquí del Nuevo Testamento. Lucas era gentil y tenía una sensibilidad para la parte que tenía que ver con los gentiles. Entonces, gracias a Dios que Lucas era uno de esos cuatro testigos, que están puestos en los cuatro ángulos, como los cuatro levitas llevando el Arca, como los cuatro animales alrededor del trono. Entonces a Lucas gentil le significan mucho las palabras que Jesús dijo para los gentiles y las guardó en su corazón, las investigó bien, comprobando todo bien comprobado. Gracias a Dios que también el Señor inspiró que Lucas también escribiera, y puso el Señor aquí a Mateo, aquí a Marcos, aquí a Lucas y aquí a Juan, y nos mostró todo lo que habló Jesús, porque hay que mirarlo entre todos, porque unos vemos una cosa, y otros otra cosa. Ayer terminamos de conversar y después empezamos a ver cómo veían los hermanos, y qué belleza; el uno veía un ángulo, el otro, otro ángulo, y el otro, otro ángulo; así es que vemos en la Iglesia del Señor. Entonces aquí está la complementariedad, tan importante, de Lucas. Y dice Lucas aquí, pongan atención ahora, el versículo 20 otra vez V.20 cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado V.21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. (Quédense en el campo, ¿no?) V.22 Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” Como por ejemplo en el libro de Daniel, que Jesús está teniendo en cuenta. Y dice  V.22 “Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” V.23 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. (O sea el pueblo de Israel y Jerusalén, que rechazaron al Mesías) V.24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. (O sea, ese paréntesis de los gentiles, el verso 26 de Daniel 9, Lucas lo recordó, ¡Aleluya! Con su sensibilidad de gentil ¿se da cuenta? Y compañero de Pablo, que era apóstol a los gentiles, y lo escribió. Gracias a Dios por el Espíritu Santo, Él nos completó el discurso del Señor en lo que tiene que ver con los gentiles, y nos mostró el paréntesis, la dispersión de Israel, hasta que se acabe el tiempo de los gentiles. Después vuelve la última semana que faltaba, para volver otra vez con Israel y con Jerusalén; ¿ven como enriquece el testimonio de Lucas las cosas? Entonces, ahí sí dice: Entonces, sí, habrá señales del cielo, ahí sí. Ahí sí vuelve a la continuidad que traía Mateo.

 

Marcos 13.-

 

Vimos lo de Lucas ¿verdad? esa parte que se inserta en ese punto que faltaba. Vamos a leer Marcos 13 rápido, donde Jesús habla de la misma cosa. Entonces es el testimonio de Pedro ¿amén? Recuerden que Pedro dijo que él velaría para que nosotros tuviéramos siempre memoria de las cosas que él nos había dicho, y, justamente, Marcos era el interprete de Pedro; y nos cuenta Papías de Hierápolis que Marcos escribió todo tal como Pedro lo decía, y que Juan leyó el evangelio de Marcos y dijo que Marcos no había mentido en nada ¿ven? Entonces vamos a leer también a Marcos; ¿para qué? Para completarle los detallitos. Vamos entonces a Marcos 13, para entonces ahí sí seguir con Mateo 24. Marcos 13, voy a leer rápido, sólo voy a enfatizar el complemento; desde el verso 3, 13:3. Marcos 13 V.3 “Y se sentó en el monte de los olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés (él nos dice cuáles eran esos discípulos) le preguntaron aparte: V.4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? V.5 Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; V.6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. V.7Mas cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así; pero aun no es el fin. (¿Ven? La alerta amarilla) V.8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; (una palabra nueva. Sediciones, una palabra nueva también en Lucas) principios de dolores son estos. V.9 Pero mirad por vosotros mismos; (Mirad por vosotros mismos, o sea, no sean descuidados, estén atentos) porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; (¿Se dan cuenta? Los otros habían hablado solo de sinagogas, pero ahora Marcos habla también de concilios, ¿se dan cuenta? Y habla de muchos concilios; no hay un solo concilio. A veces las personas se reúnen en concilio para perseguir a los otros, y eso será muy común en el tiempo del fin; concilios para perseguirse unos a otros. Y luego dice, en las sinagogas os azotarán…) y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos. (Incluso como le tocó a Pablo; mira, Pablo, es necesario que vayas para la alta tribuna, ahí, al paredón, ¿no?, hasta el césar)  V.10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. V.11 Pero cuando os trajeren para entregaros, (note que Lucas y Marcos sí se acuerdan de lo que se le olvidó a Mateo en esa ocasión, pero Mateo se lo acordó fue en el capítulo 10) no os preocupéis por lo que habéis de decir, (hay que estar orando, confiando en el Señor) ni lo penséis, (porque uno: ¿qué voy a hacer? ¿Qué voy a decir?, pero ya habían matado a Jacobo, al otro día iban a llevarse a Pedro, y Pedro estaba durmiendo. ¿Será que uno va a poder dormir cuando al otro día lo van a entregar? Ayer entregaron a Jacobo y lo mataron y mañana vienen por mí, y durmiendo Pedro, y el ángel lo tuvo que despertar. Yo no sé si yo podría dormir ¿verdad? Pero Pedro podía, el Señor le dijo: No os preocupéis, ni penséis acerca de esto. Amén, ni lo penséis) sino lo que os fuere dado en aquella hora,  (o sea el Espíritu Santo, el Espíritu de nuestro Padre nos dará, ¿amén?) eso hablad; (no hay que ponerse a hablar lo que a uno le parece, sino lo que el Espíritu Santo te dice: no digas nada, pues no dices nada. Porque es mejor el silencio, a veces, para no enredar la piola por nosotros mismos, ¿amén?) porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. V.12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, (porque no solo lo entregará a las autoridades, sino a la muerte, al hermano) y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. (Qué cosa terrible) V.13 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, (esa es la palabra de la perseverancia, y si hay perseverancia, tiene que ser hasta el fin) éste será salvo. V.14 Pero cuando veáis (lo reconoce también Pedro, aquí, a través de Marcos, o Marcos desde Pedro.) Cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (o sea que Jesús dijo: en el lugar santo, donde no debe estar. Entonces, en el lugar santo, se acordó Mateo; y puesta donde no debe estar, se acordó Marcos; Jesús dijo las dos cosas)  (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. (Es que la cosa ya se pone seria) V.15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa, (O sea que se va a tener que volar por los techos de las otras casas, pero no por su propia casa ¿sí ven?) ni entre para tomar algo de su casa; (Es decir, no hay que perder un minuto, no hay que ser demorado en la cosa, ni dar ocasión; ya es ya, o si no, cae preso o muerto) V.16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.V.17 Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! V.18 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; (hay que hacer esta oración hermano) V.19 porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. (O sea que ya Marcos está hablando de la tribulación final) V.20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días. (O sea que si fuera mucho más tiempo sería terrible) V.21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis. V.22 Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos. V.23 Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.

 

Continúa Mateo 24.-

 

Entonces ahora sí regresemos otra vez a Mateo 24, y después lo complementaremos cuando sea necesario. Entonces ahora vamos al c.24, y llegamos al verso 20. Mateo 24 V.20 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado; V.21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. V.22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. (Puede ser que sean menos días, o días que pasan más rápido, o las dos cosas) V. 23 Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.V.24 Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. (O sea que los milagros engañosos estarán a la orden del día, y sin embargo, hay que estar mirando, examinando esos milagritos, a ver si son de Dios o son engañosos)  V.25 Ya os lo he dicho antes. V.26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; (algunos se van de curiosos y se dan su totazo, o les dan su totazo) o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. (Que Jesús mirando, y que el anticristo, que no sé qué, el Cristo, anticristo, que los otros ancianos, que no sé cuántos, que la venida de la piedra angular, del Ángel de Jesucristo; un montón de mentiras. ¿Sí ve cómo Jesús sabía el futuro? Y no podemos negarlo, hermanos, no podemos negarlo. Esta es la Palabra de Dios) V.27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, (note, es una venida pública, visible; se muestra del oriente al occidente, como un relámpago) así será también la parusía del Hijo del Hombre.” Aquí la palabra es parusía, y algunos dicen que es venida secreta, parusía, y epifanía, venida manifiesta. Pero aquí el Señor utiliza la palabra parusía, su venida, parusía, con que se mostrará como un relámpago de oriente a occidente, ¿se dan cuenta?, no es que viene en secreto y nadie lo ve y se desaparecen los niños, y los creyentes, y el piloto del avión se desaparece y el avión se da su buena caída. No, hermanos, parusía está relacionada con mostrarse de oriente a occidente, y no que está por aquí, que está por allá. Nada de eso, no vayan, no crean en eso; Él viene así, como un relámpago se muestra de oriente a occidente; así es que Él viene. V.28  “Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.”  Las águilas se reúnen a comer donde está su alimento. Y nosotros también tenemos que ser reunidos donde está nuestro alimento, y nuestro alimento es el Señor Jesús de quien comemos su carne y bebemos su sangre que son verdadera comida y bebida para vida eterna.

 

Después de aquella tribulación.-

 

Ahora pongan atención a este versículo acá hermanos, versículo 29. V.29 “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…” Noten esto, noten esta frase: e inmediatamente después de la tribulación de aquellos días; ¿cuáles son aquellos días? Pues los que viene hablando desde el principio, que desde esta mañana los estamos leyendo; que menciona esas persecuciones y sinagogas y concilios. Y luego también habla de esos terremotos y de esos alborotos y sediciones y hambres y pestilencias, y también de evangelizar a todas las naciones, y también de la abominación desoladora, y de los falsos cristos y de los falsos profetas. Después de la tribulación de aquellos días, que Él dice que no habría ninguna mayor más, ya esa tribulación incluye la final. Entonces ahora va a decir lo que va a pasar al final mismo de la tribulación. V.29 “E inmediatamente después (no antes, después) de la tribulación de aquellos días, (de los que ha venido hablando hasta aquí) el sol se oscurecerá…”. Porque ¿ven que la cosa empieza con los Sellos? y en el Séptimo Sello salen Siete Trompetas, y cada trompeta solo introduce un tercio del juicio; pero las Copas completan la ira. Entonces la cosa se va poniendo más difícil; va pasando de Sellos a Trompetas, y de Trompetas para Tazas. ¿Se da cuenta? las Tazas; porque en la traducción “copa” a veces pensamos que es una copita así chiquitita de vino; no. La palabra es fiala en el griego, como poterion, una tasa entera, no es un traguito; unos cuantos tragos amargos. Entonces dice, V.29 “… el sol se oscurecerá…”, que es lo que habla una trompeta, la cuarta trompeta, fíjese, porque en el cuarto día del Génesis, en el cuarto día fue que el Señor hizo el sol (la lumbrera mayor), la luna (la lumbrera menor) y las estrellas. Claro que el material ya lo había hecho en el principio, pero las puso así, las ordenó en el cuarto día; y en la cuarta trompeta hirió la tercera parte del sol, de la luna y las estrellas. Y en la cuarta copa, lo que faltaba, justo el cuarto día, la cuarta trompeta, y ahora la cuarta copa; todo tiene que ver con los astros.

¿Ustedes saben una cosa, hermanos? ¿Qué pasó en estos días recientes? El sol fue bombardeado por un montón de cometas; fue herido el sol, y por eso empezaron a haber explosiones fuera de lo normal. Esas son noticias frescas, de estos días. Antes, por allá vino el cometa Kohoutek y le dio su totazo a Júpiter, pero ahora ya se los están dando al Sol, y no uno ni dos cometas; cientos de cometas bombardearon el Sol hace pocos días y empezaron a haber explosiones inusitadas en el Sol, fuera de lo común. El Señor dice que Él heriría los astros. O sea que ya empezó esto, ya empezó esto. Claro que eso va a ser peor. Pero entonces dice ahí, V.29 “… el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, (o sea, se moverán de su lugar. Hace también un tiempo atrás ya el Hubble consiguió filmar el choque de dos galaxias, ¡dos galaxias! Acercándose y chocando una con la otra; ya fue filmado, ya fue visto por el ojo humano) y las potencias de los cielos serán conmovidas.” Y la palabra que aquí dice cielos, ¿sabe cómo dice en el original griego? Urano. Urano está muy cerca de uranio; la palabra es Urano. Las potencias del Urano. V.30 Entonces…”, noten esas palabras de continuidad: entonces; no antes, sino después de la tribulación de aquellos días y de pasar esas cosas en los astros, como corresponde a la cuarta trompeta y a la cuarta taza, V.30 “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, (como decía Zacarías[7]) y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” Y Él venía hablando de la venida del Hijo del Hombre, la parusía; “entonces”, porque ¿cuál era la pregunta?: ¿Qué señal habrá de tu parusía?

 

Y ahora dice, V.31 “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”; note que la reunión de los escogidos comienza en el cielo, porque la mayoría de los escogidos ya están en el paraíso, en el tercer cielo; solo un poquito estamos en la tierra, la mayoría están en el tercer cielo. Y cuando el Señor venga, dice Pablo en palabras del Señor, recordando la tradición oral de la enseñanza de Cristo allá en Tesalonicenses[8]: Os decimos esto en palabra del Señor: que los que vivimos no precederemos a los que duermen, sino, que juntamente con ellos seremos arrebatados; ellos resucitan primero, y nosotros somos transformados, complementa con primera a los Corintios[9], para recibir al Señor en el aire, en las nubes. Y ¿qué acaba de decir en el verso anterior? Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él. O sea, los que durmieron en Él están en el paraíso, en el tercer cielo; segunda a los Corintios, capítulo 12, Pablo intercambia paraíso con tercer cielo, a partir de la resurrección de Cristo. Entonces ¿qué dice Pablo?: Conozco a un hombre, si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé[10]. Él no se dio cuenta si estuvo en el cuerpo o no. No lo sabía. ¿Será que mi cuerpo se quedó y me vine sólo en alma?, o ¿será que me vine en cuerpo? Pero él sentía su cuerpo, pero no estaba tan seguro y, gracias al Señor, dijo: no sé. Lo que sabía fue lo que dijo, y lo que no sabía dijo que no sabía, punto. Así tenemos que hacer nosotros, lo que sabemos, sabemos, y lo que no, no sé. Si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no sé, pero lo que sí sabe es lo que él oyó: palabras inefables y tal ¿amén? Entonces Pablo está hablando de sus experiencias, ahora volvemos a eso, Dios mediante. Entonces, mire lo que dice acá,  V.31 “… enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” Y no mencionó la tierra aquí, pero Marcos dice que también mencionó la tierra. Entonces él habla de los extremos del cielo y la tierra. Mateo ni siquiera se acordó de la tierra, mencionó solo el cielo: de un extremo del cielo hasta el otro. Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él[11]. La mayoría ya están descansando en el paraíso, en el tercer cielo, pero sus cuerpos todavía están en la tierra; ellos están en espíritu y en alma, pero no están en cuerpo. Entonces tiene que traerlos, recoger sus escogidos, que están de un extremo del cielo al otro, ¿ve?, y traerlos a resucitar en la tierra. Y los que estemos en la tierra, el poquitito que quede, en comparación con los millones de tantos idos antes, entonces estaremos en la tierra; entonces Marcos le añade: la tierra.

 

Comparación con Marcos 13, cuando el Señor junta a sus escogidos en su venida.-

 

Vamos ahí a Marcos 13, vamos a ir comparando ¿ve?, desde el verso 24. Marcos 13 V.24 “Pero en aquellos días, después de aquella tribulación…” Note cómo coincide también el testimonio de Pedro, a través de Marcos, coincide. V.24“…después de aquella tribulación el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, V.25 y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. V.26 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. V.27 Y entonces enviará sus ángeles,…” “entonces”, ¿se acuerda?, es después de la tribulación; es después, no antes. Después de la tribulación. V.27 “…enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.” Ahí ya ahora entra también la tierra, porque en la tierra hay todavía un poquito, que el Señor no se olvida de los que estamos en la tierra. De hecho Él viene con los que están en el cielo, para la tierra. Porque Pablo decía, preparando a Tesalónica, a la iglesia, de que estuviéramos irreprensibles para la venida del Señor Jesucristo con todos sus santos (1Tes.3:13). Porque el Señor, cuando viene, viene con todos ellos. Dios traerá con Jesús a los que durmieron en Él, que son la mayoría. Entonces, cuando Él venga y los resucite a ellos, ellos resucitarán primero, luego nosotros seremos transformados, y ahora sí, resucitados y transformados, somos arrebatados; este es el arrebatamiento, para recibir al Señor en el aire, ya en esta dimensión; ellos estaban con el Señor allá, de un extremo del cielo al otro, en el paraíso, en el tercer cielo, pero estaban en espíritu y alma, sin cuerpo. Pero tenían que vencer en sus cuerpos, porque Dios hizo al hombre espíritu, alma y cuerpo; entonces ellos tenían que resucitar, y entonces Dios trae con Jesús a los que durmieron en Él, los trae a tomar sus cuerpos; y cuando ellos resucitan primero, inmediatamente con ellos, rapidito, somos transformados también en nuestros cuerpos, y ellos y nosotros somos arrebatados a recibirlo ahora que viene a esta tierra. Antes, ellos estaban con Él allá. Entonces el recogimiento es allá, por eso dice que esas vírgenes, que estaban esperando al esposo, se durmieron, y el clamor salió a despertarlas para que resuciten. Y nadie será arrebatado antes de que resuciten, porque no precederemos a los que durmieron[12]; los muertos en Cristo resucitarán primero, y entonces nosotros seremos transformados, y junto con ellos seremos arrebatados a recibir al Señor en el aire. No dice arrebatados al trono en el cielo, no; sino a recibirlo en los aires al venir Él con todos los santos para resucitarlos, transformarlos y arrebatarlos a las nubes a recibirle y venir con Él a la tierra al monte de los Olivos, a poner fin a la gran tribulación, mandar al anticristo y al falso profeta al lago de fuego, ¿amén?, a establecer el tribunal de Cristo, a hacer el juicio de las naciones y separar las ovejas de las cabras, y poner las cabras también en el fuego y, luego, darle el gobierno del Milenio a los vencedores, y a las ovejitas de la derecha ponerlos en el Reino bajo el gobierno de los vencedores e inaugurar el Milenio ¿ve? Eso sucede después de la tribulación de aquellos días; aquella tribulación de la que venía hablando ya desde el principio del discurso, porque es el mismo discurso. Esa palabra “entonces”, “entonces”, es palabra de ubicación, de contexto, de continuidad. No se puede hablar del arrebatamiento sin el contexto; todavía no hemos llegado a los versos del arrebatamiento; está hablando todavía de las copas de la ira; de eso es de lo que está hablando. Entonces, ahora sí ya viene.

 

Continúa Mateo 24:31-51

 

Entonces, volvemos ahí ¿ve?, a Mateo capítulo 24, verso 31. Mateo 24 V.31 “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, (esta es la trompeta que dice también Pablo en Tesalonicenses primera, capítulo cuatro) y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. (Ahí cuando dice los cuatro vientos, bueno, ahí está implicada la tierra, pero Marcos nos dijo: la tierra; él oía: del extremo de la tierra) V.32 De la higuera aprended la parábola:…” Oh, en este contexto es que nos habla de la higuera, y la higuera representa a Israel; y es durante la gran tribulación que Israel se va a convertir; ahora ya muchos se están convirtiendo, pero llegará un momento en que la nación, como nación, se convertirá, y, sin embargo, nos dice a nosotros que estemos pendientes de lo que pase con la higuera. O sea que la Iglesia va a estar aquí cuando Dios está tratando con Israel; cuando veáis la higuera. Algunos dicen que no, que nosotros nos vamos para el cielo, y que se queda el pobre Israel solito aquí, no; el Señor Jesús le está diciendo a la Iglesia que la Iglesia va a ver lo que pasa con Israel. La iglesia va a ver lo que pasa con Israel. Y lo va a ver desde aquí, no desde el cielo; claro, los que se fueron sí, pero los que quedemos o queden vivos hasta Su venida, dice que vamos a ver. Por eso dice así,  V.32 “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, (primero la rama tierna, ¿ah?, primero vuelve en 1948, y luego dice) y brotan las hojas, (el 1967 la guerra de los seis días, y todo ese proceso que ha tenido Israel) sabéis que el verano (es la hora de la cosecha) está cerca. V.33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, (todas, inclusive la abominación desoladora, la persecución, lo del cielo, lo de la tierra, lo de los astros y lo de Israel. Cuando lo veáis…será visto por la Iglesia, porque le está hablando a la Iglesia. Todas estas cosas, no solo algunas, sino todas estas cosas) conoced que está cerca, a las puertas. V.34 De cierto os digo, que no pasará esta generación (o sea la final, que verá todo eso) hasta que todo esto acontezca.” O sea que acontecerá en una sola generación final. Si el Señor dice que nos da unos setenta, u ochenta años, y dice que es más o menos el promedio de cada persona, y en el ‘48 empezó a suceder, súmele setenta, ochenta años, hermano; ya estamos bien cerca. No podemos saber el día ni la hora; Jesús dijo que el día ni la hora nadie sabe, pero sí cuándo está cerca, y dice que es para que no nos sorprenda el día. No sabemos el día, pero, si estamos atentos, no nos sorprenderá el día; no vamos a saberlo, pero no nos sorprenderá, ¿amén? No decimos día ni hora, pero sí cuándo está cerca el verano, ¿amén?

 

V.35 “El cielo y la tierra pasarán, (por eso dice en Hebreos[13]: Ellos perecerán, mas Tú permaneces; porque es como un vestido que Él se muda y se pone otro vestido. El cielo y la tierra pasarán...) pero mis palabras no pasarán. (Es decir, se cumplirán) V.36 Pero del día y la hora…”; por eso fue el error del que se pone a poner que tal día de mayo, yo no sé qué; aquellos santos y tantos otros, los adventistas, los llamados testigos y mucha gente que se pone a poner día y hora. Hermanos, por más cerca que veamos todo, no digamos día ni hora, no digamos. Pero sí estemos atentos, para que aquel día no nos sorprenda como ladrón. O sea que sabemos cuándo está cerca y las cosas están pintando ya, y dice que ya, ya hay que levantar la cabeza y erguirnos, porque nuestra redención está cerca, pero no diga día y hora, no cometamos ese error, ¿amén?, dejemos en: todo está cerca, eso sí. Y dice: V.36 “… del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, (y también ni el Hijo, pero lo del Hijo no lo dijo Mateo, lo dijo Marcos, porque El Hijo está hablando en la tierra en su despojamiento. Él se despojó y se hizo hombre, y en su despojamiento dice: dejo eso con el Padre; el Padre lo puso en su sola potestad, ¿ve?, entonces no nos pongamos a poner día y hora)  sino sólo mi Padre.

 

V.37 “Más…” Ahora pongan atención. El verso 36 habla que nadie sabe el día ni la hora; esa es la venida secreta; no es que Él viene en secreto. El día y la hora cuando Él venga es secreto. Pero fíjense, tiene relación con eso, dice: V.37 “Mas como en los días de Noé, así será la venida (y esa es todavía la parusía) del Hijo del Hombre V.38 Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, (¿no ve lo que pasa ahora?) casándose (¿si vieron?, mi hija se va a casar ahora en agosto)  y dando en casamiento, (qué vamos a hacer ¿no?, se quieren casar) hasta el día en que Noé entró en el arca, (el arca es una figura de Cristo, figura del bautismo, como explica Pedro[14], cuando ya hayan entrado todos los que son, el último) V.39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la parusía del Hijo del Hombre. V.40 Entonces…” Ah, fíjese éste, fíjese, mire todo lo que habló; después de la tribulación de aquellos días y viene hablando de todo eso, todo eso, todo eso, y recién ahora dice: Entonces. Mire cuándo es que llega el arrebatamiento, no antes, sino después de todo esto. Después de esto entonces esto y después esto, y esto, y esto, y esto, y esto, y esto, y esto. V.40Entonces estarán dos en el campo…”; no dice que son dos hermanos, pero dice, dos. Ambos pueden estar trabajando; externamente parece que están en lo mismo, pero su corazón está en distinto lugar. Los dos están en el mismo trabajo. Imagínense con su compañero de trabajo y tú te vas y él se queda, y están haciendo juntos el mismo trabajo, pero uno está en Cristo, está en el Espíritu, está en la fe, y el otro está en sí mismo. Hermano, por lo menos hablémosle a nuestro compañero de trabajo, ¿amén?, a ver si se va con nosotros. V.40 “… estarán dos en el campo; el uno será tomado y el otro será dejado.” Mire cuándo es que aparece el arrebatamiento, en el versículo 40, después de la tribulación de aquellos días y de todas esas cosas, entonces. V.41 “Dos mujeres…”; no dice que son hermanas, porque si fueran hermanas se iban todas porque dice que todos nos iremos en un mismo momento. La Biblia dice en primera a los Corintios[15]: en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, todos seremos transformados a la final trompeta. No dice que unos antes, otros después, no; todos, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos. Y a la final, no antes de la primera trompeta, no; a la final trompeta, todos. Algunos se quieren ir antes, pero el Señor dice que todos en un momento; y ese momento no es un momento largo, no; es en un abrir y cerrar de ojos. Y no es antes de las trompetas, hermanos, no; es a la última, o sea después, la última es la séptima. Entonces, si pensabas que había posibilidad de no pasar la tribulación, es muriendo en Cristo, aunque seas decapitado en la tribulación.

 

Otras bienaventuranzas.-

 

Bienaventurados de aquí en adelante los que mueren en el Señor; descansan de sus trabajos y sus obras con ellos siguen[16]. O sea que si te mueres en el Señor, de ahí, desde ese momento en adelante, eres bienaventurado. Esa bienaventuranza a veces no la recordamos, porque nos recordamos las siete de allá de Mateo en el sermón del monte, pero Apocalipsis también tiene otras cuantas bienaventuranzas, otras siete. Y Daniel tiene otras. Sino te mueres, entonces dice: Bienaventurado el que espere y llegue a 1335 días[17]; o te mueres en Cristo, o tienes que esperar; nada de blasfemar, nada de dejarse marcar, nada de eso; esperar hasta 1335 días; esa es la otra bienaventuranza; de pronto nos toca una, o nos toca otra; a los hijos. Bienaventurados los que mueren en el Señor; descansan de sus trabajos. Sí, dice el Espíritu, sí, bienaventurados. ¡Uy! no, no, no, dicen algunos; pero el Espíritu dice: Sí, sí, sí. Uno dice: no, a mí no me gustaría esa; bueno, el Espíritu dice: sí, bienaventurados, sí, sí, bienaventurados los que mueren en el Señor; descansan de sus trabajos y sus obras con ellos siguen. Wiclef quería ser un mártir, pero el Señor no quiso. Hay otra bienaventuranza también: bienaventurado el que espere y llegue a 1335 días. A algunos les toca una y a algunos les toca otra, pero el fin es después de los 1335 días. Daniel, tú tranquilo, descansa y al fin te levantarás para recibir tu heredad,[18] pero al fin, después de los 1335 días; es la resurrección, y no precederemos a los que durmieron;[19] sólo después que resucite Daniel vamos a ser transformados, a recibir al Señor, y él resucita después del capítulo 11 y 12 de su libro, que hablan de plena tribulación con gobierno de anticristo, Armagedón y todo. Recién al final resucita Daniel. Entonces es el fin, hay que perseverar hasta el fin. Si te matan, descansas y tus obras siguen, si no, espera hasta el fin; esa es la palabra de la perseverancia.

 

 

 

Entonces, sigue diciendo aquí el Señor, según el testimonio de Mateo: V.41 “Dos mujeres  (no dice hermanas, porque si fueran hermanas las dos se iban, porque es en un momento que nos vamos todos. Entonces por eso no dice hermanas, sino mujeres) estarán moliendo en un molino;…” imagínese, se puede moler en el Espíritu y se puede moler en la carne. Se puede moler cantando y se puede moler maldiciendo ¿Se da cuenta? Las dos estarán haciendo la misma cosa por fuera, pero muy distinta por dentro. Y lo que Dios quiere es lo de adentro, no lo de afuera. Señor, pero si las dos están moliendo; sí, pero una está moliendo con maldiciones y la otra está moliendo con alabanzas. V.41 “Dos mujeres estarán moliendo en un molino; (es el mismo, se van turnando. Los maíces ahí felices, cuando es la creyente la que muele, y llorando cuando es la otra) la una será tomada, y la otra dejada. V.42 Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.” Entonces, note que el arrebatamiento es en la venida, en la parusía del Señor.

 

V.43 “Pero sabed esto, (ah, ¿qué hay que saber?) que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, (y por eso Dios no lo quiso decir) velaría, y no dejaría minar su casa. V.44 Por tanto, también vosotros estad preparados; (preparados, para la segunda venida del Señor) porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. V.45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?” O sea que el Señor nos quiere encontrar dando alimento a su pueblo; evangelizando, discipulando, compartiendo, enseñando, aconsejando, consolando, distribuyendo folletos, lo que sea, casetes, lo que sea, dando alimento al pueblo; así nos quiere encontrar. Dice: V.45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? V.46 Bienaventurado…” ¡Es otra bienaventuranza!, vea, ¡otra! Cuántas bienaventuranzas perdidas han estado por ahí. Hay que recogerlas y juntarlas, ¿no? en un libro florilegio. V.46 “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” O sea, ¿cómo nos quiere hallar el Señor?, dando el alimento a tiempo a Su casa, ¿amén? Todos tenemos que participar en eso de una u otra manera. V.47 “De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.” Todo habla a aquel siervo, no es otro siervo, es el mismo. Un mismo siervo puede estar preparándose y sirviendo a la casa, o el mismo siervo puede hacer otras cosas; no es que uno es un siervo y otro es otro siervo, no. Si aquel siervo, aquel bienaventurado, es el mismo. Si aquel siervo al cual, cuando su señor venga le halle haciendo así, sobre todos sus bienes le pondrá. V.48 “Pero si aquel siervo malo (ah, sí es malo) dijere en su corazón: (porque no lo va a decir en público, claro, no, le va a dar vergüenza; pero por allá adentro) Mi señor tarda en venir; V.49 y comenzare a golpear a sus consiervos, (¡Uy! O sea, a tratar mal a los hermanos) y aun a comer y a beber con los borrachos, V.50 vendrá el señor de aquel siervo (este es el mismo siervo, puede estar en una o en otra) en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, V.51 y (esta traducción dice) lo castigará duramente…”; ¿sabe cómo dice el original griego?, usa la palabra dicotomizará, o sea, lo cortará en dos. Porque él es un siervo; si es un siervo es un hijo, es salvo en su espíritu, pero va a estar pasando como por fuego. Estará dividido en dos, como si fuera esquizofrénico. Lo cortará en dos, es lo que dice el original, dicotomía, lo dice también allá en Lucas 12. Entonces esta traducción no lo tradujo así tan exacto, no usó la literalidad dicotomía, partido en dos. Porque, hermano, fíjese, cuando la persona no es íntegra con su propia conciencia, y es hipócrita, y no es coherente con su fe, empieza a escindirse ya en dos, y es terrible, así empieza la locura; las personas son una cosa y son otra cosa, las dos cosas al mismo tiempo, y cada vez hay más distancia y, ya, queda partido en dos. Y en la venida del Señor, si ese siervo no es fiel… ¿qué es lo que dice Pablo? Pablo dice: Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa;[20] está en el reino, está enterito, esto se llama integridad. Pero si la obra de alguno se quemare,[21] porque era pura paja, pura carnalidad, cosas nuestras, y se quemare, él sufrirá pérdida. Habla de sufrimiento y de pérdida, pero no es de la salvación, ¿se da cuenta? Si bien él mismo será salvo, ese pedazo está arriba, mas como por fuego, ese pedazo está abajo. ¿Lo ve partido en dos? Sufrirá pérdida y pasará por fuego, aunque sea salvo. Es salvo, porque la salvación es por gracia, no es por obras, pero el galardón sí es por obras y el castigo también es por obras. Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo.[22] No dice según su fe solamente; por la fe es la salvación, pero el galardón es distinto a la salvación; por eso dice: sufrirá pérdida de galardón, pero él mismo será salvo, pero por fuego. O sea que pierde el galardón o parte; no pierde la salvación, pero recibe castigo. Entonces una persona como que está en dos mundos; al mismo tiempo está arriba y al mismo tiempo está abajo. Esa persona está dicotomizada, cortada en dos, partida en dos. Y cualquiera de nosotros que no sea coherente, íntegro con Dios y consigo mismo, empieza a estar medio partido, aquí y allá, y con hipocresía y un montón de cosas, y ya los tormentos empiezan ahora en la conciencia. Entonces, hermano, Dios tenga misericordia de nosotros y nos arrepintamos, seamos perdonados y seamos unificados, integrados; ser íntegros, con el Señor, con nosotros mismos, con todas las personas. Porque eso de estar cortado, partido, dicotomizado, eso es una esquizofrenia, hermanos. Dios tenga piedad de nosotros, ¿amén? Entonces ahí dice así: V.50 “vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, V.51 y lo castigará duramente, (y también lo dice Lucas 12, lo traduce: Lo castigará duramente. Pero, ¿cuál es la palabra en el griego? Lo dicotomizará; o sea, lo cortará en dos, lo partirá por en medio, eso es una cosa terrible, ¿amén?) y pondrá su parte con los hipócritas; (¿se da cuenta?, hipocresía. Sólo aparentando, por fuera una cosa y por dentro, otra; ya empezó a ser partido uno ahí) allí será el lloro y el crujir de dientes.” ¿Amén? Y entonces ahí sí ya después comienza con lo de las vírgenes, con los talentos. Vamos a hacer una lectura rápida del texto que dice Marcos y Lucas al respecto y terminamos esta parte de hoy.

 

 

Comparación con Marcos 13:24-29

 

Entonces volvamos allá a Marcos, a leer de lo mismo, porque es otro testigo; vamos a oír su complemento, desde el verso 24. Marcos 13:24. Marcos13 V.24 “Pero en aquellos días, (note) después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, V.25 y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. V.26 Entonces (¿ve?, no antes) verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. V.27 Y entonces (eso es continuidad y tiempo, ubicación, contexto) enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. (Porque allá también están; unos están allá y otros acá)V.28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. V.29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.” O sea que, veremos lo de la higuera también. Pero hay una cosa que se le olvidó a Mateo y se le olvidó a Marcos, pero Lucas, como buen gentil, así como se acordó de la parte de la plenitud de los gentiles, se acordó también de los demás árboles, además de la higuera. Mateo no lo dice, Marcos no lo dice, pero Lucas sí se acordó: “Cuando veáis la higuera y los demás árboles[23], que eso también dijo Jesús, pero un judío no le va a poner atención a lo de los demás árboles, pero un gentil sí, porque la Biblia no solo habla de Israel, también habla de Gog y Magog, y de Europa y del rey del sur y del oriente y todo eso. Cuando veáis la higuera, es lo de Israel, y los demás árboles es lo que pasa en el resto de las naciones, lo que está profetizado también de otras naciones; de eso se acordó Lucas como buen gentil que era. Por eso Dios tuvo un gentil participando del Nuevo Testamento; y ¿sabe una cosa? fue el que más escribió. Porque cuando tú sumas las trece epístolas de Pablo y las comparas con el evangelio de Lucas, Hechos de los apóstoles y la epístola a los Hebreos, que también parece que es más de Lucas que de Pablo, aunque claro que eran compañeros y pensaban igual, pero el lenguaje y el estilo es diferente, y con muchos detalles, que no es la hora de tratarlos, pero en otra ocasión se podrían tratar. Si juntas el evangelio de Lucas, el evangelio tiene 24 capítulos, pero tiene más palabras que los 28 capítulos de Mateo; y luego tienes otros 28 capítulos de Hechos, y capítulos larguitos, y luego los 13 de Hebreos. El que más escribió en el Nuevo Testamento fue el gentil Lucas. Claro que algunos le atribuyen Hebreos a Pablo, pero eso hay que discutirlo bien. De todas maneras, lo ponga de primero o lo ponga de segundo, escribió mucho Lucas, ¿amén?

 

Comparación con Lucas 21:25-36

 

Y dice Lucas, vamos a verlo ahí en Lucas, vamos a verlo y vamos a comprobarlo. Capítulo 21, estamos leyendo esas cosas juntos. Capítulo 21, desde el 25. Lucas 21 V.25 “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, (y note, sólo Lucas se acordó lo del tsunami; ni Mateo se acordó de los tsunamis, ni Marcos se acordó de los tsunamis, pero Lucas sí) confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; (hermanos, el Señor sabía lo que iba a pasar y nuestros ojos lo ven, por internet, por televisión y, a veces, en vivo y en directo. Y ¿qué más sigue diciendo Lucas?) V.26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. V.27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. V.28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, (eso es Lucas, el que se acordó de estas palabras. Note, los hombres ven estas cosas y se asustan y desfallecen, y el Señor nos dice lo contrario: Cuando vean esto, no desfallezcan, no. Dice:) erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. (¿Amén?) V.29 También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. (¿Ven?, Lucas se acordó de este detallito de Jesús. Él tenía sensibilidad para eso, porque era gentil. O sea que hay que ver la parte de Israel y la de las demás naciones.) V.30 Cuando ya brotan, (no solo la higuera, sino también los demás árboles) viéndolo, (o sea que lo vamos a ver) sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. V.31 Así también vosotros, cuando veáis (porque lo veremos) que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. V.32 De cierto os digo, que no pasará esta generación (ésta, la que vea esto) hasta que todo esto acontezca. V.33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. V.34 Mirad también…” oigan aquí hermanos esto que se acordó Lucas y que los otros no se acordaron. Por eso hay que oír a varios, ¿se da cuenta?, porque en la multitud de consejeros hay sabiduría[24]. Mire el lazo que vendría; el lazo de los shoppins, etc. V.34 “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. V.35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.” Note, un lazo para enlazar a todos los habitantes de todos los países. ¡Cuidado con ese lazo! Mirad. Glotonerías, embriaguez, afanes; como un lazo vienen, y después el día nos sorprende enlazados, amarrados, atados con deudas, atados con cosas. ¿Se dan cuenta, hermanos? Y cuando el Señor dice que ni siquiera tenemos que volver a recoger la capa, ¿se da cuenta? Entonces dice: V.35 “Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. V.36 Velad, pues, en todo tiempo orando (¿cómo es que se vela?, en todo tiempo, orando. Si no oramos, no velamos, estamos dormidos) que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán…” Por eso decíamos: ¿Será que hemos orado por eso? ¿Hemos orado para huir, y que no haya invierno, y que no sea en sábado, y que podamos escapar de estas cosas, así sea que nos decapiten, pero nos vamos al paraíso? Pero escapar, como quiera el Señor. Eso se lo dejamos a Él, el cómo. O esperarnos hasta que lleguen los 1335 días, quién sabe dónde, por allá en el campo, en el desierto preparado. Pero dice que hay que orar para ser tenidos por dignos de escapar, porque los impíos no escaparán. Hay que ser tenidos por dignos, según el punto de vista del Señor y no el de los hombres, para escapar. Bienaventurado, incluso, si mueres de aquí en adelante en el Señor, porque descansas de tus trabajos, escapas de las aflicciones.

 

Isaías 57 1-2

 

Miren, lean conmigo por favor, lean conmigo. Isaías 57: 1 y 2, y volvemos y terminamos Lucas aquí rápido. Isaías 57, versículos 1 y 2. Vamos a leer ahí. Acuérdese, Isaías, también Apocalipsis 14. “Bienaventurados de aquí en adelante los que mueren en el Señor; descansan de sus trabajos y sus obras con ellos siguen” [25] Y si no eres tenido por digno de escapar, al fin te toca esperar hasta 1335 días. Bueno, bienaventurado el que espere[26], ¿verdad?, persevere hasta el fin, porque allá es el fin. Miren lo que dice Isaías 57:1 y 2. Isaías 57 V.1 “Perece el justo, y no hay quien piense en ello;…” La gente no entiende cuando se mueren los santos. El salmo[27] dice que para Dios es una alegría la muerte de los santos. Dios se alegra cuando sus santos van a encontrarse con su Padre y a entrar en su descanso. Pero la gente no piensa eso, solo piensa: “Ay, se murió y qué va a pasar el esposo y los niños y todo eso” Pero dice: Isaías 57 V.1 “Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda (¿Qué es ese perecer y esa muerte de los justos y los piadosos? No hay quien entienda) que de delante de la aflicción es quitado el justo.” Dios lo quitó. O sea, ya fue a muerte, ya sea incluso decapitado, pero se lo lleva a descansar. De delante de la aflicción. Y hay otra palabra que se usa para traducir ésta misma: Tribulación. En otras versiones, aquí donde traducen aflicción, dice tribulación. Delante de la tribulación es quitado el justo.  V.2 “Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios.” ¡Aleluya! ¿Se dan cuenta de esta bienaventuranza ahí?

 

Continúa comparación con Lucas 21:36

 

Bueno, volvemos a Lucas, terminamos Lucas y Marcos. Entonces estábamos en Isaías 57:1 y 2. Ahora Lucas 21, estamos entonces en el versículo final, ¿verdad?, casi al final; 36. Lucas 21 V.36 “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar…” Esa palabra también la utiliza, así como el Señor, la utiliza Pablo en 2 Tesalonicenses capítulo 1:5: 2 Tesalonicenses 1:5 “Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.” O sea, ¿cómo es tenido por digno? Por el padecimiento, porque hay una diferencia entre el reino y la salvación. La salvación es por gracia, no es por obras; tú no mereces nada, pero Él pagó por ti y te perdonó, y por eso eres salvo. Pero ahora los salvos somos hijos, somos siervos, y le servimos. Y ese servicio va a ser galardonado. Y si somos hijos, pero fallamos, no perdemos la salvación, pero tiene que castigarnos. Y el reino es un premio por las obras. La salvación es un regalo sin obras. Por gracia sois salvos, por medio de la fe y no por las obras[28]. Pero he aquí vengo pronto y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra[29]. La obra es para galardonar a los hijos que trabajan, y el castigo es para corregir a los hijos que fallan; no dejan de ser hijos; su recompensa se pierde, sufren pérdida, pero no de la salvación; aunque pasan por fuego, pero no para siempre. Eso es lo que dice primera a los Corintios 3: Si la obra, la obra, no la fe; la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, mas así como por fuego[30]. Y el Salmo 89 también dice eso: Si sus hijos hicieren lo malo, los castigará con azotes; mas no quitaré de ellos mi misericordia[31]. ¿Por qué? Porque la salvación es un regalo, que se recibe por fe. Pero el reino no es la salvación. Por ejemplo[32], dice: Toma aquí tu mina, tu mina, tu mina, cada uno tiene su mina; negocie con su mina. Ahora le dice, bueno, ¿qué hiciste con tu mina? Señor, tu mina produjo diez minas. Ah, muy bien, siervo fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; sé sobre diez ciudades. La mina es una cosa; y la recompensa por haber negociado con la mina es otra cosa, ese es el reino. No todos estarán reinando sobre diez ciudades. A otro dice: Y tú ¿qué hiciste con tu mina? Ah Señor, tu mina produjo cinco minas. Muy bien, tú también sé sobre cinco ciudades. Los dos están salvos, pero uno es un gobernador de una decápolis y el otro de una pentápolis, ¿ven? Y otro, guardó su mina, y la escondió y se la quitaron y se la dieron al otro, y va a tener en el Milenio menos de lo que tenía en la Iglesia, porque en la era de la iglesia tenía una mina, por lo menos, pero en el Milenio se le quita la mina. En cambio el otro tenía también la misma mina, pero produjo diez, y después va a tener once, porque el Señor le va a dar la del otro.

 

Entonces, ¿Se dan cuenta? que ser salvos es una cosa; pero estar en una posición más cerca del Señor, ese es el reino, y eso tiene que ver con las obras, con el negocio con la mina. Así que a trabajar nuestra mina, hermanos. Negociad entre tanto que yo vengo[33]. Bienaventurado aquel al que su Señor cuando venga lo encuentre haciendo así[34]. A negociar con su mina todos, ¿amén? Para que el Señor te dé cinco o diez ciudades, según lo que se haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Y si hacemos lo malo ¿qué vamos a recibir?, ¿diez ciudades? o diez azotes. Porque también habla que algunos siervos van a ser azotados mucho y otros poco. También habrá azotes; no dice que son eternos. Dice que si no te pones de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto estás en el camino, entonces vas a la prisión, hasta (no es para siempre eternamente), pero, hasta que pagues el último cuadrante[35]. Lo que debemos hay que pagarlo. A veces decimos: -No, Señor, más bien perdóname mis deudas-.

- Sí te las perdono, pero vaya y páguele a su vecino lo que le debe-.

Pero no le puedo pagar.

-Bueno, páguele lo que pueda, y si no, trabaje, y trate, y haga lo mejor que puede-.

Y el Señor te va a defender si haces lo mejor que puedes. Pero si te haces el tonto, el Señor no se deja engañar por los tontos. Es que ni nosotros nos dejamos engañar, menos el Señor. ¿Amén hermanos?

 

Entonces ahí termina Lucas diciendo: Lucas 21 V.36 “Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.” Hoy a la gente le gusta que lo tumben; y va a la reunión a ver si se cae para atrás. Pero el Señor no quiere gente que se caiga para atrás; el Señor quiere gente que esté en pie cuando venga el Hijo del Hombre. En pie; listo para recibirlo, con las cosas arregladas, preparado. Cuando venga el Señor no sale avergonzado ni se cae para atrás. Estar en pie. ¿Quién podrá mantenerse en pie[36]? Y luego aparecen los 144.000 y una multitud que lavó sus vestiduras con la sangre del cordero, ¿amén? Dios quiere que estemos en pie, que no nos alejemos de Él avergonzados, que cuando Él venga podamos estar en pie, ¿amén? Eso es lo que Él mismo dice, que oremos, para poder estar en pie. Hasta Juan se cayó, y le dijo: No temas, levántate. Él nos quiere levantados, ¿amén? Entonces así termina, y dice: V.37 “Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. V.38 Y todo el pueblo venía a Él por la mañana, para oírle en el templo.” 

 

Terminación en Marcos 13

 

Veamos la terminación en Marcos 13, porque ya pasamos por Mateo y Lucas. Entonces ahí ya habíamos llegado en el v.28: Marcos 13  V.28 “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.” Y nos fuimos a ver lo de todos los árboles, allá en Lucas. Marcos 13  V.29 “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. V.30  De cierto os digo, que no pasará esta generación (la que vea esto) hasta que todo esto acontezca. V.31  El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. V.32  Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, (esto fue lo que se recordó Pedro y lo contó Marcos) sino el Padre. V.33  Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. V.34  Es como el hombre…” Y esta parábola no se la acordó Pablo ni Lucas, solo se acordó Marcos. Por eso es lindo integrar todo. V.34 “Es como el hombre  que yéndose lejos, dejó su casa, (que es la Iglesia) y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, (cada uno tiene una obra que hacer, cada uno) y al portero mandó que velase. V.35  Velad, pues, porque no sabéis cuando vendrá el Señor de la casa; si al anochecer, o a la media noche, o al canto del gallo, o a la mañana; (esas son las cuatro vigilias) V.36  para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. V.37  Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.” Amén, hermanos, vamos a parar aquí. Vamos a hacer una oración simple, pero sincera al Señor. Y pedirle que Él nos ayude, porque sin su ayuda, ¿a dónde podemos llegar?

 

Oración final.-

 

Querido Padre, te damos gracias por esta oportunidad que nos das, para amonestarnos con tu Palabra de amor, con tu Palabra de esperanza; con tu invitación a la fe, a la esperanza, al servicio, al arrepentimiento, a purificarnos más y a limpiarnos más. Padre, oramos que nos ayudes; queremos ser hallados de Ti cual Tú nos quieres hallar. Como somos muy débiles, te pedimos primero perdón, y segundo la ayuda para ser hallados con oportuno socorro como nos quieres hallar. Y que podamos escapar; que Tú nos puedas tener por dignos de escapar de las cosas que vendrán. Que limpies nuestros pecados y fallas con la sangre del Cordero, que no te acuerdes más, que eches al mar del olvido nuestros pecados, y que nos levantes en tu gracia, para pedir que cada uno haga lo mejor que puede, lo mejor que sabe; lo que a cada uno le preparaste. En el nombre del Señor Jesús. Amén.



[1] Mateo 10:23

[2] Isaías 54:15, 17

[3] Daniel 8:25

[4] Proverbios 1:17

[5] 1 Tesalonicenses 5:3

[6] Juan 14:13, 15:16

[7] Zacarías 12:12

[8] 1 Tesalonicenses 4:15-17

[9] 1 Corintios 15:51-52

[10] 2 Corintios 12:2-4

[11] 1 Tesalonicenses 4:14

[12] 1 Tesalonicenses 4:15

[13] Hebreos 1:10-11

[14] 1 Pedro 3:20-22

[15] 1 Corintios 15:51-52

[16] Apocalipsis 14:13

[17] Daniel 12:12

[18] Daniel 12:13

[19] 1 Tesalonicenses 4:15

[20] 1 Corintios 3:14

[21] 1 Corintios 3:15

[22] 2 Corintios 5:10

[23] Lucas 21:29

[24] Proverbios 11:14

[25] Apocalipsis 14:13

[26] Daniel 12:12

[27] Salmo 116:15

[28] Efesios 2:8-9

[29] Apocalipsis 22:12

[30] 1 Corintios 3:15

[31] Salmo 89:30-33

[32] Lucas 19:11-27

[33] Lucas 19:13

[34] Mateo 24:46, Lucas 12:43

[35] Mateo 5:25-26

[36] Apocalipsis 6:17

APROXIMACIÓN EXEGÉTICA AL PEQUEÑO APOCALIPSIS SINÓPTICO (1)

APROXIMACIÓN

EXEGÉTICA

AL

PEQUEÑO

APOCALIPSIS

SINÓPTICO 

 

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Gino Iafrancesco V.

26 de junio de 2011 a.m.

Barbosa, Santander, Colombia.

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Trascripción: Adriana Luna.

Revisada por el autor. 

 

Mateo 24:1-15.

 

Oración.-

 

No nos preocupemos de lo que nosotros somos. Reconozcamos nuestra miseria, nuestra nada, nuestra necesidad, con toda sinceridad. Que Su sangre nos limpie y Su Espíritu nos vivifique y nos fortalezca. ¿Amén? Oremos juntos, confiemos juntos, creamos juntos.

 

Querido Padre, en ese nombre precioso de tu Hijo, por medio de quien te has revelado y dado a nosotros. Señor, estamos infinitamente felices y agradecidos por lo que Tú eres, por tu amor, por tu fidelidad, por tu buena voluntad para con nosotros y por el Don inefable que nos has dado de Ti en tu Hijo y en tu Espíritu. Señor, concédenos la gracia de permanecer descansando en Ti, de dejar todo lo nuestro en tus manos. Nos confiamos íntegramente a Ti con todos nuestros problemas, fragilidades, cosas que conocemos y desconocemos; todo eso lo olvidamos en tus manos y te pedimos que seas Tú en nosotros. Deseamos darte todo el lugar que nos sea posible, para que Tú nos ayudes con tu Espíritu, Tú nos consueles, Tú nos ilumines, Tú nos fortalezcas para vida eterna, Tú nos alimentes de resurrección. Señor, creemos en Ti. Bendice tu Palabra que hayamos de considerar con tu socorro. Te pedimos que no nos dejes salirnos de Ti; que nos retengas en tu gracia, para que nosotros, Señor, consideremos tu Palabra, no solo nosotros solitos, no solo con nuestra mente, o ni siquiera con nuestra sola buena voluntad. Queremos leer tu Palabra delante de Ti y leerla contigo, Señor, y leerla para Ti, para que nosotros la recibamos y fructifique en honor de tu Nombre y de tu Gloria. Con esta confianza, Señor, en Ti deseamos abrirnos a tu Palabra. Enséñanos a estar en el Espíritu. Enseña a nuestro espíritu a estar alerta delante de Ti, y también enseña a nuestra alma y a nuestra mente del alma a estar en el Espíritu, descansar y atender el mover de tu Espíritu en nuestro interior; y todo nuestro ser sea sustentado por tu Santo Espíritu. En el Nombre del Señor Jesús, amén.

 

Dos días antes de la Pascua.-

 

Bueno, hermanos, hoy, con la ayuda del Señor, vamos a estar también considerando otras palabras del Señor Jesús, que encontramos también en el evangelio de Mateo, ahora en el capítulo 24. Esas palabras fueron pronunciadas dos días antes de la Pascua. Cuando el Señor celebró la mesa, salió para el jardín de Getsemaní, lo apresaron, lo flagelaron, lo crucificaron, pero resucitó al tercer día. Dos días antes de la Pascua el Señor estuvo en el monte de los Olivos; después de haber estado en el templo, bajado por el arroyo de Cedrón, subiendo por Getsemaní, que es al pie del monte de los Olivos, allí los discípulos le preguntaron de cosas que Él les había dicho en el templo, y ahí comenzó una conversación que vamos a estar leyendo, a raíz de esas palabras, y otras que ellos ya habían oído de Él, y también en su vida judía; eran tradición judaica del Antiguo Testamento. Y debido a lo que ellos habían oído, tenían preguntas, querían tener claridad, y le hicieron esas preguntas al Señor; y las respuestas fueron registradas principalmente en tres de los Evangelios: en Mateo 24 y 25, en Marcos desde el capítulo 13, y en Lucas mayormente en el capítulo 21, aunque también algunos temas, por asociación temática, los adelantó Lucas en el capítulo 17 también.

 

 

Pequeño Apocalipsis Sinóptico.-

 

Entonces tenemos esos tres testimonios que nos hablan de ese discurso, que ha sido llamado como el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, porque el Apocalipsis grande es el que está al final de la Biblia, que el Señor Jesucristo recibió del Padre: la Revelación de Jesucristo que Dios le dio, que Jesucristo se la reveló por medio de Su Ángel a Su siervo Juan. Entonces ese es el llamado Apocalipsis grande; y por eso es que a éste otro, como no tiene tantos capítulos como el mayor, se le llama el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, porque está mayormente en los tres Evangelios sinópticos. Algunos detalles que no cita Mateo los complementa Marcos; otros detalles los complementa Lucas; y por eso es que es bueno oír varios testigos; dice que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra[1]. Y así, ese discurso fue oído por muchos testigos, de los cuales tres de ellos escribieron. Un testigo ocular es el que vamos a leer, que fue Mateo, de los doce, y luego Marcos, que era el compañero de Pedro, el intérprete de Pedro; y Pedro había sido también un testigo ocular; y por eso Marcos generalmente tomaba de lo que Pedro decía. Así que, al leer a Marcos, estamos teniendo el testimonio de Pedro, por intermedio de Marcos. Y Lucas investigó diligentemente desde el principio todas estas cosas, preguntándoselas a los que lo vieron con sus propios ojos y le oyeron con sus propios oídos; así es como lo dice Lucas; aunque Lucas mismo no estaba presente, él estuvo con los que lo vieron con sus ojos, lo tocaron con sus manos, lo oyeron con sus oídos. Entonces esos son tres preciosos testigos muy cercanos: Mateo, Marcos y Lucas; y esos tres pasajes de los tres, aunque con el de Lucas son cuatro, porque son el 17 y el 21, porque a veces uno toma una lección, si la recuerda, en otro contexto; porque se está tratando de una cosa y se acuerda, entonces la toma y la usa acá y después ya no la vuelve a usar; pero tú, por los otros dos, sabes dónde estaba ubicada. Entonces juntamos, aunque vamos a seguir la lectura de Mateo, vamos a tener en cuenta el enriquecimiento que nos viene del testimonio también de Marcos y de Lucas, para tener toda aquella ocasión de aquel Apocalipsis anticipado del Señor, claro.

 

Entonces vamos a abrir y a hacer un seguimiento, ojalá cuidadoso, muy necesario en estos tiempos en que vivimos; recordar muy bien todas estas palabras con sus conexiones enriquecedoras, porque así lo dispuso Dios por su Espíritu. Esas distintas porciones de la Palabra y complementos fueron dispuestos por el Espíritu. Entonces vamos a abrir allí en Mateo capítulo 24. Lastimosamente creo que no tenemos aquí en el salón con ninguno de los hermanos el texto griego, pero aquí en mi Biblia yo le pongo algunas señalitas de algo que ya he investigado en el texto griego, especialmente algunas palabras claves. Y, en la medida que vamos examinando el discurso, voy a explicar, cuando lleguemos a esas palabras, cuál es la palabra griega que usan y cuál es la razón por la cual nos detenemos un poquito en eso para ir entendiendo mejor. Entonces vamos a ir, cada uno si tiene su Biblia, no importa la versión que sea, vamos a ir leyendo despacio, poniendo atención, masticándolo en medida que el Espíritu nos vaya encaminando a eso.

 

Al final del capítulo 23 vemos que el Señor está en el templo y que está hablando cosas serias en el templo. Desde v.37 del c.23 dice: Mateo 23 V.37 “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas…” a los apóstoles, o sea, “…a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! V.38 He aquí vuestra casa os es dejada desierta.” Y aquí ya Él está adelantando algo que va a decir más adelante, que tiene que ver con la parte de Israel en la economía divina, y que cuando se junta el testimonio de Mateo, Marcos y Lucas de manera especial, se comprende mejor y por eso lo empezamos a leer desde ahí. V.38 “He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que…” ; gracias a Dios que es un período, pero no es eterno, él tiene su hasta, V.39 “… hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” Ellos no lo bendecían, sino que lo maldecían.

 

Mateo 24. - V.1 “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.” Esos edificios ya no eran los de Salomón, que habían sido destruidos en el tiempo de Nabucodonosor y habían sido restaurados en el tiempo de Zorobabel, sino que eran los que había reconstruido Herodes. Sólo que los que construyó Salomón, los construyó conforme al plano que le dio David, y en el libro de Crónicas se nos dice que esos planos que David le pasó a Salomón, eran los planos que David había recibido de Dios. O sea que todas aquellas medidas son significativas porque son una figura del cuerpo de Cristo, porque cuando David le quiso edificar una casa material a Dios y Dios había dicho: ¿Qué casa me edificaréis vosotros?, así se lo dijo después a Salomón, si yo lleno los cielos y la tierra y los cielos y la tierra no lo pueden contener[2], ¿cómo vamos nosotros a pretender contener a Dios en un templo material? Y además, David había sido un guerrero que había peleado las batallas de Jehová o de Yahvéh, pero claro, había derramado mucha sangre y el Señor le dijo: David tú has derramado mucha sangre, tú no me edificarás casa, pero tu hijo, que nacerá de ti, él me edificará casa y yo le seré a él  Padre y él me será a mí, hijo[3]; porque todavía él no había nacido como hombre y por eso lo pone en futuro. En lo divino el Hijo está con el Padre desde la eternidad, pero como está hablando: Tu hijo, el de David, ese es relativo a la encarnación, por eso dice: me será hijo, en el futuro. Claro que el verdadero hijo es el Hijo de David, Jesucristo, pero Salomón, que vino antes, como la sombra viene antes del cuerpo, de la realidad, entonces, Salomón, como hijo de David fue una figura; un anticipo tipológico del verdadero Hijo, y él edificó aquel templo también, que es una figura del verdadero templo, pero el verdadero templo es la Iglesia, que el Señor edificaría; yo edificaré mi Iglesia[4], y por eso, por el Espíritu dicen los apóstoles, como Pablo: Vosotros sois el templo de Dios[5]; o sea que el verdadero templo era la Iglesia. Pero después por la infidelidad, incluso del propio Salomón, y después del resto del pueblo, aquel templo fue destruido y ellos fueron llevados cautivos por setenta años, como profetizó Dios por Jeremías[6]. Y ya cuando esos setenta años se cumplían, Daniel, que estaba también cautivo como ellos en Babilonia, empezó a leer las profecías de Jeremías y vio que ese era el tiempo de restaurar otra vez, que ese cautiverio no era para siempre, y empezó a pedirle a Dios, y Dios, que es el que pone reyes y quita reyes, el que muda los tiempos y las estaciones, entonces sacó a los babilonios y puso a los persas, y Ciro el persa vino e hizo que volvieran otra vez. Dios maneja la política del mundo en función de Sus planes y en función del refinamiento y del perfeccionamiento y acabamiento de Su pueblo, no para acabarlo, sino para darle el acabado, que es otra cosa diferente.

 

Entonces ahí vino la restauración del templo, con Zorobabel, con Josué hijo de Josadac y lógicamente que los que conocían, los ancianos, que conocían lo antiguo, lloraban, porque ese segundo templo todavía no tenía tanta gloria como la de Salomón, pero era una restauración y en la restauración de la casa de Dios, Dios nos enseña principios de restauración de la Iglesia, que es la verdadera casa. O sea que esas cosas se escribieron como ejemplo y están escritas para nosotros, para quienes han alcanzado los fines de los siglos. O sea que tenemos una doble lectura; una lectura histórica y una lectura tipológica, viendo detrás de las letras de la historia la tipología o la alegoría de la reconstrucción de la casa de Dios. Pero luego Herodes, pues, quiso ser como más que Salomón, más que Zorobabel, y no tuvo en cuenta los planos que Dios mismo le había dado a David, y él hizo sus propios planos para su propio nombre y para su propia grandeza e hizo un templo grandotote y lo adornó e hizo una cosa grande, conforme a la vanidad del corazón del hombre. Dios, en cambio, lo había revelado conforme a sus principios. Entonces, claro, la gente no entendía y se enorgullecía del gran templo de Herodes y se lo mostraban al Señor Jesús: mira qué piedras, mira qué templo[7]. Y ahí es cuando el Señor les dice: V.2 “… ¿Veis todo esto?...”, (verso 2 del capítulo 24 de Mateo) “…De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

 

 V.3 Y estando él sentado en el monte de los Olivos,…” Ya, o sea, terminaron de caminar; a la salida de lo mostrado, mientras Él salía le iban mostrando las cosas, y Él les dijo eso, y luego se vinieron caminando. Luego llegaron de ese templo, bajaron al torrente de Cedrón y subieron hacia el monte de los Olivos, y ahí se sentó el Señor; ellos acostumbraban salir de la ciudad. Es un bosque de olivos muy precioso que hay allí, y entonces ellos acostumbraban apartarse para estar en comunión, incluso a veces hasta el Señor se quedaba a dormir y a orar ahí en el monte. Entonces, cuando llegaron ahí, dice: V.3 “… los discípulos se le acercaron aparte, diciendo:…”. Ya desde el principio, para evitar malas interpretaciones posteriores en el discurso, quiero que pongamos atención a quiénes son los que hacen las preguntas y a quiénes Él les habla; porque si no sabemos quiénes preguntan y a quién se le responde, después vas a decir: bueno, esto no es para la Iglesia, esto es solo para los judíos. Pero aquí quien está preguntando es nada menos que la crema y nata de la Iglesia, aunque claro que ellos también eran judíos, sin embargo, el Señor les dijo a ellos que todo lo que él les había enseñado a ellos, ellos se lo enseñaran a todas las naciones: Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura, haced discípulos a todas las naciones, el que creyere y fuere bautizado será salvo, y enseñadles todas las cosas que yo os he mandado[8].

 

Ahí juntamos testimonios de varios, porque la conversación es muy rica, pero una cosa se acuerda uno, una cosa se acuerda el otro, otra cosa se acuerda el otro. Es como si alguien le pregunta, cuando lleguemos a nuestras casas, a nuestros pueblos, ciudades: Oye, ¿Cómo fue el encuentro, el campamentico allá en Barbosa?, entonces cada uno cuenta la misma situación, sólo que alguno cuenta la que a él le interesa, y el otro cuenta las que a él, y en algunas cosas coinciden y en otras hay variantes, porque Dios tiene varios testigos, y, a propósito, Dios no quiso que el testimonio de su Hijo lo contara uno solo, porque Dios mismo dijo: En boca de dos o tres testigos[9], y el Señor puso cuatro; así como el Arca del Pacto era llevada por cuatro levitas y cada uno está en su ángulo distinto, y cada uno cuenta las cosas desde su ángulo y eso es un arreglo del Espíritu Santo, porque el ángulo de cada uno es preparado por Dios, porque ninguno de nosotros da abasto para captar toda la riqueza de Cristo. Entonces tenemos que ver a Cristo desde todos los cuatro ángulos de la tierra. Por eso eran cuatro los evangelistas, como cuatro eran los levitas que cargaban el Arca del Testimonio ¿Para qué? Para poder ver los distintos ángulos, porque cada persona tiene su propio temperamento, sus propios intereses, hasta sus propios traumas diferentes. Entonces, si hay algo que a mí me tocó de manera especial, soy especialmente sensible para algunas cositas, para otras quizá no me importen tanto. Entonces el Señor, como sabe que es así, para que las cosas no queden solamente en manos de un solo testigo, entonces el Señor pone varios para que los otros puedan ver el testimonio.

 

Imagínense, respecto a lo del matrimonio y el divorcio, esas cosas, pues, Marcos habla, pero no menciona la excepción, Lucas habla y no menciona la excepción, en cambio Mateo, por alguna razón, recordó la excepción. Seguramente conoció algunos casos, que le hicieron sensible en ese punto para que recordara esas frases y los otros no la consideraron tan trascendente, y los otros no le pusieron el salvo, en caso de, pero Mateo sí, ¿por qué? porque Mateo tenía sensibilidad para eso, ¿ve? Otro tenía sensibilidad para otra cosa. Lucas, por ejemplo, cuenta unas cosas; tiene una sensibilidad que parece que solo la tenía Lucas,  según lo que la Biblia cuenta, Lucas era un hermano muy precioso, muy apreciado de las iglesias. Sí, tenía sensibilidades especiales.

 

No todos tenemos las mismas sensibilidades; algo sucede y alguno se fija en una cosa, otro se fija en la otra, el otro en la otra, y a eso se deben las variantes, que fueron producidas por el propio Espíritu Santo, no para confundirnos, sino para enriquecernos;  y por eso debemos integrar los testimonios. Que ¿cómo cuenta José que fue el campamento?, ¿cómo cuenta Leonardo que fue?, ¿cómo cuenta Julio?, ¿cómo cuenta cada uno de nosotros? No todos tenemos las mismas sensibilidades, ni nos interesan las mismas cosas; entonces, si uno quiere tener una vista más completa, los escucha a todos. A veces hay aparentes divergencias, pero no son divergencias. Los críticos no entienden esto, y es como si hoy hubiéramos almorzado fríjoles con ensalada de aguacate, nos hubiéramos comido un postre de durazno, y entonces alguien va y le dice a su esposa: ¡Huy!, me comí un postre de durazno después de la reunión, ¡pero delicioso! Pero el otro está diciendo que comieron fríjoles, entonces parece que se están contradiciendo, dicen los críticos, que eso no sucedió, porque éste dice que comieron fríjoles, y el otro dice que ensalada y éste que durazno, ¿ve?, están contradiciéndose al inventar. No. Si todos dicen igualito, eso sí parece más inventado, se pusieron de acuerdo. Pero aquí cada uno, espontáneamente, cuenta desde su ángulo lo que para él fue significativo. Por ejemplo, yo no hubiera mencionado el durazno, pero los fríjoles seguro que sí se los hubiera mencionado, porque a mí me encantan los fríjoles, ¿ve? Entonces, ¿es que hay contradicción, porque uno dice que comió fríjoles y el otro que ensalada y el otro que durazno?, no; se comió fríjol y también ensalada y también durazno. Los tres son testimonios verdaderos. Los tres testimonios, de Mateo, Marcos y Lucas están inspirados por el Espíritu Santo, pero uno cuenta un lado, otro, otro; porque esos son los distintos ángulos de los testigos. Personas de diferentes temperamentos, ¿se da cuenta?, con diferentes sensibilidades, y ellas todas lo que hacen es complementar la cosa; o sea que, cuando usted vea discrepancias, en vez de asustarse, alégrese, porque el Espíritu Santo está poniendo ese testimonio acá y acá, para enriquecer, no es para contradecir; eso no es contradictorio, es complementario; y si el Espíritu Santo juzgó que era necesario también el testimonio del otro y del otro, es porque Él quiere mostrarnos una visión más rica y completa de Cristo. ¿Amén hermanos?

 

Entonces aquí, en el verso donde estamos, que es el 3 de Mateo 24, dice: v.3“…los discípulos se le acercaron aparte…” A Mateo no le interesó decir cuáles discípulos, pero Marcos dice que eran cuatro de ellos: la crema y nata, o sea los primeros cuatro de los apóstoles que fueron llamados: Pedro, Jacobo, Juan y Andrés. O sea, dos pares de hermanos, porque Pedro y Andrés eran hermanos, y Jacobo y Juan eran hermanos, y esos fueron los primeros que el Señor llamó, y es como decir la crema y nata de la Iglesia, los primeros apóstoles; siempre están ellos cuatro en las cuatro listas de los apóstoles en primer lugar. Y esos fueron los que se acercaron a preguntarle al Señor. Y me detuve en esto por lo que dije: para evitar interpretaciones erradas; tenemos que ver quiénes preguntaron, y a quienes les habla, para que no digamos: No, esto el Señor lo dice es para los judíos; no, no, no, lo dice a los apóstoles, a quienes les mandó enseñar esto en todo el mundo y predicar este evangelio del reino, esto que les está predicando ahí mismo, para todas las naciones; no es para los judíos solamente; es para la Iglesia y para todas las naciones; claro que también para los judíos, pero no solo para los judíos; para los judíos y para todas las naciones y para la Iglesia. Porque, hermanos, ciertamente existen esos tres pueblos, que el mismo apóstol Pablo hace mención de ellos; él dice que no seamos tropiezo ni a la Iglesia, ni a los judíos, ni a los gentiles. O sea que sí existen esos tres pueblos, pero no existen tres evangelios, no; hay un solo evangelio y es el mismo evangelio con el que se salvan los judíos, se salvan los gentiles y se salva la Iglesia. La Iglesia se salva por un solo evangelio, el mismo que es predicado en Jerusalén, en Judea, ese mismo se tiene que predicar hasta lo último de la tierra. El evangelio es uno solo, así que no vamos a despedazar la Palabra de Dios y decir: Bueno, esto es para los judíos, esto es para los gentiles, esto es para la Iglesia, esto no me toca a mí porque esto es para ellos. Por eso, ¿quién pregunto? y ¿a quién le está hablando? Preguntaron los discípulos de la Iglesia, y a ellos el Señor los puso como fundamentos, juntamente con Él; Él es el fundamento, pero también Él puso como fundamentos del muro de la Nueva Jerusalén, los apóstoles. Y también dice Pablo, ¿no?: el fundamento de los apóstoles y profetas[10]. O sea que el Señor está respondiendo, hablando directamente a los que le preguntaron, que fue a los apóstoles, y luego el Señor dijo: Padre no ruego solamente por estos, sino por los que han de creer en mí… o sea todos, esto es, todos los demás, por la palabra de ellos[11]. O sea, ellos fueron los testigos y el Señor oró por ellos y también por todos los que creyéramos; nosotros, por la palabra de ellos. Nosotros estamos leyendo las palabras del Señor, que ellos testificaron y el Señor nos incluye, o sea, que esto va dirigido a la Iglesia en general y no solo a los judíos. Porque a veces nosotros agarramos el discurso y lo despedazamos; agarramos una frase y la sacamos del contexto y la aplicamos donde quiera, pero no mi hermano; nosotros no tenemos derecho de despedazar el discurso. Nosotros no tenemos el derecho de sacar las frases del contexto, porque cuando usted saca la frase del contexto, usted no sabe después dónde colocarla, no; el Señor las colocó en un contexto y nosotros debemos conservar el contexto del Señor; y hay muchas palabras que el Señor utilizó, que son palabras de contexto, por ejemplo: Por lo tanto, entonces, después de esto, enseguida. Entonces, ahí usted se va dando cuenta de que hay una hilación del contexto. Entonces tenemos que leer la enseñanza del Señor de corrido, enriquecida por los testimonios de los otros, y dejar las cosas en su contexto, porque si vamos a decir: Bueno, esta parte se la dejo a los judíos, esto es para los judíos, porque yo no voy a estar aquí. Pero, ¿dónde dice que no va a estar aquí?, eso no dice. Entonces hermanos, ¿me están entendiendo?, y por eso me detuve aquí, para que leamos en su debido contexto; porque un texto, sin contexto, es un pretexto.

 

Las preguntas.-

 

Entonces, ¿quién pregunta?, los discípulos. ¿A quién responde?, a los discípulos; si tú eres discípulo, es para ti, y para mí. Mateo 24 V.3 “… los discípulos…”, que dice Marcos que eran estos cuatro que le conté; lo puede ver en Marcos 13, puede echarle ahí una revisada para ver que es así. V.3 “… se le acercaron aparte, diciendo: Dinos... ” Y aquí hay una serie de varias preguntas, que son las que Él va a responder a ellos. ¿Cuáles son las preguntas?, primera V.3 “… ¿cuándo serán estas cosas,…?” Entonces la primera, era la de estas cosas. ¿Cuáles son esas cosas?, primero Él había dicho de que no quedaría piedra sobre piedra de ese templo de Herodes y todo; eso fue lo que aconteció en el año setenta. O sea que Él va a contestar algunas cosas que se cumplieron en el año setenta, pero no solo le preguntaron del año setenta; también le habían preguntado ¿cómo es eso de que te vas a ir y que vas a dejar, y que no van a verte hasta que digan bendito el que viene…? Entonces ahí se ve aquel período de los gentiles, donde el Señor permite el endurecimiento de Israel. Eso también está incluido en estas cosas. ¿Qué más le preguntan? V.3 “¿… y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”. Entonces, ¿se da cuenta que son tres preguntas que abarcan muchos aspectos? Primera pregunta: V.3 “… ¿cuándo serán estas cosas,…?” O sea, cómo será el trato del Señor con Israel, y destruirá el primer templo, y serán llevados cautivos por allá, para cuando se cumpla el tiempo de los gentiles; todo eso está incluido en esta pregunta, ¿ven? Y luego, V.3 “¿… y qué señal habrá de tu venida,…?” y la palabra venida, en el original griego, (pongan atención, les voy a poner una p, una p chiquitita ahí en la palabra venida) es la palabra parusía. A veces, y generalmente, aparece para la venida del Señor la palabra parusía, y tú lo puedes decir parusía, si quieres ya castellanizar, que algunos la usan también. En otras ocasiones aparece la palabra epifanía, o sea la manifestación gloriosa, y a veces aparece la combinación de las dos palabras: la epifanía de la parusía, o sea la manifestación gloriosa de Su venida; y dice: Su venida, en singular; no dice de dos venidas.

 

Algunas personas, ¿por qué me detengo en esas palabras?, por lo siguiente: A veces, algunas personas, han hecho un uso equivocado de las palabras, para dividir la venida segunda del Señor en dos. No hablo de la primera venida; para sufrir, cuando ya vino, nació en Belén, ya murió, resucitó, ascendió; no. Algunos dicen que la segunda venida está dividida en dos; una venida secreta, para arrebatar antes de la tribulación unas personas, y después viene una venida gloriosa con los santos a la tierra, como si fueran dos venidas la segunda venida. Y como hay la palabra parusía y la palabra epifanía, entonces alguno dice: Bueno la venida secreta es la parusía y la venida pública, después de la tribulación, en gloria, esa es la epifanía. Entonces usan parusía para una venida secreta; para arrebatar antes de la tribulación, algunos dicen, a todos, otros dicen que sólo a algunos. Y otros dicen que la epifanía es la venida gloriosa después de la tribulación. Entonces por eso me detengo a llamarles la atención a las palabras originales, para hacer el seguimiento cuidadoso a la enseñanza del Señor; la palabra parusía, que quiere decir Su venida, es usada aquí y es usada en muchos otros lugares. La palabra epifanía también aparece en algún lugar, pero lo curioso, (pongan atención a esto, desde ya lo digo, para después cuando lleguemos al verso respectivo, comprobarlo) lo curioso es que el Señor intercambia las dos palabras y las junta. Por ejemplo, hay lugares donde habla de la epifanía de la parusía, o sea, la manifestación de su venida. Entonces, ¿ahí se da cuenta que la epifanía y la parusía son la misma cosa con dos palabras distintas? Como por ejemplo en el asunto que la Biblia habla de los obispos y de los presbíteros, en una parte usa la palabra episcopo; en otra palabra, o en otro lugar, usa la palabra presbíteros. Entonces algunos piensan que los presbíteros son unos y el obispo es otro, pero cuando tú vas a la Biblia ves que Pablo llamó a los presbíteros o ancianos de la iglesia de Éfeso a Mileto y les dijo (Hechos 20:28): el Espíritu Santo os ha puesto por obispos; o sea, que está llamando obispos a los presbíteros. Y cuando le escribe a Tito: Te dejé en Creta para que corrigieses lo deficiente y establecieses presbíteros, ancianos en cada ciudad, así como te mandé, pero es necesario que el obispo sea tal[12]; o sea, ahí ya está intercambiando la palabra presbítero con obispo; son dos palabras pero se refieren a las mismas personas, sólo que presbíteros se refiere en cuanto a que son los hermanos más antiguos y más maduros, y obispos se refiere a su función de episcopo, o sea, supervisor, superintendente, o superintendencia, o supervisores o episcopos u obispos, son los mismos ancianos. Lo mismo pasa aquí con la palabra parusía y epifanía; son palabras diferentes, pero se usan de un mismo evento, no de dos eventos. Cuando se mezclan te das cuenta que eso se refiere a un mismo evento. Y me estoy deteniendo a propósito en esta palabra parusía, puesto que algunos dicen que parusía se refiere a una venida secreta antes de la tribulación; y les voy a llamar la atención para que vean que a veces esa palabra parusía se refiere a después de la tribulación. Entonces, por medio del uso equivocado de estas palabras, no podemos dividir el texto porque el Señor lo mezcla y coloca la palabra parusía en el contexto de la venida después de la tribulación y no sólo antes. Por eso me detuve acá, por la pregunta.

 

La pregunta es por la parusía y también la pregunta es por en fin del siglo. O sea, ¿qué es lo que va a pasar junto con la venida del Señor?, lo del tribunal de Cristo, lo del juicio de las naciones, el establecimiento del Milenio, todo eso está incluido en el fin del siglo. La palabra siglo, aquí, es eón, en el original griego; no es la palabra siglo de centuria, de cien años, que nosotros usamos; aquí nosotros le aplicamos la palabra siglo a cien años, o sea, como si fuera una centuria, no; aquí la palabra original es eón, o sea, una era. Esta es la era del hombre, después va a venir la era del Señor. Entonces el fin del siglo es el fin de esta era, de este estilo de vida mundano, hasta que el Señor venga y ponga lo suyo. Entonces esas eran las preguntas y cada una tiene varias implicaciones. v.3“… ¿cuándo serán estas…?” ahí está que ya es plural, v.3“… cosas…”, lo que pasará con el templo y, lo que dijo un poquito antes, que pasará con Israel, ¿ve?, por eso comenzamos al final del C. 23 ¿amén?; no me verán más hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

Paréntesis de la plenitud de los gentiles.-

 

 Y entonces en ese paréntesis entra la plenitud de los gentiles. Entonces Él está hablando una parte antes, una parte después y una parte intermedia, que también lo habló después Romanos y en las profecías ya lo ha hablado, y el cántico de Moisés lo anticipaba. Entonces ahí necesitamos hacer el seguimiento con cuidado ¿amén?, con cuidado. “… estas cosas y la señal de tu parusía, de tu venida”. Note que la pregunta es por la señal de la parusía, la palabra que algunos atribuyen solamente a la venida antes de la tribulación, pero ellos le preguntan por la parusía y Él les habla de la abominación desoladora, que es en la gran tribulación. Entonces, aplicarle parusía a antes de la tribulación, y Él Señor les responde que la señal será la abominación desoladora, que pertenece a la tribulación, ahí nos damos cuenta de que no podemos usar la palabra parusía o venida para referirse a una venida secreta, porque el Señor no habla de venida secreta; Él habla de hora secreta y de día secreto, no de venida secreta. Entonces vamos a ver eso, pero me detuve aquí para ir poniendo las bases de la lectura de la exégesis ¿amén?

 

Las respuestas a las preguntas en alertas sucesivas.-

 

Entonces, volvamos ahí a poner nuestros ojos, verso 4 Mateo 24 v.4 “Respondiendo…”  y ya eso quiere decir que, lo que Jesús va a hablar aquí, es una respuesta a estas preguntas, ¿se da cuenta?, v.4 “… les dijo:…”, o sea, les habla a los discípulos, a la crema y nata de la Iglesia. Estas palabras son para la Iglesia, porque fue la Iglesia la que preguntó; la crema y nata de la iglesia, nada menos que Pedro, Jacobo, Juan y Andrés, la crema y nata. v.4 “… les dijo: Mirad que nadie os engañe.” Y van a darse cuenta de que ahora Él empieza a responder, porque le preguntan por señales, o sea, las señales son, como decir, cosas para avisar alguna cosa. Es como si usted ve un semáforo; si usted ve luz verde, dice, ah, se puede pasar; y si hay luz amarilla, con cuidadito, si no viene otro pase, pero con mucho más cuidado; si es rojo, no pase. Y así nosotros también aquí, por ejemplo, en Colombia tenemos volcanes y todo; por ejemplo, en Pasto, el Galeras. Entonces, bueno, está tranquilo; no hay alerta, ni siquiera amarilla. Pero ya cuando hay un temblorcito y algún humito, entonces ya es alerta amarilla. Pero si la cosa se pone más seria y son dos, tres, cinco temblorcitos y el humo empieza a destruir, ya es alerta naranja y si ya empezó, es alerta roja. Eso son señales, las alertas; alerta naranja, alerta roja y, aún, la amarilla también es una alerta un poco más suave. Entonces, al Señor le están preguntando por qué señal habrá de Su venida y del fin del siglo. Entonces, el Señor empieza a hablarles, primero de la alerta amarilla: Van a ver estas cosas así y así, pero todavía no es; es necesario que esto pase, pero eso no es todavía; estás en alerta amarilla. Pero de pronto van a comenzar a ver esto y esto y esto… ¡Huy! Eso sí ya es señal, principio de dolores; no es todo lo que viene, no es el fin del siglo mismo, pero ya es el principio de los dolores, ya es alerta naranja. Pero ya cuando llega el fin mismo, entonces esa es alerta roja, ¿ve? Entonces al Señor le preguntan por la señales, pero el Señor empieza a enseñar a sus discípulos cómo utilizar el semáforo; entender qué significan los colores del semáforo, los niveles de alerta. Entonces, vamos a ver cómo Él va cambiando de alerta amarilla a alerta naranja y a alerta roja, para responder estas preguntas específicas y veámoslo. 

 

Alerta amarilla.-

 

v.4 “… Mirad que nadie os engañe. V.5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo;…” y ya han venido más de dos mil sólo en las estadísticas de América del Norte, o sea, de los Estados Unidos de América; leí en un libro que ya tiene muchos años de publicado una estadística como de dos mil falsos cristos; ya había sólo en Estados Unidos, hace años cuando se publicó ese libro, los falsos cristos, cuenta uno por uno los nombres. Y eso era sólo en Estados Unidos, y hace años… si le fuéramos a añadir las otras décadas posteriores al libro y los demás países del mundo… O sea que esa Palabra ha cumplido; yo pienso que nosotros mismos hemos visto esas cosas con nuestros ojos. Entonces, qué Palabra tan exacta del Señor. V.5 “… vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. V.6 Y oiréis de guerras y rumores de guerras;…” No pasa un año sin una guerra aquí; ahora es en Libia, pero, después va a ser en Arabia Saudita, bueno. V.6 “… mirad que no os turbéis,…” No es alerta roja; no os turbéis, no es alerta roja, no. Va a haber falsos cristos, sí, a lo largo de la historia, guerras, rumores de guerras, sí, pero  V.6 “… no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.” Sólo una alerta amarilla. Para que uno no se confunda con cualquier guerrita, que esa ya es la última y tal; no. No es el fin; cualquier falso Cristo por ahí, ¿ya es el fin?, no es el fin; ese es un engañador nada más, un falso cristo. Y eso es una de las guerritas, pero muchas van a haber. No os turbéis. No se turben; no es el fin todavía, ¿ve?; alerta amarilla. V.6 “… aún no es el fin.

 

Alerta naranja.-

 

V.7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. V.8 Y todo esto será principio de dolores.” Entonces aquí ya vemos dos niveles. Todo esto, o sea lo que acaba de mencionar antes era la alerta amarilla; pero este es el principio de los dolores. Pero si hay un principio de dolores, hay una continuación de los dolores.

 

Entonces antes del principio es la alerta amarilla, pero la continuación ya es la alerta naranja, ¿se da cuenta? V.8 “… será principio de dolores V.9 Entonces…” ¡Ah!, ahora sí llegó la alerta naranja. O sea que primero tenía que haber lo otro y entonces esto. ¿Qué es la siguiente cosa? V.9 “… os entregarán a tribulación…” ¡Oh!, ¡todavía no ha venido la parusía y todavía no es ni siquiera la alerta roja! Y ya habrá tribulación de la Iglesia. Algunos dicen: No hermano, si el Señor murió por mí, ¿por qué yo voy a sufrir? Pues precisamente, porque Él murió por nosotros se nos concede, no solo creer en Él, sino también padecer por Él, como dice Pablo a los Filipenses[13]. Entonces dice acá V.9 “… os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.” O sea, cada vez habrá una mayor hostilidad a los cristianos. Fíjese que cuando se analizan las cifras de las persecuciones en el mundo, los más aborrecidos y perseguidos son los cristianos; los persiguen los hindúes, los persiguen los musulmanes, los comunistas, los nazis, mejor dicho, hasta los gnósticos, bueno; siempre los más perseguidos son los cristianos. Y tenemos que saber que eso es lo normal, eso no es nada raro; tenemos que vivir en medio de la hostilidad del mundo, que a veces viene por la derecha, a veces por la izquierda; porque la derecha y la izquierda son en el fondo la misma cosa; es violencia, es imposición, es todo lo contrario al respeto, al respeto a las personas; tanto la derecha como la izquierda son fascistas, por tanto son perseguidoras.

 

V.10 “Muchos tropezarán entonces,…” Ayayay, eso es lo tremendo. Uno pensaría: Señor, va a venir persecución pero todos vamos a salir indemnes al otro lado. No ha sido así; durante veintiún siglos la Iglesia ha sido perseguida, no al mismo tiempo, pero, a veces aquí, a veces allá, a veces aquí; tan tranquilo y ya están perseguidos. Y no todos aguantan la persecución; muchos tropiezan. Es lo que Jesús dijo en la parábola del sembrador; la semilla que no tenía profundidad, cuando viene la aflicción, se aparta, porque no tiene raíz[14]. O sea, son nominales; hay un cristianismo cultural, pero sin nuevo nacimiento, y algunos con nuevo nacimiento, pero muy niños. Entonces dice V.10 “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.” ¡Oiga!, qué cosa, en medio del pueblo de Dios estas cosas; pero Jesús ya las anunció. Y eso que aquí calló Mateo lo que no se le olvidó a los otros; los otros dicen que seríamos entregados a los concilios[15]. ¡Concilios!, no solamente tribunales de allá de los jueces seculares, no; habría concilios de hermanos para criticar y juzgar a los otros hermanos. Alerta naranja. Y sigue diciendo, V.11 “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; V.12 y por haberse multiplicado la maldad,…”  y esto es lo que no debemos permitir que nos pase a nosotros, que nuestro corazón se dañe por medio de esos concilios perseguidores y esas maldades, dice que V.12 “… el amor de muchos se enfriará.” O sea, que Dios no quiere que nosotros dejemos que nuestro corazón se enfríe; ni de la fe ni del amor. Tenemos que seguir creyendo, amando, perdonando y siguiendo adelante.

 

Alerta roja.-

 

Y dice hermanos, V.13 “Mas el que persevere hasta el fin…”, y aquí es donde el Señor Jesús introduce lo de la palabra de la perseverancia. Ésta es la palabra de la perseverancia; y la palabra de la perseverancia es hasta el fin. Y ¿por qué llamo la atención a esto?, porque por allá en Apocalipsis 3 nos vamos a encontrar otra vez la palabra de la perseverancia, cuando el Señor le dice a Filadelfia: Por cuanto guardaste la palabra de la perseverancia, yo también te guardaré de la hora de la prueba[16]. Y entonces, ¿cómo es que vamos  a ser guardados? y ¿por qué vamos a ser guardados?, por guardar la palabra de la perseverancia; y ¿Cuál es la palabra de la perseverancia? perseverar hasta el fin; y ¿cuál es el fin, antes de la tribulación o después?, vamos a ver qué dice la Palabra que es el fin. Porque o si no, nosotros vamos a poner  esa palabra fuera de contexto. Cuando tú te encuentras que por cuanto guardaste la palabra de mi perseverancia, tienes que ver los demás versículos de la Biblia que hablan de la palabra de la perseverancia, para ver a qué se refiere. Por ejemplo en Apocalipsis, cuando está la bestia, el anticristo, persiguiendo a la gente dice: Aquí está la perseverancia y la fe de los santos[17], no antes del anticristo, sino ahí en medio de la persecución del anticristo; ahí es que está la fe y la perseverancia de los santos. Léalo en el capítulo 13, vuélvalo a leer en el 14, donde se habla de la palabra de la perseverancia, que Jesús introduce allí. Entonces no podemos interpretar Apocalipsis 3, el asunto de Filadelfia, separado de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Apocalipsis 13 y 14; se tiene que interpretar todo junto. La palabra de la perseverancia es hasta el fin, porque si no es hasta el fin, ¿qué perseverancia va a ser? Bienaventurado el que espere hasta el fin[18], y, si mientras está esperando lo matan, bienaventurados los que mueren en el Señor, porque dice que descansarán de sus trabajos[19]; ahí, cuando los mataron, descansaron y fueron librados de las cosas que se vienen en el mundo. Descansan de sus trabajos y sus obras con ellos siguen. Mire aquí, así dice el Espíritu, sí, sí, ¿no?, cómo que no, no; no, no; sí dice el Espíritu. Bienaventurados de aquí en adelante, y luego termina y dice: Y aquí está la paciencia, o sea, la perseverancia, porque la palabra paciencia y perseverancia son dos traducciones de una misma palabra en el griego: hipomené. Hipomené a veces se traduce paciencia o perseverancia; es la misma palabra hipomené, revisemos eso.

 

Estamos en Mateo 24:13, V.13 “Mas el que persevere hasta el fin...” Hasta el fin; porque le habían preguntado por el fin del siglo; y ayer de tarde comenzamos considerando dos parábolas, que nos hablan del fin del siglo; de la siega: la parábola del trigo y la cizaña y la parábola de la red; y por eso comenzamos por allá, para poder encajar acá, ¿amén? V.14 “Y será predicado este evangelio del reino…” ¡Oh!, éste, dice, será predicado éste, o sea, lo que Él está predicando, Él le llama evangelio del reino. Y dice V.14 “…será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones;…” Ah, entonces esto no es solo para los judíos ¿ve?; no, esto es parte del evangelio del reino, aquel predicado a todas las naciones; no está hablando este discurso sólo a los judíos, se lo está hablando a los discípulos, para que los discípulos se lo prediquen a todas las naciones; no es solo para los judíos; es para los judíos y para los gentiles también; y para la Iglesia. Primero la Iglesia, ¿amén? V.14 “…este evangelio del reino…” O sea, que el Señor, a este discurso que Él está haciendo, le llama: este evangelio del reino; esto, eso que Él está enseñando en este discurso, y que apenas llevamos una parte, pero Él continúa enseñando; y eso que continúa es este evangelio del reino, destinado a ser predicado a todas las naciones.

 

Por tanto.-

 

V.14 “… y entonces…” Ahora sí, la alerta roja, V.14 “… vendrá el fin. V.15 Por tanto,…” ¡Ay!, subrayo la palabra por tanto. ¿Por qué subrayo la palabra por tanto? Porque la palabra por tanto es una palabra de conexión; es una palabra de continuidad, pero, a veces, nosotros nos olvidamos de la palabra por tanto y decimos: Bueno, punto aparte, esto era para la iglesia, listo, ya, chao, Iglesia váyase para el cielo, y ahora entonces vamos a cambiar de tema, vamos a cambiar de auditorio, vamos a hablar de otra cosa y le vamos a hablar solo a los judíos. No, hermano,  la palabra por tanto no nos permite usar la tijera de esa manera. Si no dijera por tanto y diera unas señales de que cambió de auditorio y de tema, pero no, mi hermano, el Señor continúa hablando del mismo tema que le preguntaron; y ya llegó a la alerta naranja y pasó a la alerta roja y ahora va a dar la señal de la alerta roja. O sea que, el auditorio no cambió; lo que dice a continuación está relacionado con lo que venía diciendo. V.15Por tanto,…” O sea, en base a lo que dije hasta aquí, los alertó para lo que continúa de aquí en adelante. V.15 “Por tanto…”, No cambia el auditorio, ni cambia en evangelio del reino. Será predicado este evangelio del reino, es lo que Él viene predicando y que va a continuar predicando, porque eso es lo que implica la palabra por tanto. V.15 “Por tanto,…”

 

Cuando veáis.-

 

verso 15, V.15 “… cuando veáis…” y ¿a quién le está diciendo que va a ver?, (porque acaba de decir por tanto) a la Iglesia; le está hablando a la Iglesia; y le está hablando como parte del evangelio del reino para todas las naciones; no les está hablando solo a los judíos que se quedaron para la gran tribulación, después del rapto; hasta aquí no aparece ningún rapto; el rapto aparece por allá, casi al final del capítulo 24. “Entonces uno será tomado…”[20], eso aparece después, todavía no aparece. Algunos queremos poner esos versículos antes del verso 15, pero aparece apenas como en el 42 en otro contexto. No podemos usar la tijera ni aislar los versículos del arrebatamiento y ponerlos en cualquier parte, porque antes de decir que seremos arrebatados dice: Entonces estarán dos en el campo; y ¿cuándo es ese entonces? Entonces hay que ver el contexto, para ver cuándo es ese entonces del arrebatamiento. Entonces vamos a volver aquí al 15, V.15 “Por tanto, cuando veáis…” O sea que la iglesia vería esto, ¿qué vería?, V.15 “… cuando veáis en el lugar santo…” ¡O sea que va a ser restaurado el templo! Todo lo que tenga que ver con la restauración del templo, que tiene el lugar santo donde se va a poner la abominación desoladora, que es la imagen de la bestia, esa es alerta roja. V.14 “… vendrá el fin. V.15 Por tanto…” Entonces, ¿qué es lo que viene al fin?, ¿no le habían preguntado por el fin? Esto es lo que sucede al fin; ¿no es eso lo último que describe Daniel y después viene el Señor? El que pone la abominación desoladora, ese ya es el último, ese es el anticristo. Y después de él ¿quién viene? el Señor; el fin; establece el tribunal de Cristo, a los siervos suyos. Luego el juicio para las naciones, para separar ovejas de cabritos, quienes van a estar en las ciudades, donde van a gobernar Sus vencedores, y también establece quienes van a estar allá en el fuego. Y luego aparece el Milenio y también antes el juicio del anticristo y todo eso, y las cabras, todos para el fuego, con el anticristo y todo, y el falso profeta. Ese es el fin y entonces el Milenio incluido. V.15 “Por tanto, cuando veáis en el lugar santo…”, ya está implicada la restauración del templo. San Pablo dice también que el anticristo se sentaría en el templo de Dios haciéndose pasar por dios.

 

Preparativos para el tercer templo.-

 

O sea que tiene que haber una restauración del templo; y ustedes saben hermanos que hace rato están con eso, los judíos están hace rato con  eso. Buses por Jerusalén con letreros: el tercer templo ahora. Diputados en el parlamento y su programa para ganar votos es: será levantado el tercer templo. En septiembre del año pasado, mire ya casi va a ser un año, todavía no, pero casi, estamos apenas en junio, pero, en septiembre del año pasado, vi una noticia del propio Israel, donde Ehud Barak, el canciller actual, que fue primer ministro antes de Netanyahu, hacía esta propuesta a los palestinos: Ustedes quieren que les demos a Jerusalén Oriental por capital de Palestina ¿no?, pues les dijo: Si ustedes nos dejan levantar el tercer templo en la explanada, entonces nosotros les permitimos que Jerusalén Oriental sea capital de Palestina. Eso les prometió en septiembre Ehud Barak a los palestinos; si quieren a Jerusalén Oriental, entonces déjenos levantar el tercer templo. Ya desde el 2007, fíjese que es el año 2007, el año 2007 es el año cuarenta desde que Jerusalén fue recuperada. Jerusalén fue recuperada desde 1967. Zacarías decía que primero libertaría las tiendas de Judá, para que el habitante de Jerusalén no se engrandeciera sobre los otros[21]; entonces Dios no comenzó libertando Jerusalén, sino las tiendas de Judá, los colonos, los primeros colonos; por ahí empezó la restauración de Israel en 1948. Pero, conforme a la profecía de Zacarías, recién, en el ‘67, se recuperó Jerusalén con Moshe Dayan, y llegaron y se tomaron la explanada del templo y todo; pero, en vez de quedarse con la explanada del templo, para construir el templo, Moshe Dayan se quedó con Jerusalén, pero el templo se lo dio a los jordanos, al rey de Jordania, se lo devolvió en el ‘67, 1967, y el rey de Jordania se lo pasó a Arafat a la OLP. ¡Ay! Qué oportunidad se perdieron; les tocó pasar los cuarenta  años de juicio, hasta el 2007; 1967 al 2007. Y en el 2007, algunos judíos, un remanente, dijeron: Mire, para el sacrificio continuo, todo el ciclo litúrgico, se necesita el templo, y para el templo se necesita el altar. Y ustedes recuerdan que en el libro de Esdras dice que antes de restaurar el templo, restauraron el altar; el altar ya está hecho, ya está listo, solo falta ponerlo en su sitio, pero no lo dejaron subir todavía, pero vamos a ver dónde ya va la cosa. Ya el altar fue fabricado, y el templo ya está pre-fabricado, las vestiduras están listas y hasta la vaca roja ya la tienen, faltan unos detallitos. Ya está sucediendo todo esto. Ya están recogiendo el siclo del santuario para el sacrificio en el templo; ya tú encuentras en internet los formularios para que los judíos de todo el mundo quieran sentirse incluidos en el sacrificio que Israel va a levantar allá; ya se inscriben y dan sus siete shekels o sus siete siclos; shekel = siclo, es la moneda de Israel, para que los sacrificios allá sean contados a nombre de todos los que se inscriben; y ya están inscribiéndose y pagando el sacrificio. En Oseas dice que por muchos años Israel estaría sin sacerdote, sin terafines, sin sacrificios, sin sacerdotes, por muchos años[22]; ya llevamos desde el año ‘70, que fueron esparcidos, destruyeron el templo. Todo ese tiempo, de lo que decía Oseas, ya ha sucedido, pero no sería para siempre; dice que después volverían, y ya empezaron a volver. Volvieron, ya está Israel ahí, ya está Jerusalén. Cometieron ese acto, pero bueno, Dios seguro vio que no estaba todos los días su pueblo, ni su iglesia preparada; entonces permitió que les dieran a Jordania, y Jordania a la OLP, la explanada, donde debiera estar el templo; en la explanada está la mezquita de Omán, no en el lugar del templo, sino a un ladito, porque el lugar del templo es donde la puerta dorada da; y esa puerta dorada da a la explanada libre, donde se puede construir el templo conforme a las medidas que Dios le dio a Salomón; ahí cabe perfectamente; ni siquiera necesitan tumbar la mezquita. Ya hay una serie de teólogos millonarios musulmanes, no judíos, musulmanes, que están de acuerdo en que se levante el templo de los judíos en Jerusalén, allá en la explanada, y ellos también van a colaborar económicamente. No es el sentir de todos los musulmanes, del general del pueblo, pero sí de las élites; y ya hay conversaciones privadas del presidente de Europa con musulmanes y con judíos, en privado; ¿que estarán conversando? Entonces, cuando se cumplieron en el 2007 los cuarenta años de haber devuelto el lugar, entonces en el 2008 un grupo de judíos, un remanente, dijo lo siguiente: Los del sacrificio litúrgico necesitan el templo, pero hay un sacrificio que Dios le mandó al pueblo antes de que hubiera sacerdotes, antes de que hubiera altar, antes de que hubiera templo, que es la pascua; porque la pascua Dios se la mandó al pueblo y que el pueblo loa celebrara por familias. Entonces dijo: el primer sacrificio que tiene que ser restaurado es la pascua. Y hermano, ellos vivieron miles de años, dos mil y tantos años,  desde el ‘70, casi dos mil,  hasta el 2008. Y en el 2008 llegó este remanente de judíos, y después de todo ese tiempo que Oseas había dicho que estarían sin sacrificio, sin terafines, sin templo, sin sacerdotes, llegaron y celebraron la primera pascua; ya fue celebrada. La pasaron por internet, yo la vi; agarran el corderito, lo acarician, le dan agua, el corderito tranquilo, le pasan la cuchilla por acá; como si lo estuvieran raspando, como si lo estuvieran acariciando. El corderito tranquilo, lo sacrifican al Señor. Ya fue celebrada la primera pascua allá mismo, en Jerusalén; porque no era necesario que fuera en el templo, ni se había hablado de templo, ni se había revelado ni el tabernáculo, ni altar ninguno, ni era necesario que fuera el sacerdote, ni levita, sino el pueblo. Pero eso ya empezó en el 2008. Se realizó de nuevo en el 2009, y ya va un año. Se realizó de nuevo en el 2010, y ya van dos años. Y se realizó de nuevo en el 2011; ya van tres años. El templo está prefabricado, ya todo listo para ser levantado. La vaca bermeja ya está lista. Las vestiduras están listas. Los políticos de un partido ya están listos. Y ahora, los propios musulmanes y los propios guardias palestinos dejaron subir a los judíos a la explanada, pero no podían orar; si oraban, los bajaban, pero podían subir; nunca habían podido subir, y hace unos pocos añitos, de dos para acá, ya pueden subir los judíos donde nunca podían subir. Pero la última noticia reciente, de hace unas pocas semanas, es que ahora le permitieron a los cohanim, o sea, a los sacerdotes que tienen que dar la bendición según Números, dar la bendición desde la explanada, hermanos; y ¡ahora ya los sacerdotes están bendiciendo al pueblo desde la explanada! O sea, ¿ustedes se dan cuenta de que las cosas van avanzando, avanzando?

 

A otros hermanos les he contado esta historia que voy a contar ahora, pero quizá hay algunos que no la sepan y, como también se está grabando, eso puede llegar quién sabe a donde el Señor quiera. Hubo un gaón, (gaón se les llama entre los judíos a aquellos grandes académicos del judaísmo. Primero eran los rabinos pre-tanaítas, o sea, del tiempo del Antiguo Testamento después de Esdras y la gran sinagoga; esos rabinos se llamaron los pre-tanaitas o anteriores a los tanaítas. Ya cuando llegaron los rabinos del tiempo de Jesús, hasta el siglo tercero, que escribieron la Mishná, se les llama los tanaítas. La Mishná son los comentarios de los rabinos acerca de la Torá, o sea, de la Ley y del Antiguo Testamento en general. Entonces, los comentarios de esos rabinos de los tres primeros siglos de la era cristiana que son los tanaítas, formaron la Mishná, que es la primera parte del Talmud, que es el libro sagrado de los judíos ortodoxos, y que son los comentarios a la Biblia: la Mishná, al Antiguo Testamento, con más especialidad, el Pentateuco. Luego, a partir del siglo tercero, por ahí hasta el siglo sexto, vinieron los que comentaron a la Mishná; los de la Mishná comentaban el Antiguo Testamento, pero los amoraítas o amoraím, (amoraím es en hebreo, amoraítas es en español), ellos comentaron a los tanaítas, comentaron la Mishná; y la colección de los comentarios de los amoraítas se llamó la Guemará. O sea, la Mishná es los comentarios al Antiguo Testamento, y la Guemará es los comentarios de los comentarios. Entonces, cuando tú sumas la Mishná más la Guemará, se forma el Talmud. El Talmud tiene la parte de la Mishná y la parte de la Guemará. Y el Talmud, uno se escribió en Babilonia y otro se escribió en Jerusalén; el más grande es el de Babilonia y ese es el que tienen los judíos ortodoxos que van a orar con sus cachumbitos y su sombrero y su barba larga y todo allá al muro de las lamentaciones. El libro sagrado para ellos es el Talmud. Pero después entonces vinieron los estudiosos del Talmud y aquellos grandes académicos del judaísmo y a esos se les llama gaones). Entonces hubo un gaón muy famoso que vivía en la ciudad de Vilna, que es la capital de Lituania, que es uno de los países bálticos; ahí cerca de Rusia y de Finlandia luego está Estonia, Letonia o Latvia, y Lituania; y la capital de Lituania es Vilna. Y allá hubo guetos de judíos, y allá hubo un famoso académico que se le llama en la historia el Gaón de Vilna. Y este era un hombre muy estudioso, un hombre que buscaba a Dios, y hasta tenía el don de la profecía este hombre. Y profetizó el Gaón de Vilna una profecía en seis partes; y hasta la parte número cinco ya se cumplió. Eso le da a uno la esperanza de que la parte seis se puede cumplir, porque él no profetizó eso ayer, ni después que las cosas sucedieran, sino en 1700 y tanto; antes de que sucedieran las profetizó. Y la profecía del Gaón de Vilna decía lo siguiente: Que en Jerusalén iban a construir, como ya no estaba el templo, ni se podía adorar en el templo, entonces iban a construir una sinagoga muy famosa, que ya se volvió famosa, que se llama la sinagoga Urba. Entonces esa fue la primera parte de la profecía y, efectivamente, incluso en la vida de él, él estaba todavía vivo y se empezó a construir la sinagoga Urba; y la sinagoga Urba llegó a construirse y fue una hermosa sinagoga, muy famosa en Jerusalén. Pero la segunda parte de la profecía decía que los musulmanes iban a destruir la primera sinagoga Urba. Y, efectivamente, vinieron los musulmanes, porque no se había podido pagar toda la deuda para levantar la sinagoga, y les destruyeron la sinagoga, y se cumplió la segunda parte de la profecía. Pero él dijo: mas los judíos van a levantar otra vez, por segunda vez, la sinagoga Urba. Y, efectivamente, después que la destruyeron, levantaron de nuevo la segunda sinagoga Urba, y se cumplió la tercera parte de la profecía. Pero él dijo: pero después Israel va a tener guerra con sus vecinos árabes, que son las que han acontecido en este siglo, desde el retorno de Israel, y van a destruir por segunda vez la sinagoga Urba; ya fue la cuarta parte de la profecía. En esas guerras vinieron y destruyeron la sinagoga Urba, en estas guerras con los árabes. Pero él dijo: mas la sinagoga Urba va a ser construida por tercera vez, y esa era la quinta parte de la profecía. Y la sexta dijo: Y cuando hayan terminado de construir la sinagoga Urba por tercera vez, entonces comenzarán la edificación del tercer templo. Hermanos, el día 16 de marzo de este año se cumplió la quinta parte; la sinagoga Urba fue entregada nuevecita por tercera vez. Nosotros estuvimos ahora en Jerusalén y usted la puede ver incluso por internet; la sinagoga Urba construida por tercera vez, nuevecita, en marzo de este año. El 15 de marzo la entregaron ya, nueva. Mire, ahí está la foto, mire. Tráemela acá, por favor, para mostrarla a todos. Vean, qué curioso que el hermano traía la foto. Miren, esta es la foto de la sinagoga Urba recién entregadita. La quinta parte de la profecía, ya lista. Y la sexta parte es: Después de que se construya por tercera vez la sinagoga Urba, comenzarán a levantar el tercer templo. Ya están las cosas preparadas. ¿En qué tiempo estamos hermanos?

 

¿Ven? Mateo 24 V.15 “Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)”; o sea que hay que leer y entender a Daniel acerca de todo esto. Porque, por ejemplo, dice en esa profecía de los Setenta Septenarios, en el capítulo 9 de Daniel, en el verso 27, que  a la mitad de la última semana sería quitado el continuo sacrificio y se pondría la abominación desoladora. Y esa es la señal ya del comienzo de la gran tribulación, o sea, la segunda mitad de la última semana. Pero para que eso pueda suceder, los sacrificios tenían que comenzar de nuevo, el altar ser colocado en su sitio y levantarse después. Y los sacrificios ya comenzaron, los de la pascua. El altar ya está listo pero falta ponerlo en su lugar. Antes no podían ni subir, pero ya están subiendo. ¡Y ahora ya los sacerdotes están pudiendo bendecir desde la explanada! O sea, se dan cuenta cómo las cosas están llegando a un fin; en cualquier momento hacen un pacto y les permiten a ellos poner el altar y comenzar a reconstruir el templo, y eso no dura nada, porque ya está prefabricado. Y cuando eso esté listo, entonces se sienta el anticristo y pone la abominación desoladora, que esa la última señal; esa es la alerta roja: V.15 “Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)”; o sea que hay que leer y entender Daniel, porque dice que muchos leerán y no entenderán, porque la profecía de Daniel estaría sellada hasta el tiempo del fin, y sólo se podría entender en el tiempo del fin. Entonces, hermanos, vamos a detenernos aquí para una brecha, y después volver a continuar a partir de aquí, ¿amén? Dejamos ahí en el punto del ensamble. Quienes conocen las torres de CDs o DVDs, ven como la columnita interior sirve para ensamblar los CDs o DVDs uno encima de otro; así el establecimiento de la imagen de la bestia, que es la abominación desoladora, es el punto donde se pueden ensamblar las profecías de Daniel para el tiempo del fin. Allí encajan las profecías una encima de la otra. Descansemos, pues, para luego continuar.



[1] Mateo 18:16

[2] Isaías 66:1

[3] 1 Crónicas 22:7-10

[4] Mateo 16:16-18

[5] 1 Corintios 3:16

[6] Jeremías 25:11

[7] Mateo 24:1

[8] Mateo 28:19-20, Marcos 15:-16

[9] Mateo 18:16, Deuteronomio 17:6

[10]  Efesios 2:20

[11]  Juan 17:20

[12] Tito 1:5-9

[13] Filipenses 1:29

[14] Lucas 8:13

[15] Marcos 13:9,

[16] Apocalipsis 3:10

[17] Apocalipsis 13:10

[18] Daniel 12:12

[19] Apocalipsis 14:13

[20] Mateo 24:40

[21] Zacarías 12:7

[22] Oseas 3:4

LOS DOS DEUDORES

LOS DOS DEUDORES

 

      Padre, en el nombre del Señor Jesús, te damos gracias por esta oportunidad nueva de estar reunidos en tu presencia por la fe. Gracias, Señor, porque no te buscamos nosotros a Ti, sino Tú a nosotros; y no es que nosotros te hayamos amado a Ti, eres Tú el que nos has amado a nosotros, eres Tú el que nos ha buscado, nos ha encontrado, nos ha perdonado, nos has atraído a Ti. Gracias Padre, en el nombre del Señor Jesús. Concédenos en esta noche, Señor, considerar tu Palabra en tu presencia, con tu socorro y con tu ayuda, Señor; que tu Palabra nos pueda hablar. No te canses de hablarnos, Señor; siembra con tú Espíritu nuestro ser para que tu Palabra dé fruto. Tú dices que tu Palabra no volverá vacía a Ti; queremos ser buena tierra delante de Ti, que tu Palabra produzca fruto para Ti; no queremos ser oidores olvidadizos, no estamos delante del hombre, sino delante de Ti, Oh Dios; ayúdanos, en el Señor Jesús, amén.

 

     Hermanos, continuaremos entonces hoy la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús y nos corresponde hoy ir al libro de Mateo, al capítulo 18, a la parábola de los dos deudores; está entre los versos 23 y 35. Esta parábola no se encuentra ni en Marcos, ni en Lucas, ni en Juan, tampoco en el llamado evangelio de Tomás; es exclusivamente registrada por Mateo; y desde el principio quiero llamarles la atención a la ubicación de la parábola, su contexto con las demás parábolas que vimos las últimas tres veces; las últimas tres parábolas que hemos considerado son: la de las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esta parábola también está dentro del mismo contexto. Si ustedes quieren ver el inicio del vero 23 donde dice: "Por lo cual". Lo que habíamos visto de la parábola de las cien ovejas, está en este mismo capítulo 18, pero el contexto comienza desde el verso 1; en el verso 10 viene la parábola de las cien ovejas, aquella oveja perdida de entre las cien, lo que hizo el Señor; y luego el Señor en continuación, como lo vimos cuando estudiamos esa parábola, dice desde el verso 15. "Por tanto, si tu hermano peca contra ti"; la palabra "Por tanto" está ligando el contexto; sólo que la parábola que recordó Mateo fue esta de las cien ovejas, pero él no recordó la de las diez dracmas, ni la del hijo pródigo, que son exclusivas de Lucas, solamente Lucas las recordó; pero Lucas las colocó como continuación de esta parábola; y a la vez, después Mateo recordó del Señor Jesús otra parábola que es esta de los dos deudores; o sea que la parábola de los dos deudores es una continuación de las cosas que se dijeron en aquel día. Aquellas primeras tres parábolas: la de las cien ovejas, la de las diez dracmas y la del hijo pródigo, las llamamos una trilogía porque tienen un mensaje muy similar. Esta parábola que vamos a ver hoy de los dos deudores, también es una parábola, que no pertenece a esa trilogía, pero que sí da un paso más allá y que tiene que ver con el contexto que se venía hablando en Mateo 18 desde el 15 hasta al 22, cómo se debe perdonar al hermano; vimos ese pasaje cuando estudiamos las cien ovejas; tenía que ver con las cien ovejas; lo importante que es para el Señor una sola de sus ovejas; por lo tanto, el cuidado que tenemos que tener con los hermanos para que ninguno falte.

 

     Vamos a comenzar a leer en el capítulo 18 desde el versículo 23 al 35: "Por lo cual"; y esa es la frase de hilación, de colocación dentro del contexto. Vamos a leerlo primero todo, recibir la impresión primera, y luego comentaremos paso por paso esta parábola que tiene muchas cosas profundas. El hermano Watchman Nee decía que era más difícil explicar Mateo que explicar Apocalipsis; y realmente uno de los pasajes más difíciles, no es por él en sí mismo, sino por esta parábola que vamos a considerar hoy. Vamos a leer desde el 23 al 35: "Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos". Otra dice: un rey que quiso hacer bodas a su hijo; pero aquí ya se trata de cuentas con sus siervos. "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo (no era otro, era el mismo) halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas." Como les decía, Mateo es más difícil de entender, de explicar, que el propio Apocalipsis. Este es uno de los pasajes más serios, más profundos, por todas las implicaciones que tiene, y porque debemos interpretarlo y entenderlo en todo el contexto mediato e inmediato, y también en el general de las Sagradas Escrituras.

 

     Comienza el Señor hablando: "el reino de los cielos es semejante"; o sea que ésta es otra semejanza más, otra parábola del reino de los cielos; las parábolas las inicia de esa manera; y aquí la inició también de la misma manera; no aparece aquí la expresión parábola, sin embargo todas las connotaciones de una parábola aparecen. Entonces está hablando del reino de los cielos; ya aquí nos da una primera clave de interpretación. Primero, cuando dice: "Por lo cual", acababa de hablar cómo se debe perdonar al hermano, y luego entonces aquí da una continuación, que es con esta parábola, y dice que es el reino de los cielos. Muchas veces el Señor Jesucristo habló del reino de los cielos; no es la primera vez, sino una entre las muchas; aquí mismo hemos estado estudiando ya más de veinte parábolas, porque se habla del reino de los cielos; de manera que tenemos que interpretar también esta parábola en relación con las demás. Él dice: el reino de los cielos es semejante a esto; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; de manera que todas estas semejanzas del reino de los cielos lógicamente que no son contradictorias, sino complementarias; por lo tanto, debemos interpretar también esta parábola dentro de la complementariedad; es decir, en el mismo espíritu de todas las demás. Por las demás que ya hemos estudiado, y otras que inclusive tendremos que estudiar Dios mediante, nos damos cuenta de que el reino de los cielos se refiere a un capítulo especial con sus partes del reino de Dios. La expresión de éste último, para recordarlo, es una expresión general que va de la eternidad a la eternidad; en cambio el reino de los cielos se refiere a una sección del reino de Dios. El reino de Dios no tiene comienzo ni tiene fin, porque Dios desde la eternidad reina y por la eternidad reinará, pero en el reino de Dios ha habido etapas, a partir de la creación, del mundo invisible, del mundo visible, luego la caída de Lucero, un querubín que llegó a ser Lucifer, y la tercera parte de los ángeles, y luego la caída del hombre, y luego la promesa hecha a Abraham, y luego cuando Dios dio la Ley en el período de Israel, la Ley de Moisés, luego la venida de Juan el Bautista anunciando que el reino de los cielos se acercaba; o sea que el reino de Dios ya estaba aconteciendo; por eso dijo que el reino de Dios sería quitado a Israel y dado a otro pueblo; ya estaba aconteciendo el reino de Dios, pero el reino de los cielos se acercaba, decía Juan; y luego Jesús dijo también: entre vosotros está; o sea, el Señor Jesús introdujo el reino de los cielos. Nos damos cuenta de que el reino de los cielos son unos capítulos especiales del reino de Dios. De eternidad a eternidad es el reino de Dios, pero desde que Juan lo anunció: se acerca el reino de los cielos, y desde que el Señor Jesús lo introdujo, es el reino de los cielos. Y luego, a través de las parábolas que abarcan el reino de los cielos. El reino de los cielos es como un sembrador que salió a sembrar; el Señor es el que siembra, es la primera venida de Cristo como el Verbo encarnado, sembrando la palabra de Dios; luego vino el enemigo y sembró cizaña; y luego vemos el trigo y la cizaña creciendo juntos, la historia de la iglesia con los buenos y los malos, todos mezclados; luego viene la siega, o sea la segunda venida de Cristo; luego unos van al reino, otros van al fuego; o sea, nos damos cuenta de que el reino de los cielos incluye la primera y la segunda venida de Cristo, toda la historia de la Iglesia, el tribunal de Cristo, el juicio de las naciones, el Reino Milenial; todo eso es lo propio del Reino de los Cielos.

 

Por lo tanto, para interpretar aquí el resto de la parábola, tenemos que comenzar teniendo en cuenta eso, que el reino de los cielos abarca el período de la historia de la Iglesia y el Milenio; por lo tanto, cuando entendemos la palabra "perdón", tenemos que entender la palabra "perdón" en el contexto del reino de los cielos. En la Biblia aparecen varios contextos para la palabra perdón. El perdón eterno, que es el perdón que se le da a un pecador que reconoce sus pecados y que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios lo ama de tal manera que envió a su Hijo para que Jesucristo muriera por sus pecados en la cruz; entonces esa persona recibe al Señor Jesús, y por creer en Él como el Hijo de Dios, como su Señor, como su Salvador, es perdonado; entonces esa persona recibe el perdón eterno; ha pasado de muerte a vida, y no perecerá jamás, según las propias palabras del Señor Jesucristo; es el perdón en el nivel general, y que tiene que ver con la eternidad; incluso más allá del Milenio; tiene que ver con el cielo nuevo, con la tierra nueva y con la Nueva Jerusalén; ese es el perdón eterno, el perdón que el Señor le da a cualquier persona que de corazón sincero reconoce sus pecados y reconoce al Señor Jesús como el Cordero expiatorio que murió en nuestro lugar, derramó su sangre y nos perdonó. Entonces por eso Dios nos perdona definitiva y eternamente. Ahí no está hablando de siervos, ahí está hablando de cualquier ser humano; aunque lógico que después de ser perdonados, ahí todos nos hacemos siervos en la práctica, aunque siempre lo somos por creación.

 

     Pero hay otro aspecto del perdón, que se le da a los hijos ya salvos para restaurar la comunión perdida por los pecados de los hijos; ese es otro tipo de perdón, que es también perdón, sólo que no es un perdón para salvar, sino un perdón para restaurar la comunión. Ustedes recuerdan que David dijo: restáurame el gozo de la salvación; no dice: restáurame la salvación, porque la salvación es un regalo de Dios; la salvación es un don, la salvación nadie la puede comprar, nadie la puede merecer; el hombre no puede hacer nada para salvarse por sí solo; sumando todo lo que el hombre haga, no le alcanza para merecer la salvación. Por eso es que la palabra dice: la paga del pecado es muerte; más la dádiva, o sea el regalo de Dios, es vida eterna; y por eso Pablo escribió a los Efesios de que por gracia somos salvos por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe. Entonces la salvación eterna no se debe a lo que nosotros hacemos, sino a lo que el Señor hizo por nosotros; lo que nosotros hacemos es lo que nos merece el juicio. Si vamos a sumar lo que nosotros somos y hemos hecho, merecemos este juicio, no la salvación. Por eso Dios, sabiendo que nadie puede salvarse por sí solo, envió a su Hijo; o si no Jesucristo no hubiera venido; hubiera bastado con Moisés, cumplan los mandamientos, el que los cumpla se salva y el que no los cumpla se pierde. El problema es que ninguno los ha cumplido siempre todos; por lo tanto, todos somos culpables, y todos merecemos el juicio de Dios. Entonces por eso Dios no dejó un solo Testamento con Moisés; la Ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesús; es decir, el Señor Jesús introdujo la gracia. El juicio al que nos condenaba la Ley, Él lo tomó sobre Sí mismo; por eso incluso la Ley ya preparaba sacrificios con corderos, en figura del verdadero Cordero de Dios. Ahora Jesucristo es el verdadero Cordero de Dios, que en Su muerte tomó sobre Sí mismo, siendo inocente, el juicio de todos los pecadores del mundo, para que todo aquel que crea, crea y lo recibe, sea beneficiado, sea perdonado y se salve. Entonces cuando la persona cree, reconoce sus pecados ante el Señor, cree, recibe al Señor, la sangre de Jesucristo su Hijo le limpia de todo pecado, y esa persona, como dijo Jesús: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida, es salva. Entonces, en cuanto a la salvación eterna, este perdón de Dios es eterno, por cuanto es para salvación eterna, y la vida eterna. La naturaleza del Espíritu que Él nos da es también eterna; nos da vida eterna. Por lo tanto, aquí esta parábola que consideramos ahora, no está hablando de la vida eterna, sino que está en el contexto del reino de los cielos, en el contexto del período de la Iglesia, del tribunal de Cristo, del juicio de las naciones y del Reino Milenial; ese es el contexto aquí.

 

     Tenemos que ver otros pasajes de la Biblia que hablan también del perdón en otro aspecto; ya no es el del perdón para salvación eterna, sino en el del hijo que ya es salvo, y que vuelve y peca; porque ¿cuál de nosotros que ha creído en el Señor no necesita ser constantemente perdonado? Pero ese perdón no es para restaurarle la salvación, porque ésta en su primer sentido es un regalo incondicional; no es algo que se da y se quita; la salvación es un don. Pero si un hijo, que ha sido perdonado eternamente por Dios, y salvado en ese primer sentido, falla contra su padre, falla contra sus hermanos, falla contra sí mismo, falla contra la sociedad, peca incluso contra la naturaleza…, no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que pecó. Entonces necesita que el perdón restaure su comunión con Dios, y que el gozo de la salvación le sea devuelto. Entonces eso no es que un hijo dejó de serlo, y vuelve y lo es; como si en un día puede ser por tres horas hijo, y veintiuna horas perdido; no, la Biblia no habla de eso; quien nació de nuevo es un hijo, y es un hijo para siempre; sólo que por ser un hijo no quiere decir que esa persona ande siempre en el Espíritu; aunque es un hijo, no andamos siempre en el Espíritu; a veces andamos en la carne y pecamos. Entonces ¿qué pasa con un hijo que no anduvo en el Espíritu, que pecó? Necesita arrepentirse de nuevo, reconocer su pecado, y pedir perdón; y el perdón restaura la comunión con su Padre; ese es un segundo aspecto del perdón; es un perdón para restaurar la comunión, no la salvación; la salvación es eterna; pero los hijos salvos, a veces, y muchas veces, pecamos, y necesitamos de nuevo que se restaure nuestra comunión con Dios y los demás; ese es otro aspecto del perdón.

 

     Hay aún un tercer aspecto del perdón, que tiene que ver con el contexto del Reino; tanto el contexto de la Iglesia, como restaurar la comunión, y también en el contexto del Reino, del Milenio. Es que el Padre no solamente perdona a sus hijos, y restaura la comunión con ellos, sino que también el Padre los disciplina. No porque somos hijos no necesitamos disciplina; si somos un hijo como David, por ejemplo, David es un hijo, pero David cometió un pecado grande; David vio que la vecina casada con Urías era muy hermosa, la vio que se estaba bañando; pero ella era ya una mujer casada; entonces David se inventó una manera: como aquel hombre, el esposo de ella, era un gran militar, entonces lo puso al frente de la batalla de manera indirecta, para que muriera, y quedarse con su esposa; él adulteró con ella, y mató al otro; ese fue un pecado grave. Pero entonces Dios envió al profeta Natán, que lo encaró de frente, y ahí David se dio cuenta de la magnitud de su pecado; David se arrepintió de todo corazón, pidió perdón a Dios; ahí fue cuando se escribió el Salmo 51. Ahí vemos en la historia, que Dios perdonó a David; o sea, restauró su comunión con David; sin embargo, aunque Dios lo perdonó, y David seguía teniendo comunión con Dios, Dios le asignó una disciplina a David. La disciplina no es que pague por el pecado, pues la paga del pecado es muerte; ninguna de las disciplinas que nosotros suframos es para pagar todo lo que merecemos; sólo Jesucristo es el único que paga todo el pecado; pero la disciplina es para perfeccionar el carácter del hijo que peca, y para desagraviar al agraviado. Porque si el Padre solamente perdonara, y siempre perdonara, pero no disciplinara, entonces seríamos personas que solamente estaríamos pecando, porque diríamos: sí, mi Padre me va a perdonar; y ciertamente que nos perdona, pero Dios sabe como somos; entonces necesitamos, además del perdón, que es para restaurar la comunión, una medida de disciplina para entrenarnos. Entonces Betsabé tuvo ese bebé, y David se aficionó a ese niño; y Dios le iba a quitar el niño, pero no se lo llevó de golpe, sino que permitió un período de enfermedad para el niño, a fin de que David entendiera; y David empezó a luchar, y a interceder, y a orar para que el niño no se muriera; sin embargo, Dios no le oyó, y se murió su hijo. Después tuvo muchos otros problemas más  en su casa; uno de los hijos se peleó con el otro, y uno mató al otro, y otro se rebeló contra él; incluso fue avergonzado públicamente; las mujeres que tenía David se las tomó un hijo suyo y las tuvo en la terraza delante de todo el mundo; y otras personas lo persiguieron. Es decir, muchos sufrimientos tuvo David. No es que esos sufrimientos eran para que David pagara totalmente su pecado, no; la expiación, el cordero expiatorio, fue quien pagó por su pecado, en figura de Cristo, porque en ese tiempo era una tipología; pero el castigo era en relación a formar el carácter de David y desagraviar.

 

Entonces, a pesar de que la expiación es suficiente para expiar totalmente la muerte que es paga del pecado, para perdonar eternamente, para propiciar suficientemente, y nosotros con nuestros sufrimientos NO añadimos nada a la expiación, sin embargo, para nuestro tratamiento, y el desagravio de los agraviados, para la formación de Cristo en nosotros, para nuestra corrección, necesitamos una disciplina paternal. Entonces, cuando Dios establece una disciplina, esa disciplina dura un determinado tiempo, según el efecto que produzca en nosotros; NO es un efecto de salvación eterna en base a la disciplina para con él, ¡no!, sino que es un tratamiento para con nosotros, para ganar nuestra alma y librarnos de lo que somos. Cuando nosotros hemos llegado al punto que Dios esperaba con esa disciplina, entonces el Señor levanta la disciplina, y eso es lo que se llamaría un perdón de disciplina bajo el gobierno correctivo divino. Watchman Nee lo refiere como perdón de gobierno. Por ejemplo, puede ser, no es que haya sucedido, sino que digo solo como un ejemplo, que mi hijo por allá se estuvo peleando con unos muchachos en la calle; entonces yo lo llamo, lo entro, lo corrijo, lo castigo, y luego nos tratamos de nuevo como amigos; ya estamos de amigos otra vez, pero yo le digo: -hijo, tú no puedes por ahora salir de nuevo a la calle con esas personas. No es que ya no sea mi hijo; sí es mi hijo, e incluso estamos otra vez en comunión; sí, estamos en comunión, pero no puede salir libremente a la calle, hasta que llegue un momento en que la actitud del hijo sea sumisa; y  entonces el padre le dice: -ahora si puedes salir-; se levanta la disciplina, y ese es el perdón de disciplina o gobierno, en el contexto actual del reino de los cielos, en su capítulo de la historia de la Iglesia; e incluso puede continuar la disciplina durante el Milenio. No es fácil, como decía el hermano Watchman Nee, entrar apresuradamente bajo la disciplina de Dios, pues Dios es comprensivo, paciente y longánime; pero menos fácil, si fue necesario que entrásemos en esa disciplina, es salir de ella. Si llamamos la disciplina de Dios sobre nosotros, no saldremos de allí hasta que el Señor haya hecho en nuestro ser lo que esperaba con esa disciplina. A veces nosotros no entendemos aquí tan fácilmente que estamos bajo una disciplina, y lo que hacemos es prolongarla más, porque no estamos entendiendo bien lo que Dios está haciendo con nosotros.

 

Entonces son tres los aspectos diferentes del perdón: (1) el perdón eterno para un perdido que pasa a ser un hijo salvo eternamente; (2) el perdón de comunión para un hijo que restaura con su Padre la comunión; no había dejado de ser hijo, ni había perdido la salvación eterna, pero tenía problemas con su Padre, y por lo tanto podía acarrearse una disciplina en esta vida e incluso en el Milenio; entonces se necesitaba el perdón de comunión, y (3) también el perdón de la disciplina, o perdón de gobierno paternal, para que la disciplina, ya sea en esta tierra durante la era de la Iglesia, o en el Milenio, también en esta tierra, sea quitada. Allí es cuando se paga el último cuadrante. La obra expiatoria para la salvación eterna es el Señor el que la pagó con Su muerte, pero en cuanto a la disciplina que precisamos como hijos amados que somos del Padre, que a nadie deja sin disciplina, somos nosotros los que pagamos el último cuadrante; dijo el Señor Jesús: "de cierto os digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuadrante".

 

Entonces, para poder captar esta parábola en el contexto integral de la Biblia, teníamos que tener en cuenta: primero, su ubicación respecto a lo que está hablando del perdón de los hermanos en la iglesia; segundo, su contexto dentro del reino de los cielos: la era de la Iglesia y el Reino en el Milenio; y tercero, los distintos niveles de perdón de que habla la Biblia; entonces, ya con estas bases, vamos a seguir leyendo esta parábola.

 

     "El reino de los cielos es semejante a un hombre rey…"; realmente el idioma griego dice: hombre rey, antropos Basileo; no sólo rey, sino hombre rey; quiere decir que aquí nos está hablando de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la encarnación del Verbo de Dios, que es el Señor; Él es el Rey; entonces dice: "quiso", porque es su propósito que todos sus hijos siervos pasemos por el tribunal de Cristo, de cuentas, "quiso hacer cuentas con sus siervos". Ahora está hablando de los siervos en ejercicio; aquí no está hablando de personas perdidas que debieran servir mas no lo hacen; sino que habla de personas que tradicionalmente le han estado sirviendo al Señor, a quienes el Señor les encargó una labor que hacer mientras estaban en la tierra. Pero lógicamente que de todo lo que nosotros hacemos, o lo que dejamos de hacer, lo que pensamos, lo que decimos, lo que no queremos, lo que no hacemos, pecados de acción y pecados de omisión, de todo eso, cada uno de nosotros va a rendir cuentas. Pero aquí en esta parábola se trata del contexto del reino de los cielos, que ya hemos estado estudiando; no está hablando del Gran Juicio del Trono Blanco, porque al juicio del trono blanco no pasan los siervos, sino los perdidos y los que no reinaron en el Milenio; pero los siervos pasan por el Tribunal de Cristo; son diferentes juicios; no hay que confundir los juicios. La palabra del Señor habla de tres tipos de juicios: Primero, Dios dice que su juicio comienza por Su casa, porque uno no puede corregir los bastardos, hijos ajenos, sin corregir primero los propios; entonces Dios primero corrige a sus hijos, a sus siervos, a sus amados; son éstos los primeros que Él corrige. Entonces en la Biblia se habla del Tribunal de Cristo para los siervos hijos; luego vendrá, según Mateo 25, el juicio a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, para definir las ovejas que van a entrar en el Reino, sobre los cuales reinarán los vencedores de las iglesias; y luego sí, después del Milenio, viene el Juicio Final del Trono Blanco. Son tres juicios diferentes: tribunal de Cristo para los hijos, y otro juicio para las naciones antes del Mileno y en función del Milenio;  vendrá el Hijo del Hombre en su gloria y reunirá las naciones; ¿por qué? porque la recompensa que Él dará a sus hijos es reinar sobre las naciones. Dice en Apocalipsis: Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones y las regirá con vara de hierro; eso se refiere al Milenio. Entonces primero los hijos son juzgados para determinar quienes van a reinar sobre las naciones; entonces los que reinarán sobre las naciones se definirán en el Tribunal de Cristo. Luego se juzga a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, y ahí se define quienes van al infierno de la Gehena, y quienes entran al Reino Milenial bajo el gobierno de los hijos que resultaron facultados en el Tribunal de Cristo para reinar con Cristo por mil años; y después del Milenio viene el juicio final, el de los demás muertos, el juicio total de todos los demás seres humanos; porque todos serán presentados; los que no estén en el Libro de la Vida, van al lago de fuego y azufre de la Gehena eónicamente; esa es ya la perdición indefinida. Se trata del último juicio, el del Trono Blanco al final. Aquí, en la parábola por ahora, estamos hablando del reino de los cielos, o sea, del período de la Iglesia y del período del Milenio, antes del juicio final; y lógicamente antes del cielo nuevo, antes de la nueva tierra, y antes de la Nueva Jerusalén. Él está hablando del reino de los cielos. Entonces cuando dice: "un rey quiso hacer cuentas con sus siervos", sus siervos aquí se está refiriendo a los que pueden ser convocados al Tribunal de Cristo; y entonces vamos a ver los versos, por causa de los hermanos que no están acostumbrados todavía con estos detalles.


     Vamos al capítulo 14 de Romanos, versículo 10; allí dice el apóstol Pablo de la siguiente manera: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? (está hablando de los hermanos) Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí". Entonces aquí está hablando del tribunal de Cristo para nosotros; allí está incluido Pablo, los apóstoles; o sea que es para los hijos, para los siervos.

 

     2ª a los Corintios capítulo 5 versículo también 10; aquí tenemos, como se dice, dos testigos: toda palabra conste en boca de dos o tres testigos; aquí vamos a un testigo nuevo, 2ª a los Corintios 5, versículo 10; dice allí: "Porque es necesario (noten, necesario, nadie puede escaparse de esto) que todos nosotros (aquí "nosotros" somos los creyentes, los hijos, hasta los apóstoles, todos los siervos de Dios) comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".El galardón que los vencedores recibirán es adicional a la salvación eterna. En Efesios dice: "por gracia sois salvos, no por obras, para que nadie se gloríe". En cuanto a la salvación eterna, somos salvos porque Él murió por nosotros, derramó Su sangre hasta la muerte, y nosotros creímos y lo recibimos; ahora somos salvos eternamente y somos hijos. Pero ahora los hijos somos siervos y servimos a Dios, y ese servicio, bueno o malo, el servicio y también los pecados no confesados, y los estorbos y escándalos de los hijos, de los siervos, van a ser juzgado en el Tribunal de Cristo, no para decidir la salvación, porque ya la salvación está decidida: "El que oye a mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y ha pasado de muerte a vida, no vendrá a condenación". En el Tribunal de Cristo no se decide la salvación eterna, pues la salvación eterna se decidió cuando creíste en el Señor Jesús; ahí lo recibiste y se decidió la salvación eterna; pero además de la salvación eterna, como la salvación te hace hijo, y como hijo te haces siervo, ese servicio va a ser galardonado no con la salvación eterna, sino con la salvación del alma en el Reino Milenial; el Reino es una posición especial, como está escrito: Sé sobre diez ciudades, sé sobre cinco ciudades; el Reino Milenial es una posición, algo adicional a la salvación eterna.

 

     1ª a los Corintios 3 nos habla de la diferencia entre galardón y salvación; me perdonan los que ya conocen esto que vayamos tan despacio por causa de los demás. 1ª a los Corintios capítulo 3; voy a leer desde el versículo 12 en adelante: "Y si sobre este fundamento…", (o sea, ya la persona está en el fundamento que se acaba de decir, que es Jesucristo; ya está salva, la persona ya es salva) "si sobre este fundamento alguno edificare", ahora ya habla de edificar, no habla de creer para la salvación; pero después de creer, ya eres salvo, ahora eres siervo, y entonces el trabajo ahora es edificar, no está hablando de la salvación, está hablando de la edificación realizada por los salvos, los que ya están en el fundamento; "si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera (que es distinto de oro), heno (que es distinto de plata), hojarasca (que es distinto de piedras preciosas; oro se refiere a la naturaleza divina, plata se refiere a la redención, piedras preciosas se refiere a la obra transformadora del Espíritu Santo; en cambio madera se refiere a lo meramente humano; heno es pura paja; hojarasca son las hojas que caen, que no tienen vida, que no están viviendo del árbol, y entonces están secas; esa es la hojarasca; entonces hay cosas que nosotros hacemos en la carne, y eso es pura paja; no está hablando de la salvación, sino del trabajo de los salvos por gracia; entonces dice aquí: "la obra de cada uno se hará manifiesta porque el día la declarará"; habla de la obra, no está hablando de la salvación; "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada"; ahora dice aquí: "y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, ( no está hablando de la salvación, la salvación ya es un hecho, está hablando del reino) recibirá recompensa"; noten: "si" es un condicional, no está hablando de la salvación, la salvación es creer, ya eres salvo, pero ahora los salvos trabajan, y ese trabajo se prueba en el Tribunal de Cristo, para definir su posición en el Reino, no la salvación, la salvación ya fue definida, es otra cosa la que se define aquí; entonces dice aquí: "si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa", no dice: la salvación; la salvación no es por obras, para que nadie se gloríe; pero la recompensa sí es por obras; el lugar en el Reino. "Si la obra de alguno se quemare", si era un siervo, pero lo que hizo, él mismo lo borró, escribió con la mano y borró con el codo, que es lo que nos pasa muchas veces, "Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida", habla de sufrimiento y de pérdida, y ahora habla de fuego, pero no eterno; "sufrirá pérdida", es decir, en relación con el galardón, "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego". O sea que la salvación es diferente del galardón; será salvo ¿por qué? porque él no pierde la salvación, la salvación es un regalo, la salvación no es un préstamo. Cuando Dios sabía que nadie se podía salvar si Él no le daba la salvación, los que creyeron la recibieron, son salvos; pero eso no quiere decir que porque son salvos no tengan que ser hijos y siervos, y que no tengan que ser corregidos o recompensados, no con la salvación, sino con su lugar en el Reino, o su exclusión temporal del Reino, ¿ven?

 

     Entonces, teniendo en cuenta esto, volvamos a 2ª a los Corintios capítulo 5, porque hicimos esta disgresión para captar de que es de lo que está hablando aquí, para no confundir salvación con galardón, ni salvación por obras; no, no es salvación por obras, es salvación por fe; pero si la salvación es por fe, ¿qué lugar tienen las obras? Este es el lugar de las obras, no para salvar, sino para edificar y ser recompensados en el Reino; es algo adicional y diferente de la salvación que es un regalo, ¿amén? ¿está claro? Entonces volvemos a 2ª a los Corintios 5; estamos en el verso 10: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba…", noten, aquí no se está decidiendo "la salvación"; ¿qué se decide en el tribunal de Cristo? El lugar en el Reino. "Bien hecho, siervo fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades, o sobre 5, o sobre dos; ¿tú quien eres y qué hiciste? Pero si no se te reconoce, entonces vas al castigo temporal, ¿se dan cuenta? Entonces dice aquí: "para que cada uno reciba según lo que haya hecho…", ya no es solo por la fe; la fe es para salvación, pero aquí no se está definiendo la salvación, ¿ven? "…mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo"; si hizo algo bueno, va a recibir recompensa; pero si hizo algo malo y no lo arregló, va a sufrir pérdida; y aunque su salvación no se pierde, pasa por fuego; un salvo que sufre pérdida y pasa por fuego. Aquellos siervos, que sabiendo la voluntad de su Señor, no se prepararon ni hicieron, son castigados con pocos o muchos azotes, y van a la prisión hasta que paguen el último cuadrante. Aquí no está hablando de que él tiene que pagar por su salvación, como si el Señor no pagó, no; el Señor ya pagó su salvación; aquí lo que él tiene que pagar, el precio que el hombre tiene que pagar, es el precio para madurar, para ser hecho a la imagen de Cristo, para desagraviar al agraviado. La salvación no se está discutiendo aquí; no vayan a confundir una cosa con otra; la salvación es un regalo; pero para ser maduro y ganar el alma asemejándola a Cristo, hay que pagar un precio; si no lo paga aquí, le toca pagarlo allá; también aquí un poquito, o más adelante y después.

 

Entonces nos vamos dando cuenta de que no es cuestión de salvación eterna; nadie vaya a salir diciendo de aquí que la salvación es por obras; ya lo estamos diciendo muy claro; pero los salvos son hijos cuyo servicio o pecado se juzga en el Tribunal de Cristo, donde se determina si su edificación perduró o si se quemó; entonces allí se decide su posición en el Reino, si va a estar reinando, o si va a ser excluido del Reino como aquellos que son excluidos, como aquellos que van a prisión temporal; no saldrá de allí hasta que pague el último cuadrante, o sea, hasta que llegue a ser transformado como para no echar a perder el Reino de los otros, y haya desagraviado al que agravió y aún no solucionó su problema; porque si no somos transformados aquí, echamos a perder el reino; ysi no somos trasformados en el Reino, el Cielo y la Nueva Jerusalem; así que tenemos que ser corregidos aquí para no dañar a los demás. No estamos hablando del infierno indefinido, o sea, de la gehena, pues la gehena es para los perdidos eónicamente; aquí estamos hablando del proceso del reino de los cielos; hay correcciones en la era de la Iglesia y correcciones en la era del Milenio.

 

     Vamos a ver las correcciones en la era de la Iglesia; vamos a 1ª a los Corintios otra vez, capítulo 11; leemos desde el versículo 27: "De manera que cualquiera que comiere este pan (la mesa del Señor) o bebiere esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor". Una persona que participa de la cena del Señor, es un creyente, es un hijo; está hablándole a la iglesia; sin embargo, puede estar culpada, haciendo las cosas en broma; entonces ¿qué viene? "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así", habiéndose probado, habiendo pedido perdón, habiéndose reconciliado con Dios y los hermanos; "como así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí"; aquí no es el juicio eterno; vamos a ver por el contexto que es un juicio temporal, es un juicio que se cumple durante la era de la Iglesia, y si no fue suficiente, continuará durante el Milenio, dice: "juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay (es la era de la Iglesia) muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (o sea, mueren antes de tiempo). Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos…", si reconocemos nuestras faltas, somos honestos, falté en esto, reconozco, perdóname, perdónenme, Señor y hermanos; listo, la sangre del Señor lo limpió, se acabó, ¿ven? Puede ser que si la persona lo está tomando livianamente, el Señor le permite una disciplina, pero lo perdonó, ya fue reconciliado, David ya tiene comunión con Dios; Dios te ha perdonado le dijo Natán a David; sin embargo el hijo murió, sin embargo tuvo problemas con su familia, porque la disciplina no fue quitada todavía; él fue perdonado, el gozo de la salvación vino, pero la disciplina le duró un poquito, porque es un hijo, porque es una hija, entonces el perdón de la disciplina es más demorado; el perdón eterno es de una vez y para siempre; el perdón de comunión también es instantáneo, tan pronto te arrepientes y pides perdón; pero el levantamiento de disciplina es diferente, ¿amén? Dios es sabio y sabe cómo tratarnos para transformarnos.

 

     Seguimos aquí en 1ª a los Corintios 11; estamos en el verso 31: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados"; ¿cuál es este juicio aquí? No es el eterno, sino que es el de una enfermedad, o el de una debilidad, o el de una muerte prematura, se accidentó, alguna cosa, ¿verdad? Se le acabó el tiempo de seguir sirviendo y edificando su tesoro, su cuenta, porque la Biblia habla de que tenemos una cuenta; pero no para salvación eterna, pues eso ya está definido; es una cuenta para el Reino, el galardón adicional a la salvación. Entonces vemos acá: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados", o sea, juzgados con debilidad, con enfermedad y hasta con una muerte. Dice: "mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" Entonces este castigo no es eterno, no es la condenación eónica, ¿se dan cuenta? Castigados para no ser condenados; o sea que Dios a sus hijos nos corrige porque El ya nos perdonó y nos perdona, y nos perdona constantemente; pero si vamos a seguir haciendo de las nuestras, nos tiene que corregir; cualquier padre corrige a su hijo, no porque no sea su hijo, sino porque es su hijo; Él comienza por su casa a corregir a los suyos, a veces con problemas, con dificultades; no sabemos qué es lo que está pasando; pues. Hermano, lo que está pasando es que la disciplina está decretada porque es un hijo falluto.

 

     Vamos al Salmo 89, que algunos ya lo conocen, pero para enriquecer esto, voy a leer desde el versículo 26, para ver la promesa del Señor para con Cristo: "Él me clamará, (el Hijo me clamará) Mi padre eres Tú"; aquí está hablando del Hijo de Dios, de Cristo; es una profecía acerca de Cristo, y de la obra de Cristo, y de los hijos de Dios gracias a Cristo; "Él me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación"; y ahora dice el Padre: "Yo también le pondré por Primogénito"; Jesús es el mayor entre muchos hermanos; "le pondré por Primogénito, el más Excelso de los reyes de la tierra" Quién es? Jesucristo, Señor de señores, Rey de reyes, "el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y su trono como los días de los cielos". Ahora ¿qué pasa si nosotros sus hijos, que decimos ser cristianos, que amamos a Dios, comenzamos a pecar? "Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión"; esa vara puede ser debilidad, enfermedad, problema; "castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades"; esos azotes pueden ser aquí en la era de la Iglesia, pero si es necesario continúan en el Milenio, porque también se dice que en el Tribunal de Cristo habrá personas que se presentarán con cosas malas, y entonces tienen que continuar en el Milenio los azotes; por eso dice: unos serán azotados poco y otros serán azotados mucho; los azotes empiezan aquí, para que aquí nos corrijamos; pero si no nos corregimos aquí, continúan en el Milenio, ¿ven? Entonces dice: "castigará con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades, más no quitaré de él mi misericordia"; no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que está en la disciplina del Padre; "no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad, no olvidaré mi pacto";  el Señor murió por nosotros, no tenemos otra esperanza, hemos creído y lo hemos recibido, y la dádiva de Dios es vida eterna, salvos eternamente, ah! pero porque soy salvo ¿puedo pecar? No, el Padre te corregirá si pecas. Entonces dice: "ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre"; habrá pasado por fuego, pero sigue salvo en Cristo, salvo como por fuego, por el castigo. "Y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo"; o sea que la salvación es eterna por causa de la unión con Cristo. Si pecamos, podemos ser castigados aquí o en el Milenio, ¿amén, hermanos?

 

     Ahora, si entendimos 1ª a los Corintios, que somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo, entonces ¿cuál es la era del castigo? Aquí, mientras estamos en la tierra, y después del Tribunal de Cristo, durante el Reino del Milenio; ahí es el galardón o el castigo temporal, que podemos llamar dispensacional, si queremos.

 

     Volvamos a Mateo 18, porque todo esto era para entender esta frase: "un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos"; estábamos tratando de entender esa frase. Estamos en el 18:23 de Mateo: "el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas…", esas cuentas son en el tribunal de Cristo, ¿ven? Claro que el Señor quiere que te vaya bien en el Tribunal de Cristo, y te corrige aquí; por eso dice: Yo reprendo y castigo a todos los que amo;…no te fatigues cuando eres disciplinado…; porque ahí es cuando Dios te está demostrando Su amor; Él te está disciplinando temprano, para que estés mejor en el Tribunal de Cristo; pero algunos se escapan acá queriendo salvar la vida almática, pero allá no se escaparán; es mejor llevar el yugo desde la juventud, el yugo del Señor, ¿amén? Entonces dice aquí: "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado", aquí ninguno se escapa; porque ¿qué dice el Señor? que Él enviará sus ángeles y reunirán a sus escogidos; y también ¿qué dice en cuanto a la red? Que recogerán peces buenos y otros malos, unos que causan tropiezo; ¿qué hace el Señor?  Los apresa con sus ángeles; no hay bandido que se escape del Señor y de sus ángeles; a cualquier bandido lo agarran y lo traen; ya sea al Juicio del Trono Blanco, pero si es un hijo que se hace el bandido, también se lo traen al Tribunal; entonces dice aquí: "fue presentado uno que le debía", no es cualquier bobería, "diez mil talentos", aquí el Señor usó una medida tan grande; por el contexto en el griego se nota después de que era una gran deuda la que tenía esta persona, este siervo de un rey, le tenía una deuda de diez mil talentos; ¿saben cuántos son diez mil talentos? Miren, el salario de un día es un denario; y 6000 denarios es un talento; diez mil talentos son sesenta millones de denarios; seguramente de ese rey tenía que ser algún ministro; aquí está mostrando el Señor que lo que Él nos da es muy valioso, y por eso tenemos que responder, ¿ven? Y este había dilapidado lo grande, lo glorioso, lo inmenso que fue puesto en sus manos; eso es lo que significa diez mil talentos; son los talentos áticos, antiguos, que son 6000 denarios por un talento; y un denario es el jornal de un día; imagínense lo que son 6000 denarios por un talento, y diez mil por seis mil son sesenta millones de denarios; aquí el Señor está mostrando que lo que Él ha puesto en manos de sus siervos no es una cosa pequeña, es una cosa muy, pero muy grande. Pero ¿qué hizo este siervo? "A éste, como no pudo pagar,…", aquí está mostrando la condición del hombre; el hombre en sí mismo no puede pagar, y transmite su naturaleza pecaminosa a su familia; él no pudo pagar, y dice acá: "como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; es decir, lo justo es que él pague lo que debe; si no se basa en la misericordia, en la gracia de Dios, paga él, y paga su familia, y pagan sus hijos, porque todos los que son hijos de pecadores son pecadores, ¿se dan cuenta? Además que aquí está el asunto de la enseñanza de la esclavitud antigua.

 

     Antiguamente, cuando una persona estaba en una guerra, digamos, cuando la guerra era justa, un país había ofendido a otro país, y entonces hubo una guerra de desagravio y también de recuperación, como pasó, por ejemplo, en Kuwait; llegó Irak y pasó por encima y agarró Kuwait; e inmediatamente vino la reacción del mundo a hacerle devolver a Kuwait; entonces eso es lo que se llamaría una guerra justa, es decir, una guerra de desagravio y de recuperación de lo que fue robado. (Aunque en el caso de Kuwait parece que hubo maniobras para inducir a Irak, para luego, por el petróleo, justificar la invasión usurpadora). Entonces ¿qué pasaba cuando había esas guerras? Estoy hablando de la antigüedad; mencioné ahora al Irak actual, pero volviendo a lo que era la costumbre en la época antigua, acordémonos de que aquí estaba en vigencia la ley, cuando Jesús está hablando; entonces ¿qué sucedía? Los prisioneros de guerra tenían que pagar, y eran esclavizados, tenían que trabajar para los victoriosos; y también si alguien robaba, y no podía pagar, tenía que pagar con su trabajo.

 

     Vamos a leer las leyes del Antiguo Testamento, para entender un poco mejor este asunto de las leyes de la esclavitud, para entender esta frase aquí. Éxodo capítulo 22, dice en los tres primeros versos, y pongan atención por favor, dice así: "Cuando alguno hurtare", mire cómo era la ley de Israel para los que estaban bajo la ley. Acuérdense de que Israel estaba en medio de unos países bárbaros; Israel también venía de ser bárbaro; y las leyes eran todavía más bárbaras; ahora Dios está apaciguando de a poco esa barbaridad de la época antigua. Entonces dice aquí: "Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas." Eso es lo que Dios consideraba justo. "Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido, y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día…", ya no de noche, porque de noche uno no sabe y está defendiendo la vida, ¿ven? "Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto"; es decir, él robó y no tiene como pagar, entonces queda como esclavo para que por medio de su trabajo pague lo que se robó, ¿verdad?

 

     Podemos inclusive pasar a la página anterior, para que veamos las leyes sobre la esclavitud, para entender un poco aquí por qué leímos eso en los dos deudores; capítulo 21 desde el verso 7: "Y cuando alguno vendiere su hija por sierva", miren cosas que sucedían en ese tiempo; o sea, no podía vivir, y vendió su hija por sierva; "no saldrá ella como suelen salir los siervos". Los siervos salían al séptimo año; pero aquí eran tomadas como esposas. "Si no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se le permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare. Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas"; ya dejó de ser una esclava, ahora es una hija. "Si tomare para él otra mujer," si aquel hijo que tiene a esta esclava por mujer, tomare otra mujer, dice: "no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia, sin dinero"; esa era la ley de esclavitud que antes era terrible; aquí el Señor le está poniendo orden a lo que era antes; se volvió una esposa, y tiene que cumplir con ella; y si no cumple, ella es libre; o sea, el Señor está liberando la esclavitud bárbara que había en esa época.

 

     Pasemos a Deuteronomio capítulo 23 versículo 15; allí también habla de las leyes; y el 16: "No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo"; aquí vemos como el Señor estaba aligerando la esclavitud. Filemón se volvió un hermano, y Pablo mandó a Onésimo mismo con una carta: recíbelo como a un hermano, no para que fuera esclavo, sino recíbelo como a un hermano, como a mí; entonces dice: "No entregarás a su señor el siervo que huyere a ti de su amo. Morará contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás." Miren como el Señor estaba aligerando la esclavitud que fue tan común, y que incluso en los siglos posteriores del Cristianismo todavía ha habido esclavitud, y hasta hoy hay esclavitud; había personas que iban, portugueses que decían ser católicos, holandeses que decían ser creyentes, se iban al África a robar personas y a venderlas en los mercados para trabajar en las minas; ¡terrible! El Señor a eso lo llamó secuestro, y lo castiga terriblemente; el Señor no permitía esa clase de esclavitud que era lo común, incluso en épocas dizque civilizadas, y todavía había grupos de raza negra que se robaban a otros de raza negra para vendérselos a los negreros, cosas terribles; entonces estamos viendo como eran las cosas en esa época; hay otros versículos allí en la Escritura.

 

     Vamos a pasar a Génesis capítulo 17; allí el Señor quería que, los que eran esclavos en ese momento, entraran a formar parte de la familia, como persona de la familia. Dice desde el vero 11: "Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio (es decir cortar con la carne) y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, (porque se compraban personas por causa de la esclavitud, ¿se dan cuenta?) que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo".

 

     Ahora pasamos a Éxodo 12 versículo 44 en la continuación de esto; dice así: "Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella (de la pascua) después que lo hubiere circuncidado"; o sea que el Señor estaba calmando la esclavitud. Tu siervo también va a ser circuncidado, va a entrar en Mi Pacto y va a participar de la Pascua, y vas a tratar bien a tu siervo; y hay muchas otras leyes que el tiempo no nos da, pero Dios decía: El año séptimo sale libre y no lo vas a enviar con las manos vacías, no, sino que le vas a dejar de tus vacas, de tus ovejas, le vas a dar su esposa, su casita; y él sale; o sea que el Señor aligeró lo que era la esclavitud, la hizo más bien suave, de tal manera que algunos siervos no querían dejar su casa. Decían: yo tengo aquí todo seguro, yo tengo trabajo y estoy viviendo bien; mi amo me trata como un hijo, como un amigo, así como aquel centurión de la Biblia que tenía un siervo enfermo, decía que era su niño. Primero, cuando cuenta la historia, dice que era siervo; pero él dijo que era su niño; era alguien que él amaba como un hijo; está enfermo, por favor di la palabra y mi siervo, mi niño, mi muchacho, dice el griego, sanará; y de hecho hubo épocas cuando Lincoln en Estados Unidos, después de esas guerras, abolió la esclavitud; ya vino una ley que dijo: todos los esclavos son libres; y hubo muchos esclavos que se levantaron, fueron a la plantación, trabajaron, y no se iban; decían: somos libres, pero ¿a dónde nos vamos a ir? Bueno, entonces se quedaron y aceptaron trabajar con eso; vamos a pagarles tanto, y se volvieron personas que trabajaban en común acuerdo con un salario, durante la propia independencia, y la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, con los que eran buenos; claro que eso no fue en todo lugar; hubo perversos; pero hubo casos en que los propios esclavos no se fueron, y quisieron quedarse trabajando con sus amos como alguien más de la familia. Cuando aquellos patrones tenían un corazón cristiano, incorporaban en su familia a los que antes habían sido esclavos; entonces quise leer todo esto, porque a veces, si no tenemos en cuenta el trasfondo, la época, la cultura en que se está hablando, la juzgamos en el siglo XXI; y Él está hablando aquí en el siglo I, cuando estaban bajo la ley, cuando a través de la ley en Israel Dios estaba suavizando condiciones peores; entonces Él está hablando aquí con ese trasfondo.

 

     Volvamos a Mateo capítulo 18:25: "A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; ahora tiene que trabajar y pagar con su trabajo, ya que no puede pagar de otra manera; "y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda", es decir, aquí está mostrando que se nos ha dado algo muy grande, que somos absolutamente deudores y que no podemos pagar. Entonces sólo porque el Señor es movido a misericordia, somos perdonados, ¿ven?

 

     Verso 26: "Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia (aquí la palabra no es paciencia, sino longanimidad, que es también como paciencia, demórate más en cobrarme y te lo pagaré todo) conmigo, y yo te lo pagaré todo". Realmente, él pensaba que iba a poder pagar; a veces nosotros pensamos que podemos pagar lo que debemos; nosotros naturalmente podemos decir: yo tengo que llevar mi "karma" encima y voy a pagar; ay, ay, no somos budistas, hermanos, somos cristianos; aquí nadie puede pagar; si el Señor no paga por nosotros, nadie se salva; pero él decía: te lo pagaré todo; este siervo no sabía en qué base estaba.

 

     Verso 27: "El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó (o sea, lo dejó libre, aunque lo habían traído preso, un ajuste de cuentas), y le perdonó la deuda" Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros; cualquiera de nosotros debe acordarse, cuando vamos a tratar con otro, cuando vamos a reclamarle a otro, qué es lo que el Señor nos ha perdonado, de qué nos ha librado el Señor; eso es lo que siempre tenemos que recordar: El Señor me ha perdonado dos, cuatro, cinco millones de veces, ¿cómo no voy a perdonar yo? Pero miren lo que pasó. Ah! es que el hombre es terrible: "Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos", o sea uno igual a él, alguien igual que él, un consiervo; el otro era el señor, y el señor le perdonó a él diez mil talentos, 60 millones de denarios; y su consiervo le debía cien denarios, es decir, más o menos tres meses y un poquito le debía; "halló a uno de sus consiervos"; esta palabra "halló", realmente es encontró; o sea que él se vio de pronto con su consiervo "que le debía cien denarios", o sea, una sesentamilaba parte de lo que a él se le había perdonado; "y asiendo de él, le ahogaba, diciendo:"; primero actuó y después habló; aquí la palabra "ahogó" es que lo estaba como estrangulando, lo estaba ahogando, págame lo que me debes, págame lo que me debes, lo estaba casi ahogando al otro, no lo dejaba ni respirar; eso está mostrando el Señor con esta parábola, como somos nosotros, se nos olvida que hemos sido perdonados de algo tan grande, sin embargo estamos ahogando al otro, reclamando constantemente. ¡Señor, ten piedad de mi!

 

     Verso 29: "Entonces su consiervo", noten, como para recordar lo que había pasado con él, el consiervo hizo lo mismo que había hecho él con el señor, "postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré", el todo aquí agregado. Fíjense, lo mismo, era como para que él se acordara, mire él está ahora en la situación que yo acabó de estar; y ni siquiera así él quiso perdonar. "Mas él no quiso", es decir, endureció su corazón, no quiero, no quiero, le mantengo la deuda, y dice: "sino fue", y aquí la palabra fue son tres letras en español; en griego son más letras, y es insistir; ustedes saben que estaban en medio de cuando era el imperio romano, y no podían meter a alguien en la cárcel así no más. Para meter a un siervo en la cárcel tenían que ir a un tribunal y tenía que haber un juez, testigos, un fiscal acusador, un defensor, y después de todo el juicio entonces el otro iba a la cárcel; o sea que este hombre estaba tan duro que hizo todo esto; son tres letras "fue", pero ese fue es mucha cosa; una persona dura, insistió e hizo todo el trámite para hacerle a otro mal, para cobrarle al otro; son tres letras, pero hay que entenderlas, "fue y le echó en la cárcel", eso no es tan fácil, es un todo un trámite que hizo movido por la maldad, por el enojo, por el odio, por la amargura, por la venganza; qué terrible es el corazón humano, ¿verdad? "hasta que pagase la deuda"; ahora aquí está hablando de siervos; cuán terrible es nuestro corazón en su naturalidad, si no estamos en el Señor, en el Espíritu.

 

     Verso 31: "Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho"; hay una tristeza primero con lo que él es, como él es; segundo, lo que está haciendo a otro, y la ofensa que le está haciendo a su señor que le perdonó; eso causó tristeza, por la ofensa al rey, por la ofensa al que casi ahoga, y por lo que él mismo se hizo, tan miserable; entonces se entristecieron; y ahí comenzaron a orar, a interceder; dice: "viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y refirieron a su señor todo lo que había pasado"; cuando en oración se empieza a contar las cosas: Señor, tócalo, trátalo, Señor, soluciona esto, Señor, ayuda a este pobre que está en un problema.


     Verso 32: "Entonces, llamándole su señor", ahí está, ahí viene la disciplina, ¿se dan cuenta? No es que se salvó y perdió la salvación; aquí entran en discusión calvinistas y arminianos; no; por eso desde el principio hablamos de que es en el contexto del Reino Milenial, de la disciplina dispensacional, del perdón de disciplina; ese es el que se demoró acá en arreglar sus cosas. "LLamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné"; el Señor le está recordando y haciendo entender todo lo que Él perdonó; "te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías…", oigan la palabra "deber"; cuando somos perdonados, adquirimos el deber de perdonar. Hermanos, y si hacemos cuenta de todo lo que hemos sido perdonados por Dios, es este el deber que está sobre mí, sobre tí, sobre cada uno de nosotros: "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?" Porque se dice: "el que hiciere misericordia, se hará con él misericordia. Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia; pero él que no hiciere misericordia, juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; por eso la misericordia triunfa sobre el juicio". Señor, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio, y la Biblia dice que tiene que morir apedreada; el Señor no dijo que esa no era la ley, sino que dijo: el que esté libre de pecado, tire la primera piedra; y ahí si se dieron cuenta de que todos eran iguales de pecadores, o peores, y se fueron empezando por los más viejos, porque más pecados tenían; y dijo Jesús: ni yo te condeno, vete y no peques más. Sí era un pecado, pero tuvo misericordia de ella. Juicio sin misericordia se hará con el que no hiciere misericordia. "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?"

 

     Verso 34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; dos veces en la Biblia aparece la palabra "verdugos"; aquí y en el Antiguo Testamento; en el Antiguo Testamento son ángeles. Vamos a ver los verdugos en el Antiguo Testamento; vamos a Ezequiel capítulo 9, y volveremos aquí. Ezequiel 9, para entender esta palabra "verdugos"; aquí aparece desde el capítulo 1 hasta el 9 la visión de los pecados de Jerusalén, de los mismos líderes; en el capítulo 8 las abominaciones de Jerusalén; entonces, claro, después de todo el pecado del que era su pueblo, leyendo del 1 al 8 hay las abominaciones del pueblo de Dios, del liderazgo mismo del pueblo, los ancianos del pueblo haciendo abominaciones, eso lo digo para que no nos resulte tan duro el 9; pues acaba de venir de declarar las abominaciones; entonces dice: "Clamó en mis oídos"; aquí está la voz fuerte del Señor, "con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir, y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce". Lo primero fue el altar, para ver quien estaba bajo la expiación; pero nadie, todos pecaban y ninguno pedía perdón. "Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa;" o sea, primero estaba en el Santísimo y se puso en el lugar santo de la casa, después se puso en la puerta de oriente y se fue, abandonó la casa y la gloria se fue; y dice: "y llamó Yahveh al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Yahveh: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella", o sea, a los que no concuerdan con las abominaciones que se están haciendo; vayan márquenlos; él fue, marcó a Ezequiel, casi a nadie más; todos los demás eran indiferentes y eran partícipes de la locura como está el país, una locura de matanzas, de orgías, de sangre, de las peores barbaridades. Bueno, primero marca a los que gimen, a los que no están de acuerdo con esto; y después dice: "Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él"; primero en pos, o sea, primero los marcados, como cuando el juicio venía sobre los egipcios, los de Israel estaban bajo la sangre; primero hubo la misericordia, pero de los que no aceptan la sangre del Cordero, los que siguen sus abominaciones, entonces dice: "Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno, pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo"; noten que terrible. Ezequiel dijo: Señor, no está quedando nadie; estos ángeles son llamados los verdugos, son los que vinieron con Él por el norte. Primero viene el aspecto espiritual, el juicio espiritual, los ángeles moviendo las circunstancias; y después vienen los acontecimientos, como fue la invasión de Nabucodonosor, los caldeos y de los babilonios, y arrasaron con Israel; Dios trajo juicio, pero ese juicio fue arreglado, ordenado por ángeles; y aquí la Biblia habla de verdugos; dos veces no más aparece la palabra "verdugos"; ¿qué dice el Señor? que serán atormentados delante del Cordero y de sus ángeles, y que el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo. ¿Usted piensa que en este momento Pablo Escobar estará teniendo reposo? ¿él a cuantos mató, a cuántos robó, a cuántos incineró? ¡Cuánta locura hizo! ¿Usted piensa que está muy feliz ahora? Hermanos, sólo mencioné uno, pero la historia está llena de barbaridades, de abominaciones; entonces por eso tiene que haber juicio, por eso la palabra "verdugos", ¿ven? Entonces la palabra es "verdugos"

 

Volvamos a Mateo 18:34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos";  Dios lo permite, incluso le entrega. Por ejemplo, dice que aquellos ángeles que van a salir del abismo, van a atormentar por cinco meses a los que no tengan el sello del Dios vivo que es el Espíritu Santo, en la gran tribulación; Dios primero tiene que dar permiso para que haya un castigo; ¿por qué a veces hay países que tienen castigo? Uno no sabe lo qué está haciendo Dios; le pasó a uno, pero le tocó a usted después. Si ustedes no se arrepienten, también sucede con ustedes, dice el Señor. Dice acá: "le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía"; vemos aquí que esto no se refiere tan sólo lo que la expiación paga, sino a lo que el hombre debe pagar; él era una persona que fue perdonada, pero su carácter no era el de Cristo; entonces tenía que ser corregido; y para ser corregido fue entregado a los verdugos; a veces es aquí en la tierra, a veces es en el Milenio. Dice que será azotado mucho; los que lo azotan, lógico que son los verdugos; esos son los que azotan. A veces Dios permite incluso a  espíritus malignos, como le pasó a Saúl, que vinieron a estorbarlo. Entonces Dios nos guarde y nos dé un corazón misericordioso y perdonador.

 

     Verso 35: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros"; y El está hablando a sus discípulos, "si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas". Hermanos, el Señor busca que perdonemos de todo corazón, no guardar nada en el corazón, perdonar y listo; ya el Señor juzgará, porque el Señor dijo: no os venguéis vosotros mismos, mía es la venganza, dejadme a mí dar el pago. Si alguien está siendo injusto contigo, tú perdónalo; Dios sabe lo que va a hacer, tú no guardes rencor, no guardes amargura, deja tu corazón libre, quédate con el Señor, perdona tú, porque tú has sido perdonado y perdonado muchas veces; entonces perdonemos y no nos cansemos de perdonar. Esto ¿lo dijo cuándo? Cuando Pedro le había dicho: ¿cuántas veces perdonaré, hasta siete? No, hasta setenta veces siete; o sea que hay que estar dispuestos a perdonar siempre para no ser atrapados por el odio, por la amargura, por la venganza, por el rencor, que es lo que más nos destruye; perdonemos y dejemos al Señor dar el pago. El Señor, cuando padecía no condenaba, sino que encomendaba la causa al que juzga rectamente. Señor, tú sabes, yo perdono, no quiero guardarlo en mi corazón; paso por alto esto; está en tu mano, límpiame; y entonces el Señor nos ayuda a perdonar. Y lo que dijo en el "Padre nuestro", y con esto termino, fue lo mismo que dijo acá: "porque si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará"; aquí se refiere al perdón de disciplina, que es el perdón de gobierno, ¿amén? Cuando el Señor salva, su Palabra no vuelve atrás; pero si necesita castigar, castiga a los salvos para que sean corregidos. Nunca nuestro castigo paga la expiación; aquí no se trata de la expiación, aquí se trata del precio para ser transformados, la disciplina de Dios. Vamos a dar gracias a Dios.

 

     Padre Dios, Te agradecemos que nos hayas concedido considerar estas palabras solemnes del cielo pronunciadas en la tierra a tus siervos; y ahora, Señor, nosotros las hemos oídos para que las obedezcamos. Señor, concede a nuestro corazón perdonar, concede a nuestro corazón no retener nada a nadie, porque nosotros sabemos de cuantas cosas hemos sido perdonados por Ti, y cómo constantemente nos estás perdonando de nuestras barbaridades y abominaciones. Señor, ten compasión de nosotros, danos un corazón misericordioso para también alcanzar misericordia, que es lo que Tú quieres imprimir en nuestro ser. Te lo pedimos en el nombre del Señor Jesús. Amén.  

 

Esto dijo el Señor también delante de los fariseos y los saduceos que no querían perdonar. Gracias, hermanos.

 

 

Gino Iafrancesco V., 27 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.

EL HIJO PRÓDIGO

(29)

 

EL HIJO PRÓDIGO

 

 

     Padre celestial, gracias te damos por estar entre nosotros, por tu gracia y por tu misericordia, por la sangre del Cordero. Señor, quisiste morar entre nosotros; queremos que nos hagas una casa digna para ti, por medio de tu propio cuerpo, de tu gracia, misericordia, Señor, tu sangre y tu Espíritu. Pedimos a Ti, Señor, que una vez más nos hables por tu Palabra; que tu Palabra, que es eterna, sea vida, sea como nueva en nuestro espíritu, que el Espíritu de tu Palabra nos toque, Señor; te conozcamos a Ti por tu Palabra, por el Espíritu de tu Palabra. Te pedimos que nos ayudes a deponer nuestro ser a tus pies, para que él no te sea estorbo; lo ponemos en tus manos para que nos puedas ayudar, en nombre de Jesucristo Tu Hijo Amado, amén.

 

     Hermanos, vamos con la ayuda del Señor a seguir dando continuidad a aquella trilogía que se encuentra en Lucas capítulo 15; una trilogía de parábolas dichas en un contexto de rechazo a ciertas personas; y el Señor, con estas parábolas, nos mostró la actitud de la Trinidad; la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo; y vimos la actitud del Espíritu Santo obrando a través de la Iglesia, y de su obra con el pecador, en el santo decaído, en la parábola de las diez dracmas, y de la dracma perdida en especial. Vimos también la obra del Hijo de Dios en la parábola de esta misma trilogía, de las cien ovejas, donde el Hijo es el buen pastor que da su vida por las ovejas; y el tercer elemento en esta trilogía es la parábola famosa, quizás una de las más famosas de las parábolas, la parábola del hijo pródigo; está en Lucas, y solamente en Lucas, en el capítulo 15 verso 11 hasta el 32; y es la parábola más larga; de todas las parábolas es a ésta a la que el Señor le dedicó más tiempo y más cuidado; quiso expresar de manera muy clara el corazón del Padre; porque ¿quién conoce al Padre? Sino el Hijo; gracias a Dios que el Hijo de Dios, el Verbo de Dios, se hizo carne; el Hijo del Hombre vino y nos ha dado a conocer al Padre. Muchas imágenes distorsionadas existen acerca de Dios, pero el Hijo nos dio la imagen exacta, la imagen exacta; eso es lo que quiere decir el carácter de su hipóstasis, como dice en Hebreos 1:3, la imagen exacta de Dios. Podemos conocer a Dios a través del Señor Jesús, a través de su carácter, a través de sus palabras que abren lo que está en su corazón a través de su obra. Entonces aquí en la parábola del hijo pródigo, exclusiva de Lucas, y la más larga de las parábolas registradas del Señor Jesús, el Señor nos muestra el corazón del Padre a través de esta conocidísima parábola que vamos a leer de nuevo, y vamos, con la ayuda del Señor, a masticarla, para que el Espíritu pueda tocarnos y nutrir nuestro espíritu. El objetivo de abrirnos a la palabra del Señor es poder ser nutridos en el espíritu. Hay cosas que ya sabemos, pero el Espíritu las puede usar una vez más, si estamos abiertos, no sólo al aspecto externo, que ya sabemos, sino si estamos abiertos al Espíritu de la Palabra.

 

     Vamos a leer esta parábola con toda disposición de corazón para que el Señor nos pueda hablar y pueda tocar nuestro corazón. Voy a leerla de corrido, aunque sea larga, y luego volveremos sobre nuestros pies para masticar algunos puntos especiales: “También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó que era aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”.

 

     ¡Preciosa palabra y parábola! Todos nosotros somos hijos pródigos. Volvamos sobre nuestros pasos allí al verso 11: “También dijo”; o sea, dijo varias parábolas, todas juntas, una detrás de la otra, porque es como si el Espíritu Santo quisiera que las cosas quedaran tan claras que no fue suficiente que hablara una, ni siquiera dos, sino tres, número perfecto, el número de Dios, el número de la Trinidad. “También dijo: Un hombre tenía dos hijos”; es interesante que aquí este hombre, que el Señor va a presentar en la parábola, representa al propio Dios, representa al Padre; y fíjense que entre los hijos de Dios no es la única vez que el Señor presenta dos; en otra parábola también había dicho que había dos hijos, que a un hijo le dijo: hijo, ve a servir mi viña; y él dijo: Sí padre, pero a la verdad no fue; y el otro dijo: no, no quiero ir; pero después se arrepintió y fue. Entonces Él presenta distintas actitudes en medio de su pueblo. Y aquí Él habla de dos hijos, porque al comienzo del capítulo, cuando Él comenzó a decir estas parábolas, dice: se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, o sea, los hijos perdidos; y los fariseos y escribas, o sea, los hijos que estaban en la casa y no habían ido a dilapidar los bienes, murmuraban diciendo: -Este a los pecadores recibe y con ellos come-; entonces les refirió la parábola de las cien ovejas, la parábola de las diez dracmas y de la moneda perdida, y esta del hijo pródigo, en ese contexto. Entre el pueblo de Dios hay personas con corazón duro, corazón que no tiene misericordia para con los caídos; entonces el Señor aquí, que vino con el objeto de llamar, no a justos sino a pecadores al arrepentimiento, quiere ablandar los corazones de ellos y explicar que Él está representando el sentir de Dios. A veces pensamos que el sentir de Dios es la dureza, aunque en ocasiones tiene que ser duro; pero en esta ocasión, como en este caso en que hubo una sincera búsqueda y un sincero arrepentimiento, Él no fue duro, sino que fue misericordioso.

 

     Dice el verso 12: “y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”. Lógicamente que ésta no era una obligación del Padre; ningún hijo tenía derecho a reclamar los bienes mientras el padre no muriera; pero de todas maneras, si el padre moría, entre los hijos tenían que repartirse los bienes de una manera que Dios había dicho. A este hijo menor le correspondía un tercio de la parte de los hijos, y al hijo mayor le correspondían dos tercios. Eso está, si quieren verlo, en Deuteronomio 21 verso 17, puesto que Dios estableció la ley de la doble porción para la primogenitura. El primogénito era el que heredaba el reino, si el padre era rey; el primogénito era el que heredaba el sacerdocio, si el padre era sacerdote; y el primogénito era el que heredaba la doble porción; es decir, que si un padre tenía varios hijos, a todos los hijos se les daba una porción, pero al primogénito, por ser el primogénito, por representar el vigor de su padre, se le daba una doble porción. Por eso José, que era el primogénito de Raquel, porque Rubén, que era el primogénito de Lea, mancilló el lecho de su padre, y entonces la primogenitura le fue quitada a Rubén, y el reinado fue a parar a Judá; el sacerdocio fue a parar a Leví, y la doble porción fue a parar a José. Pero esas tres cosas habían sido de Rubén, pero por el error de Rubén, perdió la primogenitura, y perdió sus derechos; uno de sus derechos era la doble porción. Entonces en Deuteronomio 21:17 dice precisamente esa ley; lo dice en paralelo con un contexto más inmediato; leámoslo con el verso 15: “Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida, en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura”. Entonces nos damos cuenta de cómo el Señor hacía respetar el derecho de la primogenitura; aunque fuere el hijo de la aborrecida, porque de todas maneras, el que hizo que ese hijo fuera el primogénito, fue de Dios; el hombre no puede hacer eso, es Dios; entonces hay que respetar la primogenitura. Por eso ustedes se dan cuenta que cuando se están nombrando los hijos de Israel, aunque la amada era Raquel, y no Lea, y aunque Lea le había dado más hijos, y después Raquel le dio más hijos, siempre menciona primero los de Lea; ¿por qué? porque de allí venía la primogenitura. Fue solamente el pecado de Rubén lo que hizo que perdiera la primogenitura; y la primogenitura vino entonces para Judá en cuanto al reino, para Leví en cuanto al sacerdocio, y para José en cuanto a la doble porción. Entonces este hijo era el menor, y como eran sólo dos hijos, entonces de la herencia de los hijos le correspondía al mayor dos tercios y al menor un tercio. De todas maneras, el Señor aquí, al decirlo de esta forma, sólo dos hijos, está mostrando como el hijo que se quedó en casa, que después se enojó porque el otro hijo fue recibido, tenía más de lo que el menor tenía.

 

     Continúa diciendo Lucas 15:12: “y les repartió los bienes”, porque eso lo podían hacer los padres, si querían, antes de morir; pero era para cuando murieran. De todas maneras, entre los judíos, en el libro de Eclesiástico, no Eclesiastés, sino el Eclesiástico, que se encuentra entre los deutero-canónicos, apócrifos, había este libro que circulaba entre los judíos aunque no es reconocido canónico por ellos, ni por las Biblias protestantes que se atienen al canon judío, porque el Señor dijo que a los judíos les fue encomendada la Palabra; y como ellos no lo tienen entre los canónicos, los protestantes tampoco. Entonces en ese libro del Eclesiástico, le aconseja el escritor a los padres que no repartan sus bienes mientras están en vida, sino sólo cuando están a punto de morir, o cuando mueran; porque si no, va a tener que estar dependiendo de sus hijos, y pidiéndole a sus hijos. Entonces dice allí en el Eclesiástico que es mejor que los hijos le pidan al padre, y no que los padres les pidan a los hijos. Pero de todas maneras, es parte de los deutero-canónicos o apócrifos, y no del Texto Sagrado; mas esa mentalidad existía entre los judíos. Aquí dice: “les repartió los bienes”; o sea, un padre generoso. Ahora, este padre, en esta parábola está representando al Señor mismo, a Dios mismo; sin embargo, miren que un Dios omnisciente, que sabe lo que algunos de sus hijos van a hacer, aún así les entrega bienes, sabiendo que esos bienes van a ser dilapidados. Ahí vemos como Dios hace responsables a las personas, como Dios quiere que las personas actúen con libertad. Ciertamente que nuestra libertad está ahora caída; aún así, Dios permite que nosotros ejerzamos nuestra libertad aún caída. De manera que si alguien quiere irse al infierno, Dios se lo permite, y ha permito a muchos irse al infierno, porque el carácter de Dios no es obligar a nadie, porque El no está tratando con títeres, sino con personas; entonces Dios es tan respetuoso, que aún de antemano le dio los bienes; o sea, ese tercio de la herencia a este hijo.

 

Y claro, este hijo, ni corto ni perezoso, “No muchos días después”, lo que él quería era convertir esos bienes en dinero para írselos a gastar; es el hijo menor, o sea, es un muchacho joven. Los muchachos jóvenes sólo quieren salirse de la casa, porque se sienten muy restringidos; yo también me salí de mi casa, porque me sentía muy restringido; gracias a Dios que el Señor me recogió en el camino, antes de que me llevara el diablo que me quiso llevar antes de salvarme el Señor. Dios fue misericordioso. Los muchachos nos sentimos en casa, nos sentimos en la sociedad, nos sentimos molestos, nos sentimos restringidos, pensamos que nosotros queremos hacer las cosas a nuestra manera, estar lejos de casa donde no nos estén vigilando, donde no nos estén husmeando en nuestra vida, donde no estén detrás de nosotros regañándonos, dándonos cantaleta; entonces queremos irnos lejos, donde hagamos la vida como a nosotros nos gusta. Esto fue lo que este hijo hizo. Dice: “se fue lejos a una provincia apartada”; es decir, donde nadie lo reconozca, donde nadie lo moleste, donde pueda vivir; y el Señor lo dijo muy resumido: “viviendo perdidamente”; pero su hermano fue más explícito: “ha gastado tus bienes en rameras”; lo dijo más explícitamente. Aquí, cuando el Señor fue el que habló, Él simplemente lo resumió: viviendo perdidamente; pero el otro hermano sí lo dijo con pelos y señales, ¿verdad? Y dice aquí: “y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Lógicamente que todo eso desgasta a la persona, los pecados lo destruyen, los pecados atraen la maldición, atraen los problemas; y vamos a ver lo que dice allí.

 

     Verso 14: “Y cuando todo lo hubo malgastado”; es decir, las cosas se pueden gastar bien, o gastar mal; malgastar es invertir las cosas en algo improductivo; es ser totalmente irresponsable, totalmente inconsciente; no pensar en el futuro, sino solamente en su presente, en sus placeres del momento. Y dice: “vino una gran hambre en aquella provincia”; yo pienso que si el Señor no hubiera permitido esa hambre, este hijo se hubiera perdido definitivamente; aquí no dice que fue el Señor el que trajo esa hambre, no lo dice explícitamente, pero nosotros sabemos que el Señor controla todo; y quisiera que viéramos un pasaje que está en Jeremías, para que veamos el contraste, como a veces el Señor tiene que apretar la tuerca, pero para ayudarnos. Yo sé que es un pasaje duro, pero es necesario leerlo.

 

     Jeremías capítulo 30, sólo para ilustrar este fenómeno. Voy a leerlo desde el versículo 10; claro que vamos a llegar al verso 14, pero vamos a leerlo desde el 10 para tener un contexto de los tratos de Dios, porque este hijo que tenía bienes y estaba mal usándolos, tuvo que ser corregido a través del hambre, un hambre que le hacía doler el estómago, que ni siquiera podía comer lo que los cerdos comían; leámoslo desde el 10 para ilustrar el tratamiento del hambre: “Tú, pues, siervo mío Jacob”; aquí está el Señor hablando en amor, “no temas”; o sea, el final va a ser bueno, pero ¿por qué le dice: no temas? porque cuando se pasa por el túnel, uno teme; el Señor dice: no temas, no cuando las cosas están fáciles, sino cuando están difíciles; por eso dice: “no temas”; o sea, vas a pasar por la estrechez, vas a pasar por el hambre, vas a pasar por la prueba, pero es porque Yo estoy tratando contigo para tu bien; “no temas, dice Yahveh, ni te atemorices, Israel; porque he aquí que Yo soy el que te salvo de lejos”; porque él estaba lejos; “a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad”; o sea, ¿dónde estaba Israel? En cautividad. ¿Qué profetas es? Jeremías, profeta de la cautividad. Así como aquel, al principio no era cautivo, al principio tenía muchos amigos seguramente, pero cuando le faltó, ahí tuvo que trabajar con lo peor para un judío, porque el Talmud decía que era una maldición el que criara cerdos; era un maldito, porque no estamos hablando aquí en Colombia, donde hay Zenú y todas esas fábricas de cerdos y salchichas, no. Para un judío, porque la Biblia llama a los cerdos animales inmundos, y había una maldición en el Talmud, que es el libro sagrado de los judíos, para los cuidadores de cerdos; que hubiera sido un griego, o que hubiera sido un polaco, que come muchas salchichas, ¡ok! Pero un judío tuvo que arrimarse, y después del ser un señor, ahora pasó a ser un arrimado, cuidador de cerdos; incluso los cerdos comían mejor que él. Estas algarrobas eran como una especie de cañandongas, como una especie de vainas que por dentro tienen algo pegajoso, medio dulce, que le daban a los cerdos; y él no podía ni siquiera comer las algarrobas; o sea que había otros que tenían la autoridad sobre él, y vigilaban para que él no le robara la comida a los cerdos; eso no lo dice, pero nadie le daba nada; o sea que había personas que eran las que le daban a los cerdos, y a él no le daban ni siquiera lo que los cerdos comían; o sea, estaba peor que un cerdo; su pecado lo hizo vivir peor que un cerdo, ¿verdad? Seguimos leyendo aquí en Jeremías: “te salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá”, ¡aleluya!, como pasó con este hijo; “descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Yahveh, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia”; o sea, el Señor está hablando de salvarlo, pero lo salva después de castigarlo. Digamos que lo castiga para salvarlo, ¿amén? Y dice: “de ninguna manera te dejaré sin castigo. Porque así ha dicho Yahveh: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga”; es el caso del hijo allá. “No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto”. Yo lo he hecho, dice el Señor. “Pero”, no solamente la corrección temporal, “serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio”; es decir, ellos están viendo que tu estás ahora en las vacas flacas, y ellos en las gordas; entonces a nosotros nos tocan primero las vacas flacas, después las gordas; a algunos les tocan primero las gordas y después las flacas. Entonces, cuando estamos pasando por las flacas, los otros, que están en las gordas, te menosprecian y te ofenden; entonces el Señor está corrigiendo a través de eso; pero después Él va a curar; tú no sabes lo que estuviste haciendo; ahora tú te vas a poner en los zapatos del otro, y vas a pasar por lo que tú no entendías; entonces ahora le toca a uno ponerse en los zapatos del otro, y ahora es a uno a quien le aprieta el callo. Si uno no se mete en los zapatos del otro, uno no aprende, uno es rápido para juzgar, hasta que le toca a uno, ¿verdad? “Serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaren, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. Mas Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Yahveh; porque desechada te llamaron, diciendo: esta es Sion, de la que nadie se acuerda. Así ha dicho Yahveh: He aquí Yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina”, o sea el monte Sion, “y el templo será asentado según su forma”. Aquí está la restauración del templo; lo fue con Zorobabel, y lo será de nuevo.

 

     Volvemos a Lucas; pero quise leer este pasaje, que es tan diciente, para entender el tratamiento del Señor. Este hijo se había alejado, vivía lejos, y malgastó lo que fue puesto en sus manos; entonces le vino esta corrección, y este pasaje nos ayuda a entenderlo. “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle”; y me alegra como Dios hace las cosas gradualmente: “comenzó a faltarle”; es decir, no le faltó todo de golpe; a veces nos falta una cosita, a ver si entendemos con una corrección pequeña; pero no entendemos con una pequeña, y entonces necesitamos una más fuerte; no entendemos tampoco con la fuerte, y entonces viene una más fuerte. Noten que el Señor no trae las siete copas de la ira de golpe. Primero vienen los sellos, después las trompetas, que es apenas un tercio de las copas, y después las copas que consuman la ira. “Y comenzó a faltarle”.

 

     Dice el verso 16: “Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos”. Ya vimos que terrible condición. “Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.” Ahora, ¿qué estaba haciendo Dios cuando permitió esto? Produciendo lo siguiente: el verso 17, la primera parte: “Y volviendo en sí”; o sea que él estaba como fuera de sí, fuera de sí, él estaba fuera de sus cabales, él había entrado en un frenesí de locura, había perdido la cordura; y el Señor, para traerlo de nuevo a la cordura, para que volviera otra vez en sí, para que reflexionara, para que se diera cuenta, para que meditara, tuvo que permitir esas cosas difíciles; pero ¿eran para qué? Para que volviera en sí, aprendiera la cordura, y dejara de ser insensato. “Dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”;  estoy en esta situación; mi padre tiene siervos, jornaleros que le sirven. Yo no merezco ser llamado hijo. Noten que él fue alguien que se arrepintió con sinceridad.

 

     Verso 18: “Me levantaré”; o sea que ahí está la gracia de Dios para permitirle ejercer su responsabilidad, porque “ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”; pero el Señor, al decir esta parábola, está queriendo decir que la gracia de Dios está disponible para poder levantarse y volver; porque algunos quieren decir: yo no puedo volver, Dios no me va a ayudar, es que Dios a unos ayuda y a mi no me ayuda, yo me voy a quedar aquí; no, no, no; él tomó una decisión que Dios respaldó; no sé como discutirán esto los calvinistas y los arminianos, pero el Señor dijo la parábola como para poner a meditar: “me levantaré e iré”, y miren dónde, “a mi padre”; o sea, él continuaba teniendo certeza de que era un hijo y que ese era su padre; “me levantaré e iré a mi padre”; a donde hay que ir es al Padre; porque podría haberse ido a otro lugar; ya se había arrimado a un ciudadano que lo puso a guardar cerdos; entonces él dijo: no, no, aquí hay que ir es a mi padre; lo que el mundo ofrece es eso: cuidar sus cerdos; hay que ir es al Padre. “Y le diré: Padre”; o sea, confesaré mi pecado; y esta es la meditación interna, reconocer; el Señor por eso hizo esta parábola tan larga, para explicar bien ese proceso interior que es necesario, proceso de reflexión, de caer en cuenta, de tomar conciencia, de decidir arrepentirse y decidir buscar a Dios; todo eso es porque el Espíritu Santo está obrando. “He pecado contra el cielo y contra Ti”; porque no se peca sólo contra el Padre, porque el Padre está también con sus ángeles, y ellos están viendo, y el cielo también llora. Posiblemente a nuestros hermanos que ya partieron, una gran nube de testigos, el Señor les deja ver nuestras caídas, y se entristecen. Entonces nuestro pecado es contra el cielo. La vez pasada hablamos de la fanaticada, de la barra que tenemos a favor, y de la que hay en contra. Entonces nuestro pecado es contra el Padre y contra el cielo. Aquí menciona primero al cielo, y contra Ti, para mostrar que tenía vergüenza de los espectadores celestiales, y que antes de poder reconciliarse suficientemente solo con Dios, Él nos pide que nos reconciliemos antes con nuestros hermanos para poder venir a hacerle ofrendas de amor.

 

     Verso 19: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo”; o sea que reconoció que había pecado, y reconoció su indignidad, reconoció que no tenía mérito ninguno. Esa es la única manera de volver: volver en sí y volverse al Padre sobre la base de la gracia del Padre, y no de ningún mérito nuestro.  Aquí él fue sincero: no soy digno; es decir, se puso en la posición verdadera, en la posición de indigno, no iba a pretender engañar al padre, no iba a hacerse el bobo, no iba a tratar de justificar las cosas; no, él dice: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Y él había pensado también lo siguiente, pero el padre no se lo dejó decir; él le iba a decir: “hazme como a uno de tus jornaleros”, o sea, vengo acá aunque no sea como un hijo tuyo; pero el padre no le dejó decir esas palabras, no le dejó actuar meramente como un jornalero y no como un hijo.

 

     Verso 20: “Y levantándose”; dos veces dice algo; primero dice: “me levantaré”; pero ahora dice: “Y levantándose”; porque a veces decimos: me levantaré, pero no nos levantamos; entonces es necesario esta repetición. Se propuso, y después hizo lo que se propuso; recibió gracia de Dios para ser convencido de su pecado, para mudar su manera de ver las cosas, convencerse de justicia y juicio, proponerse, y hacer lo que se propuso. Había dicho: Me levantaré, iré a mi padre y diré; y ahora no sólo se quedó pensándolo: voy a hacer esto; sino que lo hizo. No hay que quedarse diciendo: ¡ay! si yo pudiera; ¡no!, hay que definirse, hay que tomar una actitud responsable, que cuando tú la estás tomando, la gracia te está sosteniendo. “Levantándose, vino a su padre”, aunque él había pensado antes quedarse por los bordes allá, en las barracas, viviendo con los trabajadores, con los jornaleros; pero él venía ahora a su padre. Muy importante que su foco ahora era su padre. No es suficiente estar apenas entre los jornaleros; es necesario estar con el mismo Padre. Cuantas personas, en vez de buscar a Dios por medio de Cristo, simplemente se juntan a una compañía para tener un salario.

 

     Ahora viene esta parte, la parte del padre; aquí no lo dice, pero hay muchos comentaristas que han visto como si el padre siempre estuviera buscando la llegada de su hijo; porque el padre no estaba adentro, sino que pudo verlo de lejos; es como si el padre oteara el horizonte a ver si de pronto aparecía su hijo; aquí no lo dice, pero lo da a entender. “Y cuando aún estaba lejos”, este es el amor de Dios. Yo creo que todos los hermanos hemos tenido esta experiencia; por lo menos, yo en muchas ocasiones no sé cómo hacer para empezar a arrepentirme, y ya siento el abrazo del Señor recibiéndome; y digo: Señor, todavía no he terminado de arrepentirme, pero Él ya me abrazó, ya me recibió; así es nuestro Padre; Él sólo vio la intención de lejos, el Padre no esperó. Nosotros a veces como padres decimos: vamos a ver qué hace, vamos a ver como se porta, vamos a darle un tiempito, vamos a ponerlo a prueba; pero fíjense en la misericordia de Dios; se saltó esos tiempitos, no se puso a tener en cuenta las fallas, lo único que vio fue a su hijo volviendo; y aunque venía de lejos, y había mucha distancia todavía para estar cerca de él, el padre se fue hacia él; ¿no es esto precioso, hermanos? Y dice: “cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió”, claro que si estos dos hijos eran como adultos, como para darles la herencia, este padre no era tan joven, y mucho menos en el oriente, donde ver un padre corriendo es raro; en el oriente se exige mucho obedecer a los padres, y los padres tienen que guardar su dignidad; pero aquí este padre se olvidó de sí; qué van a decir: este viejo corriendo; no; sino que él salió corriendo, el padre salió corriendo, “fue movido a misericordia”, la misericordia lo movió a correr. Hermanos, ¿entienden esa frase? Que la misericordia lo movió a correr. Cuando uno no tiene misericordia, uno no es movido a correr, y uno se queda probando; pero cuando uno tiene misericordia, porque ha recibido misericordia, corre, porque “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia, y juicio sin misericordia se hará para el que no hiciere misericordia”. Cuando la misericordia nos mueve, corremos; no nos esperamos a que el otro lo haga; por eso dice: “haced frutos dignos de arrepentimiento”. Aquí ya el padre vio de lejos la intención de su hijo, y ya fue suficiente para el padre, no fue muy exigente, sino que le fue suficiente ese “me arrepiento”, esa reflexión, esa decisión; y el padre le ahorró muchas otras pruebas, se las ahorró; ¿no debemos nosotros también ahorrar, verdad? “Movido a misericordia”, como si la misericordia fuera el combustible para que corriera; “y corrió, y se echó sobre su cuello”, no le dejó ni siquiera arrodillarse; el hijo ya tenía planeado todo lo que iba a decir, pero el padre se le adelantó, y antes de que el hijo le dijera, el padre lo recibió. ¿No es esta obra grande del Señor? Ahí se ve como es nuestro Dios. Ya el hijo tenía preparado: voy a decirle esto, esto y esto; y antes de que empiece a decirle, el padre viene a recibirle. ¿No es esto amor, hermanos?¿ no está reflejando aquí el Señor verdaderamente, y como es nuestro Dios? Para que conozcamos a Dios, Él dijo esta parábola, y para que nosotros seamos como Él es; “se echó sobre su cuello”; y aquí el traductor dice: “le besó”; pero el original griego dice: “repetidas veces lo besó”; no sólo le dio un beso, sino que repetidamente lo besaba y lo besaba; estaba feliz de que su hijo hubiera vuelto sano y salvo; lo recibió sano y salvo, dijo después.

 

     Verso 21: “Y el hijo le dijo:”; aquí empezó el hijo a cumplir lo que él se había propuesto: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”; ya la siguiente frase: “ya no soy digno de ser llamado tu hijo”, y la otra que había pensado decir: “ponme como alguno de tus jornaleros”, aquí ya no la dice; fue tal la restauración de la gracia; incluso la última frase falta en algunos manuscritos; algunos manuscritos no tienen la segunda parte de la frase, algunos se la añadieron como para completar más la confesión del hijo; pero hay manuscritos que no tienen la segunda parte; como quien dice: el padre ni siquiera le dejó a él terminar de confesar su arrepentimiento. Él iba a decir: padre, hazme como uno de tus jornaleros, porque no soy digno de ser llamado tú hijo. El padre no le dejó actuar como si no fuera su hijo; desde el principio la gracia le hizo saber que era su hijo; el padre siempre actuó con él como con un hijo; aunque él no era digno de ser hijo, el padre siempre fue fiel a la paternidad suya, y ni lo dejó terminar de arrepentirse en lo externo; le bastó el retorno.

 

     Verso 22: “Pero el padre…” ¿ven ese “pero”? Cuando el hijo empezó a hablar, no había terminado de cumplir lo que se había propuesto en su arrepentimiento, y ya el padre empezó a decir: “hagamos fiesta”; como había dicho Jesús en parábola anterior, que “hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por 99 justos que no necesitan arrepentimiento”; aquí es la misma cosa: “El padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido”; o sea, los jornaleros tenían un vestido, pero ahora es el mejor vestido; es decir, hay vestidos, pero el mejor vestido es el vestido de hijo; aquí el hijo fue justificado, vestido con la vestidura de hijo; ahora sí podía actuar como hijo, pues el padre le está haciendo sentirse como hijo; el hijo está como queriendo humillarse tanto, pero el padre le dice: espera, espera, no te dejes hundir tanto, no te desplomes tanto, ya sé, ya vi tu arrepentimiento, levántate, vístanlo, porque él no se va a vestir, pónganle el mejor vestido; así como en el caso de Josué, hijo de Josadac, que estaba Satanás acusándolo, y Yahveh dijo: “quítenle esas vestiduras viles, y pónganle vestiduras de gala”; hermanos, eso es lo que hace el Señor, nos limpia de nuestras inmundicias y dice: hijo, ya es suficiente, levanta tu rostro, olvídate del pasado, ahora de aquí en adelante usa el mejor vestido. Y además de eso dice a sus siervos: “vestidle”, ustedes tienen que vestirlo, ayudarle, porque él como que no podía solo; imagínense los cielos vistiéndolo, ¿verdad? “y poned un anillo en su mano”; porque el anillo era donde estaba el sello de la familia, el sello de propiedad; las cosas se sellaban con el anillo; o sea que es ahora como si fuera de nuevo propietario, aun habiendo desperdiciado antes sus bienes; sin embargo vuelve a tener anillo; los esclavos no tenían anillo, mas los hijos tienen anillo. Y dice: “poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies”, porque estaba descalzo; los esclavos andaban descalzos, pero ahora ya tiene sandalias, el apresto del evangelio de la paz. Esa es la restauración divina proveniente de la gracia de Dios.

 

     Verso 23: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta”; esto es como una expiación, ahora hay fiesta, comiendo el becerro gordo; esto nos habla del Señor Jesús que murió por nosotros para que nosotros podamos ser recibidos en la casa del Padre. En la casa del Padre hay fiesta; aquí el Señor no se pone con remilgos; como si dijera: no voy a mencionar anillo, no voy a mencionar música, ni danzas; ¡no! El Padre mandó el Espíritu sobre los gentiles en casa de Cornelio incluso antes de que fueran bautizados; el Señor no es nada de remilgado, aquí hasta mencionó danzas, ¿amén? Él no fue mojigato; aquí mencionó la palabra anillo, usó la palabra fiesta, la palabra danza, alegría; el Señor no fue mojigato; lo dijo con gran alegría, porque hay versículos en la Biblia que dicen que adoremos al Señor con danza; y habla de danza, y que los jóvenes y las vírgenes danzarán en el pueblo de Dios. La danza es normal en el pueblo de Dios, una danza santa; si es santa, no es problema; los ósculos, si son santos, no son problema; el problema es cuando el ósculo no es santo; cuando es sólo ósculo, no es santo; allí sí hay problema; pero si es santo, no es problema. Nos saludamos de ósculo santo, podemos danzar una danza santa y hacer una fiesta santa, ¿amén? Entonces dice allí: “Y comenzaron a regocijarse” porque había dicho: este mi hijo muerto era, pero ha revivido; se había perdido, y es hallado”. Las expresiones: “Y se había perdido” y “muerto” están mutuamente relacionadas; como también “revivido” está relacionado con “hallado”, o encontrado, o salvado; muerto es perdido, y revivido es salvado; entonces dice las dos cosas allí: “muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Noten, el Señor hablando esto a los escribas duros, que decían: -¿cómo es que Él come con pecadores?- y el Señor hablándoles de esta fiesta.

 

     Ahora viene la segunda parte de la parábola; uno pensaría que ya hubiera sido suficiente; pero ¿a quién era que el Señor les estaba hablando la parábola en esos momentos? Estaba hablando a los escribas y fariseos; o sea, a los religiosos, legalistas, duros, sin misericordia, gente amargada, gente religiosa pero amargada, gente que vive en su justicia propia, que no conoce su propia indignidad, y piensa que merece algo. ¿Cuánto tiempo te serví y no me diste ni un cabrito? Esa es la justicia propia de la religión, de la religiosidad humana que pone un ambiente totalmente desagradable en medio del pueblo. Aquí el Señor empieza a hablar de la otra parte de la parábola; porque Él habló de dos hijos; la parábola comienza con dos hijos, porque ahí están aquellos que oían al Señor y recibían la gracia de Dios, pero estaban también los que los que criticaban; entonces había que completar la parábola por el otro lado. “Y su hijo mayor”, ahí estaba el mayor, “estaba en el campo”, así como Caín trabajaba también en el campo, y era alguien que trabajaba, que producía, que hacía las cosas por moral, por ascetismo; y mucha gente religiosa no tiene el gozo de la salvación, porque no vive por la gracia, sino que viven en la justicia propia; entonces estaba en el campo, “y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó música, y las danzas”; estaban en pleno baile; “y llamando a uno de los criados”, porque eso se lo preguntó al criado, no al padre, “le preguntó qué era aquello”, danzas y fiesta; ¿qué pasó en esta casa? ¡Qué raro! ¿qué está pasando? Está todo fuera de lo normal.

     Verso 27: “Él le dijo”, y miren como habla el padre, como habla el criado, y como habla el hermano mayor. El criado le dijo: tu hermano; el padre le dijo: tu hermano; pero él no dijo: mi hermano, sino: este tu hijo ha desperdiciado tus bienes con rameras; eso fue lo que él dijo, no dijo: mi hermano, no quería reconocerlo ni como hermano, ¿se dan cuenta? Pero aquí el criado le dice: “tu hermano”, no es cualquiera, es tú hermano, otro igual que tú, no es de otra categoría inferior, es tu hermano, “Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano”; ¡cómo es el Señor!, bueno y sano; eso implica que no estaba muerto como se pudo haber pensado, sino como dice Salomón: “mejor es perro vivo que león muerto”, mientras esté vivo, aunque sea perro, puede salvarse; el león muerto ya no sirve.

 

     Verso 28: “Entonces se enojó”, como se habían enojado los escribas y los fariseos: -éste tu maestro come con los publicanos, con los pecadores-; y Jesús era amigo de los pecadores; Él no pecaba con ellos, pero para salvarlos, se hizo amigo; pero aquel otro “se enojó”, el hermano mayor, “y no quería entrar”. No quería participar, quería guardar la distancia, estaba molesto con la gracia de Dios; ¿por qué? Porque él se basaba en la justicia propia. “Salió por tanto su padre”; noten como el padre es bueno para con los dos hijos; aún con este que está enojado; “y le rogaba que entrase”. Le rogaba; ahí está el Espíritu Santo tratando de convencer ese corazón para que acepte la gracia de Dios y se alegre también, se alegre que el otro fué salvo; pero en vez de alegrarse, está criticando y no quiere entrar.

 

       Verso 29: “Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo”; él no había dicho eso externamente antes, pero miren lo que la justicia propia guarda en su corazón. Cuando estamos basados en la justicia propia, estamos comparándonos con otros, pensando que somos mejores que los otros, yo ayuno, yo diezmo, pero este publicano ¡qué va a diezmar, qué va a ayunar! ¿No es así? La justicia propia comparándose y expresando amargura; eso hace la religiosidad que no conoce la gracia, que no vive por la gracia; pura amargura, gente amargada, “tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás”; exteriormente él se aguantaba, y hacía lo que el padre quería, pero eso era por fuera; su corazón no estaba contento, ¿se dan cuenta? Su corazón no conocía al padre; “y nunca me has dado ni un cabrito”, noten esa ingratitud; en realidad todo era de él, ¿por qué? Porque el padre un tercio se lo da a su hijo menor, y los otros dos tercios le quedaron a él; “todo lo mío es tuyo”; todo era de él, pero él no veía lo que tenía, el sólo vivía en su justicia propia, quejándose; “ni un cabrito me has dado para gozarme con mis amigos”; como quien dice: -a éste le diste mucho, a mí no me diste nada; ¿se dan cuenta de lo que es ese espíritu religioso, hermanos? ¿qué triste que es? “Nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo”, no mi hermano, no, tú hijo, así como cuando las señoras están enojadas con su marido, dicen: tu hijo, como si no fuera de los dos, ¿verdad? Éste no quiso llamarlo hermano sino “este tu hijo”. El Señor fue como decíamos al principio; lo dijo resumidamente, él no entró en detalles con el morbo; porque nosotros somos tan morbosos que queremos saber todos los detalles del pecado, como fue, donde fue, a qué hora y todo, quien vio, quien no vio; nosotros somos morbosos; el Señor no; vivió perdidamente, lo dijo así rápido; pero este aquí no; lo dijo bien coloreado, lo puso bien con todos los colores. Dijo: “que ha consumido tus bienes con rameras”; el padre nunca había mencionado a las rameras, pero el hijo mayor sí las mencionó; el padre no, pero el hijo sí, el hijo mayor, el religioso; “has hecho matar para él el becerro gordo”; la expiación es para el que no tiene, pero el que se basa en la justicia propia piensa que él merece las cosas; no se da cuenta de que todo es por gracia. Cuando uno se basa en la justicia propia, uno no se da cuenta de que uno no tiene nada, que es por gracia; “has hecho matar para él el becerro gordo”; pero hijo, este becerro gordo también es para ti, porque todo lo mío es tuyo, es para ti, tú también vas a comer del becerro gordo, ven a la fiesta y come tú también del becerro gordo, pero él no, él pensaba que era sólo para el otro, así como Caín se enojaba porque Dios recibió a Abel, porque Abel se basó en el becerro gordo, en la sangre; por eso Abel fue recibido, en cambio Caín venía del campo a presentar sus frutos; claro, venía en su justicia propia, pero su justicia propia no podía ser aceptada delante de Dios; entonces se enojó contra Abel y se ensañó su espíritu hasta matarlo. Estos dos hermanos también son como Caín y Abel, ¿se dan cuenta? O como el publicano propiciado, justificado, y el fariseo que se gloriaba en su justicia y oraba consigo mismo.

 

     Verso 31: “Él entonces le dijo: hijo”, hijo, qué lindo, el padre es bueno también con él, le sigue tratando de hijo; “Hijo, tú siempre estás conmigo”, tú no te apartas a otras partes, siempre estás conmigo; por lo tanto, todo lo mío es tuyo; el que está con el Señor, todo lo del Señor es de él; él pródigo se había apartado y por eso no tenía nada, y ahora vino, ahora déjame hacer fiesta, ¿verdad? Pero dice aquí: “tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta”, y aquí está el misterio de la gracia: “era necesario hacer fiesta”, y dice porqué, “y regocijarnos”. Jesús hablándoles también a los fariseos enojados, porque los publicanos oían del Señor, y se agradaban de recibir la gracia de Dios; y los otros enojados. Entonces dice aquí: “era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano”, no mi hijo solamente, “tu hermano”, uno igual a ti, “tu hermano era muerto”, y lo repite de nuevo, “y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. Cuando alguien revive, y es hallado, es necesario hacer fiesta y regocijarnos. Si Dios revivió a alguien, lo halló, lo encontró de nuevo, lo vistió, le puso su anillo, lo calzó, hermanos, es necesario, aquí en esto no debemos pensar ser apenas opcional. Es necesario hacer fiesta y regocijarnos; y no podemos continuar con esas cosas malignas de la justicia propia. Aquí Lucas paró; no dijo ni como reaccionaron los otros; es decir, cada uno reacciona como debe reaccionar. ¿Cómo reaccionamos nosotros? ¡Que sea como reaccionó el padre, y no el hermano mayor! Vamos a dar gracias al Señor.

 

     Señor amado, te agradecemos que Tú siempre quieres alcanzar nuestro corazón, y que seamos como eres Tú. Señor, opera en nuestro ser, ayúdanos a entrar en el gozo de tu fiesta, porque tú has provisto una fiesta en este becerro gordo, y has sacrificado para la expiación, y para el alimento con una justicia jurídica y también orgánica. Oh Padre, en el nombre del Señor Jesús, ayúdanos a conocerte, y danos un corazón amplio, un corazón como el tuyo, como eres Tú con nosotros; no sea que tengas que apretarnos porque no queremos perdonar. Ayúdanos, Señor, danos un corazón amplio, en el nombre del Señor Jesús, amén. 

 

Gino Iafrancesco V., 20 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada por el autor.

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LAS DIEZ DRACMAS

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LAS DIEZ DRACMAS

 

 

     Señor, Tú conduces por tu Espíritu a tu Iglesia a proclamar tu Nombre, tu grande victoria a nuestro favor. Gracias te damos, Señor; exaltado seas Tú, exaltado en medio de la iglesia, exaltado en los cielos y en la tierra; porque la tierra también será llena del conocimiento de tu gloria, en Cristo Jesús. Gloria a Ti, exaltado seas, exaltado por tu Iglesia, Oh Dios, en Cristo Jesús, amén. Padre, gracias por concedernos estar en tu Santa Presencia por Su preciosa sangre. Señor, seamos con tu socorro abriendo tu Palabra, que Tú nos hables por todos los rincones de tu Palabra, que Tú puedas, Señor, afirmarnos en tu gracia y en tu poder; que lo que veamos de tu Palabra, Señor, alimente nuestro hombre interior, nos establezca firmemente en Ti; seamos afirmados para la eternidad, y habiendo acabado todo, estar firmes en el Señor Jesús; amén.

 

     Hermanos, muy buenas noches, la paz del Señor Jesús sea con todos. Con la ayuda del Señor, vamos a estar hoy dando continuidad a la consideración de las parábolas del Señor Jesús, por medio de las cuales el Señor nos habla de los misterios del reino de los cielos. Hoy vamos a considerar una de las parábolas de la trilogía de parábolas que comenzamos a ver la vez pasada; y la parábola de hoy se encuentra solamente registrada en el capítulo 15 de Lucas. Lucas capítulo 15, versículos 8-10. “O ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. ¡Amén, hermanos! Esta parábola, como dijimos al principio, forma parte de una trilogía que aparece solamente aquí en Lucas; porque Mateo sólo menciona lo de las cien ovejas, y punto; pero Lucas sí menciona las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esas tres parábolas tienen un fondo muy semejante; y el Espíritu Santo le dio a Lucas un principio de asociación, y las agrupó aquí en este capítulo 15; de manera que todas ellas nos hablan algo parecido, solamente que con algunas pequeñas variantes; y esa trilogía nos muestra también la trilogía de la Trinidad. Ustedes se dan cuenta de que en la parábola del hijo pródigo, que consideraremos, si Dios permite, después, ahí aparece el personaje que representa al Padre; aparece el Padre recibiendo a su hijo pródigo. En la que vimos la vez pasada aquí mismo en el capítulo 15, la de las cien ovejas, ahí aparece el pastor buscando la oveja y llevándola en sus hombros; o sea que ahí aparece el Hijo; y nos queda, entre esas dos, esta parábola de esta trilogía, la de la moneda perdida, el dracma perdido, las diez dracmas, donde seguramente que es el Espíritu Santo el que busca; sólo que Él lo hace usando sus medios; y entonces vamos a ir viendo los medios que usa el Espíritu Santo para encontrar el dracma perdido. Lógicamente que aquí la mujer no representa al Espíritu Santo, sino que representa más bien a la Iglesia, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, es la casa de Dios, es la morada del Espíritu; por lo tanto, es el vehículo del Espíritu. Es decir que en esta trilogía aparece el Padre resaltado en la parábola del hijo pródigo, el Hijo como el pastor en la parábola de las cien ovejas, y aquí el Espíritu Santo obrando por los medios de gracia para salvar a las personas perdidas, y también a los que están caídos levantarlos.

 

     Vamos a repasar las frases en esta parábola. Vamos a empezar desde el verso 8: “O ¿qué mujer…?”; sólo ese inicio está diciendo que es inaudito, que eso no se va a dar, que sería raro que a una mujer a quien se le pierde algo que tiene, algo que valora, no le va importar, y lo va a dejar perder; eso sería extraño; entonces el Señor está diciendo: Si una mujer de la tierra tiene cuidado de algo que ella valora, algo que ella tiene, ¿cuánto más Dios? En otras ocasiones también el Señor Jesús hace esas comparaciones, mostrando como incluso personas de la tierra, que somos malos, hacemos cosas buenas. Dice: Si un hijo le pide a su padre, un hombre de la tierra, si vosotros siendo malos, si su hijo le pide pan, ¿acaso le va a dar una piedra? y si le pide un huevo, ¿le va a dar una serpiente? Lo dice a propósito para hacer el contraste; ¿cuánto más vuestro Padre? Entonces el Señor quiere dirigir nuestro corazón principalmente a nuestro Padre, el Señor quiere que conozcamos al Padre; lo que el Señor Jesús hizo de una manera muy especial fue presentar a ese Dios que era tan Altísimo, tan lejano, presentarlo tan cercano, presentarlo como nuestro Padre, Dios totalmente cercano. Entonces esas parábolas lo que hacen es traer el cielo a la tierra, la presencia del Señor bien cercana, como que lo podemos tocar; y lo hace con preguntas como ésta: “¿O qué mujer…”; es que una mujer ni siquiera se descuidaría de una moneda; ¿cuánto más Dios? Entonces Él empieza y da estos detalles: “¿Qué mujer que tiene”, o sea, hay un sentido de posesión; quiere decir: cuando tú aprecias algo, tú no quieres que eso se pierda, no eres indiferente, lo tienes. Si algo te es indiferente, si algo no te importa, pase lo que pase no te hace ni fu ni fa, lógicamente tú no tienes ninguna ligazón con eso, ¿verdad? Pero aquí lo que Dios quiere mostrar es que tenemos ligazón con Dios; el corazón de Dios está ligado a nosotros; por eso Él habla de una mujer que tiene, es decir, que posee algo; o sea que Dios sentiría en su corazón si le faltara; eso es lo que Él quiere decir.

 

Vemos el ejemplo de diez dracmas. El dracma es una moneda griega; realmente la moneda es griega, pero equivale a una moneda romana que es el denario; digamos que un dracma se cambiaría por un denario; y un denario es una moneda que equivale al salario de un día de trabajo. Cuando la persona trabajaba todo ese día, ganaba un denario; y con ese denario podía mantenerse él, mantener su familia, y quizás ahorrar un poquito. Entonces eso sería un denario; y esa es más o menos una dracma; y aquí Él usa diez dracmas.

 

El número diez en la Biblia es un número de universalidad, es un número de generalidad, o de totalidad; cuando aparece en la Biblia el número diez, aparece como la generalidad. Por ejemplo, en el capítulo 10 de Génesis aparece la Tabla de las Naciones mostrando toda la humanidad. Cuando aparece el reino final del mundo, aparece con diez dedos, o diez cuernos rodeando a la bestia final, hablando de un gobierno mundial. Cuando aparecen los hijos de Dios, las iglesias esperando al Señor Jesús, los compara con diez vírgenes. Entonces, es el número de la totalidad; quiere decir que el Señor, que es el Dios de todo, no quiere que le falte nada.

 

     Ustedes recuerdan un pasaje, si lo quieren leer conmigo, y luego volveremos aquí; en Apocalipsis, vamos a leer allí un pasaje que nos ayuda a entender ese sentir del Señor, como es el sentir de cualquier padre, como lo decíamos la vez pasada, que si tiene tantos hijos, y el asiento de uno de ellos está vacío en la mesa, aunque se alegra con los que están, su corazón sabe que todavía le falta el otro hijo que se sienta ahí; sólo cuando todos los hijos están ahí, él está satisfecho, porque su casa es lugar de reposo de él. Entonces vamos allí a Apocalipsis, a los dos capítulos de las iglesias, al 2 y al 3, que es donde aparecen los mensajes a las siete iglesias; y quiero que miremos allí en el capítulo 3, en el verso 1, como el Señor le dice a Sardis, que como ustedes saben, era una iglesia que estaba perdiendo las cosas, y se estaban quedando con vacíos. Podemos leer lo de los vacíos en el verso 2 que dice: “Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir;” o sea, las cosas están muriendo, y sigue diciendo: “porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete”; o sea que el Señor no quiere que se pierda nada; aún cuando sobraron aquellos panes después de que comieron, esos que sobraron de aquellos pocos panes y peces que El multiplicó, hubo un principio de economía que siempre tenemos que recordar, que lo podemos escribir en el corazón y en las paredes: “que no se pierda nada”; es una frase corta, pero es un principio de economía: “que no se pierda nada”.

 

Entonces el Señor, al inicio del verso 1, le dice a la iglesia: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios”; el número siete es el número de plenitud; “y las siete estrellas”. Lo mismo le dice a Efeso; miren en el capítulo 2 al inicio: “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso:”, o sea, la iglesia que había comenzado a aflojar, “El que tiene las siete estrellas en su diestra, El que anda en medio de los siete candeleros”. Cuando Juan vio la visión, eran siete candeleros; y ahora Él dice: -Yo soy el que ando entre los siete-; pero ¿por qué le menciona a Efeso los siete candeleros? A ninguna otra de las iglesias le mencionó los siete candeleros; ¿por qué a Efeso? Porque Efeso corría el peligro de perder su candelero, y Él es el que anda en medio de los siete, no seis, ni cinco, ni cuatro; entre los siete candeleros. Entonces dice allí en el versículo 5 del capítulo 2: “Recuerda, por tanto, de donde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”; tu candelero de su lugar; o sea que cada candelero tiene un lugar, y el Señor es el que anda en medio de los siete candeleros, o sea, en medio de la plenitud de las iglesias; Él no quiere que haya un lugar vacío; así es el corazón de Él, y así tiene que ser también nuestro corazón. Dios no es indiferente si faltamos, Dios no es indiferente si no estamos presentes; lo mismo a nosotros no nos puede ser indiferente ningún hermano; si no está, si falta algún hermano, y somos indiferentes, es como si no tuviéramos ligazón con los hermanos; pero si somos hermanos, tenemos el mismo Espíritu, y sentimos la carga del hermano. No porqué esté el otro ya no es necesario que esté éste, no; tenemos que estar todos, el otro y éste, todos, que no falte ninguno, ¿verdad? Entonces ese mismo principio aparece en Lucas.

 

     Volvamos a Lucas: “tiene diez dracmas”; antiguamente, especialmente las mujeres casadas en ese tiempo, ellas hacían una especie de balaca con las diez monedas; las mujeres casadas acostumbraban tener esas monedas, y se ponían esas diez monedas porque ¿qué es lo que hay en una moneda? En una moneda está impresa la imagen del dueño de la moneda, allá era el César. Cuando le preguntaron a Jesús por qué no pagaba los impuestos, Él dijo: traedme la moneda. ¿Es lícito dar tributo al César? Traedme la moneda; y le trajeron la moneda; y ¿a qué fue a lo que Él les llamó la atención?: ¿De quién es esta imagen? O sea, ¿a quién le pertenece esta moneda? Pertenece según la imagen que esté grabada; eso es muy importante entenderlo. Nosotros le pertenecemos a aquel que está impreso en nosotros. Si el Señor se imprime en nosotros, quiere decir que somos sellados por Él, quiere decir que le pertenecemos a Él; pero si otra cosa se imprime en nosotros, le pertenecemos a aquello que se imprime en nosotros; por eso es que los que tengan la marca de la bestia en la mano o en la frente, le pertenecen al enemigo; ¿por qué? porque se dejaron marcar, tanto en su frente, y sus pensamientos son dirigidos por el enemigo; su servicio, su mano, es para trabajar para el enemigo; por eso tienen una marca en su frente y en su mano; y se dice que los que tienen esa marca de la bestia no tienen reposo ni de día ni de noche, sino que van a ser atormentados delante del Señor por los siglos de los siglos; lo dice allí en Apocalipsis. O sea que lo que está impreso en uno, indica a quien uno le pertenece. Si nosotros nos dejamos imprimir propaganda, ya sea directa o subliminal, porque ahora también hay subliminal, y no hay que estar exponiéndose, ni a la directa, menos a la subliminal, ¿verdad? Porque uno se va pareciendo a aquello que uno aprecia, a aquello en lo que uno se concentra. Yo les contaba una vez que había un político aquí en Colombia, yo no lo sabía, pero yo le decía a mamá: me parece que ese señor tiene cara como de caballo; y resulta que era amigo de los caballos y le gustaba pintarlos, dibujarlos.

 

     Repito también para los hermanos más nuevos: vamos a 2ª a los Corintios capítulo 3 desde el verso 17 y 18, donde dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo…”, aquí la palabra dice: en, es una parte de la traducción, pero realmente el espejo somos nosotros, nosotros somos el espejo que mira al Señor; cuando el espejo se pone frente al Señor, entonces el rostro del Señor aparece en el espejo; la intención es que nosotros observemos al Señor. Cuando permanecemos delante de Él, vamos siendo transformados a la imagen de Él; pero ¿qué pasa si en vez de estar en la presencia del Señor, estamos en la presencia de una telenovela boba, y a veces no tan boba, sino bien sucia, o estar delante de cualquier cosa indigna? eso es lo que va a aparecer en el espejo, eso es lo que se nos va a grabar en nosotros, aquello que nosotros miramos. Entonces dice acá: “mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”, o sea que el ser humano fue diseñado para estar delante del Señor y expresar al Señor; pero ¿qué pasa cuando uno no está delante del Señor, cuando le da la espalda al Señor, y empieza a seguir a los demonios? se va pareciendo a los demonios; o ¿no les parece que así es como lucen muchos artistas de rock ahora? Con lenguas largas, bípedas, con ojos todos pintados; ellos se parecen más a los demonios. El diablo está profanando la imagen del Señor en los seres humanos, porque nos volvemos a las cosas bajas, y en eso nos vamos volviendo. Como dice también un Proverbio: “Según es el pensamiento en el corazón, tal es la persona”; lo que uno contempla en su corazón es lo que determina a lo que uno se va pareciendo. Entonces por eso hay que mirar al Señor, para ser transformados por el Señor.

 

Entonces estas monedas, eran monedas que tenían el sello del rey; las monedas son con lo que se paga, con lo que se compra, con lo que se entra, con lo que se sale; y en las monedas, en las dracmas, estaba la imagen del rey. ¿De quién es esta imagen? Del César; entonces dadle al César lo que es del César; si tiene la imagen del César, es porque es del César; entonces denle a él lo que es de él. Entonces ¿a quién le pertenecemos? A quien está forjando su imagen en nosotros. Amén.

 

     Tomamos estos versos para enriquecer lo que quiere decir un dracma, una moneda; pero ya no es una, sino que son diez; y en esas diez monedas está impresa la imagen del dueño; y eso las mujeres se lo colocaban como una balaca en aquel tiempo; imagínense que se le perdiera, que se le saliera una moneda. Ellos antiguamente lo tomaban como un mal agüero; no estoy diciendo que nosotros hagamos eso; nosotros no tenemos que vivir por agüeros; pero si a alguna de ellas se le caía una moneda, ella pensaba, bueno, que se le iba a dañar el matrimonio, o que le estaba siendo infiel su esposo, o que algo le iba a pasar; ellas se preocupaban si les faltaba una moneda. Nosotros no lo tomamos en ese espíritu, claro que no. Como unos que dicen que se les cayó el anillo, y entonces ahora se les va a romper el matrimonio; nosotros no lo tomamos en ese sentido, pero lo digo para que comprendamos la preocupación de esta mujer, ¿verdad? Porque ellas acostumbraban ponerse esas balacas con las monedas. Si era una persona pobre, y no se ponía las monedas en la balaca, las guardaban como en un pañuelito; y lógico, al manipularlas, quizás en un tropezón se le cayó; y aquellas casas no eran como las de ahora. Recuerden que en ese tiempo no había luz eléctrica, y Jesús hablaba para el pueblo, ¿verdad? Las casas eran pequeñas, y el piso era de tierra, no había ventanas; algunas casas tenían una ventanita pequeña, pero lo normal era que no había ventanas; de manera que si se caían esas monedas, había que encender la lámpara, había que prender la luz, no como ahora, que hay luz eléctrica; allá era un problema si se le caía una moneda; si se caía, quedaba en la oscuridad; eso es lo que quiere decir una moneda perdida, es una moneda en la oscuridad.

 

     Entonces dice aquí: “si pierde una dracma”; puede ser que tenga las nueve, pero si pierde una de las diez, no va a quedar contenta con las nueve que tiene, porque le falta la décima, porque la décima significa algo. No piense que porque tú eres apenas una persona, y a lo mejor quizá no seas un gran apóstol, un gran escritor, puedes pensar que tú no eres nadie; no es así. Para el Señor cada persona es importante, cada persona es de valor; para el Señor no hay montón; hay seres humanos a quienes el Señor los conoce íntima y profundamente y que los ama, que los creó para que lo reciban, lo conozcan, y participen de Su gloria; para eso creó los seres humanos. Él no quiere la muerte de ninguno, Él quiere que todos se arrepientan, y Él quiere que todos sean salvos y que todos vengan al pleno conocimiento, a la epignosis, al pleno conocimiento de la verdad; ese es el deseo de Dios para todos; no hay ninguno que pueda decir: -seguramente yo no estoy en el interés de Dios-, no; por eso nos está hablando esta parábola, para decirnos que cada uno está en el interés de Dios; Dios está interesado en ti, no pienses en otro; tú puedes ser esa moneda, allá escondida en la oscuridad, en el polvo; en ti está interesado el Señor, ¿amén?

 

     Ahora vemos que aquí empieza a decir tres cosas claves para encontrar esa moneda: la primera, enciende la lámpara. Entonces vamos a ver cuales son los medios de gracia para encontrar la moneda perdida. Primero enciende la lámpara; la lámpara en la Biblia representa dos cosas, y esas dos cosas se relacionan; por una parte, representa la palabra del Señor. Dice en el Salmo 119: Lámpara es a mis pies tu palabra, o sea que la palabra del Señor es la lámpara; pero no es la palabra muerta, la palabra sin entender, no, sino la palabra vivificada por el Espíritu; por eso también nuestro espíritu humano representa la lámpara. Dice la Biblia que el espíritu del hombre es la lámpara del Señor; o sea que lo primero para encontrar lo que está perdido, es encender la lámpara, usar Su palabra viva, revelar Su palabra en el espíritu; eso es lo primero para que alguien sea encontrado; si no, vamos a seguir en la oscuridad, no va a haber luz; para ser encontrados tiene que encenderse la luz de la Palabra y del Espíritu, eso es lo primero. Entonces dice: “¿no enciende la lámpara?”, porque esa interrogación cobija a todas estas frases.

 

Segunda: “barre la casa”; la casa puede tener un significado colegiado, como estaba orando nuestra hermana Lisbeth al principio, pero también individual. Nosotros somos cada uno, la casa del Señor; y todos juntos somos la casa del Señor, porque cada uno lo es y todos juntos lo somos con mucha más razón. Entonces primero tiene que haber un trabajo de encender la lámpara, que tiene que ver con un trabajo en el espíritu, en el interior, es decir de regeneración; y es un trabajo del Espíritu usando la iglesia, llevando la Palabra del Evangelio para que haya primero luz. ¿Qué fue lo primero que dijo el Señor cuando tuvo que componer el caos, porque había un caos? ¿Qué fue lo primero? Sea la luz; y luego: sepárese lo de arriba de lo de abajo, porque estaba todo mezclado; y entonces Él empieza a separar lo que es de arriba de lo que es de abajo, lo que es del Espíritu de lo que es de la carne, lo que es del ego, lo que es de la naturalidad, lo que es del mundo, de lo que es de Dios; lo que es santo de lo que es profano, lo que es vil de lo que es precioso. Dios tiene que hacer primero un trabajo de regenerar, y luego de santificar, de renovar. Entonces aquí estamos viendo ese trabajo del Espíritu a través del testimonio de la iglesia, buscando la persona que está perdida pero que para el Señor es valiosa. Regenerando primero, es decir, trayendo luz al espíritu, trayendo vida; si no hay luz en nuestro espíritu, seguimos perdidos; pero esa vida en el espíritu tiene que pasar al alma; entonces tiene que haber una barrida de la casa, una limpiada, una renovación; o sea, se tienen que sacar todas las cosas sucias; porque a veces recibimos al Señor, y somos regenerados, pero todavía no renovados, porque son dos cosas diferentes.

 

     Vamos a la epístola de Pablo a Tito, que nos habla de esas dos cosas. Vamos a Tito, capítulo 3. Miremos en el versículo 3, la moneda perdida, el dracma perdido. “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros”. Esa es la moneda perdida, esa es la moneda en oscuridad, debajo del polvo, en la carne, en el mundo, en la perdición, éramos. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Señor, y su amor para con los hombres”, allí es cuando Él estaba buscando con diligencia esa moneda perdida, trayéndonos la palabra de Dios, que es el evangelio, y que nos anuncia ese amor, esa obra a favor de nosotros. Entonces dice: “nos salvo, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho”; ¿qué era lo que nosotros hacíamos? Pecar, nosotros estábamos perdidos; el que buscó la moneda fue la mujer, no fue la moneda la que buscó a la mujer, fue la mujer la que buscó la moneda, es Dios el que nos buscó a nosotros a través de sus medios de gracia: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”; eso es algo jurídico, nos salvó por su misericordia; y ahora empieza lo orgánico, la operación en nuestro interior: “por el lavamiento de la regeneración”; no dice “la regeneración de lavamiento”, como si el lavamiento regenerara, sino que la regeneración lava. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que Yo os he hablado. Entonces primero viene el lavamiento de la regeneración, la palabra que limpia y que regenera, es decir, que comunica la vida divina a nuestro ser; entonces menciona primero la regeneración; la regeneración es la vida divina del Espíritu de Dios en nuestras vidas; por eso es la lámpara encendida; y dice aquí: “y”, no sólo la regeneración; “y por la renovación”; del lugar santísimo pasa al lugar santo; “y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Entonces aquí nos damos cuenta de que en un sentido inicial renovación es algo más que regeneración.

 

     Vamos a ver esa misma renovación en Romanos capítulo 12; vamos a ver esa expresión allí en Romanos capítulo 12. Dice desde el verso 2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”; o sea, la renovación es la obra del Señor en nuestra alma; quiere decir también: en nuestros pensamientos; allí es donde hay que barrer; hay que barrer en nuestros pensamientos, en nuestras emociones; allí también hay que barrer; hay que barrer en nuestras emociones y en nuestra voluntad; ahí también hay que barrer, porque primero recibimos el Espíritu en nuestro espíritu por la fe, pero esa vida viene para comenzar un proceso de renovación; porque la regeneración es en un instante; la regeneración es cuando crees en el Señor y el Espíritu del Señor vino a tu espíritu; el Espíritu de Dios entró en el tuyo, y ahí tienes un nuevo Espíritu, eres una nueva creatura, eres un hijo de Dios en el espíritu; eso es instantáneo, la regeneración sólo requiere del instante primero de la fe verdadera. Cuando de verdad crees en el Señor, ya naces de nuevo. Pero ahora la renovación es una barrida que dura todo el tiempo; es decir, ahora necesitamos ser renovados, que es distinto de regenerar; la regeneración es la vida divina en nuestro espíritu, pero que ahora es necesario que pase a nuestra alma, o sea, a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, a nuestra voluntad, o sea, a la casa; ahora viene la barrida de la casa; ¿para recuperar qué? aquello que Él aprecia, en lo cual está la imagen del dueño, ¿ven?, está la imagen del dueño. Lo que el Señor quiere recuperar es la imagen de Cristo en nosotros, porque nosotros la hemos manchado por causa del pecado; entonces tiene que haber una barrida; es decir, primero hay la encendida de la lámpara y entonces la barrida de la casa, barrer la casa; ¿para qué se barre la casa? Para que toda la mugre que está encima posiblemente de la moneda, salga, y pueda aparecer la moneda con la imagen; pero si está debajo del polvo, en la oscuridad, no se va a encontrar; entonces se tiene que encender la lámpara y se tiene que barrer; eso es lo que el Señor está haciendo.

 

Y dice más: “y busca con diligencia hasta encontrarla”. El Señor es diligente en la búsqueda; nosotros pensábamos que nosotros éramos los que buscábamos, pensábamos que nosotros éramos los buscadores, ¿verdad? A veces nos jactamos de ser creyentes. Nosotros leíamos filosofía, psicología y esoterismo, buscando la verdad, pero realmente esa hambre interna era el Señor buscándonos a nosotros; y luego tiene que barrer ese montón de porquerías con que nos atosigamos, porque el que en verdad nos busca es el Señor; Él es el que nos busca. Entonces dice:”y busca con diligencia”; ¡qué precioso es esto! dos palabras claves: buscar; o sea el Señor en verdad nos busca, en realidad le importamos a Él, de tal manera que si no nos encuentra en el lugar en que tenemos que estar, que es ahí en la mesa con los demás hijos, Él nos busca. ¿Cuándo te parece que Él ejercita la intercesión? No solamente cuando estoy bien, sino precisamente cuando estoy peor. ¿No le dijo eso el Señor a Simón?: Simón, Satanás te ha pedido, porque Satanás, para poder tocarnos, tiene que pedirle permiso al Señor; y el Señor le da permiso sólo un poquito, solamente para que nosotros reaccionemos y veamos en qué peligro estamos. Entonces le dijo: Satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo, pero yo he rogado por ti; es decir, cuando tú estás en plena zaranda, mejor dicho, con esos nervios que suben y que bajan, porque ¿saben que es zarandear? Zarandear es sacudirlo; o sea, cuando estamos en esa sacudida, que estamos para arriba y para abajo, ahí es cuando Él está intercediendo; no es cuando estás bien, cuando todo está bien contigo, tú estás orando, ayunando, estar reuniéndote, estás amando, estás sirviendo; claro que también ahí, pero cuando tú necesitas, cuando estás en el peligro, cuando estás en la prueba, cuando estás en el conflicto, ahí es que Él está cuidando de ti, ahí es que Él está intercediendo por ti, ahí es cuando Él dice: yo rogué por ti para que tu fe no falte; es decir, fíjense que a Judas Iscariote le faltó la fe y se ahorcó, se reventó, se explotó. Pedro también negó al Señor, pero el Señor intercedió para que no le falte la fe, y él venció. Entonces por eso dice la palabra del Señor: cuando vuelvas, confirma tus hermanos; o sea, Él intercedió por Pedro cuando Pedro estaba en la zaranda; dice: yo he rogado por ti que tu fe no falte; es decir, no te puede faltar la fe cuando estás en la zaranda, porque la zaranda viene para hacerte sentir tus sentimientos, como si Dios te hubiera olvidado, como si ya no hay caso contigo, esas emociones negativas, pensamientos y sentimientos negativos que el enemigo trae, es como para hacerte sentir que estás en el aire, porque como a veces te quieres guiar por los sentimientos, y los sentimientos son como el ascensor que sube y baja, que no son seguros, cuando viene el día de la prueba, la hora difícil, cuando viene la andanada de dardos de fuego del maligno y tú empiezas a desconfiar porque no puedes sentir, ahí tu fe empieza a tambalear; esa es la zaranda. Pero dice: que tu fe no falte; la fe es en la Palabra, nunca busques la fe en los sentimientos, nunca te bases en lo que sientes, sino en lo que Dios dice. Si Dios dice algo, es así, tienes que creer, resistir otro pensamiento, resistir todo sentimiento; lo que Tú dices, Dios,  es esto; y esto es lo que yo creo; porque los enemigos vienen a la mente, vienen a las emociones, vienen al sistema nervioso, viene a la piel; ahí es donde el enemigo viene; a veces viene deleitoso, y a veces viene terrible, de las dos maneras; él es terrible, él viene a matar, a robar y a destruir, él nos tiene un odio terrible. Gracias a Dios que el amor del Señor es mayor, y el poder del Señor es mayor. Pero ¿qué es lo que Él pide para mantenernos firmes y resistir? La fe, que tu fe no falte. Entonces allí es cuando el Señor intercede. Dice que El intercede por nosotros siempre; no que Él es sólo sacerdote cuando estamos bien, y luego deja de serlo cuando cometimos la falta; al contrario, es porque Él conoce que somos terriblemente falibles, más de lo que nos imaginamos, y eso es lo que vamos descubriendo a medida que caminamos con el Señor, cuán débiles somos; y entonces ahí es que Él intercede, intercede para que no nos falte la fe; la fe no en nosotros, porque nunca estaremos delante de El por la justicia propia; sino  la fe en Su amor; nunca debemos dudar de que Él nos ama, no importa lo que pensemos, no importa lo que sintamos; Él nos ama, y ahí tenemos que estar seguros, y ahí nos afirmamos, y ahí resistimos, y ahí pasa la tormenta y nos levantamos de nuevo, ¿amén hermanos? Esa es la búsqueda diligente, es el Señor buscándote a ti, donde estás, en una cueva, porque si no estuvieras en una cueva no habría que buscarte; pero a veces estamos en pozos, y Él nos busca diligentemente en el pozo, porque ¿hasta dónde Él bajó? ¿saben hasta dónde? Hasta el Seol, a llevar a los que estaban cautivos en el Seol; y predicó el evangelio a los muertos, que Él era el Mesías que todos esperaban, para sacarnos del hueco; para eso vino el Señor, amén. La búsqueda diligente del Señor nos alcanza en el hueco. ¡Dónde estaba Elías? En un hueco, huyendo, temeroso; ¿qué haces ahí Elías? Sal, sal del hueco. Lázaro ¿qué haces en la tumba? Sal fuera; y salió; eso es lo que hace el Señor, ¿qué haces tú ahí? Sal fuera del hueco, sal a la luz , levántate y ven, ¿amén? “busca con diligencia hasta…”, ¡aleluya! La búsqueda del Señor, “…hasta encontrarla”. No es como nosotros, no, no; tiro la toalla; el Señor no tira la toalla, Él busca hasta encontrar; ¿a quién? a quien ama; Él nos ama, y entonces busca hasta encontrarnos.

 

     Verso 9: “Y cuando la encuentra”, ¡aleluya! ¡Gracias a Dios! “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas”; si esta es la iglesia local, serán las otras iglesias; “y vecinas”, que podrán ser los ángeles, porque después habla de los ángeles también; “diciendo: gozaos conmigo”, ¡aleluya! Ese es el amor del Señor; todavía no estaba gozando mientras está buscando, pero Él busca hasta encontrar para poder gozarse, porque dice que El menospreció el oprobio por el gozo puesto delante de Él; Él sabía el mal que existiría si dejaba a las personas libres, pero si hacía solo títeres, ¿qué gloria habría? Entonces son libres, tanto los ángeles, como los querubines, y los hombres; y se rebeló el maligno. Él sabía el daño que habría, pero Él sabía también el gozo mayor que habría; Él sabía la terrible cantidad de aflicción, pero conoce una cantidad mayor de consuelo; si Él no permite la aflicción, no vas a conocer el consuelo; sólo porque has probado la aflicción vas a conocer el consuelo. Una persona que nunca conoce la aflicción, no conoce el consuelo, no sabe lo que es salir del fango a la Roca firme. Entonces el Señor es sabio, y a veces nos tiene que dejar un poquito conociendo lo que es el fango, para que apreciemos lo que es la Roca firme, ¿amén?

 

Gozaos conmigo”, es decir, hay que alegrarse con el Señor, con la Iglesia, que es el instrumento del Señor; gócense conmigo; es un gozo conjunto del Espíritu del Creador y de sus instrumentos, de la Iglesia, de las iglesias, de sus ángeles; gócense conmigo; qué lindo que en el reino hay gozo. Hay otro reino también, pero no hay gozo, sólo temor; aquí en este reino del Señor hay gozo; en el del Señor. “Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Precioso ¿no hermanos? Gozo en los ángeles, porque la película favorita que se ve en el cielo es lo que pasa en la tierra; no sólo la de los ángeles electos; incluso los ángeles caídos se la pasan mirando este planeta; ¿de dónde vienes Satanás? De recorrer la tierra y andar por ella. Dios también tiene siete ojos para recorrer la tierra, Dios está constantemente mirando sobre la tierra; sobre todo ¿saben qué es lo que Él mira? Nuestro corazón, eso es lo que Él mira, Él mira nuestros corazones, Él mira lo que está pasando en nuestros corazones, eso es lo que Él está mirando, lo que pasa en nuestros corazones. Lastimosamente no solamente Él ve eso; los ángeles también ven, y los demonios ven, y cuando nos “meten un gol”, ellos hacen fiesta, y los nuestros lloran; pero cuando nosotros “metemos el gol”, los nuestros hacen fiesta, y los otros se enfurecen, tiran la puerta, y hacen lo que puedan; si no te pudo matar a ti, mata al de al lado, pero te quería matar a ti, como no pudo, mató al de al lado. Yo he visto eso, accidentes aquí al frente y aquí detrás; yo sabía que era para nosotros, pero no pudo, porque el Señor nos guardó; entonces se lo hizo al otro; ese es el enemigo; el Señor nos guarde. Es como si fuésemos pescaditos en un acuario; nosotros estamos aquí en el acuario, y los otros están en la otra dimensión; el Señor que lo llena todo; Él está en todas las dimensiones, Él es omnisciente y omnipresente en todo, pero también los ángeles, que a veces vienen a ésta, lo normal es que están en la suya, y también los otros espíritus; nosotros no los podemos ver a ellos, pero ellos si nos pueden ver a nosotros, a veces hasta adivinan algo, ellos no conocen todo, por eso es que no hay que hablar de una manera errada cosas que vamos a hacer, porque vas a hacer algo para el Señor, y lo dices sin cuidado, sin la protección del Espíritu, y lo oyen los demonios, y ellos van a estorbar; entonces hay que ser muy prudentes no solamente con el mundo natural, sino con el espiritual, porque nosotros somos espectáculo. Vamos a leer esa frase allí en 1ª a los Corintios para ver ese aspecto.

 

     1ª a los Corintios capítulo 4; vamos a ver esa noción de espectáculo, vamos a leer desde el versículo 9: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido”, noten esa palabra “exhibición”, “exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte, pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo”, pero no sólo al mundo, “a los ángeles”, y entre esos hay unos que no cayeron, dos tercios, y un tercio que cayó, que también son ángeles. Por eso nuestras hermanas tienen el velo puesto por causa de los ángeles, ¿por qué? porque ellos están viendo lo que significa este mundo, ellos saben lo que significa el velo, cuando se hace con revelación; significa: yo proclamo que el reino es del Señor y me someto al Señor, y estoy bajo la cobertura del Señor. Entonces Dios te ve bajo esa cobertura y se sabe a quién tienes por rey, se sabe a quién le perteneces, y bajo quién estás cubierta, y no pueden llegar, porque tienes señal de autoridad sobre tu cabeza. Esa señal de autoridad quiere decir que reconoces la autoridad del Señor. A diferencia de los demonios que se rebelaron, la Iglesia sí lo reconoce, y las mujeres representan a la Iglesia; cuando se cubren la cabeza, están dando testimonio, están dando señal de autoridad, están mostrando que ellas reconocen un gobierno que es el Dios, y que ese gobierno es su protección, su cobertura. Pero si se actúa de una manera rebelde, descuidada, es como decir: yo no necesito cobertura: entonces le llegan directo los demonios; ese es el problema; quien no está cubierto es pasto de los demonios.

 

     Les cuento una anécdota: una vez un hermano le dijo al presbiterio, y no voy a decir el lugar, ni el nombre, sólo voy a contar el acontecimiento; dijo: ah! ya estoy cansado de que los hermanos me estén cuidando, déjenme vivir mi vida, no estén pendientes de lo que yo hago, déjenme vivir mi vida; y salió; los hermanos lo respetaron, y él salió. Tan pronto salió a la calle, vio a lo lejos una nube de demonios felices que llegaban en dirección a él, porque él dijo: déjenme vivir mi vida; entonces los demonios encontraron lugar para venir a atacarlo. Cuando él vio eso, el Señor fue misericordioso, le dejó ver lo que pasaba, salió corriendo y les dijo: hermanos, perdónenme, oren por mi y cúbranme; y fue cubierto. No piensen que el mundo maligno es inocente, es asesino, hace las peores cosas. Si tú no estás bajo la cobertura del Señor, si tú no tienes en cuenta el cuidado del Señor, la sujeción al Señor, tú sales a tu propia manera, tú te burlas de las prescripciones del Señor, tú estás saliéndote de la cobertura, estás inmediatamente expuesto o expuesta a los ataques del maligno. Cuando tú estás en sujeción al Señor, y cuando tú pronuncias la sujeción, las hermanas cuando se colocan el velo para orar están diciendo: yo le pertenezco al Señor, reconozco que Él es el Señor, es una señal de autoridad, yo estoy bajo autoridad y bajo cobertura; entonces la persona está protegida.¿ Qué pasa si un equipo de fútbol pierde cinco partidos?, ¿a quién echan? Al técnico, porque el técnico es el que dirige, el técnico es el que dice: vayan por allá, hagan ese juego así; y nunca le sale bien; entonces el general es el que lleva la cuenta, porque él es el responsable. Eso es lo que quiere decir estar bajo sujeción. Si los jugadores hicieran lo que dijo el técnico, si los soldados hicieren lo que dijo el general, entonces la responsabilidad no está en los jugadores, no está en los soldados, está en el técnico, está en el general; eso es lo que quiere decir estar bajo cobertura. Cuando tú no aceptas la cobertura del Señor, tú estás expuesto a los ataques de los espíritus; cuando tú te sometes al Señor, estás protegido por el Señor, protegida por tu marido si eres mujer, protegido por los ancianos de la iglesia si obedeces lo que ellos dicen; pero si te sales y haces lo que tú quieres en tu casa, si tú no cuentas con el cuidado de tu marido, sales y no saben para dónde, tu marido no sabe para dónde saliste, ni que hiciste, así como cuando los hijos no obedecen una prohibición del padre, quedan desprotegidos, porque existe un mundo espiritual. El Señor estableció la cobertura para la protección, ¿por qué? porque somos espectáculo y esos espectadores intervienen; los ángeles fieles intervienen a nuestro favor; se dice que son espíritus ministradores a favor de los herederos de salud, pero los que se rebelaron no están a favor, están en contra, y también intervienen, provocan accidentes, provocan cosas, y a veces Dios tiene que permitir que algo le pase a alguno de los suyos, porque no se mantuvo debajo de la cobertura, no se mantuvo debajo de la protección, salió por sí solo haciendo las cosas, como decía el verso anterior. Miremos el verso anterior aquí en 1ª a los Corintios capítulo 4, verso 8: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” Ya estamos saciados, no necesitamos a los apóstoles, no necesitamos que nos digan nada, ya estamos saciados, ya reinamos, no queremos oír opiniones, no queremos ser guardados, queremos hacer las cosas, reinar solitos, ahí es donde se abre la puerta y la brecha a los demonios. Del Libro de Crónicas, ¿qué se escribió en él? No hay el tiempo ahora por causa de la hora; pero allí se trata de cuando los demonios tienen acceso, por cuanto no hay cobertura. Cuando lean los últimos capítulos de mi libro “Aproximación a Crónicas”, los que pueden sacar fotocopia de las lecciones del libro y de los conceptos claves del libro de Crónicas, ahí van a detenerse en más detalles sobre esto que para ahora ya no tenemos tiempo, pero esto lo quise decir por causa de lo que decía esa última frase: Gozo delante de los ángeles; o sea que los ángeles son espectadores porque nosotros somos espectáculo; nosotros estamos siendo vistos por un mundo invisible, y en ese mundo invisible existe una guerra, y existe un campamento que nos cubre, y un cerco que nos cerca, como Satanás se quejaba delante de Dios porque había cercado a Job y que por eso Job lo adoraba, pero que lo dejara probar y vería como Job iba a maldecir. Hermanos, si Dios no nos tuviera cercados, ya estaríamos muertos; somos cercados, pero a veces nosotros mismos nos salimos del cerco, y Dios respeta nuestra decisión, ¿por qué? ¿saben qué, hermanos?  Con esta frase termino: El temor de Dios es la sabiduría y el principio de la sabiduría. Cuando tú respetas a Dios, y te guardas, esa es la sabiduría; y esa es la inteligencia: el apartarse del mal; el avisado ve el mal y se aparta; pero los insensatos pasan, y llevan el daño; ¿no es así? Entonces, hermanos, mejor es temer a Dios, vivir en la comunión, vivir en la sujeción mutua unos a otros, respetándonos, y así estamos protegidos, y así los “hinchas” del otro equipo no nos van a molestar; nosotros tenemos que ganar este “partido”, ya el Señor lo ganó y nos dio la victoria, y ahora nos toca a nosotros demostrar Su victoria; y esa es nuestra misión, viviendo en unión con Él. Vamos a orar al Señor.

 

Padre amado, en el nombre del Señor Jesús, te agradecemos que eres bondadoso, te agradecemos que Tú eres una cobertura verdadera, te agradecemos que nuestras hermanas no tienen sólo un trapo en la cabeza sino la cobertura del Dios Altísimo, el cerco de Dios, porque se han sometido a Ti y a tu protección. Padre, en el nombre del Señor Jesús, gracias porque nuestras hermanas representan a la Iglesia; lo que la Iglesia es, se ve en ellas; ayúdanos a ser personas que te amamos, personas que quieren vivir en el Espíritu, personas que quieren vivir en unión contigo; Tú eres el marido que te haces cargo de las cosas, déjanos vivir bajo tu regazo, bajo tu cobertura, en el nombre del Señor Jesús, amén.

 

     Puede ser que una hermana piense que su esposo no es lo suficientemente bueno, maduro, para cuidarla; pero acuérdese de que es Dios quien la está cuidando a través de su marido, no es sólo él. La Biblia dice que usted esté allí en ese lugar y que ahí Dios la protege, si usted respeta a los que Dios puso para protegerla, ¿amén? La paz del Señor sea con los hermanos.

 

Gino Iafrancesco V., 13 de mayo de 2005, localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia.

Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.

LAS CIEN OVEJAS

 

LAS CIEN OVEJAS

 

 

     Vamos a continuar con la serie de los misterios del reino de los cielos como son vistos en las parábolas del Señor Jesús. Vamos a abrir en dos lugares, hermanos, en Mateo 18 y en Lucas capítulo 15. Vamos a considerar hoy la parábola tan cercana, creo yo, a nuestros corazones, de las cien ovejas; es una parábola que aparece en Mateo 18 desde el versículo 10 hasta el versículo 14; sin embargo, aparece incrustada en un contexto especial. Ustedes se dan cuenta de que desde el versículo 1 aquí empiezan los apóstoles a pensar antes de ser, digamos, ungidos por el Espíritu Santo, cuando apenas estaban empezando a caminar con el Señor; empiezan a decir que ¿quién de ellos sería el mayor? Ellos estaban pensando en su propia grandeza, pensaban en función de su propia grandeza mundana en el reino; porque los reinos mundanos son para la grandeza de los hombres. Como dice el Señor Jesús, los que en ellos gobiernan se enseñorean sobre los demás; y los mismos apóstoles, cuando todavía no tenían el Espíritu Santo, tenían esas preocupaciones de querer mirar a los demás desde arriba, y querer ser superiores unos a los otros; y entonces, en ese contexto, el Señor les habla de ese niño pequeño, que en la tradición se dice que era Ignacio de Antioquía ese niñito; Jesús dice que si no os hacéis como uno de esos pequeñitos, no entraréis en el reino; y habla de no causar tropiezo a ninguno de esos pequeñitos; y entonces, en ese contexto del Señor presentando el contraste de ser como niños y de no causar tropiezo a los pequeños, es que el presenta, en ese contexto, según Mateo, la parábola de las cien ovejas. Y luego, si ustedes se fijan, después del verso 14, en el verso 15, dice: “Por tanto”; quiere decir que el Señor viene respondiendo a ese interés de nuestra propia grandeza, respondiendo con una invitación a ser como niños, y no causar tropiezo ni siquiera a los más pequeños; y habla de lo seriamente grave que es causar tropiezo a los pequeños. Entonces Él habla de cómo el pastor fue en busca de su oveja perdida, y como consecuencia Él habla de cómo perdonar a los hermanos, y buscar a los hermanos que han pecado, especialmente contra nosotros, aunque esa frase “contra nosotros” no figura en todos los manuscritos. De todas maneras, si pecan contra nosotros, debemos buscar al hermano, pero no para saciar nuestra venganza, ni para desahogarnos nosotros, sino para ganar al hermano; porque un pequeñito que peca, nuestro hermano que peca contra nosotros, es importante; y hay que ganar al hermano, al hermano importante que peca, y no yo, que soy el ofendido.

 

Y luego, Lucas capítulo 15 presenta esa parábola también en un contexto interesante. En el capítulo 15 aparecen tres parábolas que tratan también con el mismo principio de la oveja perdida de entre las cien, o del dracma perdido entre diez, o del hijo prodigo perdido entre dos; de cien, de diez y dos. Eran cien ovejas perdidas, eran diez dracmas perdidos, eran de dos hermanos, uno, el pródigo, que se fue a malgastar los bienes; y en ese contexto, esas tres parábolas tienen una lección semejante; pero, como es una parábola que aparece en Mateo y también en Lucas, ellas tienen unas pequeñas variantes, cositas que se acordó Mateo que no se acordó Lucas, cositas que se acordó Lucas y que no se acordó Mateo; entonces hay que unificar esas dos parábolas para tenerlas de una manera más rica.

 

     Quise antes de leerla, que pudiéramos ver el contexto en que aparece, dónde es colocada esa parábola en el contexto en que la pone Mateo, en el contexto circunstancial, y también las otras parábolas que dijo Jesús en aquella ocasión, que no mencionó Mateo, pero que registró Lucas; porque Lucas es el único que registra la parábola de los diez dracmas, y es el único que registra la famosa parábola del hijo pródigo; sólo Lucas; Mateo sólo recordó esta parábola de las cien ovejas, y no recordó el contexto en que fue dicha; pero Lucas nos recordó las otras. Hoy no vamos a detenernos en las otras, ni vamos a detenernos demasiado en el contexto, aunque lo vamos a tener en cuenta, pero principalmente vamos a detenernos en la parábola de las cien ovejas.

 

     Entonces vamos a leer integrando Mateo 18:10-14 con Lucas 15:1-7, integrando los dos testimonios, el de Mateo y el de Lucas, acerca de esta parábola de las cien ovejas: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola diciendo: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si un hombre tiene cien ovejas, si pierde y se descarría una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va por los montes tras la que se perdió, a buscar la que se había descarriado hasta encontrarla? Y si acontece que la encuentra, cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. De cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Os digo que habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. Así, no es la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Tremenda parábola; y ¡cómo se enriquece juntando los dos testimonio!

 

     En el llamado Evangelio de Tomás, que se encontró en 1945 en Nag-Hamadí, en Egipto, que contiene 114 dichos del Señor Jesús coleccionados, en el dicho o logión 107 está resumida esta parábola con las siguientes palabras: “Jesús dijo: El reino se parece a un pastor que tenía cien ovejas; una de ellas se extravió, la más gruesa (otros traducen la más grande), El dejó a las noventa y nueve y buscó aquella sola hasta que la encontró. Después de haberse fatigado dijo a la oveja: te quiero más que a las noventa y nueve”. Así es como lo cuenta el llamado evangelio de Tomás; es un recuerdo de Tomás que fue un poquito retocado por los gnósticos. Pero en Oxirrinco, que es otra ciudad más al norte, se descubrieron unos fragmentos también de estos dichos, no completos, en griego; y lo que se encontró en Nag-Hamadí es en copto, que fueron completos; los que están en copto tienen un sabor medio gnóstico, pero de todas maneras nos recuerdan estas palabras del Señor. No vamos a detenernos en la exégesis de este pasaje de Tomás; apenas lo cito como ilustración para que los hermanos lo sepan, pero vamos a detenernos en la exégesis de los pasajes que la providencia de Dios hizo canónicos en la historia de la Iglesia.

 

     Vamos a ir leyendo de nuevo, abiertos a que el Espíritu Santo nos detenga en estas frases; porque a veces, cuando vamos muy rápido, no le permitimos al Espíritu Santo tocarnos. Nunca debemos leer la palabra del Señor solamente para saber, porque así no le permitimos al Señor tocarnos. Debemos leer la palabra del Señor en oración, en su presencia, con el deseo de que su Espíritu a través de su palabra, que también es Espíritu, nos toque. La intención no es leer rápido para saber algo; ¿de qué sirve saber si no somos tocados? Lo importante es que podamos ser tocados, para que nuestro hombre interior pueda ser nutrido en el propio ser, naturaleza y Espíritu del Señor, que se ministra a nosotros a través de su palabra; entonces por eso estamos en su presencia.

 

     “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle”; ese es un buen marco para esta parábola; si esto no fuera así, esta parábola hubiera sido solamente palabras; pero antes de que estas palabras de esta parábola fueran pronunciadas, la vida que reflejaba esta parábola se manifestaba en el Señor; por eso las personas se sentían agradadas de venir al Señor, no se sentían acusadas, ni molestadas, no se sentían rechazadas, sino que tal como eran se sentían cómodas en la presencia del Señor; y acostumbraba a venir. Hendriksen, el llamado príncipe de los comentaristas de la reforma, o de los reformados, él traduce de esa manera: acostumbraban reunirse con Jesús; así traduce él: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle”; o sea, Él les hacía fácil el acercarse; no era una persona complicada como nosotros, como yo; Él hacía que las personas pudieran venir a oírle con gusto; no se sentían acusadas; se sentían más bien atraídas, porque Él estaba lleno de gracia y de verdad. La ley vino por mano de Moisés, pero la gracia, que es de lo que nos habla esta parábola, la gracia y la verdad, vinieron por medio de Cristo. No eran sólo palabras, porque Él todavía no había dicho esta parábola, y ya, como moscas estaban los publicanos y los pecadores alrededor de Él.

 

Y los fariseos y los escribas”, o sea, las personas que se sentían mejores, confiando en su propia justicia, como los escribas en su propio conocimiento, “y los fariseos y los escribas murmuraban”; el Señor transmitía gracia, pero ellos murmuraban; como en el caso del pródigo, también su hermano se enojó y no quería entrar a la fiesta. “Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe”; ellos esperaban que no los recibiera; pero Él los recibía, porque no hay otra manera de ayudarlos. “Y con ellos come. Entonces…”, o sea, en ese contexto, “Él les refirió esta parábola diciendo: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”. Uno podía preguntar: ¿quiénes son estos pequeños? Pero más adelante está diciendo que estos pequeños son los pecadores que se arrepienten; no necesariamente, en este contexto, la palabra “pequeños” se refiere a los cristianos, no; Él está defendiendo a aquellos contra los cuales ellos murmuraban: esos pecadores; y son publicanos que se dedican a extorsionar al pueblo, etc. Ustedes saben bien la historia de los publicanos; y Jesús los recibe y come con ellos; y los fariseos y escribas los menospreciaban. Como dice en uno de los profetas, que algunas personas dicen: -apártate de mí porque yo soy más santo que tú- Quizá no son las palabras, pero a veces son las actitudes. Entonces dice allí en el profeta que el Señor los avergonzará a ellos, los confundirá a ellos, y se mostrará para con aquellos que son menospreciados. Jesús está en el mismo espíritu que está en los profetas. “Mirad”, o sea que hay que poner atención, “que no menospreciéis”, no tener en poco, “a uno de éstos”, o sea, a ninguno, “a ninguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Este es uno de los versos de la colección de otros con este versículo que han dado pie para el entendimiento acerca del ángel de la guarda; porque aquí habla de sus ángeles. Ellos son pecadores, y son menospreciados, sin embargo para Dios son importantes, porque Dios los hizo a su imagen y semejanza, y pueden llegar a ser sus hijos, y algunos son sus hijos que están caídos; de manera que para Dios son de tal valor que El envía ángeles para protegerlos, para guardarlos, para guiarlos; es decir, el cielo interviene, y esos ángeles tienen un privilegio: ellos pueden ver el rostro del Señor constantemente, ellos tienen acceso a la presencia del Señor; entonces, imagínense lo importante que es este pequeño, a quien nosotros menospreciamos, cuando Dios mismo pone a su servicio ángeles; porque dice en Hebreos que los ángeles están al servicio de los que han de heredar salvación. Para los hermanos más nuevos quiero leerles ese verso para que se lo graben; está en la epístola a los Hebreos, capítulo 1 versículo 14, donde viene hablando de los ángeles y dice: “¿No son todos”, hablando de los ángeles, “espíritus ministradores”, es decir, servidores, “enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” No dice solamente que ya lo son, sino que lo serán. Claro que Dios, desde antes de la fundación del mundo, sabe quien va ser salvo en el futuro; y Él empieza a cuidarlo no solamente desde que se salva, no; Él lo cuida desde que es concebido y nace, y aún lo cuida mientras está pecando, para que el diablo no se lo mate.

 

     Hermanos, yo me acuerdo de cuando todavía no era cristiano; venía de un concierto de Rock con artistas nudistas y todo, medio locos, allá en la calle 60, en el teatro La Comedia; terminó el concierto, y venía yo bajando, y como la acera estaba ocupada, yo venía bajando por el borde de la calle; y el diablo me quiso matar; un carro se me vino por detrás a atropellarme, y yo no escuché el carro, pero en el momento en que menos me imaginé fui cambiado por la persona que iba a mi lado en la acera; yo iba por la calle; él bajó y yo subí; pero eso fue en cuestión de segundos; yo me demoro mucho en contarlo; y el carro vino y atropelló al hombre donde yo estaba, de donde yo fui sacado y él fue puesto; y él murió delante de mí; yo vi que era yo quien tenía que estar muerto; el diablo a quien quería matar a mí; y el Señor me cambió en el momento; el hombre murió, y yo me quede como grogui allí asustado, y me puse a pensar que estábamos siendo espiados, que alguien nos miraba desde otro mundo invisible; yo todavía era incrédulo, pero me di cuenta desde ese momento que éramos guardados. Entonces el Señor tiene ángeles para guardar a los pequeños; ¿eso no es muy grande? ¿Cómo vamos a menospreciar a una persona a quien Dios, para cuidarlo, le envía ángeles que tienen el privilegio de ver Su rostro? Cuando hoy en día solamente los secretarios privados pueden ver el rostro del Presidente, o de algunos de sus ministros; pero el público común difícilmente puede darles una palabra a los Presidentes o a los gobernadores o a personas prominentes de esta tierra. Así que llegar a tener el privilegio de ser alguien que tiene acceso, eso no es para cualquiera, eso es para personas recibidas por esa gran autoridad y esa gran eminencia. O sea que estos ángeles tienen acceso a la presencia de Dios, a la gloria de Dios, tienen valor ante Dios, y sin embargo Dios los pone a servir personas que nosotros menospreciamos.

 

     Una vez, cuando Pedro estaba preso, y lo querían matar, y ya habían apresado a Jacobo, y mataron a Jacobo, y ya pensaban matar a Pedro, el Señor envió a los ángeles que lo libertaran de la cárcel; y cuando él llega a tocar a la casa de la madre de Marcos, porque allí se reunían los hermanos adentro, pues ellos no se reunían con las puertas abiertas sino con las puertas cerradas, tocó Pedro la puerta, y salió Rode, aquella chica, y al escuchar a Pedro, ni siquiera le abrió, sino que salió corriendo y dijo: vino Pedro, vino Pedro. Entonces ellos no le creyeron y dijeron: -no es Pedro, sino su ángel-; por esa expresión: “su ángel”, quiere decir que la iglesia primitiva en Jerusalén participaba también de ese concepto que era normal entre los suyos, que cada persona tiene su ángel; porque ellos habían leído en Daniel que cada nación tiene su ángel; Israel tenía nada menos que a Miguel como su ángel; una virgen humilde allá en Nazareth, de la que nadie pensaba que sería alguien, el propio Gabriel fue a visitarla; y ella dijo: ¿Quién soy yo? Soy una simple chica como cualquier otra; sin embargo, Gabriel vino a visitarla; ¿se dan cuenta, hermanos? Fíjense lo que pasó con Moisés; cuando menospreciaban a Moisés, no sabían a quién estaban menospreciando; ellos le dijeron: -¿quién te puso por juez sobre nosotros?- Pero Esteban dice: -A ese puso Dios por legislador-; entonces ahí se da uno cuenta de cómo el Señor hace.

 

     Seguimos leyendo acá: “os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido…”, fíjense para qué fue que vino; Él no vino a condenar, no vino a criticar, no vino a terminar de hundir a las personas; Él sabía para qué vino. Juan y Jacobo le decían: -Señor, mira, llegamos a Samaria y no nos recibieron; ¿no quieres que así como Elías mandó a caer fuego del cielo, nosotros también hagamos lo mismo? Tenían fe hasta para hacer lo que hizo Elías. Señor, ¿quieres que lo mandemos? Menos mal que preguntaron, y el Señor les dijo: -No sabéis de que espíritu sois-. Y aquí vuelve a decir lo mismo: El Hijo del Hombre no vino para perder, sino para salvar. “El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido”. Esta es la identidad del Señor, este es el Espíritu de gracia propio del Nuevo Testamento.

 

Y entonces les llamo la atención a esta introducción: “¿Qué os parece?” Cuando te preguntan así: ¿Qué os parece? Inmediatamente tú pones atención a qué es lo que te quieren decir; porque a veces se dicen cosas, y uno las pasa por alto; entonces Él, para que no pasen por alto las cosas, les llama la atención para ver qué es lo que va a decir;  les llamó la atención para que pongan atención, para que no les pase como el agua por encima de las plumas del pato. “¿Qué hombre de vosotros…”; ustedes saben que ellos estaban allá en Israel, que era un país pastoril; “Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas”, o sea que era riquito porque tenía cien ovejas, porque aquel Urías sólo tenía una ovejita, que fue la que se le comió David; lo mandó a matar a él; pero éste tenía cien; sin embargo, aún teniendo cien, porque, fíjense, uno puede pensar: si fuera una sola oveja, por ser la única oveja de la cría, porque era la única por eso la quería; pero el Señor quiere mostrar que Él quiere a todos; y no sólo puso una, sino que puso una entre cien; cien ovejas para el contexto de ellos allá en Israel era mucho; una persona que tenía cien ovejas era una persona rica en ese contexto; y aún teniendo cien ovejas, si son ricos, ni se dan cuenta de que tienen una oveja menos o no. Cuántos de los mayordomos se comen los carneros del dueño, y el dueño ni sabe cuantas vacas tiene, ni cuantos carneros, ni caballos; no sabe, ni le importa. Pero aquí a éste le importa cada uno; por eso les llamo la atención al contraste de cien por uno. Cada una de esas cien es valiosa, cada una de ellas puede ser esta oveja que se perdió; o sea, todas las cien son importantes.

 

Si un hombre tiene cien ovejas, si pierde, y se descarría una de ellas…”; el Señor diciendo: -pónganse en mi lugar-, “¿no deja las noventa y nueve en el desierto y va por los montes tras la que se perdió?” Aquí el Señor no está poniendo muchas prioridades, porque ellas no se van a perder, ellas no necesitan de arrepentimiento, ellas son justas, un justo no necesita de arrepentimiento; Yo no vine a llamar justos, dice el Señor, sino a pecadores; o sea que el Señor aquí nos está llamando la atención a la carga que Él tiene por los que están perdidos, o por los hijos que están apartados, ya sea perdida o descarriada; perdida es que nunca se salvó, y descarriada es que siendo salva se fue a vivir al mundo, ya sea que fue débil, o que el diablo le puso una trampa, o cualquier cosa que le haya sucedido, sea la que sea, de todas maneras se descarrió; y dice acá: “¿no deja las noventa y nueve en el desierto?” ¿por qué? porque la urgencia es por ésta; la urgencia es con la que está descarriada; la urgencia es con la que está perdida; no es que el Señor no ame a las noventa y nueve, sólo que las noventa y nueve ya están a salvo, ya están seguras, no están en peligro, están en la vida normal, están disfrutando de los pastos, están disfrutando de las aguas, están lejos de las fieras, están protegidas, están bajo el pastor y los que trabajan para el pastor; porque si son cien ovejas, tiene que ser alguien que contrata quien le ayude; pero la número cien no estaba protegida; puede ser que tuviera hambre, que tuviera sed, que tuviera frío, que los lobos, o los leones, o los jaguares, o los pumas se la vayan a comer, o los ladrones se la vayan a robar, o a esquilmar y a comer también. Entonces hay una urgencia que el Señor quiere despertar aquí también en nuestros corazones; nosotros a veces pensamos sólo en las noventa y nueve, pero el Señor quiere que nos acordemos de la número cien, el Señor está pensando en la cien.

 

     El hermano Rick Joyner decía que si un padre se sienta en una mesa con sus hijos, y falta un hijo, por el puesto de un hijo que está vacío, su alegría no es completa; claro que él tiene alegría con los demás, él no está menospreciando a los otros, los otros también valen para él; si fueran los otros los que se perdieran, sentiría lo mismo por ellos; pero gracias a Dios que esos noventa y nueve están bien; pero ese puesto vacío no permite que su corazón esté tranquilo. De manera que si nuestro Padre no tiene el corazón tranquilo porque le falta uno de sus hijos, ¿cómo nosotros podemos tenerlo tranquilo? No podemos tenerlo tranquilo, debemos estar pensando en aquellos por los que el Señor está preocupado, cargado; orar por los que se han apartado, o por los que no han llegado, ni se han decidido. Entonces por eso dice así: “¿no deja las noventa y nueve en el desierto y va por los montes tras la que se perdió, a buscar la que se había descarriado hasta encontrarla?” O sea que el objetivo no es hacer el papel de que va por ahí, y como no es el dueño, se hace el que estuvo buscando por allá, y luego viene a cobrar por adelantado, y dice: son trescientos dólares; porque el asalariado hace eso, ¿verdad? Pero aquí dice: “hasta encontrarla”; el objetivo era encontrarla, salió a encontrarla, como decía en el llamado Evangelio de Tomás, fatigándose por ella. Y dice: “y si acontece”, y esta es la parte que a mí me deja preocupado, que aquí el Señor puso un condicional; hay casos en que no se cumple la condición, y la oveja no se deja encontrar, o se la comieron los lobos, o quién sabe qué; pero dice: “Y si acontece que la encuentra”, o sea que podría acontecer que no la encuentrase; ¡que triste es eso! Pero si el Señor dijo “si”, le pone una situación condicional, “si acontece que la encuentra”, es decir, no se ahogó, no se la robaron, no murió, no se la comieron, la encontró, como dice el canto: gimiendo y llorando de frío, pero la encontró, la cargó en sus hombros y al redil volvió, ¿amén?

 

Sigue diciendo: “Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;” todos recuerdan aquella persona que veía en la arena siempre dos pares de huellas, y una vez no vio si una, y dijo: -Señor, pero aquí me dejaste solo, justo cuando estaba en el mayor problema me dejaste solo; Él dice: -no, no, ahí fue que te puse en mis hombros, por eso donde están mis huellas, no son tus huellas, sino mis huellas. Cuando pensaba que lo había dejado solo era cuando estaba más seguro, sobre los hombros; ahí era que estaba seguro, cuando parecía que estaba solo, ahí estaba en los hombros y no estaba en la tierra. Qué misericordioso el Señor, la había podido traer caminando, ah! se me escapó, ahora vas a ver, te voy a llevar a rejo; nada de eso, qué comprensivo, se puso en el lugar de ella, ¿cómo va a caminar si no ha comido, si está asustada? hay que tranquilizarla; y se la puso en los hombros, así como las dos piedras de ónice con las tribus de Israel sobre los hombros del sumo sacerdote, se la puso sobre los hombros, y no dice: “triste”, sino “gozoso”; el Señor llevando el peso gozoso de su oveja; ella ya no estaba sufriendo, pero Él gozoso se la pudo poner a los hombros porque la encontró.

 

     Y dice: “Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos”; yo pienso que aquí, como Él después lo explicó, de cierto os digo que hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por muchos justos que no necesitan arrepentirse, ya están en paz de Dios; entonces yo pienso que estos vecinos y amigos se refieren a los ángeles; hay más vecinos que los ángeles, que son los arcángeles; y unos más vecinos que son los querubines; y unos más vecinos que son los serafines. No piensan ustedes que los serafines no se van a alegrar también por las ovejas; ellos también conocen al Señor, ellos saben quien es Él. Santo, Santo, Santo, llenos están los cielos y la tierra de Tu gloria, como cantamos. Entonces sus vecinos y amigos son convidados por el Señor para alegrarse por haber encontrado esa ovejita, ¡qué cosa preciosa! “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”, ¡qué precioso! Por eso hay gozo celestial. Yo digo a los hermanos que nosotros tenemos una barra de fans a nuestro favor en el otro lado, en el mundo invisible; cuando logramos superar nuestros problemas, cuando logramos volver al seno de nuestro Señor, arrepentidos y perdonados, hay un gozo tremendo; y hay una palpitación terrible cuando estamos alejados. Es como cuando están viendo un partido de fútbol, los seguidores de un equipo; cuando le meten gol a su equipo, que cosa terrible, muchos se mueren del corazón viendo fútbol porque su equipo pierde; pero nosotros tenemos nuestros torcedores, y el diablo tiene los de él, los demonios; cuando logran hacernos caer, ellos se alegran y nuestro Señor llora y los ángeles; pero cuando somos encontrados y volvemos a estar sobre sus hombros, ya estamos en el redil, entonces ahí se alegran el Señor y nuestros torcedores angélicos del mundo invisible. Entonces dice: “De cierto”, eso es verdad, cuando El dice: amén; esa es la palabra que se traduce: en verdad o de cierto, amén, así es.

 

     “De cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron”. No quiere decir que entonces vamos a descarriarnos para que Él se goce, no, claro que no; Él se goza de encontrarnos, Él nos salvó. Una hermana, que antes de ser cristiana era una bruja y hacía “trabajos”, como dicen ellos, terribles, era terrible, terrible. Alguien una vez le predicó y le dijo: El Señor Jesús no te va a dejar; y dice ella que por todas partes donde ella iba, iba el Señor Jesús; sólo ella lo veía, pero iba con ella; se subía al bus, y el Señor Jesús con ella; se bajaba del bus, y el Señor Jesús detrás de ella; llegaba a la casa, y el Señor entraba; no le hablaba nada, pero detrás de ella; ella asombrada; ella era una bruja, y las brujas pueden ver el mundo invisible, ver demonios, pero ella veía al Señor Jesús detrás de ella. Ella hoy es la esposa de uno de los ancianos de la iglesia en Curitiba, una hermana queridísima hoy en día, y era tremenda, y el Señor detrás de ella. Este hermano le habló del evangelio y le dijo: El Señor no te va a dejar; el Señor le cumplió, y ella lo podía ver detrás de ella todo el tiempo; Él no le hablaba nada, pero ella percibía el cuidado del Señor acompañándola a donde fuera. Entonces ella empezó a hablarle: -ahora vas a ir a mi casa; mi casa es un desastre; me peleé con mi esposo, hace tiempo no habló con él-. Y el Señor la oía, y ella le contaba todas las cosas; y un día dice que el Señor le dio una visión, que ella estaba en un pozo, y que la única manera de salir del pozo era que se agarrara de Él; y ella extendió los brazos desde el pozo,  ella no dijo: Señor, sólo lo recibió; nada técnico sino espiritual; y dice que el Señor la tomó en sus brazos, la tomó con gran alegría, como quien dice: te salvé. Hoy es una hermana queridísima; su esposo después recibió al Señor y son ancianos en la iglesia en Curitiba. Cosas preciosísimas, porque es verdad que el Señor salva, y dice: “os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

 

Miremos aquí una frase muy importante; me perdonarán los híper-calvinistas; pero da de frente contra el hiper-calvinismo; algunos hablan de una predestinación en la que Dios no quiere sino la salvación de algunos; pero aquí el Señor dice: “Así”, esa es palabra máxima del Señor Jesús; Dios dijo: “A Él oíd”, al Hijo es al que hay que oír; “Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Porque algunas personas se han ido al extremo del híper-calvinismo de la predestinación; ellos piensan: nosotros, la raza blanca, los ingleses, los holandeses, nosotros somos predestinados; pero esos negros del África, esos son predestinados a la perdición; y algunos actúan como si hubiera personas de las cuales Dios no quiere que se salven; pero ¿qué dice el Señor Jesús? No es la voluntad de vuestro Padre que se pierda uno de estos pequeños. Como dice también en otros lugares con toda claridad: Dios no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta y viva. Entonces nunca podemos pretender decir que si alguien no se salvó es porque Dios no quería; no, Dios no quiere que alguno perezca, Dios quiere que todos sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad; así le escribe Pablo a Timoteo, así escribe también Pedro en la segunda carta, Dios no quiere que alguno perezca; lo dice Pablo: Dios quiere que todos sean salvos, que todo hombre sea salvo, las mujeres también, los niños también, todo hombre se refiere a todo ser humano, que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Nosotros tenemos que tener esa claridad. Dios quiere que todos sean salvos; nunca debemos decir, ah! a ese no le predico porque a lo mejor no está predestinado para la gloria sino para el infierno, a él no le voy a predicar, por algo no tengo ganas de predicarle. No, hermano, eso no es así; cada persona que vemos Dios quiere salvarla; nunca debemos mirar a nadie como si Dios no quisiera; no es la voluntad del Padre que se pierda ninguno de los pequeños; dice que Él no quiere que alguno perezca, Él quiere que todos sean salvos; y nosotros tenemos que tener esa certeza, no mirar a nadie como si nosotros supiéramos los que están en el libro de la vida y encontramos que faltaban fulanos y fulanos; no, el Señor dijo: vayan y prediquen a toda creatura; a toda creatura hay que predicarle el evangelio; hay que ir a cualquier hueco porque Dios valora cualquier persona.

 

       Hermanos, a veces uno no conoce lo preciosas que son las personas, y las menosprecia, hasta que el Señor te muestra la belleza espiritual en las personas. Yo recuerdo una vez como el Señor me avergonzó; estábamos en una reunión con la iglesia en Guarujá; era la primera vez que iba a Guarujá, en el Estado de San Pablo, en la costa, en el año de 1980, la primera vez que fui a Guarujá; había varios hermanos, y había un hermanito ahí de esos que juegan pelota, un muchacho de esos peloteros, sentado en un banquito, y estábamos todos hablando del Señor; y el Señor me mostró Su presencia en ese muchacho; el Señor me lo quiso mostrar para que yo no lo menospreciara; me quiso mostrar que el que en lo exterior me parecía el menos valioso, del que menos uno pensaría algo, el Señor me mostró lo precioso que era para Él, como para corregir mi corazón, para que yo no estuviera pensando mal. Y en otra ocasión y lugar también me corrigió el Señor. Nosotros pensamos saber dirigir la alabanza, tenemos los cantos bonitos, vamos a cantar en espíritu y en verdad, vamos a conducir a la iglesia en adoración; y por allá había un hermano que interrumpía la alabanza y decía: cantemos: ven pecador a Jesús; y con cánticos que no tenían nada que ver con el momento, todo en la carne; y cuando yo lo iba a corregir, el Señor instantáneamente me corrigió a mí primero; yo me demoro más contándolo; cuando el Señor te hace entender, lo entiendes ya; entendió, ya entendió. Me hizo entender esto: -Yo no lo estoy mirando a él como tú lo miras; tú no sabes que Yo los miro a todos a través de la sangre de mi Hijo, y Yo no recibo nada de ustedes, sino a través de Su sangre; él se está expresando de esa manera como él es; es lo mejor que él puede hacer; pero no es en los méritos de él que le he recibido, sino por los méritos de la sangre de mi Hijo que lo he recibido-; y no porque nosotros sí sabemos cantar bien bonito, bien ungido, que lo hemos recibido, no, igual que él somos recibidos por la sangre de Cristo.

 

     Me hizo recordar mis hijos: la mayor, Silvana, la más grande, lógicamente que ella pinta muy bonito; y la más chiquita viene con un garabato y me lo muestra; pero yo me alegro con ese garabato, es lo mejor que pudo hacer, era pequeñita e hizo un garabato, yo recibo ese garabato con alegría, tengo una colección de garabatos. Entonces el Señor recibe a través de la sangre de Cristo; nunca nosotros venimos porque somos mejor que los otros y sabemos más que los otros; ah, nosotros sí sabemos y los otros no saben; nunca venimos por nuestros méritos; somos recibidos por la sangre de Cristo igual que todos, porque Dios recibe a todos por medio de esa sangre, y no podemos menospreciar a ninguno. Ay! ay! somos corregidos. Una vez el Señor me tuvo que dar una palmada en la mano por causa de pretender, yo soy aquí el maestro, los otros son las ovejitas que están aprendiendo; ay! ay! ay! Soy apenas un sirviente del verdadero pastor, ¿entienden, hermanos? “No es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños” Permítanme unos minutos más, hermanos. Hemos terminado la lectura de la parábola, pero quiero que nos detengamos ahora en el contexto de la parábola ahora sí.

 

     Vamos a Mateo 18 y veamos que esa parábola está en el corazón de una serie de enseñanzas; la parábola está en el capítulo 18, entre el verso 10 y el 14, pero el capítulo tiene 35 versículos; antes del verso 10 hay 9 versos; y del 15 al 35 hay 26 versos; y miren de qué habla antes, de lo que estábamos diciendo: Quién es el mayor, la pregunta es: ¿quién es el más importante? Esa es la preocupación de nosotros; sentimos: aquí el más importante soy yo, a quien se debe la pleitesía y el honor es a mí; así es que actuamos nosotros; y luego el Señor les habla de las ocasiones de caer, y luego les habla de los dos deudores, de la necesidad de perdonar y cómo se debe perdonar al hermano; entonces este es el contexto de esta parábola. Esta parábola está en el corazón de estos temas, porque no es una parábola aislada, aino que es una parábola que está en el corazón de estos temas, porque esta parábola ilustra estos temas.

 

     Entonces leamos desde el verso 1 de Mateo 18: “En aquel tiempo”; ahí está, esa sola frase está ubicando el contexto de la misma parábola en la tierra, en aquel tiempo; acababa de anunciar su muerte; luego había hecho un milagro para pagar el impuesto; y ellos, como si no les hubiera hablado de la muerte, como que no entendieron, les acababa de anunciar, mírenlo ahí en el capítulo 17, versos 22 y 23, les anuncia que va a morir, y ellos están como cuando uno no tiene interés en algo, como que no se da cuenta sino de lo que a uno le gusta. Cuando uno no tiene interés en algo, no se da cuenta de lo que se dijo; y Jesús les habló de su muerte y ellos estaban pensando quien era el mayor, imagínense; están tan cegados por sus intereses que el Señor hablando de que iba a morir y ellos ni se daban cuenta; ellos pensaban que eso era quizás otra parábola; llegar a Jerusalén y allí agarraba a Herodes por el cogote, y después los iba a poner a ellos de Ministros, ¿verdad? Eso era lo que estaban pensando.

 

     “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” Ellos pensando en el mayor, y el Señor empieza a hablar de los pequeños, porque al Señor le importa lo que es pequeño, mas nosotros miramos por lo grande. “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños…”, y aquí hay dos verbos: el primero tiene que ver con conversión y el segundo con compromiso para crecimiento. “Si no os volvéis”, eso es convertirse, “y os hacéis”, compromiso; una cosa es que el Señor nos haga, y eso tiene que ver con la conversión; cuando Jeremías le dice al Señor: conviérteme y seré convertido; nadie se puede convertir solo; para poder volverse, uno tiene que ser ayudado por el Señor; entonces aquí es el Señor en nosotros, Cristo en mi el que me dio por gracia la capacidad para poder elegir;  aquí uno tiene que tomar una decisión: hacerse niño; hay que volverse de lo que uno es; estaba buscando grandeza, estaba buscando ser el primero, pero ahora se trata de hacerse, tomar la decisión: Señor, yo quiero hacerme pequeño, yo quiero tener en cuenta a los pequeños, quiero estar con los pequeños, porque en verdad yo soy un pequeño; hacerse como niños. “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis…”; y aquí esta palabra que aparece: “no”, aquí aparece simple; pero cuando tú vas al griego, usas dos negatividades para decir: de ninguna manera entraréis en el reino; no solamente ese no que son dos letricas que casi no las vimos; en el griego es más enfático; no dice “no”, sino “de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos”; o sea que para participar en el Milenio hay que convertirse y hacerse niño; es decir, despojarnos de toda grandeza, de toda pretensión, de toda exigencia y hacernos niños. Hermanos, ¡qué cosa es el reino de los cielos! Si no os volvéis y os hacéis como niños no entraréis, de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos.

 

     Verso 4: “Así que, cualquiera…”, y esto es para cualquiera, no es para algunos en especial, no, esto es para toda la iglesia, más adelante, en el 18, va a incluir a toda la iglesia; aquí ya empezó a incluirla: “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”, o sea que la grandeza en el reino de los cielos es la humildad, la simplicidad, es hacerse niño, es confiar, es no pretender cosas; esa es la grandeza. “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mi me recibe”; o sea, el Señor envía como embajadores de Él mismo a los más pequeños. Cualquiera que recibe a un niño como éste, en mi nombre, es decir, póngale cuidado a los pequeñitos, Dios puede estarte hablando por un pequeñito; a veces uno no se da cuenta de que está rechazando al mismo Señor; por eso tenemos que ejercer una vigilancia constante sobre nuestro propio corazón, sobre nuestras maneras, sobre nuestras pretensiones, porque el que recibe a un pequeñito en el nombre del Señor está recibiendo al mismo Señor; el Señor se deja representar por los más pequeñitos. Uno dice: no, si no va fulano, no voy, porque el único que me entiende es él; no es así; el Señor, hasta al más pequeñito le da Su nombre; lo que digas en mi nombre será hecho; lo que atéis será atado y lo que desatéis será desatado, ¡qué cosa! El Señor haciéndose representar por los más pequeñitos, honrando a los pequeños, como el mismo Juan Bautista tenía que anunciar. El hacha ya está puesta, así que los montes se tienen que bajar, los valles tienen que subir; era la aplanadora del Señor, anunciando la aplanadora que es el mismo Señor.

 

Y en ese contexto, “Y”, fíjense en el verso 6, porque como las Sociedades Bíblicas le pusieron ese titulito, uno a veces piensa que la perícopa ya se acabó, pero no; aquí “Y” es la continuidad: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mi, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno”; la piedra de molino de asno se refería a piedras que eran tan pesadas que los hombres no las podían mover, la tenían que mover los asnos. Es mejor, y la palabra más exacta, es preferible, que le pongan en el cuello, en el pescuezo, alrededor, en el perímetro de la traquea, una piedra de molino de la que mueven los asnos, que no hacer tropezar a un pequeñito; porque irse al fondo del mar es una cosa, pero irse a la gehena es otra peor, ¿verdad? Entonces dice: “Mejor” o sea, “preferible le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay” este ¡ay, “¡Ay del mundo por los tropiezos!”; la palabra tropiezo aquí es escándalo; el mundo a veces no solamente inconscientemente, sino a propósito, escandaliza; no sólo el diablo; ya sabemos que el diablo está condenado, y él lo que quiere es condenar a los más que puede con él; pero seres humanos a veces hacen cosas a propósito para destruir al otro; es terrible. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Y luego dice: “porque es necesario que vengan tropiezos”, escándalos; el Señor sí permitió el período del mundo, y permitió que su propio Hijo fuera probado, y su Hijo venció a Satanás; ahora Él va a permitir que nosotros seamos probados, para que la victoria de Cristo en nosotros se demuestre como verdadera; entonces Él va a permitir los tropiezos, las tribulaciones y las pruebas. Por eso, de esa manera San Pablo consolaba a las iglesias: Es necesario, no sólo opcional, es necesario que a través de muchas, no solamente ésta, sino muchas otras, muchas tribulaciones entremos en el reino. Es necesario que haya tribulación y es necesario que enfrentemos distintas pruebas y que vencemos diferentes tropiezos y escándalos; es necesario que vengan estas cosas. Por eso dice aquí: “Es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre…”. Y yo pienso que aquí hay que poner también a las hermanas, las mujeres, los niños, los viejos, al ser humano; es decir, debemos hacer lo absoluto para no poner tropiezo; a veces podemos ser tropiezo sin quererlo, pero ay de aquel que a propósito hace algo para causar tropiezo, para causar escándalo; Dios nos guarde, hermanos, nos guarde, porque mejor sería que nos pongan esa piedra de molino y nos manden al fondo del mar; en estos tiempos es así, están ofreciendo drogas a los niños en los colegios, les dan un caramelo con droga para enviciarlo; si no, tú vas a abrir el computador en algo y te sale una mujer desnuda, a propósito; ¿no es así? a propósito lo hacen, gente que hace a propósito las cosas; se le obliga a los amigos a tomar, tienes que tomarte este aguardiente, y se lo embuten por la nariz, ¡terrible! Son maldades que se hacen a propósito. Entonces dice aquí: “¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer…”, o sea que ni siquiera tienes que ponerte tropiezo a ti mismo, ni mucho menos a otros, porque no eres tuyo, le perteneces a Dios. “Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno”, o sea, en la gehena; aquí puede ser, si es creyente, el daño de la muerte segunda temporalmente; y si es un impío entonces es eónico, se le echa en el fuego eónico. “Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”. Aquí la palabra es gehena.

 

Entonces, hermanos, aquí está hablando de lo drásticos que tenemos que ser con nosotros mismos; este corte es del que habla Colosenses capítulo 2; es la circuncisión del corazón, y esto no es solamente la parte física, porque si a ti te quitan la mano física, pero el corazón sigue siendo ladrón, y el ojo sigue siendo adúltero o perverso, ¿de qué sirve que le quiten la mano física si su corazón no ha sido circuncidado? Este corte no es solamente un asunto exterior sino principalmente en la cruz; la cruz es lo único que nos separa de nuestro propio tropiezo; sólo abrazar la cruz de todo corazón va a aplicar ese corte en nuestros ojos, en nuestras manos, en nuestros pies, para que no nos vayamos donde no nos tengamos que ir, ni agarremos lo que no tenemos que agarrar, ni miremos lo que no tenemos que mirar; tenemos que cortarlo, cortarnos a nosotros mismos, abrazar la cruz que nos corte lo más profundo para no ponernos tropiezo a nosotros mismos ni a otros. Yo creo, hermanos, que abrazando la cruz podemos hacer mucho bien; pero si no, podemos hacer mucho mal, y podemos escandalizar a muchos, y evitar que muchos reciban al Señor, o crezcan en el Señor. Esto es para detenernos para pensar. Gracias al Señor que nos da esta oportunidad de encarar sus palabras para que ellas nos ayuden; ¡amén, hermanos! Entonces en ese contexto es que habla de la parábola.

 

Pero luego fíjense que en el verso 15; después de la parábola de las cien ovejas, dice: “Por tanto”, es decir, no podemos menospreciar a un pequeñito; por lo tanto, no podemos escandalizarlo, ni siquiera a nosotros mismos; y por tanto es que en la vida de la iglesia tenemos que buscar que cada hermano sea restaurado. Ese “por tanto” es que no está aislando esas instancias que el Señor establece aquí, no; es para nosotros, es para cumplir la parábola de lo importante que es cada pequeño. Entonces dice: “por tanto”, o sea que esta parábola tiene consecuencias y esa consecuencia es en la vida práctica, en las relaciones de los miembros de la iglesia. Esa parábola no es solamente: yo era la oveja perdida y me salvó, qué lindo. No sólo eso, sino que tu hermano puede ser la oveja y tú tienes que cuidar a tu hermano. Si tu hermano pecó contra ti, no te preocupes porque pecó contra ti, preocúpate del problema que se le viene a tu hermano si no arregla su problema; no es para tú estar en paz; es para que al otro no le venga la cosa. Entonces dice allí: “Si tu hermano peca”, y algunos manuscritos añaden “contra ti”, otros no, no sabemos, pero ya sea que lo diga explícitamente o tácitamente, el contexto lo implica; entonces vamos a decir: contra ti; “ve”, tú, no es que eso no tiene que ver conmigo, él pecó, eso es problema de él; no, no es sólo problema de él, es problema tuyo, tú tienes que ir a hablar con él, y en privado; no vayas a tratar esto en público, no vas a avergonzarlo en público, ni vas a ir a otro, sino a él mismo, “ve y repréndele, estando tú y él solos”; solos los dos; los problemas no son para el público, nuestros problemas son sólo nuestros; si pecamos contra el Señor, es con Él; si pecaste contra alguien, es con esa persona; si la persona pecó contra ti, tienes que ir a esa persona y a solas; eso no se tiene que tratar fuera de esa instancia; es a solas; y ¿qué hay que hacer? “has ganado a tu hermano”; o sea que lo importante era ganarlo, o sea que no le venga algo peor a esa persona; hay que ganar a esa persona; lo importante no es desahogarme yo; lo importante es que el otro sea ganado porque se metió en un problema grave al pecar contra un pequeñito; porque lo que hacemos a un hijo o a una hija de Dios, a Cristo se lo hacemos. Entonces por eso dice allí: “Mas si no te oyere”, es decir, si la persona insiste en ser solamente externa, no ha sido tocada en su espíritu, no ha percibido la magnitud del pecado que ha hecho, ni del peligro en que está, entonces dice: “toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres”; uno o dos; tú eres el que decides si llevas a uno, o si llevas a dos, para que sean dos o tres contigo; no dice que tiene que ser uno, ni que tienen que ser dos; a veces puede ser uno para que contigo sean dos; o pueden ser dos para que contigo sean tres; eres tú el que debes decidir; sólo después de tratar las cosas en privado, sólo después, cuando no ha habido realmente una conciencia clara, un arrepentimiento y un pedir perdón, entonces “testigos”, personas que conocen la realidad del asunto, “que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”, es decir, todo rhema, todo asunto; dos o tres testigos.

 

     Verso 17: “Si”, tercera instancia es la última instancia, hermanos, el Señor estableció sólo tres instancias: la privada; segundo, la instancia de los amigos íntimos, cercanos, que conocen la cosa; y tercero, la iglesia de su localidad; ahí se acaba todo; de ahí no tiene que salir; última instancia: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia”, es decir, a la iglesia en su localidad, no a la iglesia universal, ni de todos los siglos, ni de todos los países, sino a la iglesia en donde tú vives, “dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia…”, miren que delicado es no oír a la iglesia: “tenle por gentil y publicano”. ¿Qué relación tiene la iglesia con “gentil y publicano”? No, no lo condena, no lo manda al infierno, no lo decapita; simplemente guarda distancia, porque sabe que es una persona que está actuando impíamente; pero si una persona no oye a la iglesia, la iglesia guarda distancia de esa persona de la misma manera que lo hace con un gentil, como si fuera uno del mundo; no se le pueden confiar las cosas de la iglesia; la iglesia se guarda; por eso la iglesia no come con aquellos que llamándose hermanos son borrachos, ladrones, y esas cosas.

 

     Verso 18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra”, aquí esta traducción dice: “será atado en el cielo”; la traducción más exacta es “ha sido atado en el cielo”; o sea que los cielos son los que ponen el sentir en esos dos o tres, o en la iglesia, para pronunciar una sentencia por una situación difícil. La cosa es así, y en ese caso no podemos tratar más con esa persona, tenemos que dejar a la persona que siga su propio camino; eso es delicado; “lo que atéis habrá sido atado en el cielo y todo lo que desatéis en la tierra, o desliguéis, habrá sido desligado en el cielo”; o sea que hay una relación entre el cielo y la tierra. Cuando un grupo de hermanos, de los ancianos, o de dos o tres testigos, están examinando una situación con imparcialidad, con temor de Dios, no representando el sentido del lado A ni del lado B, sino el sentir del Espíritu, y cuando el Espíritu pone ese sentir, nos damos cuenta de que fue el Espíritu el que puso en la iglesia el sentir; entonces la iglesia se pronuncia; no sólo se pronunciaron los hombres; el cielo se pronunció a través de la iglesia. “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo”; esa palabra “de acuerdo” es la palabra “sinfonía” en el griego; o sea, sinfonía es cuando hay el acuerdo de varios instrumentos que a una voz están dando una melodía acorde, ordenada, bonita; entonces ponerse de acuerdo es como una sinfonía, cuando hay el mismo sentir entre los santos sobre un asunto, no es sólo los santos los que están hablando, es el testimonio del propio Espíritu Santo de Dios hablando a través de los hermanos; por eso nunca debemos procurar hablar sino lo que el Espíritu Santo diga, nunca tenemos que actuar en función de nuestras propias afinidades naturales; nosotros podemos tener afinidades naturales, podemos tener inclinaciones naturales. Estas personas me gustan más, son mis amigas; estas personas me son antipáticas, éstas me son simpáticas; nunca la naturalidad es buena consejera; tenemos que renunciar a nosotros mismos; puede ser nuestra madre, nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hijos, los parientes, los que sean; pero si está fuera del Señor, hay que decir, está errado. Hubo un rey que fue aprobado por Dios porque incluso a su propia madre la sacó del palacio por idólatra; el rey Asa; ustedes lo pueden ver en el libro de Reyes. El Señor Jesús nunca se guiaba en los asuntos en un plano de la naturaleza. Cuando le dijeron: -Bienaventurados los pechos que mamaste y el vientre que te trajo-, ay!  Él Señor dijo: antes que eso, bienaventurados los que oyen la palabra y la guardan; eso es más importante que mi propia madre. Otra vez le dijeron: -Señor, tu madre y tus hermanos te necesitan allí en la puerta-. El respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Estos, los que hacen la voluntad de Dios, esos son mi madre y mis hermanos; nunca tenemos que resolver los asunto en base a cosas naturales, porque somos parientes, porque somos amigos, nada de eso; nunca tenemos que andar en el plano natural. Las emociones en el plano natural son usadas por Satanás.

 

     Una vez vino Pedro en el plano natural a defender a Jesús. Señor, pobrecito mi Señor, ¿qué te va a pasar allá en Jerusalén? Tú no vas a ir a Jerusalén a la cruz. Y el Señor no dijo: ay Pedro, como me quieres, como me amas, nada de eso. Le dijo: apártate de mi Satanás porque me eres tropiezo; le era tropiezo por medio de emociones humanas, por medio de un compañerismo en la carne; Satanás usa los compañerismos en la carne para ponernos tropiezo, para enredarnos más, por eso nunca debemos actuar en la carne, porque entonces no vamos a representar al Espíritu; tenemos que negarnos a nosotros mismos para que el Espíritu nos pueda dar el discernimiento real de la cosa y poder pronunciarnos en el nombre del Señor, ¿amén, hermanos? Nunca debemos entrar en la batahola, en el remolino de las emociones; debemos frenar, y abrazar la cruz, despojarnos de todo afecto o desafecto, simpatía o antipatía natural; negarnos a nosotros mismos y decir: -Señor, tú ves las cosas-; y ser absolutamente honestos consigo mismos y honestos con las personas, y pronunciarse en el nombre del Señor. Cuando el Señor puede expresarse a través de dos o tres, lo que ellos atan ha sido atado en el cielo; lo que ellos desatan ha sido desatado en el cielo; cuánto más cuando no sólo dos o tres, sino la iglesia en general expresa su sentir verdadero. Por eso, hermanos, tenemos que preocuparnos cuando la iglesia siente algo, cuando ofendemos a la iglesia, cuando entristecemos a la iglesia; es cosa de preocupación; no debemos justificarnos a nosotros mismos, debemos preocuparnos si la iglesia fue entristecida, porque la iglesia es la última instancia en la tierra; ya no hay otra apelación, sólo el tribunal de Cristo; eso es cuando Él venga. La última instancia de apelación en la tierra es la iglesia en el Espíritu; la iglesia no andando en sus afinidades o desafinidades naturales, sino que cuando en el Espíritu se pronuncia fue el atar o el desatar del Señor, ligar o desligar. Por eso el Señor, cuando sopló el Espíritu cuando resucitó, les dijo al final: Recibid el Espíritu; lo que remitiereis será remitido; lo que retuviereis será retenido. Como la iglesia se da cuenta de que no ha habido un sincero arrepentimiento, la iglesia retiene. Dice: esta persona está jugando, esta persona está solamente queriendo salirse con la suya; cuando la iglesia retiene, el cielo retiene. Cuando la iglesia ve que hubo un sincero arrepentimiento, ¿cómo no se ha de perdonar? La iglesia perdona, la iglesia remite y el cielo remite, lo que remitiereis será remitido, lo que retuviereis será retenido; y esto en el contexto de las cien ovejas, ¿se dan cuenta? En el contexto de no causar daño a ninguno de los pequeñitos, de los santos de la iglesia; si ni siquiera a los de fuera hay que hacerles tropezar, cuánto menos a los hermanos, ¿amén?

 

     Entonces, por eso dice aquí en el verso 19: “Otra vez os digo,” o sea, repito, ya lo dije una vez, ya lo había dicho allá en el 16, ahora lo dice en el 18 “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra”, es decir, sinfonía, si hubiera una coherencia en el sentir del Espíritu, el Espíritu da testimonio a través de varios hermanos que están en el Espíritu, “acerca de cualquiera cosa que pidieren”, y aquí lo que hay que pedir es por los hermanos que pecan; hay que pedir por quien está en problema, no pedir que se vaya al infierno, sino pedir que se salve, que se restaure; si ya está salvo, entonces que se restaure; si está perdido, que se salve, ¿verdad? Y dice: “les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre…”; congregados en mi nombre quiere decir que el Señor está donde esas personas se reúnen para buscar al Señor, interceder al Señor, pedir al Señor; “donde están dos o tres congregados en mi nombre allí estoy yo”. No son sólo los tres hermanitos, sino que el propio Señor está ahí. Puede ser que veamos a tres hermanitos orando, pero el Señor está ahí, ¿amén?

     Verso 21: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor”; ay! eso ya le pareció un poco duro a Pedro; bueno, debo perdonar a mi hermano, pero ¿hasta cuándo? Ya no lo puedo perdonar tanto, es demasiado; “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Nosotros no queremos ni una segunda vez; a la tercera ya se acabó, pero no; “Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”; o sea hasta cuarenta y nueve, y después cuarenta y nueve por cuarenta y nueve, y después quinientos ochenta por quinientos ochenta, o sea infinito. Porque de 7 pasó a 7 x 7, y después se va por encima, ese es un principio, “no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”, no 7 x 7, sino 70 x 7, cuatrocientos noventa; hay que estar dispuestos a perdonar por siempre, ¿por qué? porque nosotros, cada vez que nos acercamos al Señor, queremos que Él nos perdone. El Señor dijo: Si perdonáis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre perdonará las vuestras, pero si no perdonáis, ahí tiene que enseñarte lo que significa no perdonar.

 

Ya me pasé de la hora. Vamos a orar. Padre eterno, Tus palabras, que las hemos leído muchas veces, las hemos oído muchas veces, ojalá Señor no pasen por encima de nosotros, ojalá nos volvamos a Ti, nos humillemos, nos hagamos simples, no menospreciemos a nadie, no pretendamos nada; te lo ponemos todo a Ti para que te puedas expresar a través de nosotros, para que puedas cargar en tus hombros a los extraviados, y volverlos a tu redil y ganarlos para ti, para que no haya un lugar vacío en la gloria donde debiera haber estado alguien que todavía estará sufriendo fuera. Oh Padre, en el nombre de Jesús, no nos dejes que esta palabra pase, ayuda que nuestro ser sea abierto a Tu palabra, que esta palabra gobierne nuestro corazón, gobierne nuestro ser. Ayúdanos, Tú sabes cuán difícil es para nosotros en nuestra situación el vencer sin Tu ayuda. Tú sabes cuán difícil a veces es perdonar, cuán difícil a veces es cortar con nuestros propios ojos, manos o pies; Tú sabes que necesitamos de Tu socorro, no nos abandones en nuestra debilidad terrible, concédenos la gracia de vencernos, ya que Tú dices que los que aman a Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Oh Señor, ayúdanos, ayúdanos por amor de Ti mismo y de nosotros, guárdanos para Ti, ayúdanos a tomar resoluciones constantes y permanentes con Tu socorro. Oramos a Ti por cada uno de nosotros mismos, y oramos unos por otros para que esta palabra sea sanadora aunque sea dura, Señor, y no que vaya a aparecer en nuestra contra en aquel día; preferimos ser heridos ahora como dice Tu palabra: fieles son las heridas del que ama, pero son terribles los besos del que aborrece; preferimos las heridas que Tú nos causas, porque Tú eres el que hieres y eres el que sana; preferimos ser heridos por Ti para ser sanados, para ser purificados y libertados; ayúdanos a preferir las heridas que vienen del cielo, y no a seguir los aplausos del mundo que quieren crear un sopor; ayúdanos, Señor, a volvernos a Ti. Tú sabes la prueba de cada uno y de cada una; Tú sabes por lo que cada uno y cada una tiene que pasar; ayuda a cada uno en su prueba; Señor, y perdónanos a todos, rogamos todos por todos y nos amamos en Tí. Queremos que Tú nos ganes a todos, en el nombre de Jesucristo. Te pedimos que de aquí en adelante tu Espíritu Santo sea usando ésta Tu palabra; que nunca la olvidemos. Amén. 

Gino Iafrancesco V., 6 de mayo de 2005, Bogotá D.C., Colombia.

Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.

EL SIERVO FIEL O INFIEL

EL SIERVO FIEL O INFIEL

 

 

     Padre, en el nombre de Jesús te agradecemos por estar con nosotros y en nosotros. Rogamos con confianza que tu Santo Espíritu pueda hablarnos, Señor, convidarnos a estar cerca de ti mientras consideramos tu palabra. Tú sabes que separados de ti nada podemos hacer, que te agradecemos, Señor, por tu sinceridad, por estar disponible para nosotros, para cada uno de nosotros. Gracias por eso, Señor, por tu fidelidad. De ti comemos y de ti bebemos en el Señor Jesús. Todo nuestro ser es para ti, Señor, porque fuera de ti todo es muerte. Oh Dios, en el Señor Jesús háblanos, tócanos en esta noche, Señor, vivifica nuestro hombre interior profundamente para que seamos atraídos a ti por sobre todas las cosas y guardados en ti, para ti y para la gloria tuya en Cristo Jesús, amén.

 

     Hermanos, vamos a continuar hoy con la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús; y hoy nos corresponde ver una parábola que está en dos pasajes, en Mateo y en Lucas. En Mateo se encuentra en el capítulo 24 desde el verso 45 al 51, y en Lucas se encuentra en el capítulo 12 desde el versículo 41 hasta el 48. Mateo coloca estas palabras del Señor Jesús en el contexto del llamado “Pequeño Apocalipsis Sinóptico”, aquellas enseñanzas del Señor unos pocos días antes de morir, en el monte de los olivos cuando cuatro de sus discípulos le preguntaron y El dijo muchas cosas, entre ellas esta parábola que hoy vamos a considerar. Lucas la registra posiblemente por asociación temática en otro contexto, aunque puede ser que el Señor haya hablado de lo mismo en varias ocasiones también; así que sea que la habló en dos ocasiones, o que Lucas la colocó en otro contexto por causa de su asociación con el tema que venía tratando, ya sea una o dos veces que el Señor trató esta enseñanza, es la misma, la parábola es la misma; casi el 90% coinciden Mateo y Lucas; pero vamos a integrarla como solemos hacerlo, porque realmente uno dice unas cositas que el otro no dice, y uno por el Espíritu Santo las dice de una manera, y el otro de otra manera, y las dos son complementarias, y las dos son inspiradas. Entonces, como solemos hacer cuando una parábola aparece en dos o más lugares, las integramos. Los que puedan seguir en sus Biblias, vayan comparando Mateo con Lucas y Lucas con Mateo. Yo voy a leer la integración, y voy a leer despacio para que ustedes puedan hacer la comparación. Mateo 24 del 45 al 51 y Lucas 12 del 41 al 48; es la parábola del siervo fiel o infiel; no son dos siervos; es un mismo siervo que puede ser fiel o puede ser infiel:

 

Entonces Pedro le dijo: (eso no lo dice Mateo) Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? Y dijo el Señor: ¿quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor, al cual su señor pondrá sobre su casa, para que les dé el alimento a tiempo? Para que a tiempo les de su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad, de cierto os digo que le pondrá sobre todos su bienes. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, a los criados y a las criadas, y aún a comer y a beber y a embriagarse con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles, pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, mas se le pedirá”. ¿Se dieron cuenta al comparar los dos pasajes, el de Mateo y Lucas, cómo se complementan? Cómo uno le agrega cositas que el otro había olvidado, y también uno dice algunas frases en pasado, otras las dice en futuro, y eso es complemento; porque cuando las dice en pasado se refería a los que ya El había puesto; cuando las dice en futuro se refiere a los que después pondría en el lugar en que había puesto a otros; entonces el pasado y el futuro, en vez de contradecirse, se complementan y enriquecen la palabra del Señor.

 

     Vamos a ir meditando poco a poco sobre lo que hemos leído. Empieza Pedro preguntando, lo dice Lucas, porque esto no lo dice Mateo: “Entonces Pedro le dijo:” Si ustedes ven el contexto de Lucas, que es en el capítulo 12, había narrado antes la parábola de los siervos vigilantes, que la vez pasada consideramos, y después de oír esa parábola que sólo Lucas registra, entonces en ese contexto es que Pedro le pregunta; porque hay palabras que uno pensaría que se refieren a otros, algunas que se refieren sólo a nosotros, otras que se refieren a todos; y a veces el Señor también en ocasiones decía: lo que a vosotros digo, a todos lo digo; también al final allí en Mateo capítulo 28, él también habla de ir y hacer discípulos a todas las naciones, dice, enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado; o sea que lo que él dijo a algunos, también es para todos; y aquí, cuando vemos que uno de los evangelistas lo dice en pasado: a unos puso sobre su casa, y el otro lo dice en futuro: pondrá sobre su casa, así que ninguno de nosotros puede pensar que eso no es para uno. Puede ser que en este momento no sea yo el que esté puesto, pero quien quita que voy a ser puesto? A unos puso, pero a otros pondrá; y a esos que pondrá es porque quizá estén pensando que no los ha puesto todavía; así que esa pregunta surgió en Pedro: “Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola…?” La parábola de los siervos vigilantes, que analizamos el viernes pasado, “ a nosotros, o también a todos?” Y el Señor no les dijo: sólo a ustedes, ni les dijo: a todos, sino que respondió con otra parábola, y en esa otra parábola podemos estar o no estar; depende de si te das cuenta del llamamiento que tienes o no.

 

Y dijo el Señor: ¿Quién es, pues,” pues, quiere decir que esta parábola que va a decir a continuación es un desarrollo de la parábola pasada. Tanto el entonces de la pregunta: “Entonces Pedro le dijo:”, como el pues de la respuesta, “¿Quién es, pues,”; está ligando y dando continuidad a las dos parábolas. “Quién es, pues, el siervo” dice uno, doulos, y el otro: “mayordomo” o ecónomo; esa palabra que aquí se tradujo mayordomo, es ecónomo; la palabra ecónomo es la persona encargada de la economía. Existe algo en la Palabra que se llama la economía de Dios, el programa de Dios, el arreglo administrativo del Señor para llevar adelante su propósito eterno. Entonces los siervos son siervos en función de la economía divina; servimos a Dios en su economía, siervo mayordomo, “fiel y prudente”, dos palabras: el ecónomo y el siervo; el siervo ecónomo tiene que ser fiel. Fiel primeramente para con Dios; y si es fiel para con Dios, lo será para con los demás; no se puede ser fiel para con Dios e infiel para con los demás. Fiel primeramente para con Dios, le obedece a Dios, no le agrega ni le quita, hace las cosas por amor caminando con Dios. Pero la otra palabra es: prudente. Fiel y prudente. Prudente quiere decir con el pueblo primeramente; hay que ser prudente con el pueblo de Dios, porque aquí está hablando, como vamos a ver, de administrar la ración y el alimento a la casa de Dios; entonces hay que hacerlo con prudencia. Claro que con Dios también hay que ser prudente; sólo que con Dios se debe y se puede ser absolutamente sincero.

 

¿Quién es, pues, el siervo mayordomo fiel y prudente al cual puso, o al cual pondrá…”; los dos evangelistas difieren en esto; posiblemente él dijo las dos cosas, y entonces uno recordó una, y otro, otra. “al cual puso”; la palabra realmente no es “puso”, sino constituyó, la misma que usa después el traductor en Efesios 4, donde dice que el mismo Señor que descendió hasta las partes más bajas de la tierra, o sea que descendió hasta el hades y al tártaro, subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo, y El mismo constituyó, edoken, dió es la palabra allí en Efesios, pero la palabra aquí en los Evangelios es “constituyó”, la que después usa el traductor en Efesios, realmente aquí en los Evangelios viene a lugar. Efesios traducen: Constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros; pero ahí no para; dice que es para perfeccionar a los santos, para que los santos hagan la obra del ministerio; o sea que cada uno de los santos es también constituido para cumplir su función dentro del programa de Dios, dentro de la economía de Dios. “Al cual constituyó su Señor”, porque el que constituye no es sino el mismo Señor; nadie constituye; es Dios el que constituye, es Dios el que pone las personas en el cuerpo como El quiere, y a cada cual entrega lo que quiere; “puso o pondrá”, o los dos, “su señor sobre su casa”; la raíz es “epi”; uno pensaría que en la casa de Dios todos estaríamos sentados en las mismas bancas, pero no, a algunas personas el Señor les pone responsabilidades sobre los demás, y eso es lo que quiere decir la palabra “sobre”; no es para que se suban, sino para que cuiden, para que cubran, para que asuman las cosas primeramente ellos, “sobre su casa”; esta traducción “casa”, no es la traducción exacta; aquí la traducción Reina Valera no pudo traducir la palabra exacta; la palabra en el griego es “terapeías”, de donde viene la palabra “terapia”; la palabra terapia quiere decir asistencia, ayuda; cuando alguien está enfermo se le asiste, se le cuida, se le sirve; entonces aquí dice: “al cual puso o pondrá su señor sobre los que asisten, sobre los que sirven, sobre los que cuidan”; algunas traducciones dicen: sobre la servidumbre de la casa; eso quiere decir que todos en la casa sirven, que todos en la casa curan, que todos en la casa cuidan, que todos en la casa tienen algún trabajo de asistencia que prestar; “al cual constituyó su señor sobre su terapia”, sobre el resto del trabajo de sus siervos; no es solamente sobre la casa, como si solamente estos a los que el Señor puso sobre este cuidado fuera los únicos que trabajaran. La palabra “casa” no es la traducción exacta, no es oikos, es terapia; o sea que todos en la casa tienen que prestar su asistencia, porque la casa de Dios cumple una misión de Dios en la tierra, y todos tienen que servir en la tierra. Pero para perfeccionar el trabajo de éstos, y para ayudarles, entonces el Señor puso sobre su casa o sobre éstos para que les dé, y aquí no es para que les venda, no es para que les cobre, sino para que les dé, el verbo es dar, “el alimento a tiempo”; el alimento tiene que ser dado a tiempo. Dice un versículo que si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador; así que el alimento hay que darlo a tiempo, ver el momento de lo que se necesita, y suplir lo que se necesita en el momento apropiado, antes de que sea tarde; el alimento debe darse a tiempo; y aquí “tiempo” la palabra es “kayrós”, o sea en la ocasión apropiada, en el tiempo de Dios. Tenemos que tener sensibilidad para discernir cual es la palabra de Dios para cada ocasión, cual es el alimento que el Espíritu está dando en una ocasión o en una coyuntura determinada; esa es la palabra a su debido tiempo, en su kayrós, a su debida ocasión, “para que a tiempo les dé su ración?” esa palabra es su medida, ración, que es en el idioma griego; las había de tres tipos: había una ración diaria, había una ración semanal y había una ración mensual; o sea, el Señor nos da el alimento diario, el alimento de la semana y el alimento del mes; y había que dar la ración, o sea la medida del alimento, no menos, no más, sino el que fuere necesario para el día, para la semana, para el mes. Había que dar el alimento exacto, con medida; no puede ser excesivo, no puede ser menos, tiene que ser bien distribuido, bien equilibrado.

 

Bienaventurado” o feliz, o dichoso, puede traducirse esa palabra: Macario, “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” O sea que el Señor quiere hallarnos a todos nosotros sus siervos dando el alimento, el alimento diario, el alimento semanal, el alimento mensual, la ración, el alimento en la ocasión; no tenemos que ser hallados en angustias febriles ni tampoco en pereza, sino haciendo el trabajo normal. El quiere hallar a sus siervos entregando el alimento; ¿qué tal que un día en plena reunión llegue el Señor? o nos muramos de un ataque al corazón, por ejemplo; ya lo he visto suceder; o que venga el Señor, o que nos lleve el Señor; entonces lo mejor que podemos hacer es hacer la voluntad de Dios; y ésta es la voluntad de El, que su pueblo sea alimentado; así como tú eres alimentado, Dios quiere que tú alimentes las personas que El pone en tu mano, las personas que para una u otra función que Dios te dio; tú estés cumpliendo tu función, haciéndolo como para el Señor, haciéndolo de la mejor manera, de la manera más excelente, con amor, haciéndolo para Dios, y ser hallado en esa función. No es necesario que seas hallado solamente orando o ayunando, o preocupado, sino cumpliendo tu función normalmente, tranquilamente, felizmente. “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”. Dando el alimento a su debido tiempo, cumpliendo su función; cada uno tiene una función el cuerpo; y ser encontrado cumpliendo esa función, esa es la bienaventuranza del Señor. Esta es una bienaventuranza que no aparece en el capítulo 5, 6 y 7 del sermón de la montaña en Mateo, ni tampoco es una bienaventuranza que aparezca en las siete que aparecen en el Apocalipsis, donde aparecen 7 bienaventuranzas; es otra de las bienaventuranzas. “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”, lo hallare dando el alimento. Si es evangelista, lo hallare evangelizando; te hallare consolando si eres pastor; te hallare enseñando si eres maestro; te hallare sirviendo en cualquier servicio que sea el que hay que hacer.

 

     Una vez, cuenta la historia de un santo joven llamado Domingo Sabio, estaba jugando, y le dijeron: ¿Tú que harías si viniera el Señor en este momento? El respondió: Yo seguiría jugando; porque él hacía las cosas en la presencia del Señor. El que hace las cosas en Dios y para Dios, simplemente tiene que seguir haciendo lo que es su función, haciéndola delante de Dios, haciéndola para Dios, haciéndola con Dios, haciéndola de la mejor manera; te va a salir excelente si lo haces en Cristo, si lo haces con cariño; cada uno haciendo su función, qué lindo! Aunque sea barriendo para el Señor, que el Señor lo encuentre barriendo para El; les aseguro que otros serán los que barrerán el cielo. “En verdad,  de cierto”, el traductor allí tradujo: en verdad, aquí tradujo: de cierto, la palabra es “Amén”, el Señor solía usar mucho esa palabra amén, amén o en verdad, de cierto, de cierto os digo, “En verdad o de cierto os digo que le pondrá sobre todos sus bienes”; o sea que las personas que el Señor encuentre siendo fieles a aquello que les encomendó, sea una cosa simple o sea una cosa grande y compleja, no importa la cosa, lo que importa es quien te encomendó eso. Si yo fuera una flauta rota que está en un basurero que nadie visita, y mi función es cada 500 años decir fu cuando pase un viento, voy a decir fu cada 500 años, si eso es lo que yo tengo que hacer; voy a hacer eso, porque el Señor no me va a pedir que haga otra cosa, sino lo que El me pidió que yo haga, eso tengo que hacer; lo importante es entender en que me ha preparado el Señor, en que contexto me ha puesto el Señor, qué el Señor pide de mi; claro que el Señor a veces nos pide cosas que no son fáciles; de hecho, las cosas del Señor sólo se pueden hacer en unión con el Señor, dependiendo del Señor, para que sea la obra de Dios; o si no sería nuestra obra; y por eso a veces tenemos que hacer la obra en medio de dolores, o en medio de conflictos, para que no dependamos de nosotros mismos, sino que dependamos del Señor, y así sea la propia obra del Señor ayudándonos, el Señor con nosotros, ¿amén hermanos?.

 

     Entonces dice así: “sobre todos sus bienes le pondrá”; si eres fiel en lo poco, como decía en otro lugar, te pondrá sobre lo mucho; si eres fiel en una cosa pequeña, en hacer fú cada 500 años si eres un pedazo de flauta rota en un rincón que nadie conoce, pero haces lo que tienes que hacer, eres fiel, eso el Señor valora. ¿Quién aquí recuerda el testimonio del hermano Rick Joyner, cuando el Señor le dio una visión del tribunal de Cristo, y veía como el Señor premiaba a sus siervos y los ponía en unas posiciones, algunas elevadísimas; y había uno de esos siervos que se llamaba Angelo; y aquel Angelo, pues, había sido un niño que había sufrido mucho, era mudo, era casi sordo, casi no podía sobrevivir, pero conoció al Señor, sobrevivía con una manzanita, trabajaba arreglando los jardines, y con el poco dinero que ganaba, se comía su manzanita y compraba folletos evangelísticos para repartirlos en las esquinas; y no vio a nadie que se salvó con esos folletos, pero él entregó esos folletos uno por uno de su propio dinerito. Una vez un borrachito recibió al Señor con él, se estaba congelando, lo abrazó para que no se congelara y murieron los dos; pero el Señor lo coronó con una gran recompensa, porque con lo poco que le dio, hizo mucho más que los que habían recibido más e hicieron menos; entonces el Señor mira en que circunstancia te toca servir, con las uñas a veces; lo importante es que hagas lo mejor para Dios; El no va a medir la producción en cantidad externa, El va a medir las cuestiones en calidad espiritual interior, y eso es lo que El va a premiar; lo importante es que hagas lo mejor que puedes, aquello que el Señor puso en tus manos. Si eres fiel en lo poco, dice, sobre mucho te pondré. “Bienaventurado aquel siervo que el Señor halle haciendo así. De cierto te digo que sobre sus bienes…”. Si pudiéramos entender todo lo que significan sus bienes, eso es algo inmenso, ser puesto sobre los bienes del Señor; a veces eres puesto sobre una tarea pequeña, pero la hacemos mal, la hacemos descuidadamente, no la hacemos con cariño; entonces estamos mostrando que no se nos puede confiar.

 

     Ustedes recuerdan aquel pasaje en Isaías donde había dos sacerdotes, uno Sebna y el otro Eliaquim; y dice que Sebna era como un clavo flojo que no se podía colgar nada en él; si el clavo está flojo y tú le vas a colgar una cartera, pues se cae el clavo, se cae la cartera, todo lo que usted cuelgue de ese clavo se cae; ese es el mayordomo que es infiel, no se le puede confiar nada, no es responsable con aquello que se le encomienda; entonces no se puede poner en él nada, porque se pierde lo que se le confía; en cambio, por causa de su infidelidad, sería quitado Sebna y sería colocado Eliaquim; y dice que sobre ese clavo que era Eliaquim ahí sí se podría colgar la gloria de su Señor, se podía confiar en esa persona. A veces tenemos algunas pequeñas tareas que hacer, a lo mejor fueron los hermanos que nos pusieron a guardar las viñas, y la viña que era nuestra no guardamos. A veces somos descuidados, no somos constantes, no somos responsables; no importa que sea una cosa pequeña; para el Señor lo pequeño no es lo externo, lo grande o lo pequeño es adentro, no importa lo que hagas, sino como lo hagas para quien lo hagas, en quien lo hagas; lo importante es que lo que Dios puso en tu mano lo hagas en Espíritu para el Señor de todo corazón; entonces el Señor podrá colgar en ti la gloria, podrá después encomendarte una función en el reino eterno donde ya no habrá más tentaciones, donde ya no habrá más llanto ni más dolor, donde será una gloria inenarrable, donde la vida misma del Señor, su naturaleza expresada en gloria a través de ti haciéndote majestuoso a su imagen y semejanza; podrás servir en el reino, podrás gobernar, y podrás juzgar, porque el Señor dijo que al que venciere le dará autoridad sobre las naciones y la regiría con manos de hierro.

 

     Desde Montesquieu para acá, los tres poderes están divididos en el legislativo, el ejecutivo y el judicial; pero en el reino, desde el punto vista bíblico, los tres poderes están juntos; el Señor mismo es el legislador, El es también el ejecutivo y El es el juez, y también El delegará el gobierno y el juicio a sus hijos, ¿amén? También atarán y será atado, desatarán y será desatado; pero es en lo poco donde se nota la fidelidad. En vano decimos: bueno, cuando me toque lo grande, ahí voy a ser responsable; no, es ahora cuando me toca algo así como no tan visible, como ese pedazo de flauta rota allá en un basurero que nadie conoce, ahí es donde tenemos que ser fieles, cuando nadie nos conoce, cuando nadie nos aplaude, cuando nadie nos reconoce, cuando las cosas se hacen es por amor al Señor, y a pesar de lo difícil se hacen, porque El lo merece; eso el Señor lo aprecia, y eso El lo galardonará. Entonces dice aquí: “De cierto le pondrá sobre todos sus bienes”.

 

Pero si aquel siervo, y aquí está lo curioso, no está hablando de otro siervo. “Si aquel”, aquí ese si es condicional, o sea que una misma persona puede ser un siervo fiel o puede ser un siervo infiel; a veces fiel, a veces infiel; él no cambió de personas. En el caso de las vírgenes eran otras: unas eran las prudentes y otras eran las necias. En el caso de los peces buenos, unos eran los buenos y otros eran los malos. En el caso del trigo y la cizaña, uno era el trigo y otro era la cizaña; pero aquí está hablando de un solo siervo. “Si aquel siervo”, ese mismo que puede ser fiel o puede ser infiel; aquí no está hablando de distintas personas, ni haciendo diferencia entre salvos y perdidos, como habría la tentación de pensarlo, tanto en el calvinismo como en el arminianismo, de interpretar. Los calvinistas dirían: bueno, el siervo fiel era el regenerado, el predestinado; y el otro siervo, el siervo malo, era también el predestinado a condenación, ese no había nacido de nuevo; así dirían los calvinistas; y los arminianos dirían que aquel otro siervo, el siervo malo, es que perdió la salvación, y lo interpretarían en esos extremos; pero aquí el Señor no hace diferencia; la misma persona puede ser un mayordomo fiel o puede ser infiel, hipócrita. Cualquiera de nosotros puede ser hipócrita en cualquier momento, puede ser infiel en cualquier momento, puede ser egoísta, puede ser duro con sus hermanos, cualquiera de nosotros; y por eso a través de esta parábola, no la llamé del siervo infiel, ni del siervo fiel, sino “el siervo fiel o infiel”, porque es el mismo. Si aquel siervo, y uno de los evangelistas añade “malo”, o sea, siervo, que es una persona salva, pero que no anda en el Espíritu, sino en su mera naturalidad, se puede poner mala, porque nuestra naturalidad es mala. Cuando estamos en nosotros mismos somos malos, somos capaces de maldades, somos capaces de malas intenciones, somos capaces de venganza, somos capaces de muchas cosas, que para qué las vamos a mencionar acá, de las que todos nos avergonzaríamos; sólo basta con ser naturales para que seamos malos; sólo si le pedimos al Señor socorro para vivir en su poder es que seremos buenos; ninguno es bueno en sí mismo; ¿quién es bueno, sino Dios? Pero si de Bernabé se decía que era varón bueno, era porque vivía en Dios, porque era la vida de Dios a través de él, para que se pueda decir que era un varón bueno, porque Bernabé solo sería también malo, porque se dice que en pecado nos concibió nuestra madre; la maldad no sólo está fuera de nosotros, la maldad está en nosotros. Sí, todos descubrimos que en cualquier momento podemos ser malos, o podemos estar vigilando, vigilando sobre nosotros mismos, vigilando en función de encontrarnos con el Señor, ya sea cuando El venga o cuando nos lleve. Entonces cualquiera puede ser malo, incluso el bueno; si se suelta del Señor, se vuelve malo.

 

     “Si aquel siervo malo dijere en su corazón”, fíjense que no es algo público, a veces no es necesario decirlo, porque nosotros, para cubrirnos, a veces seguimos lo que es conveniente en el ambiente, pero lo que sucede en lo más profundo de nuestro corazón, esa es la realidad, lo que pensamos, lo que sentimos en lo íntimo, esa es nuestra realidad. Nosotros tenemos una vida externa que es la que todos ven, y tenemos una vida interior que es la que Dios ve, esa es nuestra realidad, lo que en lo más profundo de nuestro ser nosotros pensamos, nosotros queremos o no queremos, o sentimos, o decidimos; y aquí este siervo, que era malo, él no era malo para afuera, para afuera él cumplía con lo que se esperaría de un siervo, ¿verdad? Podía aparentar estar sirviendo, pero en su corazón él estaba lejos del Señor, en su corazón. “Si aquel siervo malo dijere en su corazón”, no afuera, no es afuera, no lo dice de boca para afuera, se lo dice a sí mismo, medita consigo mismo. “Mi señor tarda en venir”, o sea que es una persona descuidada, es una persona que bajó la guardia; cuan fácilmente bajamos la guardia. “Mi señor tarda en venir”, es bajar la guardia, es pensar que no podía suceder ahora, voy a darme un tiempito para pecar, para ser egoísta. Entonces dice aquí: “Mi señor tarda en venir, y comenzare a golpear a sus consiervos, a los criados y a las criadas”. Noten que los criados y las criadas no son inferiores, aunque él es el encargado, mayordomo, de darles el alimento a ellos, ellos son sus consiervos; pero golpear, herir, pisotear, pensar que somos superiores, que podemos pisar sobre los demás, eso lo hacemos porque estamos lejos del Señor, porque no aprendimos a temer en su presencia. En cualquier momento El viene o nos vamos.

 

     “Y aún”, no solamente esto, sino otro más, “Y aún a comer y a beber y a embriagarse con los borrachos”, es decir, dedicarse solamente a la satisfacción de su carne, cuando la persona se ha alejado del Señor pierde la sensibilidad, pierde el temor; una costra le entra en la conciencia que adormece y cauteriza a la persona y la persona actúa como si el Señor no lo fuere a sorprender; nos puede sorprender su venida, nos puede sorprender la muerte, nos puede sorprender la corrección del Señor cuando menos estamos esperando; a veces es por amor que nos sorprende la corrección.

 

     “Vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe”, y los dos, tanto Mateo como Lucas usaron una palabra en griego que es dikotomesei, que aquí fue traducida “castigará duramente”, porque era difícil explicar lo que es esta palabra, pero esta palabra es muy seria; la palabra dikotomesei, viene de la palabra dicotomía, de di que quiere decir dos, y tomía; átomos que no se pueden dividir, por eso es átomo; pero tomía es que se lo divide en dos; o sea, el Señor dividirá en dos, partirá en pedazos, a aquel siervo bruto con sus compañeros, dedicado a la carne, descuidado para con el Señor. Esa palabra dicotomía es una palabra muy seria. Ser divididos en dos en el momento del tribunal de Cristo, eso quiere decir que siendo nosotros siervos, y que nuestro lugar debería ser en el reino con el Señor, por no haber andado en el Espíritu en el cual tenemos al Señor, sino por haber andado en nuestra sola alma, y en nuestra carne, entonces no podemos estar con El en el reino, sino estar en una condición de castigo, aunque seamos salvos. Para que ustedes vean que quiere decir eso de cortar a una persona en dos, porque este castigar duramente no es la traducción exacta; la traducción exacta es de esa dikotomesei, o sea, lo dividirá en dos, lo partirá en dos, lo separará, lo despedazará; como quien dice: una parte aquí y otra parte allá. Para comprender ese fenómeno espiritual del castigo de ciertos salvos durante el Milenio, castigo de los salvos, su espíritu está unido al Señor cuando son regenerados, pero su alma y su cuerpo están como si estuvieran en el daño de la muerte segunda, pasando por el fuego en el Milenio, y lloro y crujir de dientes; aunque son salvos, está la persona dividida en dos, no es ni totalmente salvo, aunque es salvo en el espíritu, pero todavía su alma y su cuerpo no han sido glorificados; entonces tiene que pasar una prueba, como si fuera un perdido, porque aunque es un hijo, vive como un perdido; el Señor no lo tratará como un perdido, porque es un hijo, pero tampoco lo premiará, porque es un hijo carnal que está en pecado, y el padre debe corregir a su hijo, no para destruirlo, sino para purificarlo, para enderezarlo.           

 

     Para ver esa diferencia de ser partido en dos, vamos a ver un verso en 1ª de Pedro capítulo 4 versículo 6 donde se nota bien esa división en dos de una persona; dice allí: “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios”. Aquí Pedro, que habló con el Señor después de resucitado de entre los muertos, pues el Señor estuvo cuarenta días con ellos, entonces Pedro habla cosas que las tomó de aquellas conversiones con el Señor. Entonces él dijo, así: “por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos”, ha sido, pero algunos arminianos dicen que debe seguir siéndolo; mas aquí solamente se refiere a que ya lo fue. Cuando el Señor murió, El fue al hades y El fue al seno de Abraham. El hades estaba dividido en el seno de Abraham, donde estaba Abraham, Lázaro y aquellos justos que esperaban que llegara algún día el Mesías; ellos no conocían quien sería el Mesías, y los otros que estaban como aquel rico Epulón en el fuego, esperando juicio, aunque ya estaba en fuego, pero no era todavía el juicio final, era solamente como una prisión temporal donde el ladrón espera que se le defina su situación, pero no se le deja suelto porque es ladrón o es homicida, tiene que estar preso, pero su sentencia es después. Entonces el hades es como esa prisión temporal; la gehena es la definitiva; hay un estado intermedio antes de la gehena que es después del juicio; aunque claro, algunos, las cabras, después del juicio de las naciones de Mateo 25, van a la gehena desde que el Señor juzga a las ovejas y a las cabras, ¿recuerdan? Pero entonces dice aquí: “predicado el evangelio a los muertos”. Cuando el Señor Jesús murió se dice que en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados que desobedecieron en los días de Noe, aquellos ángeles caídos que fornicaron con las mujeres; pero también predicó a los muertos; ¿qué predicó? El evangelio, porque David no sabía que Jesús era el Salvador, Abraham no sabía, todos los del Antiguo Testamento no sabían que El era el Mesías. Ahora, los que esperaban a aquel Mesías que vendría y creían en Dios, cuando el Señor Jesús bajó al hades, El predicó el evangelio y las personas que en el hades recibieron al Señor, recibieron vida eterna en sus espíritus; pero claro que los que vivieron en la tierra y vieron como ellos vivieron, ellos sólo recuerdan su vida humana, pero no recuerdan su arrepentimiento y fe, porque no conocieron que también en el seol recibieron al Señor. Entonces dice aquí: “ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne, según los hombres”; o sea que lo que las personas hicieron tiene que ser juzgado en la carne; pero como recibieron al Señor, entonces viven en espíritu según Dios; pero miren cómo son posibles las dos cosas al mismo tiempo suceder: vivir en espíritu según Dios, y al mismo tiempo ser juzgado en la carne según los hombres; estas dos cosas se pueden dar en una misma persona. Si ustedes recuerdan el pasaje que siempre recordamos en 1ª a los Corintios 3, por favor vayan allí, donde se ven también las dos cosas al mismo tiempo.

 

     1ª a los Corintios capítulo 3 versículo 15; allí no habla de la pérdida de la salvación, sino del galardón. Dice: “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”; o sea que aquí usa la palabra “sufrir”, usa la palabra “pérdida” y usa la palabra “fuego”, y sin embargo no perdió la salvación, no fue pérdida de la salvación, pero si fue pérdida del galardón, pérdida de estar con el rey colaborando en el Milenio, y estar, en vez de eso, en las tinieblas de afuera, en el crujir de dientes, en el lloro, en el llanto, en el lamento. Entonces dice aquí: “si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”; las dos cosas están ahí. El es salvo porque en su espíritu algún día recibió al Señor, esa persona nació de nuevo, pero si no anduvo en el Espíritu, si anduvo peleándose con sus hermanos, si anduvo dedicado a la carne y al egoísmo, entonces el Señor no va a negar que es un hijo, pero si lo va a corregir como a un hijo malcriado, porque no va a estar en el reino si fue malcriado. Para estar en la Nueva Jerusalén tiene que corregirse; y ¿qué época le va a quedar para corregirse si llega el tribunal de Cristo? Tiene que ser a partir del tribunal de Cristo, que es lo que inaugura el Milenio. Entonces por eso dice que es salvo pero como por fuego, con sufrimiento y pérdida, pero no de la salvación; es decir, cortado en dos.

 

     Veamos otro pasaje aquí en el Salmo 89; voy despacio por causa de los hermanos más nuevos. Allí en este Salmo también aparece la diferencia entre salvación eterna por gracia, y corrección o castigo de los hijos. Entonces en el Salmo 89, leemos desde el verso 26 hasta el 37 de la siguiente manera: “El me clamará”, o sea, el Hijo; por eso dice: “Mi padre”; el Hijo es el que clama: “Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación”. Entonces dice el Padre: “Yo también le pondré por Primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra”; o sea, ese es Cristo, ese es el Hijo, esa es la promesa del Padre al Hijo, lo pondré por Primogénito; el Unigénito vino a ser el primogénito entre muchos hermanos que somos todos nosotros. “Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él”. Dios hizo un pacto, Dios el Padre le dijo al Hijo: De todos los que yo te dé, tú no pierdas ninguno, sino que lo resucites en el día postrero; y por eso El murió y derramó su sangre; la sangre del Nuevo Pacto, es decir, el precio que El pagó es la parte del pacto que El cumplió. Ahora el Hijo se refugia en el Padre, que salva. Entonces dice aquí: “Pondré su descendencia para siempre”; esos son los que van a reinar con Él. “Y su trono como los días de los cielos”;  reinar tanto en el Milenio como en la Nueva Jerusalén. Pero ¿qué pasa si esos hijos, esa descendencia, son infieles, son hijos que no andan en el Espíritu, que descuidan lo que recibieron y andan en la carne? Entonces dice: “Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades”; el Señor castigará a sus hijos en esta tierra; y si no es suficiente, en el Milenio. “Mas”, aleluya! Qué maravilla el verso 33, a pesar del castigo, “Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre”. Ah! pero son hijos renovados, pero son castigados. Puede sufrir pérdida y pasar por fuego, pero son salvos, porque la salvación no es por obras, la salvación es un regalo que se recibe por fe. Si un hijo recibió al Señor, el Señor dice: nadie los arrebatará de mi mano, esa persona es salva, pero que sea salvo no quiere decir que no pueda ser castigado en esta vida y en el Milenio. Por eso dice: si sus hijos anduvieren mal, serán castigados con vara. Entonces el Señor si anuncia castigo para los hijos, para los siervos, pero no es un castigo eterno. La palabra eterno no aparece aquí, aparece la palabra castigo, pero no eterno. Con los impíos, con las cabras, allá en Mateo 25, cuando el Señor se sienta frente a las naciones y son separados como ovejas y cabras, ahí sí dice la palabra aionico, o sea castigo indefinido, las cabras llevarán este castigo aiónico, pero los siervos son castigados duramente, son partidos en dos, pero no eternamente.

 

     Dice la Palabra: “ponte de acuerdo con tu adversario, pronto, entretanto que estás con él en el camino”; cuando estamos en esta tierra debemos arreglar nuestros problemas, no sea que el adversario te entregue al juez, el juez al alguacil y seas echado en la cárcel. De cierto te digo, dice el Señor, que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante, o sea no es que va a quedar eternamente allí, pero va a pagar lo que debe si no lo paga ahora. Por eso es que ahora debemos corregir los errores aquí, ahora, ponernos de acuerdo con nuestro adversario, ya, finiquitar el problema ahora, no sea que se vaya el uno, y tocó esperar, o me vaya yo, o nos vayamos los dos, o venga el Señor, entretanto que estamos en el camino, porque si no, vamos a parar a esa prisión, el daño de la muerte segunda; y dice: no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante. Por eso dice el Salmo 89:36: “Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo”; el Señor salva a la persona porque la persona recibió al Señor y creyó en el Señor, los pecados que fueron reconocidos, los pecados que fueron confesados, los pecados fueron arreglados, la sangre los ha limpiado. El Señor dice: Nunca más me acordaré de tus pecados; pero si ese hijo, ese siervo, aunque es salvo, es hijo, sigue pecando y no reconoce sus pecados, sigue ofendiendo y no reconoce sus ofensas, ¿qué va a pasar? Va a tener que ser corregido; si las reconoce es perdonado y el Señor nunca más se acuerda. Lo que la sangre limpió, la sangre borró, y Dios dice: lo eché en el mar del olvido y nunca más se acuerda; el problema es si nos sorprende la hora de su venida o nuestra muerte sin haber pagado nuestras deudas, reconocido nuestros pecados, haber arreglado las cosas a tiempo, ¿amén?

 

     Volvamos a la parábola. Creo que con esas disgresiones que hicimos en Pedro, el Salmo 89 y 1°Corintios vimos  que es posible estar en el espíritu salvo, y al mismo tiempo estar en sufrimiento, en pérdida, en lloro, en crujir de dientes, en tinieblas de afuera, que no dice que sean eternas en este contexto, porque la persona es salva como por fuego, por eso está dividida en dos, ¿se dan cuenta? Dividida en dos porque es un hijo, pero un hijo que tiene muchas cosas que pagar y muchas cosas que aprender; entonces por eso no puede estar con sus hermanos, sino que estará excluido, no para siempre, pero lastimosamente excluido de lo que era para él, hasta que pague el último cuadrante.

 

     “En la hora que no sabe vendrá el Señor y lo cortará en dos” , lo separará, lo dividirá, que aquí se tradujo, lo castigará duramente, pero esa es una traducción muy generalizada; la palabra exacta es lo dicotomizará, o sea que hará una dicotomía; esa palabra se usaba cuando el sacrificio se ponía sobre el altar, venía aquel cuchillo y lo despedazaba hasta que todos los pedazos quedaran separados en el altar, aquí el hígado, allí el corazón, allí las vísceras, allí la carne, allí los huesos, todo en pedacitos; así tiene que tratar el Señor con nosotros. El trata con nosotros ahora. Amados, yo siempre lo digo, y lo digo con mucho cariño, con mucha delicadeza: lo que no nos afecta, no nos transforma; lo que no nos duele no nos transforma; solamente lo que trata profundamente con nosotros, eso es lo que nos transforma, lo digo con cariño. Tenemos que ser puestos allí y despedazados ahora para no serlo después, ¿amén?

 

     Sigue diciendo: “y le pondrá con los infieles, pondrá su parte con los hipócritas”, aquí se refiere a los siervos infieles o siervos hipócritas, o sea que solamente hacían teatro, pero que no han guardado la verdad en lo íntimo. El Señor nos guarde del teatro. “allí será el lloro y el crujir de dientes”.

 

     “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó”, o sea que para hacer la voluntad de Dios hay primero que prepararse y hacer, porque hacer su voluntad es prepararse para su venida para encontrarnos con El, “ni hizo”, son dos cosas: prepararse y hacer. A veces no hacemos porque no nos preparamos; hay cosas en que nos habríamos podido preparar y no nos preparamos, y no pudimos hacer porque para hacer tenemos que estar preparados. La oportunidad para prepararse, la descuidamos. “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes”. Aquí habla de siervos azotados y les voy a decir porqué el Señor azota.

     Vamos al Libro de Proverbios; esto sobre todo para los que somos papás; tenemos que conocer esto, Proverbios capítulo 20; vamos a leer el verso 26 y el verso 30. Proverbios versos 26 y 30. El verso 26 dice: “El rey sabio”, ese es el Señor, “avienta a los impíos, y sobre ellos hace rodar la rueda”. Un rey sabio no le deja el camino fácil a los impíos. “El rey sabio avienta a los impíos, y sobre ellos hace rodar la rueda”, los pone a moler, eso hace el rey sabio. El verso 30 dice: “Los azotes que hieren son medicina para el malo, y el castigo purifica el corazón”. Ellos son siervos, son hijos, ellos recibieron al Señor. ¿Cuál es la prueba de que son salvos? Ellos dijeron: Mi señor tarda en venir, pero dijeron: Mi señor, o sea que se reconoció que era el Señor y se reconoció que iba a venir, que va tardar, pero que va a venir, viene, sólo que tarda en venir, pero reconocen que va a venir y reconocen que es su Señor, o sea que se es un creyente, un siervo que el Señor puso, el Señor no va a poner incrédulos en su reino, El pone hijos a servir en la iglesia, pero ese hijo primero fue puesto por el Señor como siervo y ese reconoció que el Señor era su Señor y que iba a venir, o sea que era un siervo, era un salvo, pero qué dice aquí: “Los azotes que hieren son medicina”, el Señor hiere. Uno qué pensaría que el azote fuera medicina; el azote no es que el Señor tenga rabia y quiera desahogarse de la rabia que tiene, no, El nos quiere curar, nos quiere hacer mejores. Entonces dice: “Y el castigo purifica el corazón”. El castigo purifica el corazón, porque el Señor quiere purificar, castiga.

 

     Vamos a ver otro verso: Deuteronomio capítulo 25 versículo 2; aquí está el Señor hablando en el tiempo de la ley, mostrando como es su rectitud; leo desde el verso 1 y voy a leer hasta el 3 para tener el contexto inmediato. Deuteronomio 25:1-3: “Si hubiere pleito entre algunos”, porque a veces hay pleito, ¿qué harán? “y acudieren al tribunal para que los jueces juzguen”, así era en la ley, cuanto más en el cumplimiento de la ley que es Cristo, “que los jueces los juzguen, éstos”, éstos (los jueces) “absolverán al justo, y condenarán al culpable. Y si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia”; por eso dice que aquellos en la presencia del Cordero son azotados; “le hará azotar en su presencia, según su delito será el número de azotes”. Por eso dice que unos serán azotados muchos y otros serán azotados poco, porque no todos tienen el mismo delito; según el delito serán azotados, o poco o mucho; ahora, miren la misericordia de Dios. “Se podrá dar cuarenta azotes”, el número de juicio es cuarenta, más de cuarenta no, cuarenta; por eso es que ellos sólo daban 39 por si acaso daban 40 azotes menos uno, por si habían contado mal, no sea que se excedieran, era mejor que faltara y no que se excediera, por eso ellos daban 39, por si habían dado otro y no se acordaban, para no pasar a 41, porque dijo: “Se podrá dar cuarenta azotes, no más”; entonces miren aún la misericordia de Dios, el número 40 es el número de juicio, pero ese no es un juicio eterno, es un juicio para purificar, por eso tiene término, no más, “no sea que, si lo hirieren con muchos azotes más que éstos, se sienta tu hermano”, o sea que es un hermano azotado, “envilecido delante de tus ojos”. Hay que castigar pero no para que el que es castigado se sienta envilecido, sino para que él mismo compense lo que hizo, pague lo que debe, aprenda lo que debe aprender, amén?.

 

     Volvamos a la parábola: “Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco”. Uno pensaría: Señor, pero por qué va a ser azotado si no sabía; uno piensa que no sabía; hay unos que saben más, que son más conscientes, por eso dice: no os hagáis muchos maestros porque recibiréis mayor condenación; o sea que a mí, por ejemplo, se me juzgará más duro que al que no está aquí al frente; pero no piense que si no sabía no pasó nada, no. A veces uno hace lo que no debe sin saberlo, y hace eso sin darse cuenta, pero está haciendo algo malo. Cuando se de cuenta tiene que reconocerlo y tiene que haber expiación. Confesar que hizo algo equivocadamente. Vamos a ver eso en Levítico capítulo 5 versículo 17.

 

     Levítico 5:17: “Finalmente”, dice allí Dios por Moisés, “si una persona pecare”, noten que usa el verbo pecar, “o hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Yahveh no se han de hacer, aún sin hacerlo a sabiendas, es culpable”; cuánto más si lo hace a sabiendas, es más culpable, pero aún si uno hace algo malo sin saber, es culpable, “llevará su pecado”, porque debería haber indagado y conocido la voluntad de Dios, además que Dios no se ha dejado sin testimonio y a través de la creación quedamos sin excusa, por eso somos inexcusables.

 

Vamos a Números capítulo 15, vamos a leer desde el versículo 22 en adelante: “Y cuando erraréis, y no hiciereis todos estos mandamientos que Yahveh ha dicho a Moisés, todas las cosas que Yahveh os ha mandado por medio de Moisés desde el día que Yahveh lo mandó, y en adelante por vuestras edades, si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto en olor grato a Yahveh, con su ofrenda y su libación conforme a la ley, y un macho cabrío en expiación. Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel,; y les será perdonado, porque yerro es”; noten, era por ignorancia, pero ignorancia ¿por qué? porque no habían buscado la voluntad de Dios, ignoraban pero de todas maneras quedaba un poquito de culpa, dice que es culpable, no tanto como el que sabiendo y a propósito hace, pero el que no sabe porque no buscó como hay que hacer las cosas y las hace erradamente, cuando se de cuenta que hizo algo errado, no diga: Ay! yo no sabía; diga, erré, no me di cuenta, pero erré, Señor, perdóname, y ofrecer el novillo, reconocer y cubrirse con la sangre, no con la auto-justificación de que no sabía; la justificación de que uno no sabía, no lo limpia; la sangre lo limpia, uno tiene que confesar: Señor, éste era un error y yo no lo sabía.

 

     Vamos a ver algunos ejemplos de eso en la Biblia. Vamos a Lucas capítulo 23 , versículo 34: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”; o sea que necesitaban ser perdonados aunque no sabían lo que estaban haciendo, pero estaban haciendo algo malo y Jesús no decía: Padre, ellos no saben; no, perdónalos porque no saben lo que hacen.

 

     Pasemos a Hechos capítulo 3 versículo 17; dice el apóstol Pedro hablando a Israel: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado”; o sea, ellos hacían cosas por ignorancia, pero a esos que hacían cosas por ignorancia les dice: “Arrepentios y convertios para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, amén.

 

     Pasemos a 1ª a Timoteo capítulo 1, versículo 13; dice Pablo: “habiendo yo sido antes blasfemo,” o sea, no dice que porque no sabía no blasfemó, no, blasfemó aunque no sabía; “habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador”; o sea, sus pecados fueron: blasfemia, perseguir al Señor y a la iglesia e injuriar; él no lo sabía, pero fue pecador en esas tres áreas. Y dice: “mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús”. Amén hermanos. Eso era para que enriqueciéramos esa frase del Señor Jesús que dice: “Mas el que sin conocerla”, o sea que sin conocer la voluntad de Dios, “hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco”.

 

     Miremos un último verso aquí: Salmos 19 versículo 12; vamos a ver que dice allí; dice de la siguiente manera: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos”; o sea que uno puede estar errando y para uno puede ser oculto, entonces nuestra oración no debe ser, sólo Señor perdóname de lo que soy consciente, sino perdóname Señor de lo que me es oculto; quizá yo estoy pecando en algo que no me doy cuenta y debo pedirle al Señor que El me muestre, aunque me duela; tengo que ver la verdad y que me perdone, ¿amén hermanos?

 

     Yo recuerdo una vez, y perdón por una anécdota personal; cuando era nuevo en el Señor, tenía apenas dos años, digamos, estaba en el segundo año de convertido, y empecé a leer al hermano Branham; él tenía muchas cosas buenas, pero tenía también algunos errores; como yo era nuevo, no discernía, y comía el pastel con todas las semillas crudas y todo; él mismo decía que si encontrábamos una semilla, debíamos sacarla, pero como yo no distinguía entre pastel y semilla, me comía la semilla junto con el pastel, lo bueno con lo errado, y así continué hasta que un día el Señor me concedió la gracia de decirle al Señor, así como dice allí en Proverbios: No te apoyes en tu propia prudencia, fíate del Señor, El enderezará tus veredas. Si tú te apoyas en tu propia prudencia, si tú te apoyas en la forma como tú ves, tú puedes errar, porque tú no ves todo como verdaderamente es; el que sí sabe todo como verdaderamente es, es Dios; por eso uno no debe basarse en que como uno ve, sino que uno tiene que decirle: Señor, yo quiero ver como tú ves. Esa vez el Señor me concedió misericordia, y le dije: Señor, a mi esto que leo me parece correcto, puede estar correcto o puede estar equivocado, pero yo te amo es a ti, Señor; yo te quiero seguir es a ti, así que yo te pido a ti que si esto es correcto, tú me lo confirmes, y si es errado, tú me lo muestres; a mí me parece correcto, pero ya no voy a poner el punto final, yo no voy a estar seguro, empecinado en lo que yo pienso; voy a dejar que el Señor dé la última palabra y renuncio a mi propia prudencia. Cuando yo hice eso de todo corazón, el Señor de a poquito me empezó a mostrar los errores, de a poquito, porque no aguantaba todo de golpe; esto es un error, esto también es un error y esto también, y tuve que empezar a arrepentirme y retractarme públicamente y por escrito de los errores que yo pensaba que estaban bien; pero si yo no le hubiese dicho al Señor, el Señor me habría respetado mi elección de mi propia prudencia; yo escogí mi propia prudencia, entonces El no pudo enderezar mis caminos, hasta que renuncié a mi prudencia, a mi dogmatismo y dije: Señor, puede ser que no vea como es, quiero ver como tú, te amo es a ti, enséñame tú, descanso es en ti, corrígeme si es necesario, yo no sé. Entonces El me enderezó. Fíate de Yahveh de todo corazón y El enderezará tus veredas; entonces así estamos siguiendo de verdad al Señor y no a nosotros mismos; amén hermanos.

 

     Ya estamos terminando: “El que sin conocerla”, vea, los pecados ocultos, “hizo cosas dignas de azotes”, o sea que aún sin conocer unas cosas que son dignas de azote es pecado, hay culpa, no tanta como cuando es de adrede, pero hay una medida, como dice Romanos 1 que el hombre es sin excusa, y Romanos 2 dice que aún nuestra conciencia nos redarguye, aunque no conozcamos mucho, por lo menos sospechamos algo, ¿amén? Entonces dice: “El que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho…”, aquí no dice qué, haya dado lo que haya dado, puede ser que le dio conocimiento, puede ser que le dio oportunidades, le dio talentos, le dio dones, le dio dinero, propiedades, lo que sea que Dios te haya dado, eso es para ponerlo al servicio del Señor. Según lo que te haya dado, eso te pedirá. ¿Qué hiciste con lo que te di? ¿Qué hiciste para mí, claro, dice el Señor. “a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado más se le pedirá”. Por eso el Señor dijo que el castigo para Betsaida sería menos tolerable; para nosotros oír Betsaida, qué rico Betsaida, Felipe era de Betsaida, la aldea de Pedro, Andrés y Felipe; Capernaum donde moró el Señor; Corazín; el Señor dice: en el día del castigo, será más tolerable el castigo de Sodoma y de Gomorra que el de Betsaida, más tolerable el de Tiro y de Sidón que eran fenicios que el de estas ciudades. ¿Por qué será más tolerable? Vemos que en el castigo no todos son parejos, sino que a unos el castigo es más tolerable que a otros; unos sufrirán más que otros; los dos serán castigos, pero habrá castigos menos tolerables, o sea, más difíciles de sobrellevar y hay otros castigos más tolerables; entonces el Señor habla de eso allí, ¿verdad?

 

     Leamos un verso, el último que vamos a leer. Amós capítulo 3 versículo 2. Dice allí: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades”; o sea, El escogió a Israel, se le reveló a Israel más que a otros, Israel hizo cosas peores, entonces tuvo que corregirlos más duro. Cuando vemos la historia de Israel, persecuciones, los campos de concentración, la diáspora, etc. vemos mucho castigo, pero ¿por qué? El Señor dijo: sólo a ustedes yo los conocí, sólo a ustedes el Señor se reveló, a Israel; las demás naciones no conocían nada, por eso es que los voy a castigar por sus maldades. Jesús también dijo: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa. Hermanos, nosotros que sabemos, seremos medidos más estrictamente. Al que mucho se le haya dado, más se le demandará. Al que se le dio poco, poco se le demandará.

 

     “Al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”. Entonces, hermanos, que esta parábola del siervo fiel o infiel, verdaderamente nos ayude, verdaderamente nos impulse a volvernos al Señor, a pedir su socorro, pedir su gracia y vivir por El. Amén, hermanos! Vamos a orar de todo corazón. El Señor es misericordioso.

 

     Nuestro Dios, nuestro Dios, no queremos ser oidores olvidadizos, no queremos ser como aquellas plantas espinosas que en vez de producir fruto con la lluvia, usan la lluvia para las espinas; la misma lluvia que alimenta los frutos dulces, alimenta también las zarzas y los espinos. Queremos ser buenos frutos, árboles de buen fruto, que la semilla de tu palabra, el agua viva de tu palabra que nos riega, produzca fruto para ti que eso es lo que tú deseas, y por eso nos reúnes, no para castigarnos, sino para ser tus hijos amados y porque nos amas nos amonestas y nos llamas. Padre, perdona nuestros pecados, perdona aún los que no son ocultos, ayúdanos a ser absolutamente sinceros. Si no sabemos ser sinceros, ayúdanos a serlo, ayúdanos a vivir a tu luz para juzgar las cosas según tu luz, para ser corregidos, para ser hechos hijos e hijas fieles, estables, firmes, para que tu gloria pueda ser manifiesta en aquel día. Que no estemos llorando, mientras otros están sirviendo en el Milenio. Señor, ayúdanos, ayúdanos, que la verdad no nos ofenda, que la verdad nos convierta y nos sane, en el nombre de Jesús. Te pedimos, Señor, que consueles nuestros corazones, que consueles todos los corazones, Señor, que por una u otra cosa sufren. Todos sufrimos a veces, de una u otra manera, pero tú conoces los que pasan pruebas difíciles. Señor, tu mano sanadora sea sobre cada una de nuestras almas, sé sobre el alma de los abatidos, porque tu viniste a dar gozo a los quebrantados, óleo de alegría a los contritos. Señor, porque tú eres el Cristo Salvador. Señor, aquí estamos haciéndonos más responsables delante de ti, pero no tememos esto porque de verdad queremos ser fieles, porque confiamos que nos ayudarás. Ayúdanos a serte fieles, es lo que te pedimos. Ayúdanos a vencernos a nosotros mismos y a ser buenos, compasivos, misericordiosos, delicados unos con otros; en el nombre del Señor Jesús, porque con el juicio con que juzgamos seremos juzgados y juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia. Concédenos, Señor, ser misericordiosos para alcanzar misericordia, en el nombre del Señor Jesucristo. Ayúdanos a perdonar, ayúdanos a corregirnos, ayúdanos, en el nombre de Jesucristo, amén. La paz del Señor sea con los hermanos. 

 

Gino Iafrancesco V., 26 de abril 2005, Bogotá D.C., Colombia.

Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada por el autor.

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